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Historia
de la Poesía Española
Desde las primeras jarchas a
las nuevas generaciones de poetas
Edad Media
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Por Antonio Rivero Machina |
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1. Cuestiones
previas
Para
empezar esta espinosa tarea de decretar el inicio de "la
poesía española" hay que aclarar muchas cuestiones previas.
Así mismo, también es necesario excusar la amplísima
concentración de cinco siglos de poesía bajo un único epígrafe
de "Poesía Medieval".
El
estudio de la literatura medieval es en sí mismo complejo, debido a
la escasez de documentación o a la dudosa fiabilidad de la
existente. A ello se suma la compleja historia medieval que tiene la
península ibérica. Así pues, no puede hablarse de "poesía
española", sino de poesía castellana, galaico-portuguesa,
mozárabe, poesía árabe culta, latina... Ante este diverso
panorama, ¿qué literaturas escoger? Estudiaremos la lírica en
castellano, idioma de la poesía española posterior, y en otras
lenguas romances, pues resulta la vía más útil y diligente
para estudiar toda la poesía posterior. Es ésta la literatura, al fin y al
cabo, cristiana (los mozárabes son cristianos en territorio bajo
control musulmán). Será, además, la literatura más novedosa e
interesante de esta época. |
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No
obstante, antes de comenzar a hablar de las literaturas romances
peninsulares en los siglos X al XV hay que advertir la vigencia
total en la península de varios idiomas: árabe, hebreo, latín, mozárabe,
castellano, navarro-aragonés, catalán, gallego-portugués....
Éstas lenguas serán las cotidianas en función del territorio o
comunidad del "español" de la época. Cada lengua
contará con sus literaturas, de mayor o menor sofisticación, como
atestiguan las obras de Maimónides, Averroes o Ramón Llull. Pero
serán las lenguas romances, sobre todo, las que, en función de la
expansión militar de las reinos cristianos, desarrollen una
literatura cada vez más sofisticada.
2. Lírica
primitiva medieval Las
Jarchas
Las
primeras manifestaciones líricas romances peninsulares de que
tenemos noticia (nótese la importancia del matiz) se remontan a la
primera mitad del siglo XI (1000-1050). Hasta el siglo XX se creía
que toda la lírica romance nace en Provenza, Francia, en torno al
año 1100 con figuras como Guillermo de Aquitania. Desde Provenza se
extendería la lírica por toda la Europa románica. Esta tesis daba
sentido a la literatura encontrada hasta entonces, pues de España
se conocía como la más remota la lírica galaico-portuguesa, que
tiene puntos en común con la provenzal y podía ser heredera de
ésta. Pero en el siglo XX se descubre una literatura en lengua
romance en España no sólo anterior a la lírica
galaico-portuguesa, sino incluso a la provenzal. Son las jarchas.
Las
jarchas son restos muy breves conservados de canciones populares
cristianas. Pero, siendo una literatura oral y popular, ¿cómo ha
llegado hasta nosotros en documento alguno? Pues fue gracias al
empleo de esta voz popular presente entre los cristianos mozárabes
por parte de autores musulmanes cultos. La crítica del XX se dio
cuenta de que los remates breves de las moaxajas (composiciones extensas
de los poetas hispano-musulmanes y judíos cultos), eran de origen
popular y escritos en un romance primitivo. Las jarchas son pues unos pocos versos seleccionados por un
poeta culto no cristiano sobre el que basa su moaxaja. Ésta es la
primera literatura romance conservada.
La
oralidad de la poesía no es patrimonio del siglo XI, sino de toda
la Edad Media. Tampoco la anonímia. Tratándose de composiciones
populares, los autores de estas jarchas conservadas permanecen en el
anonimato. Existen, eso sí, casos aislados de poetas cultos que
componen alguna jarcha para basar su misma moaxaja, como el judío Yehuda
Haleví (h.1080-después de 1145). La
temática de las jarchas es el lamento de una doncella por la
ausencia de su amado o el dolor que siente amándolo (temática que
las relaciona con las posteriores cantigas de amigo
galaico-portuguesas y que replantea -sólo hasta cierto punto- el origen provenzal de éstas
últimas).
