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Autor: Vickita
Se tiende a atribuir a los ordenadores más capacidades de comprensión de las que en realidad poseen.
La comprensión humana del lenguaje es veloz y potente, aunque no perfecta. Funciona siempre y cuando la conversación o el texto que le llega al oyente se hallen estructurados de determinadas maneras; otra aplicación práctica es el derecho.
El análisis sintáctico requiere procesos similares de localización del sujeto, los verbos, los objetos y demás elementos de la frase, proceso de forma inconsciente.
La gramática misma es un simple código o protocolo, que establece que sonidos corresponden con que significados en la lengua particular. El entender y el hablar comparten la misma base de datos gramatical. El programa mental que analiza la estructura de la oración durante la comprensión del lenguaje se denomina analizador.
A medida que el analizador va uniendo ramas, va construyendo el significado de la oración, empleando las definiciones del diccionario mental y los principios en virtud de los cuales combinan.
Con la primera ley de la inteligencia artificial, los problemas fáciles son complicados y los difíciles son sencillos, resulta que el problema de la memoria es sencillo para los ordenadores y complicado para las personas, mientras que el problema de la toma de decisiones es fácil para las personas (al menos cuando la oración esta bien construida) y difícil para los ordenadores.
El analizador requiere una memoria para sintagmas incompletos, un recuerdo de un pasado ya analizado. Los ordenadores emplean huecos de memoria o pila (snack); esto es lo que permite a los analizadores emplear una gramática de estructura sintagmática, en lugar de un simple mecanismo encadenador de palabras.
Las oraciones que sobrecargan la memoria son frases recargadas por arriba.
Muchos lingüistas son de la opinión de que el motivo por el que las lenguas suelen permitir el movimiento de sintagmas o la elección entre construcciones más o menos sinónimas es reducir la carga de memoria del oyente (ramificaciones a izquierda y derecha).
Las oraciones-cebolla muestran que la gramática y el analizador son cosas diferentes.
Abruma al analizador, la clase de memoria que se consume, la obligación de mantener en la memoria una determinada clase de sintagmas que hay que volver a consultar teniendo que analizar otro ejemplar de esa misma clase de sintagmas.
Estas ambigüedades locales le plantean al analizador un número considerablemente elevado de bifurcaciones a lo largo del camino.
Las palabras se agrupan en sintagmas, ya que los sintagmas pueden formar parte de otros sintagmas mayores de diversas maneras.
¿Cómo se las arreglan las personas para dar con el análisis adecuado de una oración, sin tropezarse una y otra vez son las numerosas, aunque muchas veces extrañas, alternativas gramaticalmente ilegitimas? Dos posibilidades:
Búsqueda en extensión-Nuestro cerebro funciona como un analizador de ordenador que computa ineluctablemente docenas de fragmentos de estructuras sintácticas, de las que las mas improbables van siendo filtradas antes de alcanzar la conciencia.
Búsqueda en profundidad-El analizador humano escoge a cada paso la alternativa mas probable y sigue adelante con una sola interpretación hasta donde sea posible.
El cerebro reacciona de forma refleja activando los dos significados de plantas, aun cuando uno de ellos puede ser descartado de inmediato.
Las oraciones de vía muerta, llevan al lector por una vía muerta o un callejón sin salida que conduce a un análisis incorrecto. Las personas no construyen todas las estructuras posibles de la oración mientras la están procesando, puesto que si lo hicieran, darían con la estructura correcta; lo normal es que se utilice la estrategia de búsqueda en profundidad.
Una posibilidad es que la inteligencia humana se ponga al servicio del problema, analizando la oración desde arriba abajo. Sugiere Fodor, el procesador humano es un modulo encapsulado que solo tiene acceso a la información contenida en la gramática y en el diccionario mental, pero no a la que contiene la enciclopedia mental.
El analizador humano emplea al menos una pequeña parte del conocimiento de lo que suele suceder en el mundo.
Nadie sabe exactamente cuanto conocimiento general es preciso emplear en la comprensión de oraciones en tiempo real.
La entrada léxica mas frecuente de un verbo parece inducir al analizador a buscar los participantes que le son apropiados.
Las palabras tb pueden colaborar en este proceso indicándole al analizador con que otras palabras suelen aparecer dentro de un mismo sintagma.
Al margen de que el cerebro aproveche o no las propiedades estadísticas del lenguaje, no cabe duda de que los ordenadores si lo hacen.
Los lectores y oyentes resuelven el análisis de oraciones a base de favorecer aquellas estructuras que tienen determinadas formas; uno de los criterios es la continuidad.
Los tribunales suelen resolver casos mediante cánones de construcción que están acuñados en la jurisprudencia; corresponden a los principios de análisis sintáctico.
Chomsky postulo las reglas transformacionales para convertir estructuras profundas en estructuras superficiales.
A lo largo de todas las palabras que median entre el sintagma debe conservarse en la memoria.
El ligamiento de sintagmas con huellas es una operación de cómputo.
Un principio de la buena escritura es el que obliga a minimizar la longitud de fragmento de una frase en el que es preciso mantener un sintagma en la memoria. La versión pasiva resulta mas fácil entender porque la longitud de la región que el sintagma desplazado debe recorrer es menor.
Una característica universal de las gramáticas es que todas ellas restringen el ámbito de estructura a lo largo del cual se puede desplazar un sintagma.
Las lenguas presentan restricciones sobre limites (bounding) en virtud de las cuales ciertos sintagmas, como el sintagma nominal complejo, se convierten en islas de las que no puede escapar; gracias a ello, el analizador puede abastecerse de ir en busca de una huella al advertir que no es posible desgajar un elemento de un sintagma de esta naturaleza.
Una conversación sacada de su contexto es prácticamente ininteligible.
Dudo que sea posible alterar las palabras de una persona, incluidas su sintaxis y su gramática, sin modificar materialmente su significado.
La comprensión se sirve de la información semántica que se deriva de la estructura sintáctica como una premisa mas dentro de una compleja cadena de inferencias orientadas hacia las intenciones comunicativas del hablante.
Si no comparten ciertos supuestos de partida, como sucede cuando uno de los interlocutores pertenece a una cultura muy diferente, o es un esquizofrénico o una maquina, ni el mejor análisis del mundo servirá para obtener el significado completo de la oración.
El conocimiento se halla organizado en un compleja red. Cuando se informa de una serie de hechos en sucesión, el lenguaje debe estar estructurado de tal modo que el oyente puede emplazar cada hecho en una red de conocimientos ya existente.
En una conversación o texto más extenso, un hablante o escritor experimentado debe hacer del foco de cada frase el tópico de la siguiente, enlazando las proposiciones en una secuencia ordenada.
El estudio de cómo las oraciones se entretejen en un discurso y se interpretan en un contexto (pragmática); Grice, Sperber y Wilson, basan los actos de comunicación en la expectativa mutua de cooperación entre el hablante y el oyente.
Las máximas que regulan las conversaciones relevantes suelen manifestarse cuando estas se incumplen. Los hablantes las contravienen deliberadamente en sus expresiones literales con el fin de que los oyentes puedan agregar los supuestos necesarios para devolver la relevancia a la conversación.
Las violaciones intencionadas de las normas implícitas que regulan la conversación dan pábulo a otras formas mas sofisticadas de lenguaje no literal, tales como ironía, humor…
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Última actualización: Mayo 2006
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