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Tema XIII: HISTORIA Y NARRACIÓN

Autor: Anónimo

Bibliografía:(Resumen del libro de Ricoeur:"Tiempo y narración")

La aparición de las tesis narrativistas aparecen por un lado como crítica del modelo nomológico y por otro al haberse convertido la narración en el objeto de una re-evaluación que se ha apoyado fundamentalmente en sus recursos de inteligibilidad.

EXPLOSIÓN DEL MODELO NOMOLÓGICO

1. Una explicación sin legalidad: William Dray

a) El autor comienza por la tesis negativa de que la idea de explicación no implica la de ley. El modelo de subsunción (según el cual una ley cubre los casos particulares, que se convierten ejemplos de la ley) no es una condición necesaria, ni siquiera suficiente de los acontecimientos explicados. No es suficiente, ya que la explicación alegada no puede convertirse en predicción. No es necesaria. Luis XIV murió impopular porque siguió una política perjudicial para los intereses nacionales de Francia. Solo una ley comprometería lógicamente al historiador; sería esta: cualquier gobernante que tomase las mismas medidas políticas, exactamente en las mismas circunstancias que L. XIV, se haría impopular. Pero esto no es una formulación de una ley. El rechazo del modelo nomográfico parece implicar un retorno a la concepción del acontecimiento como único. El historiador quiere describir y explicar lo que ha ocurrido en todos sus detalles concretos. Pero esto no le impide emplear términos generales como revolución, conquista de un país por otro, etc. Estos términos generales no obligan a formular leyes generales sino a buscar en qué aspecto los acontecimientos considerados y sus circunstancias difieren de aquellos con los que sería natural agruparlos bajo un término clasificador. Un historiador no se preocupa de explicar la revol. Francesa en cuanto fue revolución, sino en cuanto que su curso ha sido diferente del de los otros miembros del grupo de revoluc. En cuanto la explicación reagrupa factores únicos en el sentido que acabamos de decir, se puede afirmar que pertenece al juicio más que a la deducción. Se entiende por juicio la operación que realiza un juez cuando pondera argumentos contarios. Este modo de juzgar casos particulares no consiste en colocar un caso bajo una ley , sino en reagrupar factores dispersos y sopesar su importancia respectiva en la producción del resultado final.

b) El análisis causal . Es una de las alternativas a la explicación nomológica. Encuentra legítimo el uso del lenguaje causal en los historiadores como "x es causa d" y producir, conducir a, ocasionar. El problema es la polisemia del término causa . La discusión sobre el análisis causal en historia solo tiene interés si existen conexiones causales singulares cuya fuerza explicativa no depende de una ley. Un análisis causal es un análisis selectivo que tiende a verificar las razones de tal o cual candidato a la función de causa. Los candidatos han de superar cierto número de pruebas. La primera es inductiva: El factor debe ser realmente necesario Sin él, el acontecimiento que hay que explicar no hubiera tenido lugar. La segunda es pragmática: debe haber una razón para seleccionar la condición de que se trata entre las que, juntas, constituyen la condición suficiente del fenómeno. En la prueba inductiva hay que justificar la afirmación que si x no, tampoco y, (ver). Esta prueba inductiva no equivale a una explicación suficiente, a lo más, constituye una explicación necesaria, al eliminar de la lista de candidatos, a la función de causa los factores cuya ausencia no habría cambiado el curso de las cosas. Lo importante es que la imputación de una causa respecto a un acontecimiento particular no se origina por aplicación de una ley causal.

Las explicaciones encontradas en las obras de historia constituyen una colección lógicamente dispersa. La declaración tiene valor contra cualquier pretensión de Dray de separar la explicación en historia del modelo nomológico. Se tiene razón si uno se limita a firmar que la explicación en historia no satisface al modelo nomológico y que hay análisis causales que no son explicaciones por ley. Por eso Ricoeur prefiere subrayar el hecho de que las leyes se interpolan en el tejido narrativo.

c) La explicación por razones. Se aplica a un abanico de casos muy reducido: al tipo de explicación que los historiadores dan en general de las acciones de los individuos que son suficientemente importantes para ser mencionados en el transcurso de la narración histórica. El modelo se aplica a las acciones de agentes semejantes a nosotros; pero se corre el riesgo de confinar la explicación histórica al dominio de la historia episódica. El modelo quiere ser también un modelo de explicación. De este modo el autor se sitúa al igual distancia de aquellos para quienes explicar es cubrir un caso por una ley empírica y de aquellos para quienes comprender la acción es re-vivir, reactualizar, re-pensar las intenciones, las concepciones y los sentimientos de los agentes. Revivir- reactualizar, repensar. Se trata de demostrar que estas operaciones tienen su lógica que las distingue de la psicología o de la heurística y las coloca en el terreno de la explicación.

