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Autor: Carlos Andrés
La forma dialogada
De Marzoa (4.1)
La filosofía posterior a Aristóteles asume la forma literaria enunciativa (apofántica) o proposicional (Incluso axiomática, como Descartes). Los diálogos de Platón son obviamente diferentes. En aquella época esa prosa enunciativa no es norma, ni siquiera existe como modelo, y en concreto Platón la rehuye continuamente.
El diálogo de Platón se parece literariamente más al teatro y consiste en una discusión, que favorece el distanciamiento frente al modelo enunciativo. Platón tiene una serie de recursos estilísticos para evitar este modelo además del propio diálogo, por ejemplo la narración de mitos o la referencia a otros autores. Es decir, el modelo enunciativo actúa, pero como modelo a evitar.
Para Platón esa forma es apropiada para el saber ordinario, el de las cosas, el de la opinión o doxa, pero el saber filosófico consiste precisamente en la ruptura con ese modo de saber.
Por el mismo motivo Platón considera que el saber filosófico no puede ser «escrito». Evidentemente puede ser materialmente escrito, como cualquier conversación, pero no puede consistir en la fijación de tesis o proposiciones enunciativas. El diálogo pretende distanciarse de ello.
En la concepción apofántica del saber, es preciso distinguir el nombre (onomos) y el tema (tema), que es lo que se dice del nombre. No pueden separarse, ya que no se puede nombrar algo si no es para decir algo de el. Por tanto asignamos a algo la calidad de ente al nombrarlo solo si decimos algo de el (tema). Solo es aquello a lo que pueden atribuírsele predicados.
Esto le lleva a preguntarse por lo que hace que las cosas sean, lo que enlaza con Sócrates, que preguntaba «¿Qué es...?».
Para Platón lo que hace que las cosas sean lo que son (lo que da la calidad de ente de ser a las cosas) es el eidos, que no es el ser sino lo que hace que las cosas sean. Es decir, el eidos que da el ser a las cosas es un presupuesto necesario para la tematización, pero el eidos mismo no se deja tematizar.
El asunto de la filosofía es precisamente el eidos. Saber óntico–saber ontológico. Pero entonces, la filosofía se encuentra en una aporía, porque al intentar definir el eidos del eidos (el ser de lo que da el ser a las cosas) incurrimos en contradicción, ya que antes de tematizar algo, ese algo debe ser, pero el ser de ese algo no se puede tematizar.
De ahí que esa pregunta sobre el ser, sobre que es ser... acabe generalmente en fracaso, se eliminan algunas concepciones del ser... pero se es incapaz de construir positivamente.
(En Marzoa sigue el punto 4.1, p. 100)
Los diálogos socráticos.
La formulación clásica de la teoría de las ideas en los diálogos de madurez
Crisis y autocrítica de la teoría de las ideas
http://plato.evansville.edu/intro.htm
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Última actualización: Mayo 2006
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