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IIª Prueba presencial

Tema 8: Configuración histórica del concepto de ciudadanía

Autor:Carlos Andrés

Bibliografía:
QUESADA, F.: Sobre la actualidad de la ciudadanía pp, 39-76
PEÑA, J.: La formación histórica de la idea moderna de ciudadanía 99 11-38.

Exámenes: Septiembre de 2002

Tema 8. Configuración histórica del concepto de ciudadanía.

a. "Sobre la actualidad de la ciudadanía"

DIMENSIONES DE LA RECONSTRUCCIÓN DE LA CIUDADANÍA

"A partir de la segunda mitad de los 80, el término "ciudadanía" se ha convertido en uno de los referentes más abarcadores y comprehensivos de la reflexión filosófico-política y de la politología". Ha generado multitud de discusiones, enmarcadas en los puntos de vista de liberalismo frente a republicanismo y comunitarismo.

El interés por el tema de la ciudadanía "se debe, entre otras cosas, a una pluralidad de hechos políticos y cambios sociales muy dispares: desde la pasividad y apatía de los potenciales votantes al resurgimiento de los movimientos nacionalistas, desde la crisis del estado de Bienestar al hecho del multiculturalismo o al fracaso de las política medioambientalistas".

En efecto, el triunfo del liberalismo, especialmente tras la caída del bloque del Este, ha venido a solapar la teoría política con el liberalismo realmente existente. Se ha interiorizado hasta tal punto la insuperabilidad de este liberalismo realmente existente, que cualquier alternativa al mismo suele leerse en términos de ingenuidad teórica o de irresponsabilidad práctica.

"El horizonte de problemas al que intento apuntar viene determinado por lo que Horkheimer denominaba "pensamiento dogmático". "El carácter hipotético que preside muchas de las perspectivas constructivistas del término ciudadanía, absuelto de las correspondientes prácticas sociales y políticas que le dan su sentido, está produciendo una bibliografía difícil de abarcar. Esta literatura se plasma, en una pluralidad de lenguajes políticos sobre la ciudadanía, todos los cuales vienen a reclamarse de alguna tradición: liberalismo (libertario, conservador, igualitario), comunitarismo, republicanismo.

1. SOBRE LA CIUDADANÍA Y (ALGUNOS DE) SUS CRÍTICOS

Los problemas que han provocado la reescritura del tema de la ciudadanía son plurales: feminismo, multiculturalidad, nacionalismo. Se propone que "estaríamos ante el surgimiento de un nuevo, de un tercer imaginario filosófico-político tras el primero, configurado en el mundo griego y, en segundo lugar, el articulado en el momento constituyente de la Revolución Francesa".

Las tres corrientes de pensamiento que vamos a citar, neoliberalismo, neoconservadurismo y la interpretación liberal-comunitarista de Michael Walzer, confluyen en su centralidad del tema de la ciudadanía, aunque sus orígenes y motivaciones responden a distintos momentos históricos.

"Los críticos de la ciudadanía aquí acotados vienen a coincidir asimismo en el fracaso moderno del carácter dominante atribuido a la política y a las formas institucionales de la misma".

A. Neoconservadurismo: sociedades intermedias o la crisis de la ciudadanía democrática

El neoconservadurismo propone la "introducción de "estructuras intermedias", que recompongan la sociedad desarticulada y recreen un nuevo discurso legitimatorio". Se trata de las iglesias, asociaciones de vecinos, grupos altruistas...

«La ciudadanía no sólo pierde cualquier función central o legitimadora del sistema político sino que, absorbida por las prácticas "privadas" correspondientes a las "estructuras intermedias", "ya no será un modelo para el resto de nosotros". El estatuto de la ciudadanía se ha vuelto superfluo en función de su propia exigencia de convertirse en referente del valor instituyente de sentido atribuido a la política, cuando ésta parece haber llegado a su fin.

