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Autor: M. Abad
La siguiente exposición es un análisis filosófico de dos de los textos que envolvieron la dialéctica existencialista a mediados del siglo XX. Como comentario filosófico, es posible que no aparezca una síntesis de los textos ni una presentación resumida de los mismos, puesto que no se trata de una reseña. Los textos tratados no son textos de literatura, o al menos no fueron concebidos como tal, por lo que pese a que existe una fuerte identificación entre el existencialismo y ciertas corrientes estéticas actuales, se ha descartado la posibilidad de leer ambos textos como si de recreaciones literarias se tratase.
La "Carta sobre el humanismo" y "El existencialismo es un humanismo" son dos argumentaciones contrarias en defensa de la misma idea filosófica, el existencialismo, aunque las dos perspectivas aquí presentadas son, como veremos, diametralmente opuestas. En una disciplina como es la historia de la filosofía no podemos olvidar una de las normas hermenéuticas básicas en la comprensión de un texto, su contextualización. Esta recreación en su tiempo y su lugar, que podría abarcar todo el siglo XX, tratará de ajustarse en la medida de no desbordar las necesidades del análisis, aunque no renunciara a observar las consecuencias reales de este pensamiento en el presente del siglo XXI.
El análisis filosófico no debe ni puede limitarse sin embargo al contexto histórico o al texto que se interprete sino que ha de tener presente además las posibles corrientes y afinidades que han influenciado una tesis en concreto. Sin embargo la tarea de reconstrucción planteada en el apartado "Tradición y traducción" es un arduo camino que excedería no sólo el tiempo de este curso sino probablemente los límites impuestos a esta exposición. No es mi pretensión reconstruir la ontología ni su principal categoría el ser exhaustivamente sino que la reconstrucción realizada está en función de los matices proporcionados por los autores que se confrontan aquí.
El análisis filosófico no debe ni puede limitarse sin embargo al contexto histórico o al texto que se interprete sino que ha de tener presente además las posibles corrientes y afinidades que han influenciado una tesis en concreto. Sin embargo la tarea de reconstrucción planteada en el apartado "Tradición y traducción" es un arduo camino que excedería no sólo el tiempo de este curso sino probablemente los límites impuestos a esta exposición. No es mi pretensión reconstruir la ontología ni su principal categoría el ser exhaustivamente sino que la reconstrucción realizada está en función de los matices proporcionados por los autores que se confrontan aquí.
Por último señalar que las analogías presentadas en "El existencialismo como estoicismo de posguerra" es una interpretación subjetiva, que trata de comprender la dimensión que Sartre dio al existencialismo como filosofía moral.
¿Qué es según Sartre el existencialismo? Esta no es una pregunta fácil de responder. Sobre todo teniendo en cuenta las diferentes declaraciones que sobre el existencialismo ha ido pronunciando Sartre.
El mismo se negaba en un principio a reconocer el término como explicatum de su filosofía. En un resumen coloquio publicado en la revista Magazine litteraire, en 1944 J. Russ pone en boca de Sartre la siguiente afirmación:
Esta afirmación en boca de Sartre no parece ser muy coherente con la defensa que realizará del existencialismo en el texto que aquí se analiza, donde su definición del existencialismo es otra completamente:
Entre ambas pronunciaciones media poco más de un año, y sin embargo puede verse claramente la diferencia. En la primera afirmación Sartre no quiere presentarse como existencialista. ¿Por qué? En la segunda no sólo no le importa hacer uso del concepto, sino que además lo define, se lo apropia, y lo aplica a un conjunto de "practicantes" con el plural mayestático, ya que se supone que utilizando el plural Sartre ha de estar incluyendo a aquellos que coparticipen con él en esta idea del existencialismo{3}. Sin embargo, tal definición es plenamente coherente con la ontología fenomenológica publicada un par de años antes{4}.
Si rastreamos el uso de la palabra vemos, que la frecuencia de aparición antes de Sartre del término "existencialista" en los textos filosóficos se reduce a unas cuentas menciones por parte de Jaspers o Gabriel Marcel. En la conferencia de Sartre, en el club Maintenant, el existencialismo tomó por fin un explanandum propio del que ya, no es posible desprender.