Explicar una acción individual por razones es " reconstruir el calculo , hecho por el agente, de los medios que debe adoptar con vistas al fin que ha escogido a la luz de las circunstancias en las que se ha encontrado" Para explicar la acción necesitamos conocer las consideraciones que lo han convencido de que debía obrar como lo ha hecho. Explicar la acción es esclarecer este cálculo. El constituye lo rationale de la acción . De ahí el término de explicación racional. Explicar es mostrar que lo que se ha hecho era lo que había que hacer, vistas las razones y las circunstancias. Explicar es, pues, justificar, con el matiz de evaluación que implica este término; es explicar cómo la acción ha sido apropiada. Es sopesar la acción con arreglo a los fines del agente, a sus creencias incluso erróneas, a las circunstancias tal como las ha conocido: "Se puede ver en la explicación racional un intento por alcanzar una especie de equilibrio lógico.

El término equilibrio lógico es el mejor que el autor pudo encontrar para distanciarse de la comprensión por congenialidad. Para alcanzar este punto de equilibrio es necesario reunir por vía inductiva las pruebas materiales que permitan apreciar el problema tal como lo ha visto el agente. Sólo un trabajo documental permite esta reconstrucción.

El problema estriba en explicar la razón de acciones que no pueden atribuirse a agentes individuales . Presenta tres respuestas que no se recubren exactamente:

  1. Un hecho dado se presta a una explicación por razones si es estudiado con cierta proximidad. Incluye el recurso a motivos inconscientes; así, una explicación irracional es también un caso de explicación por razones.
  2. Pero ¿que sucede si aplicamos la explicación por razones a colectividades? Se explica por medio de una elipsis.
  3. En el caso de fenómenos históricos a gran escala tropezamos con lo que Whitehead llamaba el lado insensato de la historia. Acciones explicables en términos de razones producen efectos no queridos no deseados. Aquí no cabe invocar un equivalente o sustituto de la astucia de la razón que permitiera hablar también de los resultados no deseados de la acción en términos intencionales.
2. La explicación histórica según G. Henrik von Wright

Ya no consiste como en Dray, en oponer explicación causal a explicación por leyes y en construir, como un modelo alternativo parcial, la explicación por razones . Tiende a una explicación causal y deducción teleológica dentro de un modelo mixto, la explicación cuasi causal , destinada a explicar el modo más típico de explicación de las ciencias humanas y de la historia. Reconoce la dualidad de las tradiciones que han presidido la formación de las teorías en las disciplinas humanistas y sociales La primera que se remonta a Galileo da la prioridad a la explicación causal y mecanicista. La segunda arranca de Aristóteles, aboga por la especificidad de la explicación teleológica o finalista. La primera exige la unidad del método científico. Pero mientras que el modelo nomológico estaba condenado a negar cualquier valor explicativo a la comprensión, sin lograr explicar no obstante las operaciones intelectuales que actúan realmente en las ciencias humanas, Wright propone un modelo suficientemente fuerte para acercarse al dominio de la comprensión histórica, al que reconoce continuamente una capacidad originaria de aprehensión con respecto al sentido de la acción humana. Modelo nacido del enriquecimiento de la lógica proposicional con ayuda de la lógica modal y de la teoría de los sistemas dinámicos .

Wright extiende su dominio a las relaciones de condicionalidad entre estados anteriores y estados ulteriores, implicados en sistema físicos dinámicos. Admitamos que el estado total del mundo en un momento dado pueda describirse totalmente estableciendo para cualquiera de los miembros dados de un espacio de estados . Podemos llamar a esta concepción general la de un atomismo lógico . El modelo significa sólo que los estados de cosas son los únicos ladrillos de la construcción ontológica. Cuando se habla de sistema se habla de un fragmento de la historia del mundo. Un sistema viene definido por un ámbito de espacio, un estado inicial , cierto número de etapas de desarrollo y un conjunto de alternativas en el paso de una etapa a otra.

