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Autor:Vikita
Tanto en el SXIX, con Gotzenberger, como con Foucault en el SXX, la representación de la filosofía, visualiza las funciones mediadoras asignadas a lo estético y al arte en los grandes stas del Idealismo, así como la posición intermedia de la estética entre la filosofía Teorética y la Practica.
Desde el momento en que el arte es colocado en el centro de la filosofía (al modo hegeliano), esta pronunciando un enunciado filosófico: el papel desempeñado dentro de la filosofía por l apropia filosofía del arte o estética, con la cual se considera cerrada la construcción del sta. Desde el propio Kant, el arte tributa una función integral al Absolutismo estético de Schelling y los románticos. Durero resalta el papel mediador entre la filosofía y la ciencia.
La estética venia siendo consagrada de manera pública y solemne, desde la Enciclopedia.
El padre Feijóo (SXVIII), sintoniza con la problemática estética del empirismo ingles y Voltaire, mientras Arteaga, gran conocedor del pensamiento enciclopedista y del alemán Sulzer, se alinea con el neoclasicismo que representara Mengs y otros. En España, hubo un abandono de la disciplina por parte de la filosofía más oficial. La primera mención de la estética como nueva disciplina, aparece en 1824, en la revista barcelonesa de "El Europeo". Los grandes stas estéticos del pensamiento alemán se conocerán una vez pasado el siglo, cuando el pensamiento sistemático ha entrado en un proceso de disolución.
El término de estética será todavía entendido como parte filosófica de la literatura, acepción de lo bello y la filosofía de las bellas artes. Tras la Revolución de 1868, la estética, en cuanto disciplina independiente, se impone como asignatura de Doctorado al lado de la Historia y de la filosofía.
La estética ha buscado refugio en la Arquitectura, quizás por lo subversivo de su inconformismo.
La gran aportación kantiana, encumbrada a documento clave para la fundación disciplinar, radica en su Tercera Critica, donde conquista la ciudadanía plena para la "facultad de juzgar el juicio", promoviendo el salto definitivo de la heteronimia, de las diferentes dependencias teóricas, que ya se ven en ingleses y alemanes ilustrados, a la autonomía, trasformando a esa critica del juicio en algo insoslayable como disciplina filosófica en el propio sta. Gracias a este importante giro, convierte lo estético en una mediación necesaria, entre el concepto de naturaleza y el concepto de libertad, entre la facultad de conocer y la de desear, entre el entendimiento y la razón, entre la critica de la razón pura y la razón practica. La estética antropológica de Schiller o la filosofía del arte de Schelling y Hegel, seguirán un proceso de inserción en el sta filosófico.
La nueva disciplina es promovida e impulsada por la propia articulación del correspondiente sta filosófico; esto no garantiza solamente un espacio en el mismo, sino su autonomía disciplinar.
La insuficiencia de la enciclopedia es el estimulo que desencadena la instauración de una nueva disciplina; en ello estriba uno de los distintivos de todo proyecto ilustrado respecto al pensamiento filosófico anterior.
La estética en consecuencia se inscribe en la arquitectónica de la razón. Y sea bajo la modalidad de la filosofía del gusto o de la filosofía del genio (del arte), es reconocida desde entonces en plenitud como disciplina filosófica.
Las relaciones con la filosofía se verán desbordadas por defecto o exceso de verdad. En el primer caso, la estética es anegada por la filosofía, y en la segunda, la filosofía es absorbida por la estética.
Desde su bautizo como ciencia del conocimiento sensitivo (Baumgarten) la estética no logra desembarazarse de su balanceo permanente entre la heteronimia del intelectualismo racionalista, la subordinación de lo sensible a lo racional, de lo percibido a lo lógico, y la autonomía plena, del reconocimiento de lo sensible en si y por si mismo, acogiéndola como una nueva positividad dotada de unos rasgos intransferibles. El juicio, estético, miembro intermedio admitido por las sucesivas concepciones triádicas, se ubica en un espacio que no es teórico ni práctico; este lugar ambiguo, se confirma como lo privilegiado de lo estético.
Kant hace hincapié en la paradoja estética: la extrapolación de una analítica de los juicios lógicos a la analítica del juicio estético en el momento, oportuno o inoportuno, en que se denuncia y resalta que el segundo es irreductible a los primeros.