Del éxito de término existencialismo no sólo dará cuenta Sartre en esta conferencia. No podemos estar seguros (ya que las fuentes dan sus distintas versiones sobre este problema) de que el término existencialismo pueda aplicarse correctamente a los autores de la "filosofía de la existencia{5}", pero si podemos rastrear el término en función de la recepción por distintas lenguas{6}.
Que el término existencialista estaba incorporado al acervo filosófico, y que las consideraciones acerca del mismo de Sartre habían sentado cátedra, puede ilustrarlo perfectamente la edición especial del centenario de Larousse de 1954.
En esta edición tanto Sartre, como Heidegger son incorporados como existencialistas (el primero como creador, el segundo como fundador) y los términos referidos al existencialismo son considerados no como tecnicismos propios del lenguaje filosófico sino como vocablos del lenguaje común. Unos años después de la conferencia en el "Maintenant" la nación francesa había asumido totalmente, como propia, la corriente filosófica del existencialismo.
Es sabido que las academias de lengua europea se resisten a incorporar tecnicismos propios de una disciplina concreta a menos que se haya "vulgarizado" es decir, a menos que puedan ser usados por los hablantes no técnicos. En nuestra lengua hay unos cuantos casos claros de estos tecnicismos referidos al ámbito de la filosofía que tardan en incorporarse a pesar de ser usados habitualmente. En el caso del concepto "existencialismo" no será incorporado como término real de nuestro idioma hasta 1970.
Audazmente, Sartre introduce a Heidegger en su conferencia como "existencialista ateo". La opinión de Heidegger con respecto al existencialismo de Sartre, no va a ser una postura demasiado amable, más bien parece que Heidegger no estuviese muy conforme con que le colgasen la etiqueta de existencialista, y mucho menos se la impusieran a su filosofía, o al menos no en los términos que lo formuló Sartre.
Sin embargo y puede que muy a pesar suyo, Heidegger sería a partir de entonces el representante del "existencialismo ateo".
Si durante años Sartre defendió el existencialismo como filosofía, en la última etapa de su vida considero que el existencialismo no pasaba de ser una ideología y que la verdadera filosofía era el marxismo{9}. Los acontecimientos que pudieron influir en este cambio de postura serán expuestos más tarde.
En cuanto a la definición del existencialismo podemos concluir que la obra de Sartre "El existencialismo es un humanismo" es todo un glosario acerca de este concepto, además de enfocar las líneas prácticas resultantes de comulgar con dicha doctrina. Tales líneas y su confrontación con las distintas tradiciones serán expuestas en los apartados siguientes.
El concepto de ser es por tradición, la base de la ontología, y por ende de la metafísica. Se trata de una cuestión que no solo edifica la ontología, sino que además atraviesa toda la historia del pensamiento reflexivo, filosófico. Si nos remontamos a las primeras noticias acerca de la filosofía{10}, podemos observar que las distintas interpretaciones del tratamiento de este concepto en la filosofía griega, difieren acerca de la perspectiva y la semántica desde las que son tratados los términos, pero en ningún momento pueden cuestionar la importancia central de este análisis para el desarrollo de la filosofía. Así encontramos dos interpretaciones opuestas{11}; la primera tiene como máxima dirimir entre la función copulativa del verbo ser y la función existencial. La segunda se opone a esta principalmente porque interpreta que en el sentido griego del verbo no existe tal dicotomía. Las diferencias marcadas por Aristóteles en el ser, coherentes con la teoría hilemórfica, regaron las especulaciones medievales de diferenciaciones entre el ser en acto y el ser en potencia. De tal modo que tenemos una línea fundamental que concibe el ser según su uso lingüístico, y otra gran corriente que le preocupa además del uso cuál pueda ser el alcance semántico del término.
Los grandes cambios históricos no afectan a una parte de la realidad sino a todo su conjunto, así y desde la perspectiva generalista en la que esta situada esta reconstrucción del problema del ser, observamos como el tratamiento del problema será también modificado por las cambiantes circunstancias histórico-sociales. A pesar de que la Edad Media es la etapa histórica con peor fama de todos los tiempos (edad obscurantista, donde no existía el saber, donde el feudalismo extendía sus redes de jerarquías cerradas y aplastantes) un breve repaso a lo que nos dejaron los monjes cristianos, las escuelas de traducción árabes y europeas, etc., nos muestran la edad media como un rico terreno de disquisiciones filosóficas en las que cabe destacar la importancia de la escolástica. Cristianos y musulmanes no perdieron de vista el problema del ser y construyeron doctrinas metafísicas que hoy siguen impregnando nuestros pensamientos{12} y que afectaron especialmente al pensamiento sartreano; se trata de la relación entre sustancia, esencia y existencia del ser. Los desarrollos medievales no fueron ni olvidados ni desestimados por el renacimiento y las distintas concepciones metafísicas del ser se irán enraizando en la visión antropocéntrica{13} que se instalaría en el renacimiento para ya no abandonarnos{14}.