Considerando un estado terminal se interroga sobre las causas del desarrollo y de la composición de este estado terminal en términos de condiciones necesarias y suficientes. La distinción entre condición necesaria y suficiente . Decir que p es la condición suficiente de q, es decir, siempre que se da p, se da también q. Decir que p es la condición necesaria de q es decir siempre que se da q, se da también p. La explicación causal difiere del análisis causal en que este, dado un sistema, exploramos las relaciones condicionales en el interior del mismo, mientras que en aquélla se de la ocurrencia individual de un fenómeno genérico (acontecimiento, proceso, estado) y buscamos dentro de qué sistema puede relacionarse este fenómeno genérico. Con otro según cierta relación condicional. (Ver)

La estructura de la explicación causal sobre los que entendemos ser originariamente una acción. El fenómeno de intervención (producir, hacer que ocurra, apartar e impedir) exige semejante articulación en el sentido en que la intervención une el poder-hacer, del que el agente tiene una comprensión inmediata, con las relaciones internas condicionales de un sistema. Se busca en la propia estructura de los sistemas la condición de la intervención.

La condición clave es la de cierre del sistema . Entre los posibles tipos de cierre podemos citar la sustracción de un sistema a influencia causales exteriores: ningún estado, en ninguna etapa del sistema, tiene condición suficiente antecedente fuera del sistema. Etc. En la frase: "eso es algo que podemos hacer" se contiene toda la teoría de la intervención. "Estoy seguro de que puedo". No se produciría ninguna acción y, sobre todo, no se haría ninguna experimentación científica, sin esta certeza de que por nuestra intervención podemos producir cambios en el mundo. La ciencia puede luchar con los usos analógicos y abusivos de la idea de causa como la de un agente responsable; este uso tiene su origen en la idea de hacer algo y de intervenir intencionalmente en el curso de la naturaleza.

Respecto a la estructura lógica de hacer algo distingue entre hacer algo y hacer que algo acontezca. Lo hecho es el resultado de una acción; lo ocasionado es su consecuencia. La acción no es, pues, la causa de su resultado; éste es, más bien, una parte de la acción. En este sentido, la acción de poner en movimiento un sistema, reducida a una acción de base, identifica el estado inicial del sistema con el resultado de la acción, en el sentido no causal de la palabra resultado.

La extensión del modelo lógico inicial se guía, en su acercamiento al campo histórico, por la comprensión que tenemos del carácter intencional de la acción. Con Danto hemos distinguido las acciones de base, por las que hacemos algo sin que intervenga una acción intermediaria, y las demás, por las que hacemos de modo que algo ocurra, las cosas que hacemos que ocurran y, entre ellas, las que conseguimos que haga otro.

Añadir la explicación teleológica a la explicación causal lo suscita la lógica del con objeto de, del de modo que… Descartemos el caso de la explicación cuasi teleológica. Inversamente veremos que la historia presenta explicaciones cuasi causales.

Von Wright adopta la tesis llamada del argumento de la conexión lógica, para el que el vínculo entre una razón de obrar y la propia acción es un vínculo intrínseco y no extrínseco: Se trata de un mecanismo motivacional y al ser así, no causal, sino teleológico. Ya no se trata de incorporar un puedo a un encadenamiento causal sino una intención a una explicación teleológica como una deducción práctica invertida. Esta se expresa así: A se propone dar lugar a p. A considera que no puede dar lugar a p, a no ser que haga a. Por tanto, A se dispone a hacer a. Para hacerse explicable de modo teleológico…, la conducta mencionada en la conclusión debe ante todo comprenderse de modo intencional. Intencional y teleológico son términos que se recubren sin identificarse. Wright llama intencional a la descripción con la que se enuncia la acción que hay que explicar, y teleológica a la propia explicación que pone en juego la deducción práctica. Los dos términos se recubren, en la medida en que la descripción intencional es exigida para constituir la premisa de la deducción practica. Se distinguen en la medida en que la explicación teleológica se aplica a objetos remotos de una intención, que son alcanzados precisamente al término de la deducción práctica. La explicación teolológica de la acción va precedida normalmente de un acto de comprensión intencional aplicado a una conducta dada.

