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Historia Medieval de España

Tema XXXVI: EL REINADO DE LOS RR.CC.

Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

Autor:Anónimo

El reinado de los RR.CC. es de importancia fundamental en la historia de España; en tanto que para unos autores pone fin a la E.M. española, para otros supone el comienzo de la Modernidad. Lo más lógico es, probablemente, contemplarlo como un período de transición entre una y otra edades históricas.

El restablecimiento de la autoridad regia (en grave quebranto desde el advenimiento al trono de la dinastía Trastámara), fue uno de los mayores logros de Fernando e Isabel, acompañado de un importante impulso al proceso de reorganización institucional y administrativa y de un significativo esfuerzo por la reconstrucción de la economía. La culminación de la empresa reconquistadora y el establecimiento de las bases para la inmediata expansión española en el mundo son también logros achacables a la política de los RR.CC.

A. POLÍTICA PENINSULAR

29. LA GUERRA DE SUCESIÓN

Hay que tener en cuenta el problema sucesorio de Enrique IV de Castilla, atendiendo a las circunstancias que provocaron tal situación y a los primeros intentos de solución del mismo. Habrá que señalar las líneas más generales de la evolución de los acontecimientos tras la muerte del monarca.

Inmediatamente después de la muerte de Enrique IV, Isabel fue proclamada reina de Castilla en Segovia, ciudad que le era adicta desde hacía tiempo. Mediante la sentencia arbitral de Segovia (1475) se creaba una fórmula de gobierno conjunto de Fernando e Isabel para Castilla (en los sellos y en las monedas que se acuñaran figurarían ambos reyes), y acto seguido se enviaban mensajeros a las principales ciudades del reino animándolas a prestar juramento a la nueva soberana.

La rápida actuación del partido isabelista obligó a los nobles y a las ciudades a tomar partido ante una situación de hecho. Ciudades como Ávila, Valladolid, Tordesillas o Toledo reconocieron sin dificultades a Isabel como reina; por el contrario, Burgos, Zamora y la mayor parte de las ciudades del sur del reino se opusieron a Isabel o quedaron a la expectativa de los acontecimientos. La nobleza también se dividió: en tanto que los Mendoza, los Enríquez, los Velasco o los Pimentel se adhirieron al partido isabelista, los Stúñiga o los Girón apoyaron la candidatura de Juana.

La guerra de sucesión castellana tuvo importantes connotaciones internacionales: Aragón, Borgoña e Inglaterra apoyaron a Fernando e Isabel, mientras Portugal y Francia se situaron del lado de Juana.

En mayo de 1475 Alfonso V de Portugal invadió Castilla, al tiempo que los nobles partidarios de Juana se lanzaban a la ofensiva. Los aparentes éxitos iniciales de los adversarios de Isabel fueron contrarrestados desde marzo de 1476 por una campaña de Fernando, quien asedió Burgos y Zamora y derrotó a los portugueses en Toro. La guerra se prolongó aún durante 3 años, pero Fernando e Isabel consolidaron poco a poco sus posiciones, al tiempo que se disolvía el partido que apoyaba a Juana y se desvanecía el apoyo francés a esta causa.

El tratado de Alcaçovas (septiembre de 1479) puso fin de forma definitiva a las hostilidades: Portugal reconoció a Fernando e Isabel como reyes de Castilla, renunciando a toda pretensión dinástica. Como contrapartida, Castilla se comprometió a no interferir en la expansión portuguesa por el África occidental.

La importancia de este tratado es enorme, no sólo porque puso las bases de una futura alianza dinástica de las monarquías portuguesa y castellana (se acordaba el matrimonio de la infanta Isabel hija RR.CC., con el infante Alfonso, heredero de la corona portuguesa), sino también porque al cortar a Castilla el paso hacia África la obligó a buscar nuevas rutas marítimas, propiciando el descubrimiento de América. Juana « la Beltraneja» por su parte, profesó en el convento de Santa Clara de Coimbra.

También en el año 1479 murió el rey Juan II de Aragón, siendo sucedido por su hijo Fernando II, dando un paso decisivo el proceso que conducía a la unidad de Castilla y la corona de Aragón.