Por
último, hay que hablar de la relación entre la jarcha y la moaxaja.
Mientras que el remate popular suele estar en voz femenina, las
moaxajas son masculinas y su temática no siempre es amorosa. Por
tanto, la jarcha es un momento de clímax lírico y delicadeza
frente al resto de la composición. El hecho de que las jarchas sean
fragmentos las privan de un contexto claro y su contenido es
altamente simbólico. Lírica
galaico-portuguesa
La
lírica profana que se desarrolla en Galicia entorno a los siglos
XII, XIII y XIV sí se enmarca en la línea de poesía cortesana
desarrollada primeramente en Provenza, que llegaría a través de la
ruta Jacobea hasta Galicia. La poesía provenzal planteaba la
poesía del conocido como "amor cortés". Se tratan de
poemas en los que un noble enamorado canta su pasión clandestina,
trágica y frustrada por una mujer que es superior moralmente,
estableciéndose una especie de vasallaje amoroso, que llena, sin
embargo, de virtud al poeta.
La
lírica galaico-portuguesa conservada nos ha llegado a través de cancioneiros,
además de la obra conservada del poeta vigués Martin Codax
(ca. 1250-1275). Los poetas que aparecen en estos cancioneiros van
desde João Soares de Paiva (nacido en 1141) hasta Pedro,
conde de Barcelos (muerto en 1354). Este es el arco temporal de la
lírica galaico-portuguesa. Existen tres tipos de manifestaciones
profanas de esta poesía: las cantigas de amor, las cantigas
d´escarnho e maldizer y las cantigas de amigo.
Las
cantigas de amor son las más próximas a la lírica
provenzal. El tema es el amor en la voz de un hombre. Responden en
gran medida al amor cortés, pero los poetas galaico-portugueses no
se preocupan tanto por el virtuosismo técnico y en ocasiones toman
estructuras más populares. Por su parte, las cantigas
d´escarnho son composiciones burlescas y satíricas que suelen
ridiculizar a personajes nombrados explícitamente. Si bien estas cantigas
en ocasiones siguen estructuras paralelísticas, tienden a las
composiciones estróficas.
Por último encontramos las cantigas
de amigo, más distantes de la influencia provenzal y más
cercanas a manifestaciones populares. Representan una poesía con voz de mujer que lamenta la
ausencia del amado, el dolor o descontrol que siente por el amor,
etc... Muchas cantigas de amigo toman un tono íntimo y
personal y son precisamente las cantigas de amigo las más alejadas del amor cortés (en general) y próximas a la lírica
popular. La sonoridad de las cantigas se basa en el empleo
reiterado del paralelismo conocido como leixa-pren. Otro
rasgo popular de las cantigas de amigo son los tipismos que
adquieren, muchos de ellos pertenecientes a la tradición, como los
temas de peregrino o la barcarola (enamorada ante el mar).
Pero
a pesar de las probables raíces populares de muchos rasgos de las cantigas,
la lírica conservada responde a autores conocidos, lo que significa
que se trata de poetas cultos tomando formas populares. Los poetas
podían ser desde juglares como Meendinho, clérigos como Airas
Nunes, militares como Pai Gomes Charinho y hasta reyes
como Dionís de Portugal y Alfonso X de Castilla
(1221-1284). Entre los poetas más destacables, además de Codax y Dionís,
encontramos a Pero Meogo.
Villancicos
y canciones castellanas
El
villancico será la forma métrica más empleada en la poesía
castellana desde la Edad Media al Siglo de Oro. Los villancicos
constan de estribillos (que se van repitiendo a lo largo del poema)
y de glosas (que desarrollan el tema tratado). El uso de estribillos
se relaciona con el zéjel, forma métrica árabe. Es cierto, sin
embargo, que también hubo en Castilla formas paralelísticas. Los
villancicos son poemas amorosos en los que el interlocutor es una
doncella, si bien más tardíamente pueden tratar del amor de un
hombre. Este amor suele ser desdichado y la doncella, en soledad,
lamenta la ausencia de su amor (temática que comparte con las jarchas
y las cantigas de amigo).
