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Iª Prueba presencial

Tema 5: El nacionalismo y el federalismo

Autor:Carlos Andrés

Bibliografía:
CAMINAL, M.: "Nacionalismo y federalismo" pp 89-117 en Ideologías y movimientos políticos contemporáneos.

EXÁMENES:
- El nacionalismo: Sep. 2004
Nacionalismo y federalismo: Feb. 2004

Tema 5. El nacionalismo y el federalismo.

Hay una diferencia de raíz entre nacionalismo y federalismo: el primero crea una identidad superior al individuo que es la nación, el segundo vincula al individuo a distintas identidades. Todos los nacionalismos, cívicos ý étnicos, han impulsado un patriotismo nacional bajo el estandarte de la ciudadanía o de la etnicidad. El patriotismo constitucional encubre lo que el patriotismo étnico descubre: una lengua a una cultura, una cultura a una nación, una nación a un Estado, un Estado a una ciudadanía. El orden se puede establecer a la inversa cuando se desea ocultar el nacionalismo, o bien cuando se quiere justificarlo como nacionalismo cívico.

Tiene poco sentido conceptual la división entre nación cívica y étnica, porque son las dos caras inseparables de una misma moneda. Son en verdad dos acepciones de un único concepto, la nación, que tiene razón histórica de ser en la medida que se vincula a la formación y consolidación del estado nacional.

Por el contrario, el federalismo, como ideología es garantía de la diversidad entre iguales, reconoce y ampara la diversidad cultural sin establecer distinciones entre culturas nacionales o dominantes y culturas subnacionales, minoritarias o dominadas. Eric Hobsbawn y Charles Tilly han predicho un final de la era nacionalista porque el sistema de estados nacionales no tiene capacidad para regular los procesos transnacionales.

Tampoco hay que menospreciar el carácter del nacionalismo como una ideología de definición imprecisa dada su adecuación a situaciones históricas distintas y su ubicuidad en todo tipo de sistemas políticos.

1. El nacionalismo como ideología

El liberalismo, el socialismo, el conservadurismo y otros "ismos" responden a la pregunta sobre cómo se gobierna o tendría que gobernarse una sociedad en todos sus ámbitos y, por consiguiente, sobre cuál es o tendría que ser la relación entre individuo, sociedad y estado. El nacionalismo responde a la pregunta de quienes son los individuos que componen la sociedad. Dos factores permiten comprender la ideología nacionalista: la identidad y su transformación en fuente de poder. La fuerza política del nacionalismo reside en su capacidad por crear un sentido de identidad como fundamento del poder estatal.

Todos los nacionalismos se guían por el mismo principio: de cada estado una nación, a cada nación un estado. En todos los casos, en el origen de la nación nos encontramos frente a procesos de formación de economías nacionales que se corresponden con las nuevas realidades económico-sociales definidas por el paso del feudalismo al capitalismo. El nacionalismo no hubiera existido sin estos requisitos históricos que están en la base de su eclosión en los siglos XIX y XX, y de la correspondiente extensión del modelo nacional por todo el mundo.

En el mundo nuevo surgido de la consolidación de las monarquías nacionales sobre la disolución progresiva de las instituciones medievales (cristiandad como comunidad y fragmentación de las jurisdicciones), las transformaciones económicas vinculadas a la revolución comercial -resultado de los grandes descubrimientos de los siglos XV y XVI-, todos son iguales ante el soberano y este tiene el deber de proteger las vidas, bienes y propiedades de sus súbditos. Al mismo tiempo, el individuo que había conquistado o había visto reconocida su libertad personal, se vio prácticamente solo frente al poderoso soberano y sin un punto de referencia colectiva que le sirviera de identidad. Tras las respuestas de Locke, Rousseau y Kant, queda abierta una cuestión: ¿cuál es el sujeto de la autodeterminación?

2. La nación política y la nación cultural

El pensamiento político ha utilizado dos vías para relacionar individuo y comunidad: la voluntad y la identidad.