En el siglo XVIII el concepto de nación empezaba a infiltrarse en las ideologías políticas, en las relaciones económicas y sociales, aunque no fuese hasta mediados del XIX cuando la reflexión de Ernest Renan{15} de cuenta de la implicación del concepto en la estructura social.
La cuestión de la interrelación entre el pensamiento filosófico y la idea de nación asociado al proceso revolucionario de la industrialización y la mercantilización económica, será el problema central del apartado siguiente, así como en la configuración de las variantes existencialistas, en las cuales tiene un papel decisivo la acepción de nación como "Conjunto de personas del mismo origen étnico y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común" {16}.
Lo que se trata de exponer es que al entremezclarse el concepto de nación con la misma forma del pensar asociado a un lenguaje "nacionalizado", el alcance de este pensamiento se encuentra determinado por la semántica desprendida de esta ideología.
Veíamos en el apartado anterior como en las tradiciones filosóficas el problema del ser estaba relacionado tanto por su uso lingüístico como por su semántica específica. Durante toda la antigüedad todo el problema del ser es un problema formulado en griego to on. Durante la edad media el problema fue formulado principalmente en latín heredando la tradición interpretativa del essere frente al exsistere{17}.
Esta será la tradición que recojan las nuevas lenguas del renacimiento (español, francés, italiano, alemán, inglés, etc.) en las que se irán volcando las filosofías que serán consideradas nacionales, en el sentido de que ya están vinculadas a una lengua no universalista en principio (aunque es evidente que estas lenguas en especial español, inglés, francés y alemán irán adquiriendo un carácter universalista a la vez que imperialista con el desarrollo de la historia, siendo tanto el español como el inglés los que alcanzarán más altas cotas de hablantes) .
En este punto me interesa incidir ya que Heidegger basará toda su argumentación en contra de la categorización de su filosofía como existencialismo, en estos saltos cualitativos de significación en la traducción de Sartre. Las lenguas nacionalizadas recibieron distintos sentidos del ser y del existir, así como de la sustancia y la esencia, y esta forma de concebir el ser individualizado ya no tiene un referente universal, sino particularista, nacionalista{18} que es diferente según la lengua en la que sea pensado. Ni siquiera el español, que recoge ambas acepciones de la concepción latina (ser, estar) puede limitarse a sus vocablos en la tradición de la reflexión sobre Heidegger. La lengua francesa, contrajo ambas acciones en un solo verbo, el être, y Sartre fue un paso más allá en la sintetización, reunió en el être todas las matizaciones y diferenciaciones establecidas en el Dasein. La siguiente cita de Heidegger traducida al español y la nota de los traductores dará cuenta del pensamiento de Heidegger respecto a la interpretación sartreana de su filosofía y su inserción en el existencialismo.
" En Ser y tiempo se dice precavidamente y con toda intención : il y a l’être, esto es, "se da" el ser. El francés il y a traduce de modo impreciso el alemán "es gibt", "se da". Porque el "es" impersonal alemán que "se da" aquí es el propio ser. El "da" nombra sin embargo la esencia del ser que da, y de ese modo otorga, su verdad. El darse en lo abierto, con lo abierto mismo, es el propio ser.