Al completar la explicación causal por la explicación teleológica ¿Hemos alcanzado la comprensión de la historia que yo vinculo a la inteligencia narrativa? En realidad no hemos explicado todavía lo que distingue la teoría de la historia de la acción. Por eso la explicación teleológica, por sí sola, no permite distinguir la historia de la acción. No basta con establecer la equivalencia entre intencionalidad y explicación teleológica para dar razón de la explicación en historia. También hay que dar un equivalente lógico al nexo de la intención con su contexto, que en historia, esta hecho de todas las circunstancias y de todos los efectos no queridos de la acción.

Wright introduce el concepto de explicación cuasi causal para acercarse un paso más al estatuto particular de la explicación en historia. La explicación causi causal es de la forma de "esto sucedió porque" Ejemplo el pueblo se sublevó porque el gobierno estaba corrompido. La explicac. Se llama causal porque el explanas se refiere a un factor que ha precedido al explanandum Pero la explicación es sólo cuasi causal por dos razones. Negativa: la validez de los dos enunciados no requiere la verdad de una conexión causal — como en la explicación causal y en la cuasi teleológica- Positiva: el segundo enunciado tiene una estructura teleológica implícita: el motivo de la sublevación del pueblo era quitarse de encima el mal que padecía.

II ARGUMENTOS NARRATIVISTAS

Se trata de saber si la reconquista de los rasgos configuradores de la narración justifica la esperanza de que la comprensión narrativa adquiera valor de explicación, en la medida en que, paralelamente, la explicación h histórica deje de medirse según el patrón del modelo nomológico. Veremos que mi contribución a este problema nacerá del reconocimiento de la concepción narrativista de la historia sólo responde parcialmente a expectativa. Esta concepción nos decía en qué modalidad previa de comprensión está insertada la explicación, pero no nos da un equivalente o el sustituto narrativo de la explicación. Por eso intentaremos buscar un vínculo más indirecto entre explicación histórica y comprensión narrativa.

  1. La frase narrativa según Arthur Danto

El defecto de las filosofías sustantivas de la historia consiste en escribir en futuro frases narrativas que sólo puede hacerse en pasado. Danto afirma que el discurso narrativo no sólo es intrínsecamente incompleto, ya que toda frase narrativa está sujeta a revisión por un historiador posterior, sino que cuanto de sensato se dice sobre la historia no es forzosamente de carácter narrativo.

El estudio de las fases narrativas se presenta como el estudio de una clase de frases. Establece el rasgo diferencial del conocimiento histórico y, en ese aspecto cumple con la característica mínima de la historia. Ahora bien: un mismo cambio nacido de la acción humana puede presentarse según varias descripciones. La frase narrativa es una de las descripciones posibles de la acción humana.

El ingenio de Danto consiste en abordar la teoría de la frase narrativa mediante un rodeo: la crítica del prejuicio según el cual el pasado está determinado, fijo, eternamente parado en el ser., mientras que el futuro estaría abierto. Una descripción completa de un acontecimiento debería consignar cuanto ha acontecido en el orden en que eso tuvo lugar. Pero ¿quién podría hacerlo? Sólo un cronista ideal podría ser testigo absolutamente fiel y absolutamente seguro de ese pasado totalmente terminado. Respecto a este ideal de descripción completa y definitiva, la tarea del historiador consistiría sólo en eliminar frases falsas, en restablecer el orden perturbado de las frases verdaderas y en añadir lo que faltase al testimonio.

Así pues, en la frase narrativa se hallan implicado tres aspectos temporales:

  • El del acontecimiento descrito,
  • el del acontecimiento en función del cual se describe el primero
  • y el del narrador,

Los dos primeros concernientes al enunciado y el tercero a la enunciación.

Téngase la frase siguiente "en 1717 nació el autor de le neveu de Rameau". En aquella fecha nadie podía pronunciar semejante frase. Escribir le neveu de rameau es el acontecimiento bajo cuya descripción se re-describe el primer acontecimiento, el nacimiento de Diderot. Se planteará mas tarde la cuestión de saber si esta frase, por sí sola, es típica de la narración histórica.

Un historiador dirá fácilmente "Aristarco anticipó el año 270 antes de nuestra era la teoría publicada por Copérnico en 1543 después de cristo. Expresiones similares — anticipar, comenzar, preceder, provocar, suscitar- solo aparecen en frases narrativas.

La teoría de la frase narrativa tiene así un valor discriminante con relación al discurso de la acción en el lenguaje ordinario. El factor discriminante reside en el reajuste retroactivo del pasado. Operado por la descripción propiamente narrativa de la acción.