Los
primeros villancicos en tener constancia escrita aparecerán muy
tardíamente, con el interés que tomarán por ellos los cortesanos
del siglo XV, pero es indudable que se tratan de canciones populares
cuyos orígenes se remontan al tiempo en que aparecen las cantigas
e incluso las jarchas.
La
temática de la poesía popular castellana, como las otras líricas
primitivas peninsulares, no se limitan a un patrón fijo. Las
canciones cantan también motivos como bodas, duelos (endechas), la
navidad, romerías, canciones de ronda, cantos de trabajo,
pastoriles (como las serranas),etc... Temas presentes en casi
todas las líricas populares medievales son las albas
(separación de los amantes al alba) y las alboradas
(encuentro al amanecer).
3. La
épica Épica,
oralidad y juglares
La
épica es un género narrativo en verso, que canta las hazañas de
un héroe individual o colectivo con el que se identifica el
auditorio. El protagonista lucha para engrandecer su imagen y su
honor superando riesgos y peligros. Los héroes épicos se
encuentran en un tiempo que todos consideran glorioso (en la Francia
del siglo XI se cantan héroes carolingios, tres siglos anteriores).
En Castilla ese tiempo estaba muy próximo. La época predilecta de
los épicos es la fundación de Castilla y su independencia de
León. Existían, empero, otros motivos como el Carolingio, por
influencia francesa, o los tiempos del Cid Campeador. Así pues, la
épica es un género en auge en la sociedad medieval, donde las
gestas personales sirven de modelo y despiertan admiración. Es, por
tanto, un género para un público muy amplio. Teniendo en cuenta
que la inmensa mayoría de la población era analfabeta y que los
cantares de gesta eran muy extensos, se hacían necesarios unos
recitadores y cantores profesionales que narraran de memoria (o
leyendo quizás) los largos cantares. Estos son los llamados
juglares.
Formalmente,
el cantar de gesta castellano es de métrica irregular, tendiendo a
oscilar entre catorce y dieciséis sílabas métricas. Los versos
son monorrimos y asonantes, compuestos de dos hemistiquios.
Frente
a países como Francia, en Castilla se conservan tan sólo tres
textos de cantares de gesta; dos incompletos y un fragmento. Se
tratan del celebérrimo Cantar de Mío Cid, Las mocedades
de Rodrigo (cantar tardío que fantasea sobre la juventud del
Cid) y un fragmento denominado Roncesvalles, por narrar dicho
episodio (y que se encuadraría en el ciclo carolingio o francés).
Pero esto no significa que no existieran otros muchos cantares.
Encontramos sus huellas en crónicas de la época y en posteriores
romances que recogerían la tradición popular heredada de los
cantares. Así, de las prosificaciones de los cantares en las
crónicas, podemos reconstruir algunos cantares de gesta.
Como
dijimos, la época épica por excelencia serían los primeros años
de Castilla, con el mítico primer conde de castilla Fernán
González. Sobre él se compuso seguramente un cantar de gesta que
después alguien recompuso en la forma culta de cuaderna vía bajo
el título de Poema de Fernán González. Sobre la misma
época versa el cantar rescatado de las prosificaciones Los siete
infantes de Lara (o Salas). Del ciclo o temática carolingia,
además del citado Roncesvalles, encontramos Mainete y
Bernardo del Carpio. Sobre el Cid, además del Mio Cid
y las Mocedades, cabría citar el Cantar de Sancho II (o
Cerco de Zamora). Otros cantares no se encuadrarían en estos
ciclos, como La mora Zaida o la supuesta épica sobre la
pérdida visigoda de España ante los musulmanes.