Al mismo tiempo el "se da" también se usa con la intención de evitar provisionalmente el giro idiomático "el ser es". Porque, efectivamente por lo general se dice ese "es" de algo que es. Y eso es a lo que llamamos ente. Pero resulta que precisamente el ser no "es" lo "ente". Si nos limitamos a decir del ser este "es", sin una interpretación más precisa, será muy fácil que nos representemos el ser como un "ente" del tipo de lo ente conocido, el cual, en cuanto causa, produce efectos y, en cuanto efecto, es causado. Y sin embargo el propio Parménides ya dice en los primeros tiempos del pensamiento esti gar einai , "es en efecto ser". (35)3
35. N. de los T.: la traducción corriente de "est ist nämlich sein" sería "hay en efecto ser", pero entonces no quedaría recogido el sentido del verbo griego, que si recoge el alemán "est ist". En alemán corriente tampoco traduciríamos el "es giba" de las frases anteriores por "se da", como hemos hecho aquí, sino simplemente por "hay" que es lo que dice también exactamente el francés "il y a"; pero aquí es importante que aparezca el sentido original del verbo alemán "geben",
El existencialismo sartreano, que trata de apoyarse entre otras corrientes contemporáneas en la filosofía heideggeriana, es rechazado de pleno por esta, con una acusación soterrada a toda la "Carta sobre el humanismo" fundamentada en una falta de cuidado en la traducción de Sartre de Ser y el tiempo. Esta polémica no ha impedido que con el tiempo la filosofía heideggeriana y la sartreana hayan sido metidas en el mismo saco del existencialismo. Si por tratar del ser, la filosofía heideggeriana ha de ser tratada como existencialismo, entonces será necesario establecer las diferencias abismales entre uno y otro pensamiento recurriendo a la categoría nacional, es decir diferenciándolos mediante el alemán (para Heidegger) y francés (para Sartre).
Pero cabe la posibilidad de que esta clasificación no aclare lo suficiente tales diferencias. El existencialismo de Sartre se terminará revelando con el tiempo como una ideología pragmática que intentaba dar coherencia al ánimo colectivo de posguerra con las nuevas vías abiertas por la construcción de la sociedad, o en términos de Gramsci, Sartre trataba de casar mediante el existencialismo, "el pesimismo de la razón con el optimismo de la voluntad" . El existencialismo defendido por Sartre no se cierra al diálogo con uno de sus críticos (el marxismo) aunque en su perspectiva atea si niega el diálogo con el cristianismo. Por su parte su supuesto aliado en el "existencialismo ateo", Heidegger se pronunciará en contra de los conceptos básicos que darán cuerpo a esta ideología, el existencialismo y el humanismo.
La interpretación que se hizo desde el marxismo y el cristianismo del existencialismo, no tuvo que ser muy del agrado de Sartre cuando éste salió en defensa del mismo. En unos años donde la agitación social había sido constante, con el lastre de la Segunda Guerra Mundial a las espaldas, con las construcciones estatales de las naciones capitalistas enfrentadas a los nuevos regimenes comunistas amenazantes, el existencialismo se vio como la postura menos combativa de todas. El cristianismo interpretó que el existencialismo sumía al hombre en una profunda desesperación, la angustia sartreana era de hecho la falta de fe, y esto provocó el enfrentamiento entre los creyentes y los existencialistas. Sin embargo a lo largo de todo el texto en cuestión no parece que a Sartre le importe realmente el enfrentamiento con los poderes religiosos, señala que en el cristianismo hay una corriente existencialista a la que además, no pertenece y sin ningún pudor, se declara ateo:
"(…) hay dos escuelas existencialistas: los primeros, que son cristianos, entre los cuales yo colocaría a Jaspers y a Gabriel Marcel, de confesión católica; y por otra parte, los existencialistas ateos, entre los cuáles hay que colocar a Heidegger, y también a los existencialistas franceses y a mi mismo." {20}
Ante todo Sartre no va a admitir la crítica de una religión porque él, no es religioso. Aparece totalmente impermeable ante la crítica del catolicismo. De hecho concibe que en la base de todo el existencialismo está precisamente en la toma de conciencia de la inexistencia de Dios por parte del hombre. Y de ahí el nacimiento de la angustia. Un concepto que por otra parte nos revela las influencias del nihilismo nietzscheano y de la proyectualidad orteguiana y husserliana. El paralelismo de los dos siguientes párrafos mostrará como el concepto de vida humana en Sartre no es muy diferente del mismo concepto en Ortega:
"La doctrina que yo les presento es justamente la opuesta al quietismo, porque declara: sólo hay realidad en la acción; y va más lejos todavía, porque agrega: el hombre no es nada más que su proyecto, no existe más que en la medida en que se realiza, no es por lo tanto más que el conjunto de sus actos, nada más que su vida" {21}
"La vida humana es una realidad extraña, de la cual lo primero que conviene decir es que es la realidad radical, (…) La vida humana nos es dada, puesto que no nos la damos a nosotros mismos, sino que nos encontramos en ella de pronto y sin saber cómo. Pero la vida que nos es dada no nos es dada hecha, sino que necesitamos hacérnosla nosotros, cada cuál la suya. La vida es quehacer. {22}"
La duda metafísica "Si Dios no existiera todo estaría permitido" {23} y la soledad humana ante el destino, es lo que desemboca en el desamparo. En el existencialismo de Sastre, Dios ha sido eliminado como problema, pero entonces se desvanece todo el sustento de los esquemas éticos, hilvanados por la fe. Para Sartre Dios no es garante de nada y por lo tanto su existencia se da o no, es inopinable, no interfiere en la existencia humana, de la que, gracias al cogito cartesiano, tenemos constancia.