Lo anterior marca profundamente las relaciones entre filosofía y estética, sobretodo con la corriente analítica. En el mundo anglosajón, los métodos de análisis atañan a las proposiciones mismas, al lenguaje en que se habla de arte y estética. La critica neopositivista a toda metafísica apela a la distinción entre proposiciones con sentido o carentes de el, y si algo se pone en duda, es la posibilidad misma, lo gratuito y acientífico de las definiciones estéticas.
El abismo que se abre entre las determinaciones del entendimiento y el sentimiento, entre los juicios lógicos y los estéticos, resulta infranqueable, sobretodo si invocamos las cuestiones de validez objetiva y de universalidad.
Han sido ciertos artistas quienes han reflexionado con mas radicalidad sobre las relaciones entre estética (arte) y filosofía; la separación entre estética, entendida como lo que trata de opiniones sobre percepciones del mundo en general, y el arte, la cual supone una escisión previa entre percepción y concepto.
La desvalorización e los componentes perceptivos, favorece una reducción del arte a lo mental; el arte se dedica ante todo a la creación de proposiciones (como comentario sobre el arte). Por ello, se ha interesado por el uso analítico y tautológico del lenguaje, buscando modelos en las disciplinas científicas, sometiendo el lenguaje a un cambio de funciones, pasando del modo material al modo conceptual.
La obra artística es identificada con la tautología, con la presentación de las intenciones del artista y, por ello, la idea artística (la obra) y el arte son lo mismo. El arte no tiene vinculación alguna de tipo referencial con el mundo y las cosas, se opone al carácter ambiguo, presentándose como un contexto autónomo y como función en si mismo. En cuanto a elaboración lingüística, se identifica con el uso lingüístico del propio lenguaje soporte. Este rechazo de la proposición sintética y de las metáforas o la ambigüedad, reduce este uso analítico del lenguaje a pruebas tautológicas, o lo que se denominara sentencias de pseudoconceptos.
El proceso, a diferencia de lo que sucediera en el campo mas especifica de la propia filosofía neopositivista, no ha culminado en una absorción de lo artístico por la filosofía analítica del lenguaje.
La estética filosófica ha estado a punto de sucumbir a la filosofía analítica en la acepción de que únicamente reconoce como científicos los métodos analítico-causales o explicativo-objetivos de la ciencia. Semejante concepción, compromete a la propia estética con la metodología de la ciencia, extrapolando el paradigma normativo del método científico a nuestra disciplina. Este paradigma estético culmina recientemente en la estética de la información.
El proyecto científico, irrumpe en las artes y la reflexión estética, en donde el orden que rige, ya no es el de la propia estética, sino algo derivado de una concatenación deductiva en la línea de las proposiciones sintéticas. El rechazo a cualquier estética de la interpretación, equivale a una estética de la constatación, la única que esta en condiciones de garantizar la máxima objetividad y promueve una separaron de la estética respecto de la filosofía.
La estética teórico-informal se cimentó sobre la estética semiótica, en la tradición del pragmatismo, y en la estética numérica, desarrollando los presupuestos informacionales y cibernéticos, entendiéndose a si misma como una estética generativa. La disolución de todas las estéticas especulativas, se inscribe en la constitución de una nueva conciencia, la científico técnica, en donde aparecen la ciencia y la técnica como ideología.
El universo del arte y el mundo de la ciencia y la técnica no solamente no sean antagónicos, sino que, en virtud de fundamentos funcionales y estructurales comunes, sean reconocidos como manifestaciones de una misma racionalidad.
El abogar por una disolución de la estética filosófica se resuelve, en realidad, en una liquidación de la propia estética y del mismo arte.
De la filosofía analítica pasamos a la hermenéutica de Gadamer, a la marxista de Lukács o a la crítica de la ideología de Adorno o Benjamín. Da la sensación que en todas ellas, lo estético y el arte son los ámbitos en donde la filosofía busca la certeza de su propio estatuto teórico. En una problemática que proclama a lo estético como lugar de una verdad que no alcanza solamente un significado paradigmático para la estética, sino para la filosofía en general.
En el absolutismo estético decimonónico, cuyas estribaciones llegan hasta el Esteticismo y las vanguardias históricas, lo estético y el arte asumen funciones integrales, legitimadoras de la propia existencia del mundo. La intuición estética, aparece como única capaz de reunificar lo que en la apariencia de la libertad y en la intuición del producto de la naturaleza existe por separado, la identidad de lo consciente y lo falto de consciencia en el yo, así como la conciencia de esta identidad.
