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Autor:Carlos Andrés
Bibliografía:
QUESADA, F.: "Sobre la naturaleza de la filosofía política", también en Filosofía Política (1) pp. 11-16.
RÓDENAS, P.: "Los límites de la política" en Filosofía Política (1) (Ed de Fernando Quesada) Trotta, Madrid, 1997, pp. 75-97.
La filosofía nace en Occidente como filosofía política. El nacimiento de la filosofía griega tuvo lugar - como reflexión de segundo grado que es la filosofía- en función de la quiebra y del cambio radical provocados en la concepción de lo político en un determinado momento histórico.
Meandro, elegido sucesor por el tirano Polícrates se dirige a los ciudadanos: "Polícrates no tenía mi aprobación cuando reinaba como un déspota sobre hombres que eran semejantes a él... Por mi parte, depongo la arché en mesón, en el centro, y proclamo para vosotros la isonomía". Historia de Herodoto
El nacimiento de la filosofía no está ligado ni a la pregunta por el Ser ni a los problemas del origen, sino que la primera cuestión se inserta en aquella situación histórica en la cual los ciudadanos han de asumir el propio proceso constituyente del imaginario social: ¿cómo debemos pensarnos a nosotros mismos?, ¿corresponderá a la verdad lo instituido por nosotros?
La filosofía política, matriz del pensamiento filosófico griego, instaura una perspectiva de lo político que no atiende al poder, ni a la ley. La filosofía política se presenta como crítica recurrente de los principios normativos en función de los cuales se construyen los discursos políticos...
El verdadero centro práctico-conceptual de la filosofía política no es el poder sino la explicitación crítica de los elementos ideológicos que median los procesos sociales de constitución de sentido, los cuales, a la postre, pretenden legitimar una forma concreta de poder.
Para la determinación del ámbito y de la naturaleza de la filosofía política como saber filosófico hay que tener en cuenta que:
Hay que tener en cuenta que el filósofo no goza de ningún privilegio en la reflexión que lleve a la forma política más adecuada a unas determinadas circunstancias.
Además, con la Ilustración se abandona la pretensión de encontrar un principio último explicativo de la realidad. Los distintos ámbitos de la realidad establecen sus propios principios de cientificidad y criterios normativos. En el caso de las ciencias humanas se dan fenómenos de permeabilidad mas que solapamiento. Así, ciertos movimientos estéticos han planteado propuestas que trascienden el ámbito de la estética y entran de lleno en teorías emancipatorias de carácter social.
Sin embargo, ello no debería llevar la filosofía política a tierra de nadie, lo que a veces sucede a consecuencia del abuso del término filosofía política.
Aunque la política se presenta a veces como un asunto de gran complejidad, como ilimitada, toda disciplina es susceptible de delimitación. La política presenta límites históricos, pero también éticos y epistémicos. Este artículo explora la posibilidad de establecer límites de la política, así como su superación en la "poli(é)tica".
El último tercio del siglo se ha dedicado a una meditación sobre la crisis del "ser moderno". La desconfianza en la vigencia actual de los ideales racionalistas de la Ilustración es el denominador común de un amplio abanico de actitudes que se han solido reducir a dos:
De ahí surgen una serie de movimientos: postmodernos, antimodernos, neomodernos... Lo relevante no son los nombres sino dilucidar en qué medida somos herederos de la Ilustración, y la cuestión clave es "por qué está tan difundido el malestar en el bienestar de la modernidad".
Nicolás Maquiavelo presenta en estado casi puro la matriz genuina de la idea moderna de política. Maquiavelo "descubrió la necesidad y la autonomía de la política, de la política tal como es, (...), que tiene sus propias leyes contra las que es inútil rebelarse" (Croce). Esa autonomía queda reflejada en la "razón de Estado", una razón autónoma, no sujeta a leyes.
Cuando Maquiavelo describe su imagen de la política en los Discursos y el Príncipe, hace algo más: pone en juego los principales elementos con los que en adelante se va a tener que enfrentar toda política realmente moderna. Y esa imagen no será ya unitaria, sino múltiple, basada al menos en tres modelos de sujeto político: el príncipe nuevo (la fuerza del león y la astucia del zorro), el fundador estadista (intenta construir un orden político seguro y duradero) y el ciudadano republicano (sirve al bien público en libertad y sin corrupción).