Este último rasgo acentúa la desviación entre teoría de la acción y teoría de la historia pues su objetivo principal no es reconocer las acciones como podrían hacerlo los testigos, sino como lo hacen los historiadores, en relación con acontecimientos posteriores y como partes enteramente temporales. Esta distancia entre teoría de la acción y teoría narrativa es sólo una descripción entre muchas.

La última consecuencia es que no hay historia del presente, en el sentido estrictamente narrativo del término. Sólo podría ser una anticipación de lo que los historiadores venideros podrían escribir sobre nosotros. La simetría entre explicar y predecir , características de las ciencias nomológicas, se rompe en el propio plano del enunciado histórico. No sólo ignoramos los acontecimientos que se producirán, sino que ignoramos cuáles serán considerados como importantes. Sería necesario prever los intereses de los futuros historiadores para prever las descripciones con que presentarán nuestras acciones.

¿En qué medida el análisis de la frase narrativa aclara el problema de las relaciones entre la comprensión narrativa y la explicación histórica ? Explicar y describir — en el sentido de la frase narrativa- han sido considerados durante mucho tiempo indiscernibles. Pues ya una simple narración hace más que relacionar acontecimiento dentro de su orden de aparición. Una lista de hechos sin vínculos entre sí no es una narración. Por eso, también describir y explicar no se distinguen. Explicar por qué algo ocurrió y describir lo que ocurrió coinciden. Una narración que no consigue explicar nada tiene de narración; una narración que explica es una narración pura y simple.

Y nada indica que lo que la narración hace de más con relación a la simple enumeración de acontecimientos sea diferente de la estructura de doble referencia de la frase narrativa, en virtud de la cual el sentido y la verdad de un acontecimiento conciernen al sentido y a la verdad de otro acontecimiento . Por eso no parece que la noción de trama o de estructura narrativa falte a la lógica de la frase narrativa; es como si la descripción de un acontecimiento anterior en función de otro posterior fuese ya una trama en miniatura.

Toda narración es una estructura impuesta a los acontecimientos, que los agrupa unos con otros y que excluye a algunos como si carecieran de pertinencia. Una narración menciona sólo los acontecimientos significativos.

2. Proseguir una historia

Gallie: Cualquiera que sea el contenido de la comprensión o de la explicación de una obra de historia, debe ser evaluado con relación a la narración de la que procede y a cuyo desarrollo contribuye. Se limita a afirmar, por una parte, que la explicación no nace de la nada, sino que procede, de algún discurso que tiene ya la forma narrativa; por otra, que de una manera, permanece al servicio de la forma narrativa .

La tesis narrativista no dice nada de la estructura de la explicación. Sin embargo, dentro de estos límites precisos, su misión es doble:

-Con qué recursos de inteligibilidad la comprensión fundamenta la explicación

- ¿Qué carencia inherente a la comprensión exige el suplemento de la explicación?

La noción de followability pretende cumplir esta exigencia

Así pues ¿Qué es una historia que se narra (store )? Y ¿qué es proseguir una historia?

Una historia describe una secuencia de acciones y de experiencias hechas por cierto número de personajes, reales o imaginarios. Estos personajes son representados en situaciones que cambian o reaccionando al cambio de estas situaciones. A su vez estos cambios revelan aspectos ocultos de la situación y de los personajes, y engendran una nueva prueba que apela al pensamiento, a la acción o a los dos. La respuesta a esta prueba lleva la historia a su conclusión.

En efecto, proseguir una historia es comprender las acciones, los pensamientos y los sentimientos sucesivos en cuanto presentan una dirección particular . Afirmar que estamos orientados en cierta dirección es reconocer a la conclusión una función teleológica. Una conclusión narrativa no es nada que pueda deducirse o predecirse. Una historia que no implicase sorpresas, ni coincidencias, ni reconocimientos no retendría nuestra atención. Por eso hay que proseguir la historia hasta su conclusión, lo cual es distinto de proseguir un argumento cuya conclusión es coaccionante. Más que previsible, una conclusión debe ser aceptable.

Si pasamos ahora del concepto de store al de history se debería subrayar la continuidad entre ambas. El objeto de Gallie son las acciones pasadas que han podido observarse o que pueden inferirse sobre la base de informes o memorias; la historia que escribimos es la de acciones cuyos proyectos o resultados pueden reconocerse emparentados con los de nuestra propia acción; en este sentido, toda historia es fragmento o segmento del único mundo de la comunicación; por eso esperamos de las obras de historia, aun cuando sigan siendo obras aisladas, que expresen en sus márgenes la única historia que, sin embargo, nadie puede escribir.

