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Autor:Vikita
El enaltecimiento que exalta a la estética como filosofía fundamental, superando el desdoblamiento y recuperando la armonía, fue criticado al igual que, el arte como órgano supremo de la filosofía. Las diversas estéticas posthegelianas, están obsesionadas más por la mediación de verdad que por la estética. Éstas, corren el riesgo de disolver la propia autonomía ilustrada y tender hacia la heteronimia. Hegel, en las estéticas hermenéuticas o la crítica ideológica, no desarrolla un concepto sistemático de filosofía y tampoco lo considera posible; los límites entre el arte y la filosofía filtran una gran permeabilidad; esto ocurre también a la estética marxista más ortodoxa. La reducción de todos los problemas estéticos al realismo no seria sino una recuperación de la verdad artística en la tradición habitual de la adecuación entre nuestro entendimiento y las cosas.
El propio sistema lo diferenciaba en tres partes: la intuición (el arte), la representación (la religión), y el concepto (filosofía).
La filosofía en la forma más pura del saber, reestructura los vínculos recurrentes entre la estética y la filosofía a favor de la última en todo pensamiento idealista, sin por ello abandonar la mediación de verdad. La estética hegeliana, se refiere mas a la teoría de la idea, de lo verdadero, del Espíritu, que manifiesta de un modo sensible., a través del cual representa la verdad.
Si por un lado lo sensible, no conserva en la belleza la independencia de si, y se ve forzado a abandonar la inmediatez de su ser, teniendo este como referencia la existencia y la objetividad de la idea de manifestar, por otro, en si mismo es infinito y libre, ya que se fusiona con su objetividad, y a través de su inmanente unidad y perfección es infinito en si.
La ambigüedad de lo sensible, y "el después del arte", se parece a la suposición de que, según su determinación suprema, en cuanto forma suprema del espíritu, es un pasado. En la ambigüedad de lo sensible, asistimos a un episodio de la independencia garantizada a lo sensible por lo estético frente a lo conceptualizable o lo decible. En lo sensible de la obra artística, no ha de buscarse la materialidad concreta de los pensamientos ideales, sino la actualidad sensible.
Toda pretensión de verdad, adherida a las más diversas interpretaciones, en la estética y en el arte, se ve contrapuesta por lo sensible. La cuestión crucial que se plantea a la estética es explorar si lo sensible es o no reductible, y hasta que limite en la primera suposición, al sistema del discurso filosófico; debemos saber si se trata de un acto de significación lingüística o prelingüistica.
El estructuralismo y la semiótica, eran proclives a instaurar una especie de metafísica entre el significante y el significado; no solamente queda descartada la experiencia estética, sino que someten la propia experiencia artística a una reducción universal de la riqueza de sentido, en beneficio de la significación.
Escarmentada de las ambiciones formalizadotas y la racionalidad exhaustiva, la estética se ve forzada a convivir con las incertidumbres de lo sensible y la universalidad del concepto y del discurso.
La constitución de la estética como disciplina, en oposiciones formalizadoras de la teoría de la ciencia, filtrada en la estética informacional, o del imperialismo lingüístico que presidía a las corrientes estructuralistas y semióticas, se distancia de la problemática científica de la explicación y se alinea, con la comprensión en las llamadas ciencias del espíritu. Parece tratarse de un discurso que no es determinante de su objeto, sino que es determinado por el. Sintoniza con la crisis del lenguaje como problemática filosófica, con la posibilidad de poner en cuestión de un modo radical el lenguaje como medio univoco de significar, como lenguaje dogmatizado.
Existen reservar ante las estéticas hegelianas por su empeño en fundamentar la mediación de verdad del arte, no tanto a la exclusión de todo contenido de verdad, como a acabar por subsumir la estética a la teoría general de la interpretación; con esto se insinúa que en las experiencias estética y artística, la mediación de verdad no puede imponerse sobre la mediación estética.
Si bien la estética no se subsume en una teoría del conocimiento, no por ello se desliga de una epistemología.
Kant, tras este desligue de la idea estética, no se deja aprisionar en las determinaciones del concepto, ni puede lo estético quedar caracterizado como una síntesis sin concepto de lo múltiple; la idea estética, comprometida con el mero juego de las facultades, tiene como correlato objetivo, la bella apariencia, la finalidad subjetiva de lo dado.
A través de la apariencia y la forma, lo estético y el arte se transfiguran en un medio de reflexión que, sin devenir en el médium absoluto de la propia reflexión romántica, es capaz de multiplicarse en una serie de espejos. En estética la preeminencia de la percepción es un paso previo a cualquier reflexión. Desde lados objetivos, la forma y su apariencia devienen el centro activo de esta reflexión, se convierte en premisa ineludible para la experiencia estética y la metáfora de los lenguajes artísticos.
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Última actualización: Mayo 2006
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