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Antipoesía
y deconstrucción Parra,
artefactos dramáticos y recuperación del habla empírica
Dr. Adolfo Vásquez Rocca
adolfovrocca@hotmail.com
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El
antipoema es una contradicción, un contratexto. El antipoeta,
mediante un proceso de descontextualización, incorpora a su obra
discursos del habla coloquial: la fórmula científica, la sentencia
filosófica, así como los múltiples lenguajes que provienen del
mundo industrial y comercial. Parra ha escrito la comedia humana de
la sobrevivencia en el lenguaje que nos dice y contradice.
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La
antipoesía es una escritura elaborada a partir de la negación de
los rasgos esenciales de otras escrituras y de otros códigos
literarios. El antipoema es una contradicción, un contratexto. Es
el resultado de la reflexión, pero todavía más, de una indagación
llevada a cabo en la práctica poética misma.La antipoesía es, en
el proyecto deconstructivo de Parra, un contradiscurso lírico, de
resonancias más bien urbanas, donde ya no habla el yo heroico
nerudiano, sino el sujeto moderno, irónico y sarcástico, cuyo monólogo
fragmentario tiene la desnudez confesional de un documento clínico
y la elaboración intelectual de una sátira de los usos del habla
formalizada. En su poesía, Parra logra integrar por ejemplo el
laconismo de Samuel Beckett con el humor taciturno de Buster Keaton. |

Nicanor
Parra |
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El
antipoeta, mediante un proceso de descontextualización, incorpora a
su obra discursos del habla coloquial: la fórmula científica, la
sentencia filosófica, así como los múltiples lenguajes que
provienen del mundo industrial y comercial. El antipoeta traslada
discursos de lugar. Deconstruye o desmantela la escritura de ellos,
los saca del lugar natural en el cual surgen para instalarlo en un
nuevo espacio artístico. Es precisamente a estas construcciones poéticas
a las que Parra llama Artefactos dramáticos. Ellos son dispositivos
poéticos puestos en escena.
Ahora bien, la propuesta parriana del «artefacto visual» consiste
en una serie de poemas acompañados de imagen donde el slogan
publicitario, símbolo de la cultura del consumo y del fetiche de la
mercancía, es vapuleado desde sus mismas raíces. El origen de esta
expresión se encuentra en las clases de “trabajos prácticos” a
las que asistía los miércoles por la tarde en el Instituto Pedagógico
de la Universidad de Chile. Es decir, se trata, según los críticos,
de la subversión del engendro visual en una época donde las voces
de protesta descansan bajo el apacible manto de la mansedumbre
globalizadora.
De este modo, Parra, con su antipoesía, ha cambiado el lenguaje
rehaciendo no sólo el discurso propio sino los más estables
relatos que informan y constituyen al lector (la política, la
ciencia y la religión); con lo cual el carácter subversivo de su
poética ha tenido, tanto un efecto corrosivo entre los discursos
institucionales, como uno constructivo en el espacio siempre
amenazado de una humanidad zozobrante, de un sentido común hecho de
sabiduría popular y tradicional, de un diálogo a favor de los
derechos del diálogo. Así, Parra ha ensayado otras formas
apelativas en sus ecopoemas, en sus chistes (para desorientar a la
policía tanto como a la poesía), en sus reapropiaciones de los
lenguajes de la publicidad, de la política, de las jergas al uso,
que utiliza para desmontar y descentrar a través de una práctica
del ready made y de la parodia.
Parra emprende, de este modo, con la antipoesía el proyecto de una
sistemática recuperación del habla empírica.
Nicanor
Parra se vale del slogan publicitario o político, de la inscripción
mural, del aviso publicitario, de la sentencia fulminante, del
proverbio, de la jerga delictiva, de la formulación científica.
