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QUIERO OLVIDAR
Quiero olvidar a este hombre que murió
porque no opinaba como los míos.
Quiero callar el suspiro sombrío
de estas amapolas negras
que crecieron sobre los cuerpos vencidos,
estos cuerpos que yacen en el sepulcro del rencor,
y que mueren cada día un poco más
porque la misericordia tiene amnesia.
Quiero olvidar estos seres desencarnados,
estos ojos que veían la muerte,
estos labios que presentían la tortura,
estas manos que se agarraban a las alambradas
de los campos de la ignominia.
Quiero olvidar a esta mujer que tuvo la culpa
da amar al que no ganó la paz,
a este mujer que arrastra su alma atormentada
por un campo segado de amor y de cordura.
Quiero olvidar a esta mujer sin luz
que mora en la agonía de los días que fenecen.
Quiero olvidar a estos huérfanos del exilio
que vagan por el mundo sin saber a que tierra pertenecen
porque un día maté a un hermano
que no opinaba como los míos.
LOS MINUTOS
Los minutos se desmoronan
y caen en el vacío de la espera,
arrastrando consigo la angustia,
la soledad, el miedo y la desesperanza.
Los minutos incandescentes
se esfuman tras el humo mustio
de la hoguera sombría
donde quemamos nuestro anhelo,
nuestra desazón, nuestros deseos.
La espera perversa corroe el tiempo,
socava el espacio y la materia.
El tiempo lisiado suspira
y gime al compás de la muerte
LLUEVE
Llueve sobre mi alma hastiada.
Las gotas lancinantes penetran mi cuerpo
y barren maliciosamente mi corazón maltrecho.
La lluvia, como un punzón, desgarra mi ser
y ahoga con furia la esencia de las emociones.
Llueve sobre mi alma hastiada.
El horizonte se pierde detrás de una cortina de agua
y el futuro sofoca angustiosamente bajo el diluvio.
Las sombras huyen y desaparecen a la zaga del acero liquido,
se extinguen paso a paso en su último intento de sobrevivir.
Llueve sobre mi alma hastiada.
El aguacero color de sangre y hollín
se encamina hacia los senderos biliosos de la agonía.
Regatos carmesíes y azabaches se engarzan
para apagar los remotos latidos de la esperanza.
PUTA
Puta. Me llaman Puta
y nací virgen, incauta y sensible..
Mis auroras eran primaveras,
mi vida era dura pero honesta.
El hambre me expulsó de mi tierra
y llegué a un mundo llamado paraíso.
Paraíso para los demás, no para mí.
La hambruna se apoderó de mi alma
y marcó con un látigo a mis hijos indefensos.
La calle, la calle fue la única solución.
Destellos rojizos y plateados
engalanaron mi cuerpo flácido.
Mis ojos vacíos se adornaron
de tonos agresivos y hechiceros
que escondieron la amargura de mi mirada.
Soy mujer de la noche.
Mis labios incandescentes y bermejos
llaman al cliente furtivo.
Mis manos afiladas, de uñas carmesíes
Acarician la espalda de los transeúntes
Mi yo artificial sucumbe con repulsión
Al fervor asqueroso de la bestia en celo.
Cuerpo y alma lacerados, violados,
maltratados y explotados.
Este es mi destino.
Destino de puta.
ESCONDEREMOS LOS LIBROS
Les daremos espectáculos, fiestas y vino.
También los agasajaremos con manjares,
música, football, mucha televisión...
Y esconderemos los libros.
Un pueblo culto, piensa demasiado.
Evitaremos las reivindicaciones de los que leen a través de las líneas,
de los que piden cultura para todos,
de los que quieren que sus hijos sean cultos,
de los que pretenden desatar el yugo de la alineación.
Les daremos espectáculos, fiestas y vino.
Nuestra tierra, reina de la alegría será.
Todos juntos cantaremos y beberemos
hasta que no existan partidos ni religiones.
Quemaremos los libros...
Y a los escritores también.
ME VESTÍ DE LLUVIA Y DE MAR
Me vestí de lluvia y de mar,
me engalané de mirra y jazmín,
me oculté detrás de la quimera del tiempo.
Del infinito y del ensueño hice un manto
que escondiera mis pensamientos.
Me vestí de lluvia y de mar
disimulando mis sentimientos
y a hurtadillas entré en el vergel de tu corazón.
Sorbito a sorbito bebí el néctar de tu amor.
Despierta mi amor, ebrios de tu esencia
mis ojos afligidos buscan tus miradas abrasadas,
tus labios encendidos y tus manos ardientes.