Esa imagen escindida nos la presenta Maquiavelo a través de una dialéctica muy tensa entre pasión y razón. Esa herida no encontrará sutura, sino alivio gracias a una realista y pragmática razón de estado que hace de ligadura entre el cratos y el ethos, entre el obrar movido por el afán de poder y la razón ética. De esta forma, el concepto moderno de "política" se va fundiendo con el de "estado", con el de "poder de estado".
Maquiavelo influiría en Hobbes y Espinosa que funden política, poder y estado. Posteriormente, el pensamiento político se va haciendo antipolítico con el individualismo liberal (Puffendorf, Locke, Smith, Hume...). En estos autores los intereses contrarrestan las pasiones, en particular las pasiones políticas del poder.
La gubernamentabilidad representativa propia del liberalismo no es, ni más ni menos, que un intento persistente de restañar la herida moderna, de sortear ese abismo. El liberalismo clásico contiene siempre la promesa de una vía política de salida de la conflictividad moderna. A cambio, pide tolerancia, consentimiento y legitimación.
La política moderna (incluida la "antipolítica" liberal) se levantan tras esta escisión de la virtud medieval (que aun integra ética y política en un concepto de "vida buena") y de la virtú renacentista. En particular, el liberalismo intenta restañar la ruptura con su "utopía liberal" (una utopía antiutópica, pues el liberalismo rechaza la utopía, salvo casos como Nozick).
El liberalismo se puede ver como un intento político de resolver las antinomias de la modernidad, sin embargo en el desarrollo de la modernidad liberal capitalista se está poniendo de manifiesto la envoltura burocrática en que está siendo atrapada la humanidad.
Nadie como Carl Schmitt ha sabido rematar la reflexión sobre la idea de política iniciada por Maquiavelo y llevarla hasta sus últimas consecuencias.
Para Schmitt, la distinción específica a la que pueden reconducirse todas las acciones y motivos de la política es la distinción de amigo y enemigo. La matriz de la política moderna, instaurada en sus principales componentes por Maquiavelo y suavizada en algunas de sus aristas más insoportables por el pensamiento liberal (sobre todo mediante el recurso a elementos no políticos de contención, como el derecho), encuentra su clausura lógica en la categoría absoluta de "enemistad". La guerra no es más que la realización extrema de la enemistad, mientras que la política puede ser comprendida como la realización ordinaria de esa enemistad, al sustituir "extrema" por "ordinaria".
Las relaciones entre las categorías políticas, económicas y jurídicas quedarían caracterizadas así:
El estado contemporáneo concentra hoy casi todo el poder bélico. Al tiempo se ha convertido en poder económico, en estado capitalista, en la medida en que regula el intercambio mercantil, y se ha constituido además en poder jurídico, en estado de derecho, cuando acepta regularse: la razón de estado subsume, de forma simultánea, la razón bélica, la económica y la jurídica.
De esta forma, Schmitt reinstaura el panpoliticismo de Hobbes, lo que permite entender mejor la primacía del derecho en el liberalismo. El liberalismo propone limitar la política y la economía mediante el derecho, como precondición y fundamento (derechos naturales). Pero no es posible salvar la escisión entre la razón de estado y el derecho, la razón liberal de estado no es posible, es una contradicción.
La utopía liberal solo puede realizarse más acá de la línea de la enemistad, excluyendo a los otros.
La realización de las promesas de la utopía liberal únicamente encuentra posibilidades en el más acá de la enemistad. En el más allá de la amistad, la política es ya sin contemplaciones totalitaria. El criterio de demarcación bélica entre amistad y enemistad no establece la separación entre dos espacios contiguos y contrapuestos para la política, sino que hace de toda política moderna una única amalgama de civilidad y barbarie.
Frente a esta política de poder, de estado, cabe preguntarse lo que debe hacer la política. Si la escisión política-ética es superable, cabría hacer una política moral una "poli(é)tica". Esta política entendida como poliética debería trazar a su vez, el sentido del derecho, la economía y la guerra, según una matriz eticista.
A juicio de Ródenas, la reconstrucción poli(e)tica debería fundarse sobre el imperativo ético de disidencia y el imperativo (político) de resistencia, que serían dos imperativos poliéticos principales.
Esta poliética, no negaría la distinción amigo-enemigo, pero haría que no fundamente la acción política. Los mismo haría con los intereses del ámbito privado.
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Última actualización: Octubre 2006
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