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Historia de la Poesía Española                  

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La Poesía de la posguerra

 

Introducción

Acabada la guerra civil española, no sólo el país está en ruinas y dividido en dos bandos; también su literatura. Los grandes poetas anteriores al 1936 han perdido su unión de grupo e incluso con su país. Es decir, que aquellos que no han muerto (Unamuno, Antonio Machado, García Lorca), han huído al exilio (Juan Ramón Jiménez, Albeti, León Felipe). Muy pocos permanecen en España (Dámaso Alonso) aunque su permanencia impulsará la literatura en España, como ahora se verá. Distinguiremos tres grandes grupos, no por estilos o generaciones, sino por su visión de la España de posguerra. Por un lado tenemos al "bando vencedor", por así decirlo. Cultivan una poesía esteticista y clásica, en ocasiones brillante desde el punto de vista técnico. Por otro lado están "los perdedores". Son los exiliados, generalmente poetas de éxito de antes de la guerra que, por su implicación política, debieron huir. Entre estos es recurrente el tema de la patria perdida y el lamento por España.

El racionamiento fue el modo autárquico de 

afrontar la dura posguerra

 Un tercer grupo son los de aquellos que permanecen en España pero sin pasión ni alegría alguna por la situación. Debido a la fuerte censura, no afrontan una crítica abierta contra el régimen, sino que cultivan una poesía existencial o vanguardista bajo el patronato de Dámaso Alonso y Aleixandre.

 

Posteriormente, entrando en la década de los 50, se cultivó una poesía claramente combativa en oposición a la situación política y social de la posguerra española.

  

Los poetas del exilio

Así pues, en este grupo se encuentran poetas que ya han alcanzado el éxito y la madurez literaria antes de la guerra. Son poetas de las vanguardias y sobre todo de la Generación del 27. Son pocas las voces nuevas. Entre ellos destaca el "exiliado interior" (no salió de España pero sí de la vida pública) Juan Gil-Albert. Todos los críticos coinciden en tildar de "exiliada" a su poesía, por sus características comunes con los exiliados. Los nombres más destacables del exilio son Juan Ramón Jiménez pero sobre todo la continuada obra de Rafael Alberti, Luis Cernuda...

 

Los poetas "garcilasistas" o arraigados

Este grupo de poetas cercanos al recién instaurado régimen franquista se preocupó de cultivar una poesía de calidad técnica, al margen de consideraciones más humanas o existenciales. En ocasiones alcanzan una gran brillantez técnica. Otras veces declaran manifiestamente su afinidad a Franco con poemas triunfalistas como la "Oda al 18 de Julio" de Ridruejo. Se llaman poetas arraigados por encontrarse bien con la España que les rodea.

 

Llamada "Generación del 36" se agruparon en las denominaciones de "El Escorial" y "Garcilaso" por su patriotismo triunfalista la primera y por su clasicismo la segunda. Poetas clasicistas (y algunos dentro de la línea más "profranquista") son Luis Rosales, Dionisio Ridruejo, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero y, por su clasicismo, aunque de temática existencial, Rafael Morales.

 

José Hierro

Los poetas desarraigados

Otros poetas de los años cuarenta, que permanecen en España, no se sienten tan a gusto con la situación del país. Su poesía está fuera de los triunfalismos y también de la técnica clasicista. Son poetas "al margen", unos cultivan las vanguardias, otros una poesía teñida por el dramatismo existencial. Éstos últimos se vieron patrocinados por dos poetas del 27 que permanecieron en España: Alonso y Aleixandre. Fue clave la publicación de "Hijos de la Ira" del primero y "Sombra del paraíso" del segundo.

 

Las primeras voces críticas son las de Victoriano Crémer, José Luis Hidalgo y Eugenio G. de Nora. Entre los vanguardistas destacan el "postismo" de Carlos Edmundo de Ory o el surrealismo de Miguel Labordeta. Mención aparte merece el grupo "Cántico", formado por Pablo García Baena y Ricardo Molina.

Hay dos poetas "desarraigados" de difícil clasificación debido, sobre todo, a su calidad literaria. Se trata de José María Valverde y el genial José Hierro, que anticipa en gran medida los presupuestos poéticos de la generación del 50. Entre sus poemarios de esta época sobresale "Alegría" y "Con las piedras, con el viento".

 

La poesía social

Cercana ya la década de los cincuenta y en sintonía con el realismo de la novela, en la poesía se hace ya manifiesta la actitud crítica e incluso de denuncia ante la realidad española. Son dos los poetas que sobresalen en este modo de escribir poesía. Son Blas de Otero, autor de "Pido la paz y la palabra" y Gabriel Celaya, con su poemario "Cantos íberos". La poesía social tiene sus cumbres pero también sus peores grutas. En ocasiones esta corriente cayó en el prosaísmo y, en parte, en estereotipos. La llamada "Generación del 50" que llegará a continuación cuidará de nuevo la expresión lírica sin abandonar una línea reivindicativa.

   

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