Esta continuidad narrativa entre store y history crea el interés de una obra de historia . Y es este interés el que asegura la continuidad entre la historia en el sentido de la historiografía y la narración ordinaria.

La lectura de estas historias de historiadores se basa en nuestra capacidad para seguir historia (stories), la seguimos de principio a fin y a la luz del desenlace prometido o entrevisto a través de la serie de acontecimiento contingentes; Correlativamente, el tema de estas historias merece contarse y sus narraciones seguirse, porque este tema se impone a nuestros intereses en cuanto seres humanos. Por estos dos rasgos, la historiografía es una especie de género historia narrada.

Por tanto toda historia se explica en principio por sí misma. Con otras palabras: toda narración responde a la pregunta ¿ por qué? Al mismo tiempo que a la de ¿ qué ?,; decir lo que aconteció es decir por qué eso aconteció.

¿Cuál es el problema de la función de las leyes en la explicación histórica? Pues no le corresponde al historiador ni deducir ni predecir, sino comprender mejor la complejidad de los encadenamientos, que, al cruzarse, convergieron en la realidad de un acontecimiento. Incluso existen campos en los que son estas contingencias las que merecen su atención. Su problema consiste precisamente en incorporar estos acontecimientos a una narración aceptable; por tanto, en inscribir su contingencia en el esquema de conjunto.

De esta primacía del concepto de followability resulta que las explicaciones no tienen otro efecto que permitirnos proseguir mejor una historia cuando se oscurece nuestra visión de su encadenamiento o cuando nuestra capacidad de aceptar la visión del autor es rebajada hasta la ruptura. Su función en la historia es de "servicio". Esta tesis sería inaceptable si no supiéramos que toda narración se explica por sí misma. En el sentido de que contar lo que ha sucedido es ya explicar por qué ha sucedido.

Toda narración histórica busca la explicación que hay que interpolar porque no ha logrado explicarse por sí misma. Por tanto, hay que encarrilarla de nuevo. Por eso, el criterio de una buena explicación es pragmático : su función es eminentemente correctiva. La explicación por razones de W. Dray respondía a este criterio; reconstruimos el cálculo de un agente cuando un curso de acción nos sorprende, nos intriga, nos deja perplejos. Escribir es re-escribir. Para el historiador, cuanto crea enigma se convierte en un desafío respecto a los criterios de lo que a su juicio, hace que pueda seguirse o aceptarse una historia.

El caso más frecuente y el más notable de refundición es aquel en que un historiador prueba una explicación que no sólo no era accesible a los actores, sino que difiere de las explicaciones ofrecidas por las historias anteriores, que se han hecho para él opacas y enigmáticas. Explicar, en este caso, es justificar la reorientación de la atención histórica, que conduce a una revisión general de todo un curso de historia. El gran historiador es el que logra hacer aceptable un nuevo modo de seguir la historia.

3. El acto configurante

Con Louis O. Mink nos acercamos al argumento principal de la concepción narrativista, según la cual las narraciones son totalidades muy organizadas que exigen un acto específico de comprensión de la naturaleza del juicio.

¿Por qué los historiadores pueden aspirar a explicar y no a predecir? Porque explicar no equivale siempre a subsumir hechos bajo leyes. En historia, explicar es a menudo operar conexiones, lo que significa explicar un acontecimiento describiendo sus relaciones intrínsecas con otros acontecimientos y situarlos en su contexto histórico.

La tarea de una visión global es comprender (los acontecimientos constituyentes) en un acto de juicio que aspira a aprehenderlos juntos más que a examinarlos seriatim. Por eso es visión global no es ni un método, ni una técnica de demostración, ni siquiera un simple organon de descubrimiento, sino forma de juicio reflexivo. ¿Por qué no se pueden separar las conclusiones de un argumento o de una obra de historiador? Porque es la narración considerada como un todo la que sustente estas conclusiones. Y más que demostrarlas, el orden narrativo las exhibe: La significacion efectiva la proporciona el texto total.