Vinculada al pensamiento revolucionario inglés, norteamericano y francés, la teoría de la voluntad política fue la que apareció primero: el fundamento de la nación radicaría en la voluntad de los individuos que la integran. Desde E.J Sieyès hasta Renan, el pensamiento político francés fue el que sintió una necesidad más acuciante de delimitar el sujeto de la soberanía. Sièyes identificó Tercer Estado y definió la nación como "un cuerpo de asociados que viven sujetos a una ley común y representados por la misma legislatura". La identidad de los asociados viene dada por su vinculación a la ley común, que ellos eligen a través de la legislatura que los representa. La definición trasciende la identidad real entre burguesía y Tercer estado para convertirla en identidad formal entre Tercer Estado y nación.

Ernest Renan, en 1882, cien años después de Sièyes, afirma que el hombre no es esclavo de su raza, ni de su lengua, ni de su religión, ni del curso de los ríos o las fronteras naturales: una agregación de hombres crearía una conciencia moral que se denomina nación: "las naciones no son algo eterno. Han tenido un inicio y tendrán un final. Probablemente la confederación europea las remplazará".

La soberanía absoluta del monarca, gráficamente expresada por el monarca Luis XIV en "el Estado soy yo" dio paso, pues, a la soberanía de la nación, "el Estado somos nosotros", único fundamento de la ley común que vincula a los ciudadanos.

En contraposición a la nación política, la nación cultural nació como una respuesta al cosmopolitismo abstracto y uniformador del pensamiento racionalista: las ideas liberales tenían un valor universal, pero adquirían proyección histórica en la medida que se adecuaban a las características culturales de cada pueblo. La nación política, tal y como había sido formulada desde Sièyes hasta Renan, no resolvía el problema de la identidad.

Vico y Herder fueron los primeros en criticar el cosmopolitismo abstracto. Para ambos, la historia, las costumbres, la religión, la cultura y, en especial, la lengua, eran los rasgos diferenciales de un pueblo. El cosmopolitismo bien entendido, es decir la universalización de los derechos comunes a todos los ciudadanos, tenía que partir del reconocimiento de la particularidad y diversidad de pueblos con su propia lengua y cultura.

Fue Fichte quien, en su "Discurso a la nación alemana" (1808), convirtió las tesis de Herder en un proyecto político nacionalista. Pueblo y patria, sostenía Fichte, son portadores de y garantía de la eternidad terrenal y, por su naturaleza de cosas eternas en la tierra, están por encima del estado. La nación cultural sería, pues, la única base para construir la nación política.

El problema no se planteaba cuando la nación cultural y la nación política eran semejantes, pero se trata de casos excepcionales. Stuart Mill y Mancini trataron de conciliar ambos conceptos. En sus "Consideraciones sobre el gobierno representativo", John Stuart Mill definía la nacionalidad como "la reunión de hombres atraídos por simpatías comunes que no existen entre ellos y otros hombres" (el elemento subjetivo prevalece sobre el objetivo). Sin embargo, añadía, tener la misma lengua, cultura o religión facilita la tarea. Por su parte, Pasquale Stanislao Mancini planteaba la cuestión en orden inverso y definía la nacionalidad como "la sociedad natural de hombres constituida en una comunidad de vida y de consciencia social por la unidad de territorio, de origen, de costumbre y de lengua". Así, la identidad primigenia de la nación natural o cultural no comporta la nación política, pero sí el derecho a constituirse como tal.

3. La nación jurídica

La voluntad de constituirse en nación y la cultura común no son suficientes para la existencia de la nación. Por eso es necesario introducir el concepto de nación jurídica, el Estado.

La nación jurídica es el conjunto de personas que están vinculadas por ley como ciudadanos de un estado. Toda persona forma parte por origen de una comunidad cultural, está vinculada jurídicamente a un estado y no a otro y, además, puede sentirse identificada en muy diferente grado con su Estado o con su comunidad cultural, con los dos, con uno de los dos o con ninguno. El nacionalismo pretende hacer de las realidades, normalmente no coincidentes, del estado-nación jurídica y de las comunidades culturales, naciones políticas fundadas en la voluntad. Porque es el nacionalismo lo que crea la nación y no a la inversa.

La estabilización de un estado-nación a largo plazo no es concebible si no se consigue un determinado nivel de cohesión como comunidad cultural. No es imprescindible una homogeneidad cultural absoluta, pero sí una cultura común, por más que ésta pueda ser compatible con una pluralidad de culturas dentro del mismo estado.