B. Neoliberalismo: frente a la ciudadanía, ¿retorno o disciplinamiento de la sociedad civil?

Frente al neoconservadurismo, el discurso neoliberal vuelve a las raíces clásicas del liberalismo: la sociedad civil natural preexistente a la constitución del estado; derechos naturales del hombre frente a los poderes de la soberanía del estado, incluso democrática. (...) Junto con ellos, armonía natural de las leyes de la naturaleza, mano invisible, sistemas autoorganizados. Derecho de propiedad.

"La insistencia en la reconstrucción de la sociedad civil desde los postulados ideológicos del neoliberalismo, se presenta como una continuación de la reacción defensiva del neoconservadurismo frente a las exigencias de una radicalización democrática".

«La creación de mesogobiernos y la interpretación de los mismos como una "devolución de la responsabilidad a la sociedad civil"» y los experimentos neoliberales de vaciar de contenido los ámbitos de la política «no conllevan realmente el "retorno de una sociedad civil" más activa. Por el contrario, el retorno de la sociedad civil supone su disciplinamiento, la promesa incumplida, una vez más, de la autonomía de los sujetos. La política queda relegada al mero estatus de referente ideológico que ayuda a la identificación simbólica de ciertos complejos de problemas y facilita así el autogobierno del sistema. La reescritura de la ciudadanía, en términos de institución de sentido político-social en el ámbito público, ha de ser negada, puesto que las relaciones entre Estado y sociedad civil quedan planteados, en este "retorno de la sociedad civil", en términos de obediencia y autoridad»

2. Michael Walzer. Mas allá de la ciudadanía: la reconstrucción social

La posición representada por Michael Walzer -liberal-comunitarista- parte de que "somos seres sociales por naturaleza, antes que seres políticos o económicos".

Walzer hace recuento de las cuatro posiciones que considera más influyentes en nuestro ámbito político: la teoría de la democracia radical, asociada con el republicanismo, el marxismo, el capitalismo y el nacionalismo. Para él todas ellas proponen soluciones parciales.

La alternativa política a estas cuatro corrientes no viene dada, para el autor norteamericano, por la vía de una "superación sintética" de tales posiciones sino por un desplazamiento del orden de la realidad y de la actividad humana por considerar. La vida digna se vive realmente en el ámbito de la sociabilidad de hombres y mujeres. Ésta no es ya, pues, una quinta alternativa sino el marco único en el que se generan y experimentan todas las versiones de lo bueno.

En definitiva, es una nueva reconstrucción de la sociedad civil, correctivo de las otras cuatro valoraciones ideológicas. En términos ideales, la sociedad civil es una base de bases, todas están incluidas y ninguna es preferible a las otras. Walzer cree que "existen buenas razones a favor del argumento neoconservador de que en el mundo moderno necesitamos recuperar la densidad de la vida asociativa y volver a aprender las actividades y conocimientos que la acompañan".

En cuanto a la ciudadanía republicana, Walzer la considera como el modelo tradicional más fuerte y enfático de ciudadanía y lo sitúa en la Grecia clásica, aunque después tendrá formulaciones modernas con Rousseau, a raíz de la Revolución Francesa. Es el modelo de ciudadanía que reiteradamente es caracterizada como la forma de identidad primera para los individuos que viven bajo ese régimen democrático. Esta forma de identidad primera se presenta como "la ardiente pasión" de aquellos hombres, como un tipo de vida heroico.

"El "asociacionismo crítico", tal como denomina Walzer a su alternativa al orden político, tiene el atractivo de experimentarse como un cierto alivio del tradicional compromiso político democrático. Se resume en el lema tomado de E.M. Forster: "simplemente, conectad".

"La paradoja de la sociedad civil, sin embargo, es que su propia posibilidad de existencia y de implantación exige algún control o una determinada utilización del aparato del Estado. Aquí pues está la paradoja de la sociedad civil. La ciudadanía es uno de los muchos papeles que sus miembros representan, pero el propio Estado no se parece al resto de las asociaciones. Enmarca a la sociedad civil y a la vez ocupa un espacio en su seno. Este es uno de los nudos del pensamiento liberal-comunitarista y pone de manifiesto los límites que tal corriente de pensamiento presenta en orden a la comprensión del núcleo constitutivo de la política así como en lo referido al sentido y estatus de la ciudadanía"

"La ciudadanía no tiene nada que ver con la felicidad, el heroísmo o la ardiente pasión. La ciudadanía responde al nuevo nivel de comprensión que se deriva de la institución política. En esta misma línea de discurso, la afirmación de Walzer "somos seres sociales antes que políticos", no reviste ningún valor analítico ni axiológico especial. El problema no radica en el antes o el después, sino en el nivel de reflexión y en el orden de institución de sentido en que nos situemos" (p. 37).