"El existencialista, por el contrario, piensa que es muy incómodo que Dios no exista, porque con él desaparece toda posibilidad de encontrar valores en un cielo inteligible" {24}
La preocupación por defender el existencialismo si recurrimos a una interpretación puramente psicologista teniendo en cuenta los hechos anteriores a la conferencia de Maintenant y los posteriores podemos ver claramente como lo que quiere eludir Sartre, a toda costa, es el enfrentamiento con el marxismo. Sartre le da al existencialismo una dimensión conciliadora con el materialismo dialéctico. Esta estrategia de acercamiento la verá Heidegger en la búsqueda del calificativo de "humanidad" para el existencialismo que tanto el marxismo como el catolicismo le niegan, y reconocerá las aproximaciones terminológicas que los acercan:
" Pero si se entiende bajo el término general de humanismo el esfuerzo porque el hombre se torne libre para su humanidad y encuentre en ella su dignidad, en ese caso el humanismo variará en función del concepto que se tenga de "libertad" y "naturaleza" del hombre. Así mismo, también variarán los caminos que conducen a su realización. El humanismo de Marx no precisa de ningún retorno a la antigüedad, y lo mismo se puede decir de ese humanismo que Sartre concibe como existencialismo." {25}
Sin embargo, Heidegger también señalará donde se produce el fracaso del acercamiento entre existencialismo y marxismo:
"Es precisamente porque al experimentar el extrañamiento Marx se adentra en una dimensión esencial de la historia por lo que la consideración marxista de la historia es superior al resto de las historias. Pero como ni Husserl ni hasta donde yo veo por ahora tampoco Sartre reconocen la esencialidad de la histórico del ser, por eso ni la fenomenología ni el existencialismo llegan a esa dimensión en la que resultaría posible por vez primera un diálogo productivo con el marxismo." {26}
La crítica superflua al materialismo que realiza Sartre no se enfrenta a sus principios filosóficos, sino a la interpretación mundana del materialismo. Se sitúa en la misma perspectiva que sus detractores, es decir en la consideración más lasa del concepto. Sartre irá entretejiendo ciertos términos en la trama existencialista que acercan esta ideología a todo individuo "comprometido", el existencialismo será tras esta conferencia una forma de afrontar el mundo desde un "optimismo racionalista" sin olvidar la perspectiva subjetivista del individuo. Lo que refleja Sartre es el esfuerzo por superar la moral dominante en pro de un nuevo individuo que permita desarrollar en acuerdo con los otros una nueva sociedad. El socialismo es la vía (años más tarde Sartre ingresará en el Partido Comunista Francés y será abanderado de las revueltas estudiantiles de Mayo del 68) y el existencialismo la conciencia. La misma conciencia que le ha llevado a participar en la resistencia francesa en contra de Hitler. El mismo compromiso que él, Sartre, ha tomado con el mundo (con los otros) enfrentándose a las hordas nazis que han desolado Europa. Esta es la idea que en el fondo ha tratado de transmitir Sartre: el existencialismo es un modo de vida que debe mover a la actividad social, porque el individuo se elige en la elección del grupo.
"(…) cuando en el plano de la autenticidad total he reconocido que el hombre es un ser en el cuál la esencia está precedida de la existencia, que es un ser libre que no puede, en circunstancias diversas, mas que querer su libertad, he reconocido al mismo tiempo que no puedo menos de querer la libertad de los otros." {27}
Sartre propone el diálogo con el marxismo que más tarde Heidegger negará como posible{28}. Sartre en su búsqueda por salvar al existencialismo de la "mala fama" lo enfrenta con su deudores; a saber, existencialistas cristianos (Marcel, Jaspers) y existencialistas ateos (Heidegger) y se alía con aquella filosofía que menos capacidad le reconoce, porque desde el materialismo dialéctico o histórico no se puede aceptar plenamente el existencialismo, no sin reconocer abiertamente la dimensión histórica y social del hombre.