Más el arpa de tu cuerpo dolido se pierde en unos meandros,
meandros incógnitos que turban tu mente.
Recuerda que me vestí de lluvia y de mar,
me engalané de mirra y jazmín
para que descansares tu pena
sobre el jardín de mi seno
LAS MIL Y UNA NOCHES
Quimeras de Oriente, incienso, sándalo y bálsamo,
perfumes envasados en plata y oro embriagan los sentidos y las razones.
Ungüentos de ámbar y azahar se introducen en los poros de la esencia de la
humanidad.
Los sentidos desquiciados por las fragancias, aturdidos, buscan las mareas
libidinosas
que les conducirán hacia las tierras prohibidas mientras la impúdica
penumbra,
bañada en un perfume de gemidos quebrados espera el renacer del alba.
El viaje de la mirada liviana, de los labios atrevidos, de las manos
audaces
sobre el rocío que deja la aurora en la piel embalsamada de canela y miel,
despiertan la brujería de las locas amapolas ardientes.
En las grutas hechiceras que albergan los misterios de la vida
renace la fragante fiebre púrpura que enciende los cuerpos exaltados.
CHANEL NUMERO CINCO
Un pergamino diáfano, con reflejos de mercurio
ciñe tu cuerpo inseguro , tambaleante y postizo.
Carmín, fuego agresivo, garras de esmalte rubí
adornan el acabado de tus indolentes manos mártires.
Un eye- liner rectilíneo, enmarca el precipicio insondable
de tus dilatados y tumefactos fanales sombríos.
Un aroma falso de Chanel numero cinco embalsama tu cuerpo
y unos tacones erizados te ayudan a subyugar tu peregrinación traidora.
Enmascarada de mujer soberana, potente y rica
deambulas como una alma sin fuerza por la existencia con tu padecimiento
interior,
anhelando que la vida te regale el albor de la esencia vital.
Vergüenza y miedo son el pan de cada día,
vergüenza y miedo te impiden gritar al mundo
que eres una mujer mortificada,
que eres una mujer maltratada
JOSÉ CHAVES: STRANBROOK 1939
Senderos estáticos, retorcidos
que se pierden en el musgo glauco
de las reminiscencias y del devenir.
Senderos obsoletos que se desvían
en los meandros opiáceos de la mente
y del recuerdo agrio del ayer.
Senderos henchidos de grietas
que ciñen la memoria frágil
del hombre sin fe y sin señas.
Sendero de las emociones escondidas
entre las páginas céreas de un almanaque
que alguien arrancó de unas paredes polvorientas.
Sendero mutilado de la vuelta al hogar,
no sabes si avanzar o retroceder
hacia ese mundo que ya no te pertenece
Sendero de ida y vuelta
sendero sin principio y sin fin
sendero de la vida y de la muerte.
Y ME DESNUDO LENTAMENTE
Y me desnudo lentamente delante del espejo traidor.
Mis piernas engalanadas de sinuosas varices añiles
y de nubecitas foscas sostienen un raudal de carnes grasientas,
que luchan año tras año contra el sobrepeso, los dolores,
los regímenes milagrosos y los consejos de los médicos.
Mi cuerpo asqueado por las dietas nacidas de la quimera,
la vida sana, el deporte moderado, la vida sin humo,
aguanta las miradas inquisitorias de la familia y de los amigos
que no entienden que una mujer que fue bella y delgada,
se transforme poco a poco en un cúmulo de carnes flácidas.
Y me sigo desnudando lentamente delante del espejo traidor,
y veo mi mano atrofiada que se balancea como una tonta
a lo largo de mi cuerpo, de mi cuerpo de mujer madura,
y distingo esa barriga que alojó tantos embarazos
esconderse con vergüenza detrás de la otra mano
que poco le falta para seguir el camino de su compañera.
Y miro hacia abajo y oigo a mis pies casi perfectos
lamentarse de padecimiento y poca comprensión.
¿ Nadie aliviará su dolor?
Que se fastidien, Otras partes del cuerpo sufren y no se quejan.
Y cuando me fijo hacia arriba, mis ojos deformados y nebulosos
me recuerdan a través de unos nimbos foscos que la vida pasa,
pasa sin reparar en los estropicios que causa,
pasa con demasiada premura, pasa sin vuelta atrás.
Y me sigo desnudando lentamente delante del espejo traidor,
y percibo que lo único que me queda son mis neuronas,
más valiosas que un ejercito de cuerpos de top-models,
mi amor hacia todos los que me rodean
y siempre el grito de la vida y de la libertad,
albergado en mis senos cansados y flácidos.
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