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Iª Prueba presencial

Autora: Vikita

Tema VII: El Paradigma Antropologico y La Utopia De La Mediacion Estetica.

Schiller (SXVIII-SXIX), es quien vulgariza la nueva disciplina y favorece las futuras estéticas operativas, las que no se apaciguan en la reflexión y pugnan por incidir sobre la realidad; es el eslabón entre la estética kantiana y el Idealismo romántico.

1. La libertad en la apariencia o la analogía derivada en lo estética

La estética se identifica con lo bello y con el arte. Schiller no le preocupa tanto situarla en el sta como abordarla desde los vínculos que el hombre tiende con las cosas, desde el comportamiento estético. Rechaza el subjetivismo de Kant y propone un principio objetivo complementario para la estética; intenta hallar en los objetos mismos el principio de lo bello para convertirlo en principio del gusto.

La defensa de la objetividad estética, compartida por Goethe y el ambiente literario, se inserta en la propia práctica del Clasicismo ambiguo de Weimar. Le marca la familiaridad del arte y sus modelos, y acoge la preocupación por acoger las bellezas adherentes. Su estética salvaguarda las cualidades formales, rindiendo cuenta de los contenidos vitales.

La autonomía de la estética se reafirma con artificios parecidos a la estética kantiana; las diferencias entre lo bueno, lo agradable y lo bello, se transforma en lo Bello, lo lógico y lo ético, promoviendo la estética, la Lógica y la Ética.

La estética operativa, aquella que no descarta reflejarse en los acontecimientos y que da lugar a lo que se denomina critica operativa. Kant dejo ver que la belleza es el símbolo de la moralidad, haciendo varias analogías entre los dos ámbitos, como entre la libertad de la imaginación y la libertad de la voluntad. La libertad no puede aplicarse a los sentidos, esta analogía de un objeto con la forma de la razón práctica no es libertad en el hecho, sino mera libertad en la apariencia, autonomía de la apariencia. En estética no puede hablarse de libertad en sentido estricto, despojada aquí de los principios del deber ser a favor del cometido a ser alcanzado a través de la educación individual y colectiva del ser humano. La derivación analógica termina como paradigma de la actividad formadora del espíritu humano, como metáfora del trabajo no alienado, despuntando así la posterior teoría del carácter modelito del arte. La autonomía de la apariencia se resuelve en la forma. Lo característico de la belleza es un no estar determinado desde lo exterior o un estar determinado por si mismo. Por extrapolación de esta categoría a la belleza artística, desemboca en el concepto de una necesidad interna de la forma.

2. Antropología y estética utópica

Uno de los factores de los que proviene la estética utópica, es una reorientación de la estética ilustrada a la antropología.

En las "Cartas", la idea de belleza se manifiesta como condición necesaria de la humanidad y es deducida a partir de la posibilidad y las capacidades de la naturaleza sensible y la racionalidad. Al igual que en la Ilustración francesa o el empirismo ingles, la naturaleza humana rebrota como referente, transmutándose en humanidad; la humanidad asumida como cualidad del ser humano, de la raza humana, de algo infinito a lo que aspira pero que nunca se alcanzara del todo.

El desplazamiento de la estética hacia el ideal, aproxima la disciplina a la utopía; la utopía social y la estética, son parte del mismo proyecto utópico. Las tensiones de las utopías se han instaurado siempre en ese tramo accidentado que separa y distancia el destino de lo estético en el sujeto trascendental y en el sujeto empírico, histórico, en el hombre de carne y hueso.

La estética utópica primitiva se percata de algo que tb ha alimentado el optimismo de la Dialéctica en el SXIX y de las vanguardias artísticas en su fase histórica: a pesar de que hay consciencia de lo engañoso de la unidad iluminista de la razón y la libertad, sobre la que se asentaba la propia concepción emancipadora de la naturaleza humana, la estética se inscribe en el horizonte de un proyecto de emancipación en el cual el ideal supone y se opone, sea de un modo idealista o materialista, a la sociedad burguesa que la ha legitimado. La estética aspira a vencer los antagonismos cosechados en la prosaica realidad histórica del ascenso de la burguesía, y que no se mantuviera como proclama ideológica en pugna con el hombre fragmentado o con la sociedad dividida. La fragmentación se convierte en la categoría antropológica que mejor refleja el mecanismo de antagonismos y de contrariedades.

Inicia su incursión, contrastando el desfase entre la situación histórica del momento y el Ideal de humanidad, estando maduros para la revolución estética.

No se aboga por un retorno, sino por un progreso hacia delante, condicionado a la realización del ideal.