30. LAS REFORMAS DE LA ADMINISTRACIÓN

Concluida la guerra de sucesión, los RR.CC. pusieron en marcha en el reino de Castilla un programa de reformas internas, con el fin de garantizar la paz que contribuyera al reforzamiento de la autoridad regia y la reconstrucción económica. Para ello, el primer paso consistía en el sometimiento de la nobleza a su autoridad. La política de los monarcas en relación con la nobleza se puede resumir en dos ideas básicas: el mantenimiento de su poder económico y de su prestigio social y la sumisión incondicional a la autoridad regia (son significativas a este respecto las decididas acciones llevadas a cabo contra los Guzmán y los Ponce de León sevillanos y contra la nobleza gallega, así como la incorporación a la corona de buen número de villas del marquesado de Villena); por tanto, la actuación política de la nobleza quedó supeditada a la monarquía.

El inmenso poder de las Órdenes Militares fue absorbido por la monarquía, al recabar para el rey Fernando el cargo de gran maestre de las distintas Órdenes, a medida que iban quedando vacantes. De este modo las Órdenes, con sus inmensas rentas, pasaron a ser administradas directamente por la corona.

La autoridad regia se impuso también de forma decidida a los municipios, extendiéndose el régimen de corregidores, oficiales regios encargados de supervisar la gestión municipal.

El Consejo Real, reorganizado en las Cortes de Toledo de 1480, adquirió un papel preponderante en la gobernación del reino. Letrados expertos en Derecho romano fueron quienes llevaron el peso fundamental de este órgano de gobierno, contribuyendo poderosamente al reforzamiento de la autoridad regia.

En la misma línea, las Cortes perdieron gran parte de su peso político y fueron reunidas en escasas ocasiones a lo largo de todo el reinado de los RR.CC., cuando era preciso la votación de nuevos impuestos directos extraordinarios (servicios) o cuando hubo que preparar la sucesión al trono. Las Cortes fueron también utilizadas por los monarcas al comienzo de su reinado como firme apoyo a su proyecto de reorganización del Estado, frente a las pretensiones nobiliarias; son particularmente importantes en este sentido las Cortes de Madrigal de 1476 y las de Toledo de 1480.

Otro paso en la política de reforzamiento de la autoridad regia fue la reestructuración de la Hermandad, llamada desde entonces Santa Hermandad, cuyo papel fue fundamental para garantizar el orden y la seguridad en territorios despoblados. La Santa Hermandad terminó convirtiéndose en un organismo estable a cuyo sostenimiento colaboraban todos los concejos castellanos que formaban las « cuadrillas locales» .

Los RR.CC. procedieron asimismo a la reorganización de la administración judicial. A la Audiencia y Chancillería de Valladolid (alto organismo de justicia encargado de tramitar en última instancia los procesos civiles y criminales) se unió otra en Ciudad Real (para todos los territorios situados al sur de Sierra Morena) que, más tarde, fue trasladado a Granada. Galicia contó también con una Audiencia propia, dependiente de la de Valladolid.

Del mismo modo, los monarcas impulsaron una importante tarea de recopilación jurídica (dirigida por el legista Montalvo), que supuso el primer intento de superar la confusión de la legislación medieval y ofrecer a los jueces unas referencias mucho más precisas.

En la corona de Aragón Fernando el Católico puso también en marcha una política tendente a reforzar el autoritarismo regio que, sin embargo, tuvo que acomodarse a las peculiares características de cada una de las unidades políticas que la integraban. En Cataluña, donde mayores podían ser las resistencias a la monarquía autoritaria, Fernando consiguió la permanencia de las instituciones propias, aun cuando limitando sus competencias; el rey intervino activamente en el nombramiento de los cargos municipales de Barcelona y de los diputados de la Generalitat.

Las Cortes fueron aquí también convocadas en muy pocas ocasiones (entre 1481 y 1515 sólo siete veces en Aragón, una en Valencia y seis en Cataluña), por su abierta oposición al gobierno de Fernando.

Desde el punto de vista institucional, la principal novedad afecta a la administración de justicia. La Cancillería (órgano máximo de la administración de justicia) se dividió: una parte se adscribió a los distintos reinos como órgano judicial y otra parte se integró en el Consejo Real de Aragón, quedando a su cargo el estudio de las disposiciones relativas a los diferentes estados de la Corona.