"La ciudadanía está más bien ligada inextricablemente a ese nuevo mundo de sentido y a la configuración del saber "laico" en el orden de lo humano-social" (p. 37).

"En este contexto emergen las ideas de la ciudadanía ligadas a la institución de la soberanía popular -frente a la idea de mera limitación del poder-, de la ciudadanía política -con su traducción en la existencia del espacio público o interés general, no ceñida únicamente a la idea de "seguridad individual"-, la idea de autonomía -en relación con la creación de leyes-, así como el supuesto de la ciudadanía nacional-estatal.

b. "La formación histórica de la idea moderna de ciudadanía"

1. INTRODUCCIÓN

"Las notas más destacadas del concepto de ciudadanía son participación, derechos y pertenencia." Pertenencia a la comunidad, de lo que se derivan ciertos derechos, en concreto los derechos políticos.

"Ordinariamente se entiende la ciudadanía moderna como un estatus individual asociado sobre todo a los derechos. (..) Hoy en día se habla de derechos incluso contra la propia comunidad"

"Sin embargo no siempre se vio la condición de sujeto de derechos como aspecto primordial. En sus orígenes clásicos, la ciudadanía era ante todo una condición política, ser ciudadano era tener parte en el gobierno de la propia comunidad". Ciudadano: sujeto político que se autogobierna (frente a metecos y esclavos).

De ahí surge la pregunta: "¿Por qué la historia de la ciudadanía moderna no es la de la conquista del autogobierno, sino la de la adquisición de derechos individuales?" (Ciudadanía antigua y ciudadanía moderna: "La libertad de los antiguos y la libertad de los modernos")

En la antigüedad, el pequeño tamaño y la homogeneidad cultural permitía la participación directa en el gobierno. En la modernidad el vínculo de los individuos con lo público es mucho menos intenso y el énfasis se pone en el estatus legal. La fuerza misma de los hechos, dada la evolución de las sociedades, conduce inevitablemente a una ciudadanía que consiste en derechos y en la que es marginal la participación.

Sin embargo, en esta explicación tendría mucho que ver el triunfo de la concepción liberal de la política.

2.MIRANDO HACIA ATRÁS: LA PRESENCIA DEL LEGADO DE LA CIUDADANÍA CLÁSICA

La noción moderna de ciudadanía "descansa sobre los supuestos individualistas de la teoría liberal clásica" y "se opone a la noción cristiana y clásica, desde Aristóteles hasta Rousseau, pasando por Santo Tomás, de la pertenencia orgánica a la ciudad".

"Se diría entonces que hay una distinción tajante entre la ciudadanía antigua y la moderna". "Sin embargo, la hipótesis de la discontinuidad radical entre las dos ciudadanías es exagerada. Primero, porque la ciudadanía antigua es más plural de lo que el tópico sostiene y hay en ella elementos que consideramos característicos de la moderna, y segundo porque los clásicos siguen presentes en las visiones modernas de la ciudadanía, cuando menos como referencias frente a la que definirla.

Además "es inadecuado hablar de ciudadanía antigua en general. Habría que "distinguir la ciudadanía ateniense de la romana". Si en el primer caso la ciudadanía viene definida por la participación en la comunidad, la ciudadanía romana es sobre todo una institución jurídica que hace impensable la participación. "La misma sociedad política es definida por Cicerón como asociación de hombres unidos por un ordenamiento jurídico; el vínculo es una idea abstracta y no una comunidad de vida, como en la polis griega".

Así pues, "la ciudadanía romana prefigura en más de un aspecto la moderna. El ciudadano es un sujeto de derechos en el terreno familiar, económico, judicial, religioso, aparte de su estatus político".