¿Por qué ciertos acontecimientos históricos pueden ser únicos y semejantes a otros? Porque similitud y unicidad se acentúan alternativamente en función de los contextos disponibles. De nuevo, la comprensión histórica viene a significar comprender un acontecimiento complejo al captar juntos estos acontecimientos en un juicio total y sinóptico, que ninguna técnica analítica puede reemplazar. El problema del historiador… "se hace inteligible… si se distingue en él el intento de comunicar la experiencia consistente en ver-las-cosas. Juntas en el estilo necesariamente narrativo en que una-cosa-viene-después-de-la-otra".

El historiador cultiva el hábito especializado de comprender lo que convierte en conexiones a multitud de acontecimiento y lo que subraya y acrecienta el alcance del juicio sinóptico en nuestra reflexión sobre la experiencia. Su misión no es acentuar los accidentes, sino reducirlos. El historiador sube continuamente las pistas retrocediendo: No hay contingencia en la progresión regresiva. Sólo cuando narramos de nuevo la historia, nuestra marcha hacia delante vuelve a pasar por el camino ya recorrido hacia atrás.

Esta inteligibilidad retrospectiva descansa en una construcción que ningún testigo hubiera podido realizar cuando se produjeron los acontecimientos, ya que este camino regresivo le era inaccesible entonces.

La segunda observación de Mink es que "Gallie quiere transferir la apertura y la contingencia de nuestro futuro presente a la narración de los acontecimientos pasados, ya que, según él, no podemos concebirlos sino como habiendo sido futuros una vez. Con esto, Gallie profesaría una ontología errónea del tiempo, basada en el principio de que pasado y futuro no son categóricamente diferentes entre sí, pues el pasado consiste en futuro pasado y el futuro, en pasado futuro.

El punto fuerte de este artículo es construir el modo configurante. Es propio del modo configurante el colocar elementos en un complejo único y concreto de relaciones. La comprensión en sentido amplio se define como el acto de aprehender juntos en un solo acto mental cosas que no se experimentan juntas. La capacidad de producir este acto es la condición necesaria (aunque no suficiente) de la comprensión. La comprensión es el acto individual de ver-cosas-juntas y nada más. El totum simul que Boecio atribuye al conocimiento que Dios tiene del mundo sería seguramente el grado más elevado de la comprensión configurante.

4.- H. White o la metahistoria

Hay un segundo presupuesto: El acercamiento entre y ficción entraña otro entre historia y literatura. Pide que se tome en serio la caracterización de la historia como escritura. La escritura de la historia. Es constitutiva del modo histórico de comprensión. La historia es intrínsecamente historio-grafía o, un artificio literario.

Tercer presupuesto. Debe replantearse la frontera trazada por los epistemólogos entre la historia de los historiadores y la filosofía de la historia en cuanto que, por una parte una gran obra histórica muestra una visión de conjunto del mundo histórico, y por otra, las filosofía de la historia recurren a los mismos medios de articulación que las grandes obras históricas. Su autor llama Metahistory a esta poética de la historiografía, para distinguirla de la epistemología basada en el carácter de inquirí de la historia. Sólo la metahistoria puede atreverse a considerar las narraciones históricas como ficciones verbales.

La metahistoria debe romper dos resistencias: la de los historiadores, que sostienen que el corte epistemológico entre la historia y la narración tradicional y mítica aleja a la primera del círculo de la ficción y la de los críticos literarios, para quienes la distinción entre lo imaginario y lo real es una evidencia fuera de duda.

En un artículo, White coloca la trama entre la historia narrada y el argumento. Store se emplea aquí en un sentido limitativo (telling stories), en el sentido de una narración esencialmente secuencial, con comienzo, medio y fin.

Parece que para H. White, la delimitación entre store y plot (trama), es más necesaria en historia que en crítica literaria, ya que, en historia, los acontecimientos que constituyen la línea de la historia narrada no los produce la imaginación del historiador, sino que están sometidos a los procedimientos de la prueba.

Así, pues, esta distinción no siempre es fácil de mantener, en cuanto que la storye es ya un modo de organización, por lo que se distingue de una simple crónica de acontecimientos y se organiza según motivos o temas que unifican y delimitan en ella subconjuntos. Por eso, la historia narrada es ya capaz de un efecto explicativo.

La construcción de la trama conserva un efecto explicativo distinto de la historia narrada, en el sentido de que explica no los acontecimientos de la historia narrada, sino esa misma historia, al identificar la clase a la que pertenece.