31. LA GUERRA DE GRANADA

Tras la ocupación del valle del Guadalquivir, la empresa reconquistadora quedó prácticamente detenida durante más de un siglo, posibilitando la pervivencia del reino nazarí de Granada. Una vez concluida la guerra de sucesión al trono y suscrita la paz con Portugal, y habiendo puesto en marcha el proceso de reorganización institucional en las Cortes de Toledo de 1480, los RR.CC. se mostraron decididos a retomar las operaciones militares que les permitieran hacerse con el reino granadino.

El pretexto para el inicio de las hostilidades lo dieron los granadinos, al apoderarse a fines de 1481 de Zahara. La reacción cristiana no se hizo esperar y se expresa en la toma de Alhama (febrero de 1482); desde este momento las habituales escaramuzas fronterizas entre cristianos y musulmanes se transformaron en una guerra auténtica, cuya duración fue de 10 años.

Entre 1482 y 1485 los castellanos fracasaron en varias operaciones militares para apoderarse de Loja y de Málaga, aunque conquistaron Álora en 1484. La primera etapa de la guerra se caracterizó por las periódicas campañas de tala y saqueo de la Vega granadina y por el aprovechamiento de las interminables discordias civiles granadinas para provocar la división interna.

Desde 1483 se aprecia una organización mucho más eficaz, que se manifiesta en la conquista de Ronda (mayo de 1485). Las operaciones militares castellanas (con el apoyo de numerosos caballeros borgoñones, franceses e ingleses) se centraron en el territorio de la actual provincial de Málaga. Las disensiones internas granadinas concluyeron con la abdicación del rey Muley Abdullassan a favor de su hermano El Zagal, agravándose los enfrentamientos entre éste y el hijo de aquél, Boabdil, quien fue apoyado por los RR.CC. En agosto de 1487 cayó la ciudad de Málaga, sitiada desde el mes de mayo, lo que supuso un gran triunfo del ejército castellano.

La última fase de la guerra vino marcada por el enfrentamiento entre el Zagal y Boabdil, y se inició con una serie de operaciones lanzadas desde Murcia que permitieron la toma de Vélez Blanco, Vélez Rubio, Mojácar, Baza, Guadix y Almería; sólo permanecía la ciudad de Granada, mantenida por Boabdil. Los RR.CC. reunieron importantes medios financieros y establecieron el cuartel general de las operaciones en el Real de Santa Fe, donde se instalaron desde junio de 1491 hasta la ocupación de la ciudad de Granada el 2 de enero de 1492.

La guerra de Granada exigió un importante esfuerzo militar y económico, que se materializó en la recaudación de impuestos extraordinarios, como la bula de cruzada, y en el obligado endeudamiento de la hacienda regia con nobles, monasterios, ciudades o financieros particulares.

El reino de Granada quedó vinculado a Castilla, y los grandes dominios territoriales fueron confiscados y repartidos entre los municipios y los representantes de la alta nobleza que habían participado en las operaciones militares. La capital del reino recibió un trato privilegiado, porque la ocupación fue precedida de un acuerdo de los RR.CC. con Boabdil, por el que se comprometían a respetar la vida y los bienes de los musulmanes, su religión, sus leyes y sus costumbres.

El acuerdo de rendición fue respetado en los primeros años, mientras estuvo al frente del arzobispado de Granada fray Hernando de Talavera, quien llevó a cabo una campaña de evangelización basada en la persuasión de la palabra. Pero en 1499 fue relevado por Cisneros, quien se mostró mucho más enérgico con los mudéjares y con los moriscos que mantenían costumbres islámicas, provocando una revuelta en el barrio del Albaicín que fue rápidamente sofocada por el conde de Tendilla, capitán general del reino de Granada. Las conversiones al cristianismo se multiplicaron pero, entre tanto, se produjo una revuelta mudéjar en las Alpujarras, que sólo pudo ser sofocada en mayo de 1501. Unos meses después, en febrero de 1502, y como reacción frente a dicha sublevación, los RR.CC. dieron una pragmática en la que se obligaba a los mudéjares de todo el reino a elegir entre la conversión al cristianismo o el exilio.