Esta categoría marxista (la categoría social) anula la posibilidad de que el individuo signifique nada fuera del grupo, por que ante todo, el hombre es un animal social. El materialismo llevado a sus últimas consecuencias no puede causar la angustia existencialista, porque el concepto de individuo heroico, es mofa una vez que se forma parte de un proyecto universal. La importancia para el marxismo es pertenecer al proyecto de humanidad total, donde lo bueno para uno es bueno para todos y no la idolatría del individuo, del héroe, típico de la conciencia burguesa. El existencialismo de Sartre es la pieza que obliga a encajar la mentalidad burguesa del individuo con el proyecto marxista de nueva sociedad. En el fondo es la ecumenización del marxismo a todas las clases sociales{29}.
"Si esto no es una maldad mía, ni una acción mía fruto de la maldad, ni daña a la comunidad ¿Por qué me angustio por ello? ¿Y cuál es el daño para la comunidad?"
Marco Aurelio, Meditaciones, Libro V.
A pesar de las críticas al existencialismo, esta corriente ha tenido una fuerte influencia en muchos sectores de la sociedad actual. No hay baremos para medir cuando las teorías filosóficas forman parte del imaginario colectivo, cuando sus conceptos forman parte de nuestra forma de pensar. Sin embargo el existencialismo marcaría toda una corriente de fuerte influencia a través de la revista Les temps Modernes, que influirán no sólo en los años de duración de la revista sino en la historia más inmediata. Los representantes del existencialismo se comprometieron con la vida social y política a pesar de que las críticas siguieron subiendo. Camus, Beauvoir, R.Aron, Merleau-Ponty son nombres que no resultan ajenos y que no sólo se han identificado con una corriente literaria sino profundamente filosófica.
El existencialismo se desenvolvió en las esferas prácticas más que en las teóricas. Se definió desde la actividad humana y trabajó por la condición humana. La derivación ética de la ontología sartreana se basa en los conceptos de voluntad, acción y elección. Sartre añade el concepto tradicional de voluntad un a priori; se trata de la responsabilidad del compromiso del ser con el resto de los hombres, la necesidad de ser para sí (pour soi) más que en sí (en-soi) que está presente en la elección de todas sus acciones, (en su voluntad) y por tanto es responsable de sus consecuencias.
"Y esta especie de angustia que es la que describe el existencialismo, veremos que se explica además por una responsabilidad directa frente a los otros hombres que compromete. No es una cortina que nos separa de la acción, sino que forma parte de la acción misma." {30}
El término de la elección, nos lleva además a recordar la teología medieval y la re-elección como fundamento epistemológico de la religiosidad de Santo Tomás. En esta elección de Sartre hay una homomorfosis entre lo religioso (que re-elige) y el existencialista que elige eligiéndose-a –si- mismo (se re-elige, por tanto).
"Pero sin embargo se puede juzgar, porque, como he dicho, se elige frente a los otros, y uno se elige así ante los otros"{31}
La reducción que tal doctrina realiza al mundo fenoménico provoca una perspectiva escéptica con cualquier tipo de conocimiento, incluido el científico, es decir no sólo la religión, las costumbres y la sabiduría no son herramientas válidas para regular las conductas, los conocimientos científicos tampoco permiten al hombre explicarse objetivamente (dotarse de un fin predestinado). Tal vacío (no resuelto ni por dios ni por los científicos) es la duda ontológica ¿en que consiste pues el ser?. Esta nada que envuelve al individuo (entendiendo como nada la situación Etic- en el sentido de Pike-) de no respuesta ante la pregunta del ser; provoca en el hombre el sentimiento de angustia que podría ser "traducido" del siguiente modo: La angustia existencial es el sentimiento de vacío moral en el hombre al no encontrar un motivo por el cuál el individuo tenga que existir. (Ante la toma de conciencia del individuo de que la vida carece de sentido). De este modo el mejor destino del hombre es el compromiso con el universo que le rodea.
El existencialismo fue ante todo una filosofía moral y política, fundamentalmente antropológica. ¿Y cuál es el parecido con el estoicismo?