Para S. el panorama histórico es desolador, aunque se las promete mejor con la dicotomía entre lo manual y lo espiritual. Las oposiciones entre el arte y el provecho, entre el arte y la ciencia, son síntomas de las restricciones de los poderes reales del sujeto y de la necesidad de buscar un sustituto en el universo ideal de la estética.

-La fragmentación, categoría antropológica y de la modernidad

Winckelmann, toma contacto con una realidad histórica, la griega, y por otra, la idealiza de tal manera que la permuta en una encarnación de una naturaleza universal para todos los hombres; todo esto, impregna el historicismo de finales de siglo. La interpretación por parte de S. de la humanidad natural de los griegos, adopta, la visión del Clasicismo de Weimar.

Grecia concilia los antagonismos, mantiene la unidad y la armonía de la naturaleza humana y de las esferas de su actividad. La época moderna, enfrenta la Naturaleza y la cultura, entendida como la naturaleza humana, como una totalidad y unidad donde cooperan los contrarios. Frente a Grecia, la época moderna esta dominada por la división; esta desmembración, promueve un desarrollo unilateral, desigual y excluyente.

S. detecta el principal antagonismo existente entre las potencias del alma, sobretodo entre los sentidos y el espíritu; solamente es posible avanzar a través del antagonismo. Este mecanismo, tiene que ser un impulsor de la cultura, pero nunca un fin, pasando a un tercer estadio que sea capaz de reunificar lo separado, la totalidad del hombre. Rousseau, había atisbado ya la disociación; si este lo introducía con objeto de enfatizar el contraste entre los especialistas y el ciudadano, los alemanes acentúan el enfrentamiento entre el hombre entero y el fragmentado; todos conforman los rasgos de lo moderno, el hombre privado y el ciudadano.

La unidad interna de la naturaleza humana esta impelida por la división de las ciencias (separación entre las ciencias a priori y a posteriori).

La fragmentación se trasvasa a lo social, a la dialéctica entre el individuo singular y el cuerpo social; el individuo se ve obligado a una vida mecánica y artificial, eternamente unida a una partícula del conjunto; como consecuencia el cargo y la posición se convierten en la medida del hombre (preeminencia otorgada a lo social).

La ilustración propugnaba una división natural entre incultos y cultos, entre los absorbidos por las necesidades inmediatas de la vida y los entregados al cultivo del espíritu. La ilustración popular, se apreciaba en la creencia en la capacidad evolutiva del hombre, a través de un proceso o socialización cultural adecuada. Todo individuo humano puede decirse que lleva en si la determinación y la pauta del hombre puro ideal, depende de cada uno elevar su propio individuo a la dignidad de la especie. El principio de universalidad engloba a todo hombre como ciudadano del mundo.

El sujeto empírico se ve afectado tb por la fragmentación de la sociedad. Según S. a la parte trabajadora le corresponde la producción, y a la contemplativa, recoger los frutos de la primera. La desconfianza que le dan las dos clases, le lleva a optar por una tercera; la protagonista capaz de reconciliar los antagonismos de donde brotara el ideal de la bella humanidad.

La historia de la modernidad podría interpretarse a la luz de la fragmentación, convirtiéndose esto en la época romántica, en obsesión.

1. La estética como mediación

Una vez contrastado que el Estado, en su aceptación de política estricta, no es el instrumento apropiado o exclusivo de renovación, se asigna a la estética la recuperación de la totalidad de nuestro carácter.

La fragmentación afecta al interior de las obras artísticas, refiriéndose a la desintegración del Orden estable de las representaciones clásicas. Una segunda acepción, evoca la fragmentación como una escisión de las actividades y conductas humanas en el interior de cada individuo y en la colectividad. Esta se convierte en la premisa de las estéticas volcadas a la realización de lo estético.

La estética sobre esa mediación de la totalidad, se levanta el entusiasmo político de una subjetividad humana que espera regenerarse a través de lo estético. La emergencia del ideal estético tiene que ver con la superación de un ideal político restringido. La renovación del hombre, no vendrá del Estado, sino tb incluso, de la educación estética, a la que se atribuye, desde ahora hasta el Esteticismo de finales del SXIX o en las vanguardias más optimistas, una tarea que la experiencia histórica se encarga de recortar.