Concluida la toma de Granada, los RR.CC. pudieron intervenir en otros ámbitos geográficos peninsulares, en los que chocaron de forma inexorable con Francia.

32. ROSELLÓN Y CERDAÑA

Francia había aprovechado las dificultades internas de la corona de Aragón para imponer su autoridad sobre los condados del Rosellón y la Cerdaña, desde hacía mucho tiempo motivo de fricción entre franceses y catalano-aragoneses. En 1463, y como compensación por el apoyo de Luis XI de Francia frente a la revuelta catalana, Juan II le hizo entrega de ambos territorios; pero desde este momento fue una aspiración permanente de Juan II y de su sucesor Fernando II su recuperación.

La ocasión se le presentó a Fernando II con motivo del enfrentamiento surgido por el dominio de Bretaña (1484-91), en el que intervinieron las principales potencias europeas: Francia, Borgoña e Inglaterra. España se situó al lado de Borgoña e Inglaterra, frente a Francia, con el decidido propósito de recuperar los condados pirenaicos. Pese al fracaso español en la guerra de Bretaña, deseosos los franceses de romper la triple alianza anglo-hispano-borgoñona, y conocedores de la decidida voluntad de Fernando el Católico de recuperar el Rosellón y la Cerdaña, propiciaron un acuerdo de paz, suscrito en Tours y Barcelona, en enero de 1493. Los RR.CC. establecían la alianza con Francia y suspendían las negociaciones matrimoniales que tenían en marcha con Inglaterra y Borgoña, obteniendo a cambio el compromiso de la devolución de los condados pirenaicos, que se hizo efectivo en septiembre de 1493.

33. LA ANEXIÓN DE NAVARRA

La rivalidad franco-castellana permitió también al rey Católico anexionar el reino de Navarra. Navarra había permanecido al margen de los conflictos europeos, pero mantenía una política de amistad con Francia que preocupaba a Fernando II. El monarca español reclamó a Juan III y Catalina de Albert, reyes de Navarra, la confirmación del tratado de paz que mantenían y la entrega de ciertas plazas fuertes navarras mientras durara el conflicto franco-castellano, como mejor garantía de que los reyes navarros no permitirían el paso de tropas francesas. Pese a que los tratados de paz fueron confirmados, los monarcas navarros se negaron a entregar las plazas solicitadas, por lo que Fernando el Católico ordenó al duque de Alba y al conde de Lerín la ocupación del reino de Navarra que se materializó en 1512.

En marzo de 1513 el virrey castellano Diego Fernández de Córdoba reunió las Cortes navarras en Pamplona y juró los fueros en nombre del rey Fernando II, quien fue reconocido como rey de Navarra (en este reconocimiento tuvo un papel fundamental el matrimonio de Fernando, en segundas nupcias, con Germana de Foix). En 1515 las Cortes de Castilla, reunidas en Burgos, aceptaron la integración permanente de las coronas de Navarra y Castilla.

Pese a que la Navarra ultrapirenaica (merindad de Ultrapuertos, en torno a Pau) quedó bajo dominio francés, la incorporación del reino navarro llevó la vieja aspiración de los RR.CC. de lograr la unidad hispánica. Como los restantes reinos, Navarra siguió rigiéndose con arreglo a sus propias instituciones.

B. POLÍTICA EXTERIOR

34. LA CONQUISTA DE LAS ISLAS CANARIAS

En los primeros años del XV, el rey Enrique III había patrocinado la conquista de las Islas Canarias « menores» : entre los años 1402 y 1404 un grupo de caballeros normandos, al mando de Jean de Bethercourt y de Gadifer de la Salle, ocuparon para Castilla las islas de Lanzarote, Fuerteventura y parte de la de El Hierro. En torno a 1420 los linajes sevillanos de Las Casas y Peraza se hicieron con el señorío de estas islas, completaron la conquista de El Hierro y se apoderaron también de la de La Gomera. Algunos decenios después, y en el marco de la pugna luso-castellana por el dominio del Atlántico, los RR.CC. se interesaron por proseguir la conquista de las Islas Canarias; como primer paso, compraron a los señores de Canarias, Diego de Herrera e Inés Peraza, el derecho de conquista sobre las islas « mayores» , aún no ocupadas: La Palma, Tenerife y Gran Canaria. Asimismo, en el tratado de Alcaçovas (1479) se garantizaban los derechos de los portugueses a la conquista de toda África, excepto las Canarias y una estrecha franja litoral que se extendía desde el cabo Bojador hasta el límite con el reino de Fez, que quedaban para Castilla.

