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Introducción
Comienza
el siglo XVI y los conquistadores españoles, europeos, fundan
nuevas ciudades, de nuevo corte. Los pueblos indígenas pierden
sus imperios y autonomía política. La alta cultura de aztecas,
mayas e incas se pierde, pero no el sustrato cultural del pueblo.
Se produjo pronto un mestizaje entre europeos y americanos. El
conquistador se casa con la india. También en sus culturas se
produce la mezcla. El resultado no fue ni español ni indígena,
sino su síntesis. A esta mezcla se une pronto la llegada de la
cultura africana de manos de los esclavos que llegan como mano de
obra. Los resultados, obviamente, son diferentes según las
regiones. Así pues, en lugares como Santo Domingo o Cuba, el
patrimonio indígena es inexistente, predominando el español y el
africano. Por contra, en México y Perú, lugar de aztecas y de
incas respectivamente, el indigenismo en el arte es muy fuerte.
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España
se preocupó de "civilizar" el Nuevo Mundo,
especialmente en lo religioso.
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Los
poetas del Nuevo Mundo, muchos de ellos nacidos en España, se
debaten entre la culta poesía europea y los vivos colores de la
cultura popular americana. Perduran, por otro lado, las formas
populares vinculadas a las zonas rurales. Por tanto, el mestizaje
también está presente en la poesía. Pero la poesía de corte
europeo pronto se retrasará respecto a la metrópoli. El barroco,
por ejemplo, predominará hasta el siglo XVIII.
La
sociedad de esta época pronto "retrocede" respecto a la
metrópolis, España, en lo social. El espíritu
contrarreformista avala la fuerte jerarquización social. Los
puestos más importantes son ocupados por españoles, para
protesta de los criollos (de sangre española pero nacidos ya en
América). La esclavitud de indígenas y africanos sirve de mano
de obra para las minas y el campo.
Por
otro lado, los españoles se preocuparon de "civilizar"
el Nuevo Mundo, especialmente en lo religioso. Entre el numeroso
clero, gran parte de él verdaderos amos feudales, sobresalían
las órdenes que desde muy pronto fundaron las primeras escuelas
primarias del continente. La Iglesia fue también defensora de los
derechos de muchos indígenas y propiciadores de su
alfabetización.
Características
generales
El
primer rasgo de la poesía resultante tras la conquista española
es la de una total dependencia literaria. América imita las modas
que le llegan de la metrópoli, aun con cierto retraso, incluso
después de la independencia. No sería hasta el Modernismo cuando
Hispanoamérica toma la delantera y una personalidad literaria
original.
Tal
es así, que no se puede hablar de "poesía americana"
en los siglos XVI, XVII y XVIII como un estilo aparte. Los
escritores de la época no tenían, manifiestamente, una
conciencia de lo americano. A ello contribuye el clasicismo
italianizante del Renacimiento. Los poemas se refieren a espacios
bucólicos y perfectos, o a la imitación de poetas latinos.
Existen, bajo esta moda, numerosísimos poetas que cultivan una
poesía artificiosa. Frente a la poesía latinizante existe la
corriente tradicional de romances, letrillas y canciones. Ambas
corrientes son coetáneas e, incluso, presentes en un mismo autor.
Sin
embargo, esta dependencia y "europeísmo" de la poesía
no está libre de rasgos especiales. El principal de ellos es la
convivencia de varias corrientes e incluso su yuxtaposición. Por
otro lado, existe un anacrónico retraso frente a España. Los
gustos renacentistas llegan al XVII y el barroco al siglo XVIII.
Poesía
Renacentista y popular del XVI
No
se debe entenderse por "renacentista", en este caso, un
renacimiento ortodoxo, sino el resultado colonial heredero de este
periodo cultural europeo. En
el siglo XVI predominó la épica y la crónica de las grandes
hazañas conquistadoras. Así pues, la mejor etapa para la lírica
fue el siglo XVII. En el
siglo XVI pronto se distingue la poesía popular de romances y
canciones que llegan de boca de los soldados, de la poesía de
corte académico, latinizante y artificioso.