Desde mediados de siglo hasta Schiller, el teatro era considerado como la morada de la humanidad, en la que el hombre se confronta consigo mismo y, gozando de su propia naturaleza, se reconcilia. El teatro aparece como institución educadora y como lugar. La mediación estética no es deducida de las facultades humanas en abstracto, sino de los impulsos. Esto lo acerca a una teoría de las necesidades humanas como exigencias de nuestra naturaleza. La mediación estética se nutre de un esquema psicológico y cognoscitivo que tiene como peldaños el conocimiento sensible, la imaginación y la razón, coincidiendo con la infancia, la juventud y la madurez. En S. la función mediadora aparece gracias a la confrontación reiterativa entre la sensibilidad y la razón, generando oposiciones entre la materia y la forma, la necesidad y la libertad, lo pasivo y lo activo, cadena que se condensa en los dos impulsos básicos: el sensible y el formal. El resultado es un tercer impulso, el impuso lúdico o del juego.

Entra en escena la asociación de la belleza con el juego; las nociones lúdicas se apoyan en el desinteres estético y en el libre juego de las facultades, desarrollado por Kant. Se incoa una dinámica nueva, en la cual lo estético pasa a ser un principio de humanidad o de realidad. Se deslindan las fronteras entre la belleza ideal y la belleza en la vida real, entre la trascendental y la empírica. En la distancia a salvar entre lo empírico y lo trascendental se cobija el excedente o la expectativa prometedora que nunca abandona a la utopía estética, aun a sabiendas de que nunca se consumara. El mundo y sus ámbitos se estetizan o el principio estético promueve la configuración de la realidad que nos rodea.

La utopía estética confía a la belleza la síntesis que enlaza a los opuestos, a la sensibilidad y a la razón. La cristalización en un tercer estado, el impulso lúdico, no deja huellas de la división inicial y acentúa el carácter activo de toda operación psíquica. La confianza en la sensibilidad como algo activo, formador, confirmado con posterioridad por la epistemología actual, se alza contra el sometimiento tan caro a la tradición clasicista y sintoniza con los teóricos de la sensibilidad.

El trasvase de lo estético a la razón practica, aclara el recurso a la voluntad, facultad encargada de promocionar la mediación entre los impulsos, los de la razón y la sensibilidad, y en la contraposición de estas dos necesidades se gesta la libertad, identificada con la belleza.

El Estado estético como modelo y el estado estético como aberración

La libertad desde un punto de vista antropológico, atañe a todo el hombre y se inscribe en su naturaleza como símbolo de cooperación entre todos sus impulsos y necesidades. El impulso lúdico, comporta el estado estético. Desde nuestra relación con las cosas y objetos exteriores, se delimitan cuatro vínculos básicos: el físico, el lógico, el ético, y el estético que definen distintos grados de determinación. En la cualidad estética, los objetos pueden referirse al conjunto de nuestras facultades sin ser determinados por ninguna; es una determinación que promociona la libertad y la apariencia estética. La totalidad de nuestro carácter debe trocar el estado de necesidad por uno de libertad. El estado de libertad estética lo postula como modelo, no se menta un cuerpo u organización política, sino una época en la cual se daba por hecho la superación del reino de la necesidad.

La revolución estética total o la nueva sensibilidad, traslada la solución a un futuro, tras una larga marcha de una educación de la humanidad.

Las discusiones sobre la educación o la formación, sintonizan con la noción de humanidad, que afecta tanto al proceso mediante el cual se adquiere cultura en cuanto patrimonio del hombre refinado. La ley fundamental de la cultura estética, es dar libertad por medio de la libertad y los indicios de esta cultura en el presente permiten verificar esa revolución en la naturaleza del hombre, y que ha comenzado propiamente la humanidad en el.

A la estética se le encarga mediar en la totalidad de cada individuo, se le inserta en la historia de la razón en términos de la posterior filosofía de la historia. Los ideales ilustrados son sublimados frente al principio dominante de la realidad.

El reino de lo estético, aflora en un parentesco con el tercer reino o la tercera edad de la tradición mística alemana.

Por primera vez los artistas personifican los papeles principales en esta republica artística ideal.

El carácter modelito del reino estético y del arte que preside toda utopía estética en su voluntad por realizarse, aun a costa de su inaplazable disolución. La noción de arte como artista adopta el sentido laxo del periodo, designan tanto las artes liberales como los oficios y las profesiones. Siempre que el arte es empleado en la acepción moderna, se recurre a expresiones como arte bello, arte estético o artista de lo bello; aparece entonces la noción de Estado estético como modelo o como aberración.

En el esteticismo de la política, aparecen aberraciones como la proclama del estadista como artista, de la política como el arte plástico del estado, la comparación del fuhrer y de las masas como un lienzo, pintura…, que no solo invierten las intenciones originarias sino que las falsifican burdamente.

De esta atribución modélica han brotado las tesis sobre el intervencionismo artístico. El idealismo romántico mima aun más el carácter modelito y anticipatorio del comportamiento artístico y del arte mismo respecto a lo social.

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Última actualización: Mayo 2006
 

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