La conquista de Gran Canaria fue iniciada por un pequeño ejército financiado por Juan de Frías, obispo de Lanzarote, y capitaneado por Juan Rejón, quien estableció en 1478 el real de Las Palmas. La ocupación total de la isla no tuvo lugar hasta 1483, tras las operaciones militares dirigidas por Pedro de Vera, capitán general, corregidor y alcaide, y financiada por la propia corona y por el marino y mercader genovés Pedro Fernández Cabrón. La conversión al cristianismo del Guanartene de Gáldar, Tenesort Semidam (llamado en lo sucesivo Fernando Guanarteme), aceleró la ocupación de la isla. Una vez conquistada, se procedió al reparto de la tierra entre los conquistadores.

La isla de La Palma fue sometida fácilmente por alonso Fernández de Lugo entre septiembre de 1492 y mayo de 1493, apoyándose en las parcialidades de los indígenas ya cristianizados. Al igual que para la conquista de La Palma, Fernández de Lugo dispuso de capital italiano (principalmente genovés) para la empresa de Tenerife. Iniciadas las operaciones militares en abril de 1494, los castellanos encontraron una muy fuerte resistencia (sufrieron una terrible derrota en mayo de 1494 en Acentejo), que sólo pudo ser vencida en noviembre de 1495 con las victorias obtenidas en Agüere (donde se fundó la ciudad de San Cristóbal de la Laguna) y en Acentejo sobre los guanches dirigidos por el mencey Benitomo. La ocupación total de la isla no se consiguió hasta mayo de 1496, cuando fueron sometidos los últimos reyes o menceyes insumisos.

35. LA EMPRESA AMERICANA

Desde el XIII se habían producido algunos avances importantes en las técnicas de navegación, que facilitaron el descubrimiento de América, al permitir una navegación de altura: el uso de la brújula y del astrolabio permitían el alejamiento de la costa y la carabela era un nuevo tipo de barco mucho más apto para la navegación en las aguas atlánticas.

La experiencia de los marinos cántabros y portugueses y la localización geográfica de la Península Ibérica convirtieron a Castilla y Portugal en los reinos mejor situados para llevar a cabo esta aventura. Las expediciones atlánticas fueron impulsadas por diversos factores económicos (especialmente la búsqueda del oro) y animadas por las colonias de mercaderes y financieros italianos establecidas en distintas ciudades de la Península Ibérica.

Diversos acuerdos y tratados de paz entre Castilla y Portugal, suscritos a lo largo de la 2ª ½ del XV, se habían ocupado de regular los derechos a la expansión africana, en la que Portugal cobró clara ventaja. Precisamente fue la intensa dedicación portuguesa a la expansión por el África islámica el motivo que llevó a los monarcas lusos a no prestar atención a los proyectos de Colón, que ofrecían la posibilidad de alcanzar las « Indias» navegando hacia occidente.

Concluida la guerra de Granada, los RR.CC. y algunos miembros de la alta nobleza (duque de Medinaceli) se decidieron a patrocinar la expedición de Colón. Las razones para el apoyo decidido de la corona, fundamental para el éxito de la empresa, fueron de diversa índole: económicas (búsqueda del oro, potenciación del comercio), religiosas (deseo de extender el cristianismo), intelectuales (ansia de ampliar conocimientos).

La expedición, compuesta por una nao y dos carabelas, partió del puerto de Palos el 3 de agosto de 1492 y, tras una parada en las Islas Canarias, alcanzó la isla de Guanahaní, en las Bahamas, el 12 de octubre. Posteriormente se hicieron otros descubrimientos, entre los que destaca el de la isla de la Española (actual Santo Domingo).

En virtud de las convenciones firmadas antes de la partida, Colón tomaba posesión de las tierras descubiertas en nombre de los reyes de España, recibiendo los títulos de almirante de la mar océana y virrey y gobernador perpetuo de todas las tierras e islas que descubriera cien leguas al oeste de las islas de Cabo Verde y de las Azores.