El estoicismo también fue una filosofía eminentemente moral (y por tanto práctica en la vida cotidiana). Los planteamientos estoicos marcan muy agudamente las situaciones en las que el individuo, angustiado por la soledad, busca el todo, la armonía con el universo para sentir como forma parte del proyecto de la naturaleza, del cosmos. Es por esto que encuentro en Sartre un paralelaje en su postura ante la vida humana similar a la del estoicismo, la angustia, la nada, se esfuma en la universalidad.
"Construyo lo universal eligiéndome; lo construyo al comprender el proyecto de cualquier otro hombre sea de la época que sea. {32}"
La angustia es aquel sentimiento que desborda al hombre, como consecuencia de su toma de conciencia, de su compromiso con el resto de la humanidad en cada uno de sus actos. Según Sartre sólo la mala fe permite escapar de la angustia existencial, Sartre comprende a cada hombre como un legislador con los demás. La consecuencia moral de la acción (como resultado de la operación electiva) es de suma importancia al justificar la angustia. Desde esta perspectiva es más fácil comprender el lugar que ocupa el concepto de proyecto (presente también en los fenomenólogos, Husserl, Heidegger, Ortega…la proyectualidad). El proyecto individual es el modelo del hombre en coherencia con todos los conceptos expuestos anteriormente.
Los proyectos individuales son universales en cuanto pueden ser reconstruidos y comprendidos de forma subjetiva por otros individuos, y en cuanto que el realizados del proyecto (o proyectante) se compromete y compromete a otros proyectos en el suyo mismo, es el concepto de intersubjetividad.
El concepto de libertad también será interpretado y redefinido por el existencialismo. Se trata de un deseo "benéfico" para el individuo y los otros "en cuanto que implica de modo universal (como hemos visto). La autenticidad de este reconocimiento (búsqueda colectiva de la libertad) es la base, la condición prima de tal fenómeno: SER LIBRE.
¿Pero que es, dentro del existencialismo la libertad? Sólo puede ir unida a la elección factual; es decir se es libre de elegir las pautas de nuestro propio compromiso.
"El existencialista suele declarar que el hombre es angustia.Esto significa que el hombre que se compromete y que se da cuenta de que es no sólo el que elige ser, sino también un legislador, que elige al mismo tiempo que a sí mismo a la humanidad entera, no podría escapar al sentimiento de su total y profunda responsabilidad" {33}
Sartre construye término a término un sistema moral para enfrentar los nuevos acontecimientos políticos históricos. Esta construcción se realiza sobre la crítica a la moral tradicional, insertando los términos propios en los que el existencialismo se presenta capaz de recoger el sentir general de un mundo sobrecogido por los horrores del holocausto.
Si en el apartado anterior veíamos como Sartre construía su filosofía moral para afrontar su propio presente histórico, veremos en este apartado como el existencialismo ha marcado muchas de las tendencias estéticas de los últimos tiempos. El mundo moderno de las instituciones internacionales, de los procesos de cambio conjunto como la globalización, el mundo del poder de los medios comunicativos y las redes electrónicas no se adapta bien a sistemas morales ecuménicos. Los planteamientos de clase son apagados gracias a la manipulación de medios, y la moral, obedece al principio de universo propio nietzscheano. El existencialismo se convertirá en el pensamiento puntero de las corrientes artísticas más vanguardistas durante las últimas décadas.
Empecemos por lo más afín a Sartre después de la filosofía. Camus, Beauvoir, Rilke y el mismo formarán la corriente conocida como existencialismo estético. En las obras de Albert Camus, destaca especialmente el desarrollo psicológico de los personajes (El extranjero), consumido por el rechazo a la angustia, por el desarraigo a un mundo que no les comprende. Barnett Newman, pintor, fundará sobre los principios del existencialismo dos corrientes pictóricas muy importantes en estos últimos años, el expresionismo abstracto y el minimalismo. David Cronenberg, polémico director de cine, ha sido tildado en numerosas críticas de existencialista, por recurrir una y otra vez a los temas principales del existencialismo, la enfermedad, la cobardía, la liberación a través de la angustia, el refugio en los otros, etc.