Al mismo tiempo, no es menos cierto que "la ciudadanía moderna se define en buena medida frente a la ciudadanía política clásica. Bodin, uno de los primeros teóricos del Estado moderno, afirma que es "error sumo es aceptar que sólo es ciudadano el que tiene acceso a las magistraturas y voz deliberante en las asambleas del pueblo", como argumentaba Aristóteles. Para él, es ciudadano "el súbdito libre que depende de la soberanía de otro".

"Más clara y directa es la confrontación en el caso de Hobbes, quien critica la identificación indebida de la libertad colectiva (del Estado) de la que hablaban los antiguos con la libertad individual, confusión que achaca a quienes pretenden elaborar una teoría de la política basándose en los escritos de los clásicos griegos y latinos, "que al vivir en Estados populares, derivaron esos derechos, no de los principios de la naturaleza, sino que los transcribían de sus libros basándose en las prácticas de sus propios Estados, que eran populares". Dice: "Leyendo a estos autores griegos y latinos, los hombres han adquirido desde su infancia, disfrazado con la falsa apariencia de libertad, el hábito de favorecer tumultos y de controlar irresponsablemente las acciones de sus soberanos..."

"Esta presencia de la ciudadanía antigua, siquiera como un mito, en numerosas generaciones de pensadores educados en el humanismo clásico, es un dato innegable. «Las revoluciones liberales de los siglos XVIII y XIX se erigieron en gran medida a partir de imágenes de la ciudadanía antigua». (...) Esa ciudadanía antigua nunca desapareció del todo, por el contrario, pervive en lo esencial en la vigorosa tradición republicana hasta el siglo XIX, y tiene una presencia decisiva en las revoluciones francesa y americana. Aunque a la larga acabará derrotada por el modelo liberal, la ciudadanía moderna conserva huellas de este combate y sus lecciones deben ser tenidas en cuenta.

3. ECLIPSE Y SUPERVIVENCIA DE LA CIUDADANÍA HASTA LA MODERNIDAD

"La caída del Imperio Romano marca el comienzo de un largo eclipse de la ciudadanía. Por una parte, el cristianismo introduce una "ciudadanía alternativa" del cristiano, definida por San Agustín en La ciudad de Dios. Esta ciudadanía alternativa con separación de la política será el germen de la idea de "sociedad civil" del liberalismo.

"Por otra, con la caída del Imperio Romano de Occidente, se perdió también la idea de ciudadanía como pertenencia del ciudadano-súbdito a la comunidad política imperial. El sistema feudal se funda sobre la idea de una vinculación personal, más que territorial (linaje, sangre)". Además, en la policéntrica sociedad medieval el individuo tiene una multiplicidad de pertenencias". Se refiere a la fragmentación jurisdiccional, con privilegios, jurisdicciones de nobles...

"Sin embargo la ciudadanía pudo pervivir gracias a las ciudades, particularmente las del norte de Italia. Es verdad que la ciudadanía medieval fue limitada y local, pero no del mismo modo en todas partes."

"En Italia no sólo pervive la tradición teórica de la ciudadanía, sino que se mantuvieron y desarrollaron ciertas instituciones características y una práctica de la participación ciudadana".

"Lo que nos interesa destacar aquí es la aparición de una nueva conciencia cívica, caracterizada por un patriotismo secular y por una vinculación más amplia que la pertenencia familiar y gremial."

La Política de Aristóteles también había preparado el terreno, ya que elimina el agustinismo político medieval que veía en el estado una necesidad tras la caída pero no una institución natural. Además se hace relecturas de la Política en clave republicana.

"Ciertamente, las proclamas del humanismo cívico no reflejan la vivencia generalizada de la ciudadanía. En las ciudades bajomedievales y renacentistas, la mayoría de los ciudadanos veían la ciudadanía como un estatus que les hacía acreedores de ciertos privilegios, y estaban mucho menos interesados en el ejercicio de derechos políticos. Para ser justos, podíamos decir que coexistían los ideales patrióticos y los intereses pragmáticos. Pero ello no anula su importancia para la historia de la ciudadanía."