El historiador argumenta de modo formal, explícito, discursivo. Pero los partidarios del modelo nomológico no han visto que el campo de la argumentación es mucho más amplio que el de las leyes generales, tomadas de ciencias conexas, ya constituidas fuera del campo histórico. El historiador posee su forma propia de argumentar, que pertenece también al campo narrativo. Y estos modos de argumentar son numerosos, hasta el punto de exigir una tipología. Distingue cuatros grandes paradigmas:

  • formista
  • organicista
  • mecanicista
  • contextualista

La historia no es una ciencia; a lo más es una proto-ciencia que incluye en su constitución elementos no científicos específicamente determinables. En realidad, la explicación por estos grandes paradigmas linda con la explicación por implicación ideológica, que metahistory coloca en el quinto rango de las estructuras narrativas. White distingue este último modo explicativo del anterior por la postura ética propia de un modo particular de escribir la historia. El modo ideológico de explicación posee también una estructura conflictiva que exige una tipología apropiada. Postula cuatro actitudes ideológicas fundamentales: anarquismo, conservadurismo, radicalismo y liberalismo. Reintroduce así, por el rodeo del concepto posmarxista de ideología, componentes del conocimiento histórico continuamente recalcados por la tradición del vesteben: la implicación del historiador en el trabajo histórico, la consideración de los valores y el vínculo de la historia con la acción en el mundo presente. Las preferencias ideológicas, que se apoyan en último término en el cambio social, conciernen a la metahistoria y a la construcción del modelo verbal por el que la historia ordena acontecimientos y procesos en narraciones.

Así en enmarcada por el hilo de la historia (plano desdoblado a su vez en crónica y cadena de motivos) y por el argumento (Igualmente desdoblado en argumentos formales y en implicaciones ideológicas) la construcción de trama adquiere en H. White un sentido estricto y restrict6ivo, que permite asegurar que ella no es el todo de la estructura narrativa y es, sin embargo, su eje principal.

Por invención de trama (emplotment) entiende el autor mucho más que la simple combinación entre el aspecto lineal de la historia narrada y el aspecto argumentativo de la tesis defendida; entiende el tipo (kina) al que pertenece la historia narrada. Los paradigmas tienen un importante papel en la ordenación de la trama. La construcción de la trama así concebida constituye un modo de explicación: la explicación por invención de la trama. Explicar en este caso es proporcionar un guía para identificar progresivamente el tipo de construcción de la trama. Consiste en proporcionar el sentido de una historia identificando el tipo de historia que se ha contado.

H. White toma la tipología de la deconstrucción de la trama de la anatomía de la crítica de Drye: novelesca, trágica, cómica, satírica.

¿Qué beneficio puede sacar la epistemología del conocimiento histórico de esta distinción entre tales modos de explicación (y sus efectos explicativos correspondientes) y de las tres tipologías propuestas en el plano de la trama, del argumento y de la ideología respectivamente? Fundamentalmente, una teoría del estilo historiográfico, si entendemos por estilo una intersección notable entre las potencialidades abiertas por las diversas categorías narrativas implicadas.

Ver 283

Para H. White un estilo historiográfico representa una combinación particular entre modos de construcción de la trama de argumento y de implicación ideológica. El estilo es más bien un juego flexible entre afinidades: la tensión dialéctica que caracteriza a la obra de todo gran historiador proviene de ordinario de un esfuerzo por armonizar un modo de construcción de la trama con un modo de argumento o de implicación ideológica que es no consonante con él.

La triple tipología sobre la que descansa esta teoría del estilo historiográfico no reivindica ninguna autoridad lógica. Los modos de construcción de la trama, en particular, son los resultados de una tradición de escritura que les ha dado la configuración que el historiador pone en práctica. Este aspecto de tradicionalidad es, en definitiva, el más importante: el historiador, como escritor, se dirige a un público capaz de reconocer las formas tradicionales de arte de narrar. Son las formas de una herencia cultural. La codificación de los acontecimientos con arreglo a una u otra estructura de intriga es uno de los procedimientos de que dispone una cultura para conferir un sentido un pasado personal o público. De este modo, la codificación se ordena más por los efectos de sentido esperados que por el material que hay que codificar. En efecto de sentido consiste esencialmente en hacer familiar lo no-familiar. La codificación contribuye a ello en la medida en que el historiador comparte con el público la inteligencia de las formas que deben tomar las situaciones humanas significativas en virtud de la participación del historiador en el proceso específico de formación del sentido, que hacen del miembro de una herencia cultura y no de otra.

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Última actualización: Mayo 2006
 

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