El mundo del arte en el siglo XX se ha nutrido bastante de las corrientes filosóficas, y en especial del existencialismo. La doctrina de la angustia es muy cómoda para el artista desde la cuál, desarrolla toda su creatividad. En realidad la vulgarización del existencialismo es lo que conlleva, la interpretación siempre rehusada, siempre recusada desde Sartre. El existencialismo no debiera ser una filosofía que justifique el quietismo o la pasividad sino la actividad, pero hay pocas actividades que se sientan cómodas en este equilibrio entre la nada y el ser. Las artes plásticas, sin embargo caminan bien por la cuerda floja.
En su reclamo de humanidad, el existencialismo llegó a convertirse en ideología de masas, en la bandera de una generación que se enfrentaba con el reto de construir un mundo mejor de lo que habían heredado, donde el miedo a otro holocausto no maniatara las acciones conjuntas. Hay quien dice que sin querer, Sartre se vio abocado a aceptar su papel como estandarte de la vulgarización de su filosofía.
Sin embargo, tras la actitud sartreana hay algo más que una resignación con el destino (esta postura se asemejaría demasiado a la cristiana desde la ideología de Sartre), como los estoicos, Sartre se compromete con su destino, con el de la humanidad y el salto a las multitudes no es un desatino, sino la consecuencia de este compromiso con el mundo. La actitud de Sartre, la humanidad de Sartre, su libertad, consiste precisamente en ese compromiso abierto en busca de nuevos horizontes.
Notas
{1} J.Russ; Magazine Litteraire, Abril 1944, Pág. 39.
{2} J.P Sartre; El existencialismo es un humanismo, Pág. 11
{3} Otra interpretación de este plural mayestático nos llevaría a pensar que Sartre tiene varias personalidades, y evidentemente no creo que se trate de un caso de esquizofrenia, mas bien parece acertado pensar que con este "nos" Sartre se refiere a los existencialistas.
{4} L’être et le néant (1943)
{5} Ferrater Mora insiste en lo complejo de delimitar el concepto de existencialismo y la necesidad de separarlo de las filosofías existenciales.
{6} En este sentido me encuentro limitada al hecho de no poder salir de los márgenes que yo conozco y he de confiar en mi base de francés y español, lo demás he de confiarlo a los expertos consultados.
{7} Nouveau Petit Larousse, 1954, page 389, Claude y Paul Auge (ed.)
{8} Heidegger, Carta sobre el humanismo, Pág. 36
{9} Critica de la razón dialéctica, Aguilar, Madrid, 1982.
{10}En este sentido me adhiero a la postura tradicional que concibe la filosofía como un producto genuinamente occidental y situado en el origen de la cultura griega, en parte también porque esta tradición de la que somos herederos, es la misma en la que se desenvuelve el pensamiento sartreano.
{11} No trato de reconstruir el concepto de ser, sólo marcar las líneas generales en las que se desenvuelve lo problemático de este concepto y de toda la metafísica.
{12} Muy a pesar del positivismo lógico.
{13} Abandonando la perspectiva teocéntrica del ser.
{14} Insisto en que esta reconstrucción no pretende ser exhaustiva, sino plantear líneas generales
{15} E.Renan, ¿Qué es una nación?, Sequitur, Madrid, 2001
{16} Esta acepción de nación aparece por primera vez en el diccionario de la RAE de 1936, aunque el concepto aparece en todas las ediciones desde 1734.
{17} La diferencia entre ambas voces en latín radica en que exsitere significa "salir hacia fuera, nacer" mientras que el essere es el estar, el ser en realidad.
{18} En el sentido en que la existencia es comprendida bajo unos parámetros lingüísticos.
{19} Heidegger, op.cit.
{20} Sartre; op.cit, Pág. 14
{21} Sartre, op.cit Pág. 37
{22} Ortega y Gasset; Historia como sistema; Pág. 14, Revista de Occidente Madrid, 1975
{23} Referencia a Dostoievsky, op.cit de Sartre, pág. 25
{24} Sartre, op.cit, Pág. 25
{25} Heidegger, op.cit, Pág. 23
{26} Heidegger, op cit, Pág. 53
{27}Sartre, op.cit; pág. 54
{28} ver cita anterior
{29} Esta interpretación tiene su porque en la observación de consecuencias en los apartados siguientes.
{30} Sartre, op. cit. Pág. 24
{31} Sartre, op.cit, pág. 52
{32} Sartre, op.cit; pág 46
{33} Sartre, op cit; Pág. 20-21
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Última actualización: Mayo 2006
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