4. EL CIUDADANO MODERNO: SÚBDITOS Y BURGUESES.

"Riesenberg afirma que en los siglos posteriores al Renacimiento, la ciudadanía casi desapareció, aplastada por las teorías y burocracias del estado centralizado. (...) El término ciudadano se convierte en un arcaísmo y no recobra fuerza hasta las vísperas de la Revolución francesa".

"La modificación del sentido de la ciudadanía tiene que ver sobre todo con la consolidación del Estado territorial moderno, caracterizado no sólo por su amplia extensión (que dificulta la participación de una ciudadanía activa), sino por la concentración de poder en manos del príncipe y el desarrollo consiguiente de la teoría de la soberanía. El modelo político dominante en Europa occidental será la monarquía que pretende ser absoluta. Y en la medida en que la noción de ciudadanía estaba asociada a la de autogobierno, no hay ya lugar para el concepto clásico de ciudadanía en las teorías políticas".

"No desaparece del todo el concepto, y la tradición cívica sobrevive de algún modo en la figura de los funcionarios y cortesanos que desarrollan su actividad al servicio de los gobernantes. (..) Pero significativamente, el ciudadano viene a equipararse con el súbdito."

Bodin caracteriza al ciudadano: «La nota característica de la ciudadanía es la obediencia y reconocimiento del súbdito libre hacia su príncipe soberano, y la tutela, justicia y defensa del príncipe hacia su súbdito». La ciudadanía no concede estatus de igualdad ni de participación política, sino derechos de protección mayormente. Esto favorece la aparición de una sociedad civil separada del ámbito político.

Hobbes tomará esta idea del ciudadano. Y Espinosa, aunque republicano, tiene también en cuenta conceptualmente la distinción.

El giro decisivo en la concepción del ciudadano lo da Locke, en su Segundo Tratado. El individuo es titular de derechos naturales, previos a la entrada en la sociedad política mediante acuerdo. La sociedad política deberá respetarlos. Ciudadano equivaldrá a hombre desde entonces.

En el liberalismo iusnaturalista la ciudadanía se diluye. El gobierno debe respetar las leyes y gozar de la confianza del pueblo pero no participar en el. Los derechos son límites frente al soberano, garantías.

Sin embargo, según Pocock, hubo también propuestas republicanas en la edad moderna, como la de Harrington, que propone en su Oceana una república de ciudadanos armados, con igualdad de poder. Fue una obra muy debatida en Inglaterra el XVIII, sin embargo, su discurso parecía arcaico ya entonces. El republicanismo se convierte en un discurso de oposición.

En particular, el comercio es considerado incompatible con la virtud republicana. La propiedad tiene distinta consideración: derecho natural, garantía de independencia y de virtud (Platón). En una sociedad comercial basada en el interés, la virtud republicana parece innecesaria. Se considera que la virtud publica no puede ser alcanzada. El gobierno consistirá en la gestión de las pasiones: vicios privados virtudes públicas...

El interés servirá para moderar las pasiones, al someterlas al cálculo. Pasarán a ser predecibles y por tanto quedan domesticadas. La acumulación de riqueza se convierte en "pasión tranquila". La economía liberal concluye que el interés del agente asegura la asignación optima de recursos y satisface las necesidades colectivas de forma mas eficiente que un poder publico guiado por criterios de virtud.

Por todo ello, se concluye que la edad Moderna produjo un modelo de ciudadano que en muchos aspectos prefiguraba la ciudadanía actual: súbdito cuyos derechos quedan garantizados, pero que no participa en el poder político aunque conserva el derecho a cambiar el gobierno.

5. LA CIUDADANÍA EN LA ÉPOCA DE LAS REVOLUCIONES BURGUESAS

"Los estudiosos de la ciudadanía coinciden en afirmar que es en la época de las dos grandes revoluciones burguesas, y sobre todo con la francesa, cuando se asiste al renacer del concepto de ciudadanía.