Los Artefactos poéticos, resumidos y cargados al máximo de cáustica
ironía quieren provocar y lo logran. Prueba de su eficacia es la
facilidad con que van pasando de boca en boca, de anuncio en
anuncio, no obstante su carácter inédito. Los hay de todas las
especies. Declaraciones políticas: "USA/ donde la libertad es
una estatua". Reacciones políticas (porque los artefactos
explotan en todas direcciones): "La izquierda y la derecha
unidas jamás serán vencidas". Salidas del energúmeno:
"A mí no me para nadie/mi misión es salvar al mundo".
Proverbios: "De boca cerrada/ no salen moscas". Salidas de
madre: "Vergüenza nacional/ tuve que eyacular en el vacío".
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Es
así como Parra, emancipándose de las categorías heredadas del
gusto, del estilo y de la lírica, se sitúa en una perspectiva
problematizadora, al instalar –como dispositivo desmantelador–
su concepción estética, cuyos aspectos principales se refieren a
la prescindencia de toda retórica, a la sustitución de un
vocabulario poético gastado, por las expresiones coloquiales más
comunes, entre las que no escasean ni la información periodística
ni el léxico burocrático, en un contexto general que suele adoptar
con frecuencia un carácter conversacional. Parra consigue siempre
sacar el mejor partido de las palabras, y la incorporación de
aquellos elementos considerados durante mucho tiempo atrás como
espurios, le permiten describir, cabalmente, los contenidos de la
vida moderna.
La antipoesía se transforma, de este modo, también en una empresa
de demolición y denuncia de las formas de vida alienadas que
promueven las prácticas de la sociedad neoliberal y su economía de
mercado.
Es a partir de esta relación con el medio social que el antipoeta
trabaja. Instala su taller, provisoriamente, en cualquier parte.
Utiliza todos los materiales a su alcance; materiales lingüísticos
propios y ajenos, materiales de deshecho o de segunda mano, citas de
otros autores, productos de su propia inspiración y de sus
recolecciones, de la búsqueda metódica y del hallazgo casual, de
la escritura automática, el flujo de la conciencia y la reflexión,
la lucidez y el delirio, el sueño y la vigilia, el pasado y el
presente, el ensueño y la pesadilla, los sermones, los discursos
políticos, los informes médicos, de prensa, etc.
Parra explora todos los léxicos, siempre buscando hacer más específico
el diálogo de la poesía con el lector actual a través de una poesía
que, para él, debía cambiar su forma y su formato, su medio y su
canal, su hablante y su mensaje. Así arriba a una poesía de
formulas o epígrafes, que llamó artefactos, suerte de hai-kus
urbanos, donde la síntesis crítica y el humor paradójico se unen
en imágenes contrastantes, cáusticas y novedosas. Estos artefactos
son como cargas explosivas activados dentro de los edificios retóricos.
El habla de Parra viene, como se ve, tanto de la elaborada dicción,
como también de la rigurosa formulación de las matemáticas; de la
primera tiene el subrayado irónico, la distancia crítica ante la
comedia retórica; de la otra, la formulación parabólica, que se
hace contrastiva de la cotidianidad que registra. Pero, ¿cómo
saberlo? Quizá el lenguaje único de Parra, sea también el sistema
de registro más abierto que ha dado nuestra poesía. Ella es capaz
de incorporar los cambiantes lenguajes de la modernidad,
aprovechando sus aparatos retóricos que, aunque pasan por lo real,
el poeta los maneja como repertorios discursivos.
La
antipoesía se constituye, pues, en uno de los más claros ejemplos
de los procesos de hibridación en la literatura, el que sin duda se
corresponde con un proyecto mayor, el de la ampliación –alteración
o trasgresión– de las normas de construcción discursiva propias
de la condición postmoderna.