4. El nacionalismo y la relación entre las tres acepciones del concepto nación

La obligatoriedad de pertenecer por nacimiento a una nación jurídica o estado-nación y la inevitabilidad de quedar vinculado a la comunidad cultural que todo estado es, o pretende ser, necesitan complementarse con un tercer factor que constituye el objetivo último de todo poder estatal: la voluntad subjetiva de sentirse miembro de un estado nacional. La identificación de la persona con la colectividad estatal, el sentimiento de pertenencia, es fundamental para que pueda afirmarse que el estado es también una comunidad nacional.

El nacionalismo estatal crea la nación, pero los otros nacionalismos internos, si los hay, pueden impedir que un estado se convierta plenamente en nación. Se crea una situación excluyente entre nacionalismos que pugnan por el mismo objetivo, el Estado, desde posiciones contrarias e incompatibles. Así, puede considerarse que aquellos estados como Bélgica o España, en los que existe más de una conciencia nacional, son nación jurídica, pero no son una nación en su significado pleno (cultural y política), puesto que les falta el elemento clave de la voluntad subjetiva compartida por todos.

De los diferentes grados de coincidencia entre los tres tipos de nación surgen grados proporcionales de conflictividad (ver cuadro pag.99) En general puede afirmarse que estos conflictos se resuelven a favor del estado y de quienes ocupan el poder estatal, si no se produce la injerencia interesada de otros estados. Los nacionalismos son incompatibles y excluyentes entre ellos. Su origen no es siempre unilateral, sino que a veces responden a naciones-estado, bien para separase de ellos o para reformarlos. ¿Habría escrito Fichte el discurso en 1808 de no haberse producido la invasión napoleónica

5. Las fases del nacionalismo

De lo dicho hasta aquí se podría deducir una definición: el nacionalismo es una ideología que legitima la existencia y permanencia del estado como nación, y que fundamenta, al mismo tiempo, la creación de naciones que afirman su derecho a la autodeterminación; en ambos casos, el nacionalismo se vale de la historia, de la cultura y de la educación, como instrumentos de cohesión y de proyección de identidades nacionales colectivas; en ambos casos, el nacionalismo se inscribe en procesos histórico-políticos en los que asume, bajo distintas formas, la representación política de un pueblo designado por aquél. (parafraseando Rousseau y la propiedad).

Se pueden destacar cinco fases constitutivas del sistema de estados nacionales que en parte se solapan en el tiempo:

  1. Los tempranos estados-nación europeos occidentales, como modelos originales del Estado moderno (GB, Francia y España)
  2. La independencia de EEUU y el nacimiento de sucesivos estados nacionales fruto de la secesión de colonias americanas con sus respectivas metrópolis europeas.
  3. Los nacionalismos europeos tardíos que dan lugar a nuevos estados nacionales mediante la unificación (Alemania, Italia), la secesión (Noruega), o bien como resultado de la PGM, la disolución del Imperio Austro-Húngaro y la postulación de Woodrow Wilson del derecho a la autodeterminación en la conferencia de Versalles (doctrina Wilson, 1918). En esta fase habría que incluir también el nacionalismo expansionista de Japón y los nuevos nacionalismos europeos occidentales de las llamadas "naciones sin estado" (desde Irlanda, independiente desde 1937, a Euzkadi, Cataluña, Escocia... )
  4. La extensión del nacionalismo a los demás continentes en el periodo de entreguerras y su eclosión posterior a la SGM con la generalización del modelo del estado-nación, tanto en el área de influencia norteamericana como soviética.
  5. La caída del imperio soviético y el nacimiento de nuevos estados nacionales que culminan o cierran hasta hoy la generalización del modelo de estado nacional.

La cuestión que se plantea es la siguiente: en un sistema de estados nacionales más o menos definido y acabado, donde no se contempla, en principio, la constitución de nuevos estados nacionales, ¿cuál es el futuro de los movimientos nacionalistas? ¿Puede ser el federalismo la vía de resolución de los conflictos nacionales?

6. La sumisión federalista al nacionalismo de estado

El origen del federalismo es doble:

  1. Teorías derivadas de la poliarquía medieval, defienden un equilibrio de poderes y la subdivisión territorial (Montesquieu)
  2. Teorías federalistas que proponen la división territorial del poder y la subordinación del poder central a las partes federadas (Pi y Margall).