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Monumento
al Cid |
Existe
polémica sobre el origen y autoría de los cantares. Sobra
decir que todos los cantares de gesta son anónimos, mas la
duda se plantea en si los cantares tuvieron un autor único o
son producto de la tradición y de una elaboración continua y
oral. Los "individualistas" sostienen que los
cantares son obra de un autor culto que, imbuido en la
tradición popular, mediante motivos folclóricos y con
mecanismos que faciliten el trabajo del juglar, compone un
cantar destinado a todo tipo de público. Los "neotradicionalistas"
mantienen que los cantares son producto del pueblo y los
juglares y que los textos existentes son producto del dictado
de los juglares en un intento por establecer un texto
medianamente fijo. La unidad de muchos cantares hace pensar en
un único autor pero lo que está fuera de toda duda, sin
embargo, es la vocación oral de los cantares de gesta.
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4. Mester
de clerecía: poesía culta Definición
de un mester culto pero didáctico
En
la Europa del siglo XII se produce un renacer cultural con la
llegada desde el Islam de textos clásicos y la fundación de las
Universidades. En España, ese florecimiento se postergaría al
siglo XIII. Junto a este auge cultural encontramos una nueva
voluntad formadora por parte de la Iglesia, tras el IV Concilio de
Letrán. La Iglesia se propuso no sólo orar por el fiel, sino
formarle y educarle. Los religiosos asumían así una nueva misión.
Para difundir las escrituras, teniendo en cuenta que la misa se
ejecutaba en latín, era el empleo de las lenguas romances en
sermones y textos devocionales el vehículo adecuado. También los clérigos (hombres
cultos vinculados a las universidades y no necesariamente
religiosos) comenzaron a emplear el romance como lengua para la
cultura, en detrimento del latín, que no perdió su papel destacado
en la literatura, empero.
Así
nace una poesía culta, de orgullo intelectual, pero con voluntad
divulgativa. Para empezar, el poeta de clerecía se preciaba
de su condición de hombre instruido (en contraste con muchos
juglares incultos). Para demostrar el virtuosismo, empleaban la
isometría o regularidad métrica, versos alejandrinos, dialefa (no
hacían sinalefa, al igual que en latín) y cristalizaron formalmente sus
poemas en la cuaderna vía o tetrástico monorrimo. Sin embargo,
como vemos especialmente en Gonzalo de Berceo (1198?-1264?), existe
una voluntad de acercarse al pueblo y enseñar. Es en ocasiones una
poesía didáctica generalmente de tema religioso y devocional. En
este ámbito, los géneros preferidos son las hagiografías (vidas
de santos que sirvieran de ejemplo a los fieles) y los milagros
marianos.
Junto
a la poesía en cuaderna vía, encontramos otras formas de esta
lírica culta y de ambiente universitario. Se trata de los poemas de
debate, en el que se contraponen dos posturas sobre algún tema
académico. La forma de estos poemas, y también de otras obras del mester
de clerecía, como el Santa María Egepcíaca es el
pareado de versos cortos.
El
mester en el siglo XIII
El mester que hemos definido se corresponderá,
fundamentalmente, al siglo XIII. La
gran figura de este mester y primer autor conocido en
castellano es Gonzalo Miguelez, más conocido por Gonzalo de Berceo.