"Podemos distinguir al menos tres aspectos en esta invención: la ciudadanía legal (igualdad abstracta ante la ley, frente a la ciudadanía diferenciada de los privilegios locales, corporativos y estamentales), la ciudadanía política (del ciudadano como sujeto político que participa en el gobierno de los asuntos públicos) y la ciudadanía nacional-estatal (del ciudadano como miembro del Estado organizado como nación, y no a través de cuerpos intermedios, claramente distinguido del extranjero).

"La ciudadanía legal remite al ciudadano como un individuo. Pero esta afirmación puede entenderse de dos modos.

"En primer lugar, la ciudadanía moderna es un estatus que implica una igualdad abstracta entre individuos que cuentan como tales ante el Estado, y no ya como miembros de una ciudad o una corporación concreta". A título de individuo. Influencia del liberalismo, iusnaturalismo: hombre antes que ciudadano.

De ahí arranca la distinta concepción de los derechos en las tradiciones liberal y republicana: garantías, límites... soberanía popular ilimitada.

"En segundo lugar, hay que hablar de la ciudadanía como un estatus político. A mi juicio, lo más significativo de las revoluciones, en lo que respecta a nuestro asunto, es la recuperación de la ciudadanía como categoría propiamente política; de la condición de ciudadano como sujeto político activo. «Al depositar en el pueblo no ya sólo el origen de la soberanía, como hicieran las soberanías contractuales, sino el ejercicio de las mismas, las revoluciones francesa y americana recuperaron la ciudadanía como principio igualitario de pertenencia a una comunidad política y convirtieron al ciudadano en protagonista de la vida pública». Aquí la ciudadanía recupera su antiguo sentido de participación en el gobierno de la res publica."

Tras ambas revoluciones, "el calificativo de ciudadano tiende a ser atribuido a todos los individuos adultos masculinos. Esta tendencia a la universalización marca una ruptura respecto a la teoría del ciudadano propietario: la ciudadanía política no se deriva de un estatus social, económico o territorial previo, sino que por el contrario, remite a una anticipada superación de las diferencias extrapolíticas".

La clave para el acceso a la categoría de ciudadano (o para la exclusión) es el de autonomía, esto está relacionado con la propuesta de Kant en su "Metafísica de las costumbres". La independencia intelectual, económica y social es el requisito que justifica a la vez la admisión y la exclusión: sólo los que son sui iuris pueden tener la ciudadanía política.

Hay dos exclusiones especiales. En primer lugar, la de las mujeres, considerada "natural" por Kant, y determinada por la inferioridad intelectual. En segundo lugar la económica, que es una constante del pensamiento republicano. Se relaciona con la independencia de criterio, con la autonomía, se excluye a sirvientes y dependientes de otros. Los jacobinos la extienden a todo residente, independiente de su fortuna, así se supera la limitación del ciudadano/propietario.

En tercer lugar, hay que hablar de la ciudadanía nacional. "La nación sustituye al mosaico de relaciones personales entre los individuos y el soberano, y por tanto es un elemento decisivo para la traslación de la soberanía. La idea de nación hizo tomar conciencia a los habitantes de un determinado territorio estatal de una nueva forma de pertenencia compartida. (...) Pero en cuanto nacional, la ciudadanía ha de ser excluyente. (...) Por otra parte, las declaraciones de derechos tienen vocación universal. Hay aquí una tensión entre el universalismo de los principios y la particularidad de la realización de difícil solución y que llega a nuestros días.

Ciertamente, las nociones de nación y patria que manejaron Sieyès y Robespierre remiten a una nación cívica. Los revolucionarios franceses no buscaron la conexión entre ciudadanía y nacionalismo. No es menos cierto que esto choca con la particularidad inherente a la ciudadanía.

Ya Rousseau había dejado bien clara la oposición entre patriotismo y cosmopolitismo. No obstante, si bien es cierto que la constitución de un Estado nacional al establecer una línea de demarcación clara entre ciudadanos y extranjeros hace imposible el vago cosmopolitismo impolítico de los philosophes, no requiere necesariamente una representación nacionalista de la pertenencia (en el sentido de convertir a la comunidad histórica y cultural en eje y base de legitimación política). Los principios universalistas de la Revolución reclaman más bien una ciudadanía abierta.