El arte se convierte en objeto de interés filosófico en virtud de que en el parece estar prefigurada la solución de los problemas que aquejan a la filosofía. El arte es estimado como una forma especial del conocimiento, como mediación de verdad; las aspiraciones convierten el arte, en cuanto órgano, en matriz de una utopía filosófica de cariz gnoseológico. Las funciones mediadoras de lo estético, presentes en la estética ilustrada, se transmutan ahora en funciones integrales y supremas, las cuales marcan el destino posterior de este Absolutismo estético.
Las consecuencias para la propia disciplina, es la proclividad del propio Idealismo y el Romanticismo temprano a permutar la filosofía del espíritu en una filosofía estética.
La metafísica del artista encumbra al arte como una experiencia originaria sobre el se ya que a través de las potencias artísticas se desvela unidad con el fondo mas intimo del mundo y lo artístico nos da la clave para la intelección mas originaria de su misma esencia.
El absolutismo estético no anuncia tan solo una utopía gnoseológica, sino un salto a la misma ontología.
Siempre se proclama el arte como el lugar en donde se revela lo Absoluto, sinónimo de toda verdad, se suscitan las connivencias entre el arte y la filosofía, tratando ambas con el mismo objeto y con tendencia a objetivos similares.
La muerte del arte, pudiera ser leída como una revocación de aspiraciones semejantes, insostenibles por parte de la filosofía, la cual no tiene más opción que prepararse para acoger a lo estético y al arte como manifestaciones inderogables e irreductibles de la actividad humana y de sus productos.
La estética de nuestros días es sensible a la herencia hegeliana del "después del arte". La antología hermenéutica de Heidegger, queda satisfecha con interrogarse por la verdad del existente que ha sido reprimida en la propia historia de la metafísica. La verdad es sometida a una interpretación que la entiende como un poder de apertura del ser existente, de la obra artística; de lo que se trata es de "instaurar el ser" con la palabra, el pincel o cualquier otro medio expresivo. La verdad del existente implica tanto la exposición de un mundo, como la producción de la tierra, a la cual se referirán las nuevas posibilidades de sentido, las nuevas interpretaciones, los nuevos mundos posibles. Heidegger parece virar a la ontología y la hermenéutica; en ambas direcciones, la estética acaba por identificarse, en problemas e intereses filosóficos más generales.
El objetivo de la pregunta sobre la verdad, es la recuperación de fundamentar el arte como la forma especial del conocimiento, como mediación de la verdad.
Hay que destacar la conexión heideggeriana entre el ser y el lenguaje. La estoica debe subsumirse en la hermenéutica, siendo el arte un acontecer más de sentido, estético o no, situado al mismo nivel que cualquier otro genero de la tradición. La estética se resuelve en el más absoluto de la filosofía, ahora transmutada en hermenéutica, que también reúne en si, de un modo superior la verdad del arte, incluida en la verdad de la historia.
La obra artística, abandona el dominio de la estética en beneficio de la construcción sistemática de una hermenéutica general.
El entrecruzamiento entre ontología y hermenéutica, es una confluencia que permite captar el acontecer de la verdad como historia efectual, gracias a la cual la obra artística y su efecto a través de la historia pueden ser pensados como una unidad de sentido. Vinculado a esto, se ha desarrollado la estética de la recepción, dando atención al carácter procesual de la historia artística y literaria en base a una interacción entre la obra y el sujeto productor, y el propio receptor.
Desde la óptica del arte como persecución de la verdad, la estética, se convierte en el sitio de pruebas para subsanar las insuficiencias de la filosofía. Si la presencia de la verdad, es transfigurada en una filosofía estética, corre el riesgo de ser absorbida por la filosofía.
La doctrina hermenéutica de la comprensión y la crítica estética, se mueven en la misma dirección, aunque sus resultados sean distintos. La experiencia del arte en la hermenéutica, desborda las fronteras del conocimiento metódicamente controlado, en la crítica ideológica del arte, ahondando en el escepticismo frente a toda pretensión teórica respecto a la verdad.
Los representantes de la estética marxista, se han mantenido fieles a los presupuestos de la filosofía idealista, importando poco que la revelación de lo Absoluto se invierta en términos materialistas en el sentido de que la obra artística sea el lugar en donde se desvela la verdad sobre la sociedad.
La estética marciana, esta insertada por un lado en la teoría de la sensibilidad en clave antropológica, y por otro, la que se resuelve en una filosofía del arte y cristaliza, reinterpretando los enfoques idealistas de Schelling y Hegel, en la concepción del arte como superestructura.
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Última actualización: Mayo 2006
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