Fue un religioso vinculado al monasterio de San Millán de la
Cogolla, lo que le permitió acceder a valiosa información y le dio
la posibilidad de desarrollar su labor literaria. Practicó la
cuaderna vía en sus hagiografías Vida de San Millán, Vida de
Santo Domingo de Silos, Vida de Santa Oria y Martirio de San
Lorenzo, así como en obras marianas como Los milagros de
Nuestra Señora. Los otros textos del mester conservados
del siglo XIII son el Libro de Aleixandre, sobre Alejando
Magno, Libro de Apolonio y el citado en el apartado de épica
Poema de Fernán González. Entre los poemas de debate del
siglo, encontramos en forma de pareados Elena y María y Razón
de amor con los denuestros de agua y el vino. También en
pareados se compuso la hagiografía Santa María Egepcíaca. La
decadencia del mester en el XIV
Se dice que desde el inicio del siglo XIV, el Mester de Clerecía
entró en decadencia. Esto se debe a la progresiva descomposición
de la cuaderna vía y al espíritu pesimista y crítico de parte de
sus obras. En lo primero, se observa, efectivamente, que los poemas
compuestos en cuaderna vía pierden la severidad métrica del siglo
precedente. Sus versos son irregulares y su calidad literaria, en
ocasiones, claramente inferior. Este sería el caso de un intento
del siglo XIV por continuar con el tema hagiográfico que tanto
éxito tuvo en el XIII, la Vida de San Ildefonso. Además de
la cuaderna vía, se desarrollan otros esquemas métricos. En
ocasiones, incluso, una misma obra contiene gran variedad de tipos
de estrofas métricas. Como se puede apreciar, los intentos por
prolongar la temática del XIII, y aquí entraría la afirmación
del pesimismo del nuevo siglo, fracasaría. Uno de estos intentos
puede considerarse el Poema de Alfonso XI, obra de Rodrígo
Yáñez, que toma los recursos típicamente épicos para narrar
como gesta la labor del rey castellano en la reconquista. Sin
embargo, los temas épicos ya no eran patrimonio de los largos
cantares, como en siglos anteriores, sino de los romances, que
tomaron el relevo de aquellos.
Como hemos dicho, la poesía del XIV estaba marcada por el pesimismo
de la época. En Castilla la inestabilidad política, las luchas
intestinas entre la monarquía y la nobleza, las guerras dinásticas
y la peste negra que recorrió toda Europa crearon un clima
pesimista en el que la inminencia de la muerte motivaba la mayoría
de las obras literarias, especialmente en forma de tratados morales.
Además del pesimismo, observamos, especialmente en el autor del Libro
del Buen Amor, Juan Ruiz, Arcipreste de Hita (1290?-1350), un
espíritu crítico, lleno de inteligencia. El auge de la vida urbana
ha hecho que la literatura deje de ser patrimonio de monasterios, lo
que supone un progreso iniciado ya en el siglo XIII con las primeras
universidades. Los temas morales copan, con las excepciones citadas,
la poesía del siglo XIV. Además del Libro del Buen Amor,
destacan el Rimado de Palacio de Pero López de Ayala
(1332-1407), que también emplea la primera persona para lamentarse de sus
pecados y para servir de ejemplo, la colección de proverbios en
coplas heptasílabas de Santob de Carrión Proverbios morales,
o los textos aljamiados de Coplas de Yoçef y Poema de
Yuçuf. En una cuaderna vía llena de irregularidades
encontramos también Proverbios del rey Salomón y Libro
de la miseria del omne.
5. Poesía
popular castellana: el romancero Orígenes
épicos del romancero
Son muchos los indicios que relacionan la desaparición de los
cantares de gestas y largos poemas narrativos con el nacimiento de
los denominados romances. Primero definiremos el término romance.
En los últimos siglos del medioevo europeo surge una abundante
literatura popular, una poesía primordialmente narrativa, de corta
extensión, oral y de carácter abierto, es decir, que en su
trasmisión generación a generación el texto conoce múltiples
variantes, todas igualmente válidas. En el ámbito de habla inglesa
se denominará ballad, en Francia chanson, en Italia canzone,
etc... Esta poesía se trasmitirá oralmente hasta el mismo siglo
XX. En castilla se denominará romance. Coinciden nuestros
primeros romances (siglos XIV) con la decadencia de los largos
cantares épicos y también con el fin del empleo del
galaico-portugués como lengua exclusiva para la lírica. Nuestros
romances asumirán en gran medida ambas tradiciones, la épica y la
lírica. El esquema métrico de esta poesía quedará fijado en
octosílabos con rima asonante en los pares (es decir, lo que
podrían ser versos de dieciséis sílabas compuestos y monorrimos).