6. LA CIUDADANÍA TRAS LAS REVOLUCIONES

"La Revolución Francesa representa un hito en la historia de la ciudadanía. Por más que estuviese lejos su universalización, la Revolución supuso la recuperación de la concepción de ciudadanía como capacidad de control de la vida pública, al tiempo que establecía el principio de igualdad que la hacía potencialmente abierta a todos. Al mismo tiempo, la ciudadanía fue vista en aquel momento no sólo como un estatus del que disfrutar, sino como un modo de vinculación y compromiso."

"Sin embargo, el reflujo revolucionario y la posterior Restauración produjeron un visible retroceso. (...) El bonapartismo pone en el centro de la política la cuestión de la inclusión, mucho más que la participación activa. Trata de reinventar para la nueva sociedad individualista el equivalente de los antiguos lazos de fidelidad y protección. El concepto de ciudadanía queda de nuevo disociado de su elemento democrático.

"Pronto se vuelve al sufragio censitario y a la vieja noción del ciudadano-propietario -tal restricción, por lo demás, operó en los Estados Unidos, donde la Revolución afectó exclusivamente a un grupo pequeño de varones de origen europeo, principalmente de ascendencia británica."

"La reacción conservadora tras la Restauración se guía por el temor a la democracia. El gran debate del momento es el que enfrenta a liberalismo y democracia. El liberalismo no tiene como centro la autonomía política, el autogobierno, sino la autonomía individual. Exige que el gobierno cuente con el consentimiento de los ciudadanos, no que sea el gobierno de los ciudadanos."

"Los liberales tratarán de limitar la soberanía popular por medio de mecanismos e instituciones que eviten o disminuyan la amenaza potencial que entraña para los derechos individuales". Sistemas de controles, limitaciones, dispersión del poder, federalismo.

"El liberalismo se servirá de la idea de capacidad, entendida como capacidad de obrar según la razón, como barrera frente a la amenaza democrática. (...)

"El liberalismo trató de promover una disposición de los ciudadanos alejada de los asuntos públicos.

Constant lo explicará indicando que la soberanía política de los antiguos en los asuntos públicos tenía como contrapartida la ausencia de derechos individuales, la relación de guerra constante con los vecinos y la esclavitud. En cambio, los ciudadanos de los Estados modernos son políticamente insignificantes, pero tienen oportunidad de desarrollar pacíficamente sus actividades económicas.

El camino hacia el sufragio universal fue lento, la presión del movimiento obrero organizado forzará la inclusión y los Estados decimonónicos se verán obligados a extender la ciudadanía hasta llegar a la universalización del sufragio.

"Pero a cambio de su extensión, la nueva ciudadanía liberal no tiene capacidad de penetración en la sociedad civil. Caben todos, pero la esfera de la sociedad civil queda despolitizada, como esfera privada independiente del control político.

Es lo que el joven Marx lamentará en "La cuestión judía": "el Estado suprime a su manera las diferencias de nacimiento, de estamento (...) cuando las declara no políticas, cuando proclama, desconsiderando dichas diferencias, a cada miembro del pueblo partícipe en igual medida de la soberanía popular". Sin embargo, esa igualdad formal, queda devaluada, al ser sustraído del ámbito político las diferencias de carácter material.

"En conclusión, podemos decir que la ciudadanía contemporánea, como la democracia, vive al tiempo de su triunfo y su fracaso. Nadie la discute, y alcanza a casi todos, pero no se ha realizado sino en una versión mínima e insatisfactoria. No obstante, la historia de la idea de la ciudadanía nos muestra anticipadamente la posibilidad de una ciudadanía que sea a la vez no excluyente y real. En todo caso, sólo si la ciudadanía es capaz de incluir a todos los que margina en su interior, y a los que llaman a la puerta de las sociedades ricas, será coherente con sus presupuestos normativos. Y sólo si entraña autogobierno, capacidad de controlar sus vidas por parte de los ciudadanos, podrá ser algo más que un nombre evocador.

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Última actualización: Octubre 2006
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