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La edad media
comienza con la caída del imperio romano. La destrucción es total,
incluyendo el campo de la cultura. El legado cultural grecolatino y
Europa se separarán por un largo tiempo. Los sabios del Islam se
encargarían de mantener viva las obras clásicas. En la Baja edad
media la cultura "cristiana" se limitará a los
monasterios. Prácticamente sólo allí conocían la escritura, por
lo que la poesía era eminentemente oral y la poesía culta era
exclusiva de los monjes. Debido a desaparición de la escritura en
la mayor parte de la población, el tránsito del latín a las
lenguas romances afecta también a la lírica popular. A partir del
siglo XI las lenguas romances se consolidan como idiomas literarios.
Poesía popular:
los cantares de gesta (s.IX-XIII) |
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Al igual que en la
época oscura de la antigua Grecia, la poesía pasa a ser patrimonio
de los "recitadores profesionales". Éstos, llamados
"juglares" eran músicos, poetas, intérpretes e incluso
saltimbanquis que componían y recitaban poemas populares y
conocidos. Eran itinerantes, conocedores de varios idiomas y un
elemento de trasmisión cultural por todo el continente. Debido a su
carácter "comercial" y al servicio directo de un publico
con unas preferencias claras, aparecieron unos temas, héroes y
leyendas recurrentes en el imaginario juglaresco. |
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La
escritura ha conservado algunos restos de estas tradiciones orales,
permitiéndonos conocer las epopeyas nacionales de los distintos
pueblos europeos: son los llamados Cantares de Gesta. Las leyendas
giran entorno al ideal caballeresco, propio de una sociedad feudal y
militarista (acentuado en una España inmersa en plena reconquista).
Los cantares de gesta más significativos son los germánicos como
el Cantar de Hildebrando (S. IX) y, sobre todo, Los Nibelungos (S.XIII),
que narra la pasión y muerte de Sigfrido y la venganza de su
esposa; los anglosajones como el Beowulf (hacia el año 1000) sobre
las guerras entre gautas con francos y frisones, y el importante
ciclo artúrico, compuesto por poemas de juglares que hoy no se
conservan pero se pueden rastrear en las obras en prosa que han
llegado hasta nosotros; los escandinavos que nos transmitieron sus
mitologías en las Eddas, selección de poemas islandeses de los
siglos IX al XII; y, sobretodo, franceses y castellanos. En Francia
hay tres ciclos importantes: el ciclo de Guillermo de Orange, el
ciclo de Doon de Mayence y el ciclo de Carlomagno, que ha dejado una
la de las obras cumbre de la literatura gala, la Chanson de Roland,
que narra la batalla de Roncesvalles (año 778). En Castilla también
se da otra obra maestra de la literatura, el Poema de Mío Cid,
compuesto a mediados del siglo XII, de autor todavía anónimo, que
cuenta las desventuras del Cid Campeador en su destierro.
Poesía
cortesana: los trovadores (s.XII-XIII)
Al
sur de Francia, que durante la dominación romana se llamaron
Aquitania y Galia Narbonense, se desarrolló una lengua románica,
conocida como "provenzal" o "lengua de oc", que
pronto fue apta para la expresión poética. A partir del siglo XI y
sobre todo en los siglos XII y XIII los trovadores aparecen
protegidos en castillos y palacios, componiendo canciones sujetas a
férreos esquemas estróficos sin ningún tipo de libertad, de temas
muy variados. Entre los numerosos trovadores de los que se tienen
constancia cabe destacar a Ghilhen de Peitieu, Bernart de Ventadorn,
Bertran de Born, Giraut de Bornelh, Raimon de Miravalh, y de manera
especial a Arnaut Daniel (S.XII) máximo exponente del "trobar
clus", una poesía hermética dirigida a un público muy
selecto. El fenómeno trovadoresco se extendió en zonas de
influencia provenzal como la Corona de Aragón (sobretodo Cataluña)
o el norte de Italia.
Poesía
culta: los monasterios (s.X-XIII)
Un
reducto para el latín siempre fueron los monasterios. Muchos de los
monjes destinados a la trascripción de los libros que circulaban
entre los monasterios tenían sus propias creaciones literarios.
Estos escribieron en muchas ocasiones en latín y sólo algunos
pioneros (como Gonzalo de Berceo en España) escribieron esta poesía
en alguna de las lenguas romances. Estos monjes poetas se preciaban
de ser cultos y despreciaban a los juglares, muchos de ellos
analfabetos. Por lo general, su poesía es religiosa.