Tras el primer viaje de Colón, hubo otros muchos, en los que se prosiguió la tarea de descubrimiento de nuevas tierras, iniciándose también la puesta en explotación de las mismas. Con el deseo de reservarse el monopolio en la colonización de « las Indias» , los RR.CC. firmaron con Portugal el tratado de Tordesillas (7 de junio de 1494) en el que se delimitaban las zonas de expansión de España y Portugal en el Atlántico occidental; una línea teórica que se extendía de polo a polo, a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, dividiría las tierras descubiertas o por descubrir: todo lo situado al oeste de esta línea quedaba para España, en tanto que lo situado al este de la misma (excepto las Islas Canarias) era para Portugal.

36. LA PRESENCIA EN EL NORTE DE ÁFRICA

Los RR.CC. se propusieron la conquista de diversas plazas del N de África que impidieran las siempre temidas razzias musulmanas sobre las costas andaluzas y que, al mismo tiempo, aseguraran mejor la defensa del recién conquistado reino de Granada.

Los objetivos principales eran Melilla y Orán. Melilla fue conquistada en el año 1497 por el duque de Medina Sidonia, quien la recibió en « tenencia» . La conquista de Orán hubo de aplazarse con motivo de la guerra contra los turcos en 1501 y de la 2ª guerra de Nápoles. En 1505 fue conquistada Mazalquivir, en 1508 el Peñón de los Vélez de la Gomera y en 1509 Orán; en 1510 fueron asaltadas Bugía y Trípoli.

Asimismo, los reyes se interesaron por establecer puestos fronterizos en la costa norteafricana, con el fin de proteger el sector pesquero al que acudían a faenar los castellanos desde Canarias. Estas operaciones fueron llevadas a cabo por los gobernadores castellanos de las Islas Canarias.

Pero África ocupó siempre un lugar secundario en los objetivos políticos y militares de los RR.CC. Estas empresas tuvieron siempre unos objetivos muy limitados, consistentes en disponer de plazas y puestos fortificados en la costa desde los que poder prevenir los ataques o actos piráticos de los musulmanes norteafricanos y que, al mismo tiempo, sirvieran como plataformas para el comercio castellano hacia el interior del Magreb.

37. LA POLÍTICA EUROPEA DE LOS RR.CC.

Concluida la guerra de Granada, los RR.CC. quedaban libres para desplegar una auténtica política europea, que orientarán en dos direcciones: los Pirineos e Italia. En ambos espacios geográficos los intereses españoles chocaban con los de Francia, lo que influyó en un acercamiento de los RR.CC. a Inglaterra y a la casa de Borgoña, mediante el establecimiento de alianzas dinásticas.

Por lo que se refiere a la política europea, fueron los intereses de la Corona catalano-aragonesa los que marcaron las directrices. Tradicionalmente Castilla y Francia habían mantenido a lo largo de la Baja E.M. una política de alianzas y amistad, mientras las relaciones franco-aragonesas habían sido muy distintas: rivalidad y continuos enfrentamientos en los Pirineos, en el Mediterráneo y en Italia. En este contexto, los RR.CC. asumieron los objetivos de la diplomacia aragonesa, de forma que la política europea de Fernando e Isabel vino marcada por una profunda rivalidad con Francia.

La entrada de los RR.CC. en la política internacional europea fue preparada concienzudamente desde los años 80 mediante una política de alianzas matrimoniales. En noviembre de 1490 contrajeron matrimonio el príncipe heredero Alfonso de Portugal y la hija primogénita de los RR.CC., Isabel; la muerte del príncipe portugués poco tiempo después no rompía, sin embargo, los proyectos de enlace dinástico hispano-portugués.

La política de acercamiento a Inglaterra, en la que estaban especialmente interesados los mercaderes y marinos vascos y cántabros, se sellaba con un acuerdo de marzo de 1489 sobre colaboración militar y comercial, en el que se contemplaba el futuro matrimonio del heredero inglés Arturo con la infanta Catalina, hija de los RR.CC.

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Última actualización: Agosto 2005
 

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