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Bibliografía: SAVATER, F.:Invitación a la ética, cit., cap. 8.
Autor: Vikita
Para el racionalista clásico, el mal no tiene entidad positiva, consiste en la disminución o perdida de tal entidad, solo tiene condición privativa. El Mal como algo subsistente por si mismo y opuesto al Bien, tal es la tentación de la serpiente… Para los críticos de la ilusión moral, lo malo se presenta como polaridad a lo bueno.
Spinoza – el mal es una idea abstracta; pensar el mal es ya pensar mal; no hay Mal (o bien) en si, pero hay malo o bueno para mi, juzgando a partir de mi actividad o de mi esencia.; ningún mal puede venirme de lo que soy, sino de desencuentros desafortunados.
El Mal existe y subsiste frente al bien; aun mas, incluso si no existe el bien, solo lo bueno, existe indudablemente el mal; la metafísica occidental ha sido siempre radicalmente optimista: lo verdaderamente real, lo real como excelencia, es lo intrínsecamente bueno; solo lo particular es malo, lo finito. Este optimismo, se rompe a comienzos del SXIX. Para Schelling, el mal existe; es el propio fundamento del que brota la personalidad de Dios.
El mal no es algo exclusivamente ligado a las acciones del hombre y desligado en cambio a su esencia (es más bien la propia esencia del hombre y por ende su capacidad de acción libre surge del mal)
El principio que se eleva desde el fondo de la naturaleza, mediante el cual el hombre se separa de Dios, es la ipseidad del hombre, la cual, no obstante, se convierte en espíritu gracias a su unidad con el principio ideal. De lo que separa al hombre de Dios (de lo infinito) nace la libertad por la que el hombre podrá alzarse hasta Dios (hasta lo infinito).
Schopenhauer, Freud, Sade – aquello que goza de máximo rango ontológico carece de la mas mínima dignidad ética o racional: lo que es con mayor poderío y preeminencia se opone necesaria y esencialmente a nuestros ideales de orden, inteligibilidad, conciencia, justicia, generosidad, caridad; la voluntad, libre de querer, no aspira a ningún mejoramiento, solo el perpetuo furor, pues esta mas allá del bien y el mal. El verdadero mal comienza con la constitución del hombre y la posibilidad del único bien imaginable; el mal es la individuación.
Lo que en la voluntad como totalidad no es ni bueno ni malo, sino simplemente es, en el individuo se convierte en dolor; Schopenhauer, componía su sistema en la propia ipseidad y particularidad del hombre esta en el principio del mal moral. El mal estriba en su propia esencia.
Freud – falto de todo medio de defensa en ambos sentidos, el yo se rebela inútilmente contra las exigencias del ello asesino y contra los reproches de la conciencia moral punitiva. Solo consigue estorbar los actos extremos de sus dos atacantes, y el resultado es, al principio, un infinito auto-tormento y, más tarde, un sistemático martirio del objeto cuando este es accesible. El ideal moral, es la raíz del mal mismo en forma de fatalidad.
El yo esta estructuralmente incapacitado para sobreponerse victorioso a un placer destructivo y a una virtud mortífera.
Momento antispinozista de Freud - la moral, que es precisamente el mal mismo en su sentido amenazador y puro, es como un envenenamiento desde dentro, fruto de la estructura inevitable de nuestra subjetividad y constituido al mismo tiempo que ella.
Nietzsche desculpabilizó la voluntad y propugno la transvaloración de los valores, la moral reconciliada con el querer mas hondo.
Otto Rank – el ejemplo fuerte y libre del artista como el yo más eficaz que logra superar la culpabilidad de la individualidad.
Nadie puede ser identificado con uno o varios de sus actos y que la totalidad moral escapa a cualquier juicio exterior que pretenda determinarla; sin la posibilidad de lo malo, nada valdría lo que de bueno podamos hacer de acuerdo con el ideal ético. ¿Pero, y el mal, ese mal que parece provenir de ninguna de las acciones humanas, que las preexiste y quizás la posibilita?
El espíritu en su incondicionalidad y la estructura del mundo en la que esta comprometido y en el que estamos comprometidos. Los intereses unidos de manera inevitable a nuestra individualización psicológica, cultural e histórica – establecen barreras dentro de cada cual que nos impiden armonizar plenamente las diversas facetas de nuestra totalidad moral. La fragmentación de un ideal moral que aspira en su idealidad misma a lo total es un mal que refuerza la culpabilidad que toda acción comporta, en cuanto afirmación de la propia identidad y desgajamiento de la continuidad infinita del querer.
El alma (totalidad abierta y determinada que el querer pretende), se niega a someterse a los propósitos de la especie (el diablo representa al cuerpo).
¿No será el alma la coartada satánica con la que el cuerpo se veda el acceso a su inocencia o a su gloria? La Biblia nos cuenta que el cuerpo se hizo culpable y mortal por un delito de la voluntad; es la voluntad misma la que parece resultar demasiado para el cuerpo (Freud).
¿Es plenamente injustificable el mal?, ¿No será el mal lo que alimenta al bien? Para Jung, es la compensación, por la cual busca la totalidad autodeterminada y creadora un equilibrio que la unilateralidad de nuestra consciencia o de nuestros impulsos, constantemente amenazan. Transgredir la norma, tal como respetarla, son posibilidades de la legalidad misma y ambas se someten a la ley. Klosowski - la trasgresión es una recuperación incesante de lo posible mismo, en tanto que el estado de cosas existente ha eliminado lo posible de otra forma de existencia; lo que el acto de trasgresión recupera, respecto a lo posible de lo que no existe, es su propia posibilidad de transgredir lo que existe.
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