La
antipoesía se ha convertido así en la operacionalización del
imperativo ético de la deconstrucción, esto es, del desbasamiento
de los edificios del logocentrismo normativo. En la apertura a
nuevas figuras de razón, en las que se deja entrever la
transformación estética de la sensibilidad de la Ilustración por
la del cinismo contemporáneo. |
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La
antipoesía se ha convertido así en la operacionalización del
imperativo ético de la deconstrucción, esto es, del desbasamiento
de los edificios del logocentrismo normativo. En la apertura a
nuevas figuras de razón, en las que se deja entrever la
transformación estética de la sensibilidad de la Ilustración por
la del cinismo contemporáneo. Donde la ironía es una de las claves
hermenéuticas para aproximarse al discurso antipoético y entender
los constantes “guiños” que está haciendo al lector. Donde había
una moral de la linealidad y univocidad –esto, en el marco de la lógica
narrativa– Parra introduce pluralidad, multiplicidad y contradicción,
duplicidad de sentidos; tensión en lugar de inerciales códigos
narrativos, tiranizados por el principio de identidad y de no
contradicción –preconizados por la lógica de Aristóteles–, la
antipoesía se abre al “así y también asa” en lugar del unívoco
“o lo uno o lo otro” , elementos con doble funcionalidad, cruces
de lugar en vez de unicidad clara. Para decirlo con un artefacto del
mismo Parra “Ni sí ni no, sino todo lo contrario. El último
reducto posible para la filosofía”. De esta forma, finalmente,
antipoesía pone en movimiento no sólo un nuevo estilo literario,
sino algo mucho más sustantivo, una nueva forma de habitar el
lenguaje, una nueva forma de hablar y con ello, de vivir.
Actualmente Parra está ya en otro proyecto: escribir la página en
blanco. Esta sería una poesía que, en la página, se borrase a sí
misma hasta revelar el blanco que ocupa y que la expulsa. Ironía,
otra vez, y crítica. Porque tampoco se trata de ir más allá de
Beckett, cuya negatividad y pesimismo, reveladoramente, no comparte.
El estoicismo irónico de Parra termina siempre, frente a todas las
pruebas de la deshumanidad diaria, en reafirmaciones del tú en el
poema; esto es, en las otras pruebas del acuerdo profundo de hablar
para sobrevivir. Así, Parra ha escrito la comedia humana de la
sobrevivencia en el lenguaje que nos dice y contradice. |
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Prof. Dr.
Adolfo Vásquez Rocca
Doctor en Filosofía por la P. UCV., Postgrado Universidad
Complutense de
Madrid, Departamento de Filosofía IV, Estética y Pensamiento
Contemporáneo. /
E–Mail adolfovrocca@hotmail.com
BIBLIOGRAFÍA
PARRA, Nicanor, Poemas y antipoemas, Santiago. Ed. Nascimento, 1954.
PARRA, Nicanor, Artefactos. Santiago: Ediciones Nueva Universidad,
1972.
No consiste en un libro, sino en una caja con 242 tarjetas postales,
por lo tanto ilustraciones relacionadas con los textos que vocean «epigramas»,
grafittis o para ser más exactos, «artefactos» como los denomina
el poeta, que al ser interrogado sobre su sentido señala: «una
palabrita bastante jodida», «una aproximación al grafitti», «un
terremoto grado 13», «una agresión», «un juego».
Todas las acepciones señaladas por Parra describen bastante bien el
conjunto de sus artefactos, porque cada una de ellos es el límite
mismo al que deriva el destinatario. Desde este punto de vista, el
artefacto ya es un artículo de consumo, suntuario o no, que se
dirige a un receptor anónimo, prosaico, ni adepto, ni adicto a la
poesía, simplemente su usuario. Así, Artefactos golpea en el hígado
de su lector, pues las costumbres de la sociedad, los hábitos políticos,
las prácticas religiosas, reciben en esta obra un ataque
despiadado.
PARRA, Nicanor, Chistes para desorientar a la poesía, Ediciones
Galería Época, Santiago, 1983.
PARRA, Nicanor, Discurso de Guadalajara, en Nicanor Parra tiene la
palabra, Compilación de Jaime Quezada, Editorial Alfaguara,
Santiago, 1999.
CUADRA, Cesar, Nicanor Parra en serio & en broma, Santiago de
Chile: Universidad de Chile, EDE, 1997.
ORTEGA, Julio, Caja de Herramientas; Prácticas culturales para el
nuevo siglo chileno, Ed. LOM, santiago, 2000. |
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