Definido el romance castellano, veamos por qué puede relacionarse
directamente con la épica y los cantares de gesta (en su génesis,
no así en su desarrollo temático). Como hemos dicho, el romance
podría verse como versos compuestos por hemistiquios de ocho versos
monorrimos en asonante. Es decir, que se trataría de una
regularización de la métrica propia de los cantares de gesta
(versos compuestos irregulares, monorrimos asonantes). Existen otras
"herencias", como la "e" paragógica o el empleo
de epítetos y fórmulas épicas. A ello hay que sumar la vocación
oral y popular y sobretodo la existencia de gran cantidad de romances inspirados
directamente en los ciclos épicos castellanos.
Es precisamente a partir de estos romances que toman episodios o
fragmentos de los antiguos cantares como podemos analizar la
evolución temática y estilística del romance. Estos romances
tomaban un fragmento de una historia mayor (que dada la popularidad
de los cantares todo el auditorio conocía) y lo dotaban de
autonomía y valor literario propio. Para ello hacían uso de un
delicado y folclórico lirismo y de un dramatismo especial. Se
mezclan por tanto, los tres grandes géneros literarios, lo
dramático, lo narrativo y lo lírico. Se elimina todo lo superfluo
e incluso se elimina toda presentación de personajes. El comienzo
es abrupto y repentino y el final brusco. El romance tiende a
limitarse a diálogos, lamentos de personajes famosos, etc... Pero
es tal el significado de diálogos y escenas, tal su lirismo que en
ocasiones transcienden la función narrativa (los romances se
convertían en cantos de amor y ronda, en endechas fúnebres, en
propaganda política, etc...).
El
romancero viejo
Los romances, dado su potencial literario y capacidad para muy
variadas temáticas, recibieron múltiples funciones y tipos de
historias. Sirvieron de noticieros, recogiendo acontecimientos
coetáneos; como propaganda política, especialmente claro aparecen
los compuestos contra Pedro I el cruel, derrotado en la Guerra Civil
contra Enrique de Trastámara; y asumiendo otras tantas funciones.
Los tipos de historias son también de distintas índoles. Junto a
los personajes de la épica (castellana pero también bretona y
francesa) y los históricos, aparecen otros tomados de La Biblia, la
literatura clásica, protagonistas de aventuras amorosas, etc...
Así mismo, junto a los romances-escena, también encontramos
aquellos que desarrollan historia con principio y final, los
romances-cuento.
Denominamos Romancero viejo a todos los romances recogidos
entre el siglo XIV y 1580. Son versiones recogidas en los
cancioneros cortesanos, lo que refleja el interés de los poetas
nobles cultos por la lírica popular y tradicional castellana, y,
posteriormente, por los impresores de pliegos sueltos y antologías.
Sin embargo, son obras también anteriores en el tiempo, anónimas,
que viven en un estado latente y cambiante y que conocen múltiples
variantes en boca del pueblo. Su lenguaje es arcaico, otra
"herencia" de la épica, pero contagiado del folclore
castellano, sefardí, o de las distintas regiones en que se
transmiten. Están llenos de tópicos y contienen en abundancia
paralelismos (en especial anáforas) y fórmulas dobles. Estos
aditivos populares serán precisamente los que harán a los romances
válidos para el siglo XIV, el XVII o el XX. Trascendencia
del romancero
A partir de 1580 autores como Lope de Vega y Góngora compondrán
individualmente romances, conjugando con maestría los rasgos
populares del romancero viejo con sus propios estilos
personales. Es el denominado Romancero nuevo. Sin embargo, el
romancero popular perduraría hasta el siglo XX generación a
generación no sólo en la península ibérica, sino también en
Hispanoamérica o en la diáspora sefardí (aquellos judíos de la
península que se vieron obligados a abandonar España en 1492 por
orden de los Reyes Católicos). Además, la musicalidad en
octosílabos asonantes en par quedará fuertemente relacionada con
toda la poesía y tradición hispánica, a pesar del triunfo de
otros metros como el endecasílabo italiano en el siglo XVI. Muestra
de ello lo encontramos en el magistral Romance gitano, obra
de un granadino nacido en 1898 llamado Federico García Lorca, que
evidencia la trascendencia lírica del romancero en la identidad
hispánica.