El primero chocó con la constitución de los estados nacionales, el segundo es sin embargo la expresión más depurada del liberalismo, llevaban los derechos políticos del individuo a sus últimas consecuencias.

El federalismo evolucionó posteriormente sirviendo en muchos casos a la constitución de estados nacionales. Hay que distinguir entre el federalismo europeo y el de los estados extensos del Nuevo Mundo.

El federalismo europeo está relacionado con la existencia de las naciones culturales. Incluso en Francia un país de administración muy centralista fue criticado por Proudhon: "el francés es un ser convencional, no existe". Y también los procesos de constitución nacional de Italia y Alemania fueron denunciados por los liberales federalistas, por centralistas y unitaristas. Sus propuestas son válidas para el actual proceso de constitución europea.

En el Nuevo Mundo, la gran extensión de los estados (EE.UU., Canadá, México) llevó a un federalismo de carácter meramente administrativo. En este caso se trata de un federalismo nacional y unitario caracterizado por (a) la subordinación de las partes al proyecto común liberal-democrático y (b) la construcción de una nación liberal federal frente a la confederación de estados.

En la evolución del federalismo, este ha hecho suyas tres características que son propias del estado nacional:

  1. La concepción de la nación como una unidad cultural esencialmente homogénea o monocultural
  2. La concepción de la nación como una entidad soberana donde residen y emanan todos los poderes del estado
  3. La concepción simétrica de la organización y distribución territorial del poder del estado

Esta nacionalización del federalismo afecta tanto a los estados capitalistas como a los socialistas.

En los EE. UU. se dan tres fases de colonización, confederación y federalización sucesivas en que se incorporan las tres características: nacionalización, creación de una cultura común y organización simétrica del estado. Las tres instituciones norteamericanas mas importantes en la constitución de la identidad nacional han sido La Presidencia, el Senado y la Corte Suprema. En particular, el Senado ha pasado a representar los intereses nacionales aunque se piensa que su función es la representación de los interesases de la Federación.

Tampoco el socialismo ha superado las contradicciones de la nación-estado, como prometía. El socialismo ha utilizado al nacionalismo (y también al contrario). La nación socialista mantiene el concepto de nación sustituyendo solo la clase de referencia: burguesía por proletariado. Además, la extinción de la patria socialista ha dado lugar a la exaltación nacional y a la separación de los países incluidos en ella (cárcel de naciones). Incluso se puede decir que el socialismo ha acentuado la nacionalismo estatalista.

El partido comunista se trasformaba en partido nacionalista defensor de la integridad del estado. Por esto el federalismo padeció las mismas contradicciones que en los estados capitalistas y derivó en movimientos nacionalistas en la URRSS, Yugoslavia, Checoslovaquia cuando estos se derrumbaron.

7. Convergencias y divergencias entre nacionalismo y federalismo

En los años noventa y en plena era de la información, son dos los puntos centrales sobre los cuales está girando el actual debate sobre el nacionalismo y el federalismo: el multiculturalismo y el doble fenómeno de la globalización-regionalización. En ambos casos aparece el fenómeno de la identidad.

El fenómeno de la identidad derivado de la multiculturalidad está cambiando el concepto de nación. Aparece el fenómeno de los "derechos colectivos", que serían los derechos que tiene una persona como perteneciente a un grupo (cultural, de sexo...). Las comunidades dentro del estado pueden llegar a exigir el autogobierno, incluso la constitución de estado propio.

La resolución de estos conflictos dentro del estado nacional es muy difícil. Kymlicka propone que solo el federalismo puede solucionar estos conflictos. Pero no todos los tipos de federalismo, porque hasta tiempos recientes el federalismo ha estado al servicio del nacionalismo, ha sido un instrumento útil al servicio de la unidad y la centralidad del estado nacional.

El federalismo que puede dar respuesta a estos problemas sería el federalismo asimétrico. Sin embargo, no hay ningún estado con esta forma de organización, por tres dificultades:

  1. La resistencia del resto de las unidades federadas.
  2. La dificultad de integrar la asimetría en los órganos federales del estado.
  3. La distorsión derivada de la existencia de dos niveles jurisdiccionales.

Con todo el federalismo se abre camino de la mano del fenómeno multicultural, de la cesión de soberanía por las naciones estados a instancias superiores. El federalismo permite dar una respuesta ajustada a estos retos.

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Última actualización: Octubre 2006
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