Los
romances y coplas eran amorosos, religiosos, profanos, satíricos,
eruditos... Tal vez los satíricos sean los más abundantes
con poetas como Mateo Rosas de Oquendo y Juan del Valle
Caviedes. Fueron los romances los primeros poemas escritos en
castellano ya en América. Su influencia se extiende a la poesía
gauchesca. Además de romances, se cultivaron glosas, coplas y
décimas. Otra figura que que intercala piezas populares es Hernán
González de Eslava.
Coetánea
fue la predominante poesía petrarquista y horaciana, la llamada
corriente culta. Esta tradición literaria se propició con la
llegada de letrados españoles como Gutierre de Cetina. De la corriente
petrarquista de Boscán y Garcilaso, se establecen en suelo
americano Enrique Garcés, Luis de Belmonte Bermúdez
o Juan Bautista Cervera. De la corriente latinizante, fue
pieza clave traducciones como la llevada a cabo en Perú de Ovidio
por parte de Mexía. La introducción del humanismo y
neoplatonismo en Perú es obra de, oriundo de Écija, Diego
Dávalos y Figueroa. Prende en Perú esta corriente que pronto
trata temas autóctonos como leyendas indígenas y la
dignificación del pasado precolombino. Así, destacan en Perú,
americanos o peninsulares, el Inca Garcilaso de Vega, Juan
de Miramonte y Zuazola, Diego de Mexía de Fernangil y Miguel
Cabello de Balboa. En la actual México, en el virreinato de
Nueva España, se establecen, además de Cetina, Juan de la
Cueva y Eugenio de Salazar y Alarcón. Nacido en suelo
americano ya, el gran poeta de Nueva España es Francisco de
Terrazas, al gusto garcilasiano. El introducctor del
manierismo fue de esta región, Bernardo de Balbuena.
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El
manierismo entre el siglo XVI y XVII
Al
igual que el renacistismo, el manierismo americano es una
catalogación aproximativa. Efectivamente las formas se complican
en conceptos e imágenes, anticipando el Barroco. Por ejemplo, de
línea manierista se puede llamar a la poesía épica del cubano Silvestre
de Balboa. Continuando la línea religiosa, se destaca el
sevillano-peruano Diego de Hojeda además de los citados
Bernardo de Balbuena y Pedro de Oña.
Las
obras manieristas por excelencia se deben a dos poetisas. Sus
identidades no han sido aún confirmadas. Se conocen sus
pseudónimos. Son las poetisas Amarilis y Clarinda.
Barroco
en el siglo XVII y XVIII
Si
el barroco se identifica perfectamente con España y su
religiosidad, también arraigó fuertemente en la
"barroca" América. El espíritu arrebatado y de
contrastes del barroco casa perfectamente con lo iberoamericano.
Tal vez el barroco americano vaya aún más allá, exagerando la desmesura
española, especialmente en México. La poesía tiende a ser
conceptista y compleja, muy ingeniosa e incluso artificial. Esta
poesía difícil es contrarreformista y elitista, y propia de las
"justas poéticas" y entornos universitarios. Destacan
Carlos Sigüenza y Góngora, Jacinto de Evia, Antonio
Bastidas y Domínguez Camargo.
La
gran figura a imitar fue Luis de Góngora. Es lo que se ha dado a
conocer como "gongorismo". Cabe citar a Luis de Tejada y Carvajal Robles. El ya citado Domínguez
Camargo, colombiano, es el máximo exponente del
"gongorismo".
Frente a
este barroco "sumiso" a la poesía española surge la
literatura que reivindica lo criollo como algo independiente de lo
español. De lenguaje barroco pero crítico son Juan de
Espinosa Medrano, el ya nombrado Carlos Sigüenza y Góngora, Juan
del Valle Caviedes, poeta satírico, y la gran figura de Sor
Juana Inés de la Cruz.
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