6. La
poesía culta y cortesana: poesía cancioneril Poetas
de corte y cancioneros
A lo largo del siglo XIV el agotamiento del galaico-portugués como
única lengua para la lírica culta se ha completado. En castilla se
comienza a optar por el castellano como lengua lírica en los
círculos cortesanos. Así fue, con carácter definitivo, en el
siglo XV, especialmente reinando el rey y poeta Juan II de
Castilla. Denominamos poesía "cancioneril" a la
lírica cortesana compuesta en los últimos treinta años del siglo
XIV y todo el siglo XV. El término proviene de los Cancioneros,
antologías que reunían a todos estos autores, predominantemente
nobles cultos o bien poetas de corte que vivían de su obra.
Distinguimos dos grandes expresiones entre estos círculos
cortesanos. Por un lado existe una poesía amorosa basada en el
"amor cortés" provenzal, ya citado más arriba.
Recordemos sus principales características: relación de vasallaje
del poeta ante una amada divinizada, queja de amor del poeta por la
imposibilidad del amor, autoperfeccionamiento del poeta gracias a su
propia desdicha, etc... Esta poesía amorosa se valdrá
frecuentemente de alegorías, metáforas y contrastes. La otra gran
expresión de la poesía cortesana del siglo XV será la línea
alegórica, inspirada en la obra del italiano Dante Alighieri. |
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Encontramos diversos géneros entre toda esta lírica
cortesana. Predomina la poesía amorosa, destinada a ser
cantada y compuesta buscando la musicalidad, se trata de la canción
trovada, que en ocasiones se dirige no a cortesanas, sino
a idílicas pastoras, son las serranillas. Los temas
filosóficos, morales, religiosos o didácticos,
frecuentemente en forma de alegorías, se tratan en los decires.
Las composiciones breves, de una estrofa, en las que se expone
un razonamiento ingenioso, se denominan esparzas.
La poesía "cancioneril" busca la complicación
formal, en un intento por parte del poeta de hacer alarde
de su ingenio y virtuosismo. Los poemas muestran un
conceptismo en ocasiones artificioso hasta el extremo.
Además, son frecuentes las alusiones mitológicas, citas a
autores clásicos y se detecta en muchos poetas una
latinización de la sintaxis.
Son muchos los poetas que nos han llegado de los cancioneros.
Desde poetas del siglo XIV que comenzaron escribiendo en
galaico-portugués hasta acabar adoptando el castellano, como Alfonso
Álvarez de Villasandino (1340?-1425?) hasta poetas de la
corte de los Reyes Católicos, al final del XV.
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Jorge
Manrique |
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El primer cancionero de relieve es el Cancionero de Baena
compilado por el también poeta Juan Alfonso de Baena (1375-1435?) que
recoge a los poetas desde tiempos de Enrique II al reinado de Juan
II. Así, del siglo XIV aparecen Macías el enamorado (?-1434) o el citado Álvarez de Villasandino. De los nuevos poetas
del XV, más intelectualistas, destacan Francisco Imperial
(h.1372-h.1409) autor de Decir a las siete virtudes y Diego
Hurtado de Mendoza (1364?-1404). Entre los más jóvenes de este
cancionero se encuentran Álvaro de Luna (1388-1453) y Juan
Rodríguez del Padrón (1395?-1450?)
En el conocido como Cancionero de Estúñiga encontramos a los
poetas que escribieron en la corte napolitana de Alfonso V de
Aragón. Estos poetas entraron más directamente en contacto con la
cultura renacentista italiana, pero no abandonaron la tradición
castellana. Así, podríamos citar a Juan de Andújar, Carvajal, Juan de Dueñas
y Juan de Tapia.