España
Una
de las primeras manifestaciones fueron las jarchas, breves
composiciones escritas en mozárabe (aunque con grafía árabe)
entre los siglos XI-XIV, cantando al amor de manera sencilla y
emotiva. Por otro lado, los clérigos, poseedores de la cultura
latina, advierten que el pueblo no habla latín y por ello deciden
escribir en castellano, utilizando un lenguaje culto mediante la
estrofa cuaderna vía. Es el movimiento denominado Mester de Clerecía,
que floreció entre los siglos XIII y XIV. De entre sus autores hay
que destacar a Gonzalo de Berceo (1195-1268), el primer poeta
castellano de nombre conocido, autor de Los milagros de Nuestra Señora,
y a Juan Ruiz, llamado el Arcipreste de Hita (1283?-1350?), con el
Libro de Buen Amor, documento histórico y literario sobre los usos,
costumbres y lengua de la época. También son destacables las obras
anónimas Libro de Alexandre y Libro de Apolonio, sobre Alejandro
Magno y Apolonio de Tiro, respectivamente.
Fuera
del Mester de Clerecía hay que mencionar al rabino Sem Tob
(1290-1369), primer poeta hebreo que escribió en castellano los
Proverbios morales dedicados a don Pedro el Cruel. |
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En
el siglo XIV la poesía deja de estar en las manos únicas de
los clérigos, y aparecen autores como Pero López de Ayala
(1332-1407), con su Rimado de Palacio, donde retrata la
corrupción de las costumbres de su tiempo; el Marqués de
Santillana (1398-1458) que mezcló con maestría sus
tendencias cultas con otras de raíz popular; Juan de Mena
(1411-1456), Gómez Manrique (1412-1490) y su sobrino Jorge
Manrique (1440-1478), autor de la poesía elegíaca por
excelencia del castellano, las Coplas a la muerte de su padre,
compuesta en una estrofa que, en su honor, se llamó manriqueña. |
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Para
cerrar este período en España hay que mencionar a Juan del Encina
(1468-1529), poeta y músico al servicio de la casa de Alba y
posteriormente del Papa León X, y la aparición del denominado
Romancero Viejo, compuesto por romances anónimos compuestos entre
los siglos XIV y XVI.
Francia
En
el Norte de Francia los trovadores imitan en lengua vernácula la
poesía provenzal, sin alcanzar la perfección ni la importancia de
aquellos. Su figura más importante fue Adam de la Halle
(1255?-1288).
La
figura de Rutebeuf (segunda mitad del S. XIII), primer poeta lírico
de Francia, da paso al más grande poeta medieval, François Villon
(1431-?), nacido en los barrios pobres de París, lo que le llevó a
la delincuencia, que le costó una condena a muerte conmutada por
destierro, lo que le hizo "desaparecer de la historia" con
32 años. Sus famosas Baladas giran alrededor de la muerte y el
arrepentimiento, con un lirismo considerado, aún hoy, moderno.
Gran
Bretaña
En
Inglaterra la poesía medieval se centra en la figura del Geoffrey
Chaucer (1340-1400), considerado el padre de la poesía inglesa,
puesto que es el primero en fijar el inglés como lengua poética
además de dotar al mismo de innovaciones métricas y estilísticas.
Su obra fundamental es los Cuentos de Canterbury, colección de
cuentos en verso donde, con intención satírica, se reflejan las
costumbres de la época.
Alemania
La
influencia de trovadores y troveros hace aparecer, a finales del
siglo XII, a los minnesinger, poetas caballerescos que se
diferencian de los anteriores por cantar a un amor más real e
incluir en sus canciones elementos no amorosos, como la guerra. Sus
figuras más destacadas son Walther von der Vogelweide (1170?-1228),
Walther Neid hart von Reuenthal (1190?- 1236?) y Tannhäuser (S.
XIII), personaje semi-legendario que inspiró a Wagner la ópera del
mismo nombre.
Italia
Los
poetas italianos hasta el siglo XII están muy influidos por los
trovadores, tanto en la lengua como en las formas y temas de la poesía.
Únicamente la lírica popular religiosa de San Francisco de Asís
(1181-1226) y de Fray Jacopone de Todi (1228?-1306) se desentiende
de toda tutela trovadoresca. A finales del siglo XIII varios poetas,
toscanos en su mayoría, reelaboran y enriquecen la vieja tradición
lírica de los trovadores, concediendo menos importancia a la
habilidad técnica que a la inspiración directamente producida por
un amor profundo: son los poetas del Dolce Stil Nuovo: Guido
Guinozzelli, Guido Calvancanti, Cino da Pistoia, Dino Frescobaldi y,
sobre todo, Dante y Petrarca. Dante Alighieri (1265-1321) nació en
Florencia, ciudad de la que tuvo que huir por motivos políticos y a
la que nunca volvió, andando errante por toda Italia. Dante elevó
a idioma el dialecto florentino en obras como Vita nuova, dedicada a
su amada Beatriz, y sobre todo en la Divina Commedia, extenso poema
alegórico, filosófico y religioso que narra la marcha de la
humanidad hacia su fin, Dios, a través de tres cantos situados,
respectivamente, en el Infierno, el Purgatorio y el Cielo. Francesco
Petrarca (1304-1374), cuya obra está casi toda ella inspirada en su
amor por Laura, la "bella creatura", dejó para la
posteridad su Canzoniere, que fue imitado por toda la lírica
europea.
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