El último gran cancionero, ya impreso, recogido por Hernando del
Castillo en 1511, abarcará especialmente a los poetas de la corte
de los Reyes Católicos, es el Cancionero general. Muchos de
los poetas que aparecen los conocemos tan sólo por sus apellidos,
como Quirós, Soria, Pinar o Guevara.
Entre estos últimos poetas de cancionero destacan Pedro de
Cartagena (1456-1486), Juan del Encina (1468-1529) y Juan Álvarez Gato (ca.1445-1510).
Entre todos los poetas de corte del siglo sobresalen Antón de Montoro
(1404?-1480?), Lope Estúñiga (1407-1477), o Gómez
Manrique (h.1412-1491). Pero sobretodo, tres son los grandes
poetas del siglo: Iñigo López de Mendoza, Marqués de
Santillana (1398-1458), hombre de gran poder político, erudito
y poeta de gran calibre; Juan de Mena (1411-1456), autor de
la obra que representa la máxima expresión de la corriente
alegórica, su Laberinto de Fortuna; y Jorge Manrique
(1440?-1478), autor de las Coplas a la muerte de su padre,
una de las obras líricas más valiosas y transcendentes de la
poesía hispánica. En ellas, Manrique asume gran parte de la
tradición medieval con el tema estrella de la muerte, pero lo hace
con la sencillez y cercanía y, sobretodo, con la maestría propia
de un humanismo renacentista.
Poesía
religiosa y satírica
Además de la lírica popular expresada en el romancero, y la de
corte recogida en los cancioneros, en el siglo XV destacan
especialmente los poemas de tema religioso y los satíricos. La
poesía religiosa deja a un lado la hagiografía y los temas
marianos, omnipresentes en siglos precedentes, y se centran en la
figura de Jesucristo. Entre estos poetas religiosos brillan fray
Iñigo de Mendoza (h.1424-1507), fray Ambrosio Montesino
(?-1513) y Juan de Padilla
(1468-1522). La poesía satírica critica duramente la debilidad de
reyes como Enrique IV y también la injusta sociedad dividida entre
unos pocos y codiciosos nobles y eclesiásticos y una mayoría
paupérrima. Aunque son muchos los poetas de corte que tratan estos
temas, las principales obras satíricas son anónimas, como por
ejemplo las Coplas de la panadera, las Coplas del
Provincial o las Coplas de Mingo Revulgo.
El
camino hacia el Renacimiento: prerrenacimiento
La poesía castellana del siglo XV se agrupa, en la mayor parte de
los estudios, con la poesía medieval. Sin embargo, no es extraño
denominar a este siglo y a su literatura como "prerrenacentista".
Son muchos los rasgos diferenciadores entre las bases de la
literatura del XV y los precedentes. Los poetas cultos son lectores
e incluso traductores de clásicos como Virgilio, Ovidio, Platón...
Tampoco faltan en las completas bibliotecas personales de estos
nobles los escritores italianos Bocaccio, Petrarca y Dante, con su Divina
Comedia. Es en este siglo en el que aparecen grandes mecenas de
la cultura y también en éste en el que se fundan las primeras
imprentas de tipos móviles. Las universidades abandonan la
escolástica tomista progresivamente en favor de los studia
humanitatis y aparecen los primeros tratados filológicos de
importancia como la Gramática de la lengua castellana de
Elio Antonio de Nebrija.
Sin embargo, la tradición castellana y el pensamiento medieval no
desaparece radicalmente. Baste como ejemplo el fracaso del
endecasílabo frente a la métrica castellana tras los intentos de
Santilla o Imperial por introducirlos en la península. Ahora bien,
es innegable la transformación progresiva de las imágenes
medievales. Por ejemplo, las tradicionales serranillas van,
poco a poco, acercándose a ideales bucólicos clásicos propios de
Virgilio. Por tanto, se observa un proceso paulatino que si bien no
se puede denominar renacimiento, hacen posible el triunfo de éste
cuando sea importado en el siglo siguiente por Boscán y Garcilaso.
| Bibliografía |
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