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Historia Medieval de España

Tema XXXIV: EL REINO DE PORTUGAL

Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

Autor:Anónimo

A. SESMARÍAS Y COMERCIO PORTUGUÉS

Portugal tiene, como en el caso castellano, desde finales del XIII, un tema político recurrente: la afirmación del poder monárquico frente a los nobles, que se mezcla con temas sociales y económicos por el papel ejercido por los burgueses de Oporto y Lisboa. Hay que añadir, además, las revueltas de los eclesiásticos que se remontan a tiempos de Alfonso III y no terminan con la muerte del rey. Los reinados de Dionís (1279-1325) y de Alfonso IV (1325-1357) conocen tanto el reforzamiento del poder monárquico como la contestación de los grupos sociales que se resisten a él. Los Inquiriciones o pesquisas ordenadas por el rey Dionís para conocer la legitimidad de los derechos señoriales pueden ser el origen de esa contestación.

En ambos reinados los reyes portugueses intervinieron en Castilla, generalmente, apoyando a los rebeldes, que también es una manifestación de independencia de Portugal junto con hechos como la creación de una universidad, la de Lisboa, que evitaba la dependencia salmantina. Alfonso IV también ayudó a los rebeldes castellanos, pero otro problema adicional fue el matrimonio de su hijo Pedro I y la afición del heredero por Inés de Castro quien fue asesinada, lo que acabó por provocar la guerra civil entre grupos nobiliarios. El malestar de los nobles se sigue perfectamente por las Cortes a lo largo de todo el XIV. Destaca la convocatoria de 1340, pero aquellas revueltas nobiliarias no impidieron sus actividades en Flandes, Inglaterra y Francia con gran éxito.

Desde 1349 los concejos y ciudades fueron protagonistas en el reino al preconizar Alfonso IV un fuerte intervencionismo en los municipios para evitar la despoblación, causa directa de los efectos de la peste. Las disposiciones no funcionaron y las Cortes de Lisboa de 1352 mostraron el descontento de los concejos que culparon a clérigos, nobles, jornaleros y hasta judíos.

Pedro I (1357-1367) y Fernando I (1367-1383) llevaron a cabo una política de pacificación interna y de protección a la agricultura y el comercio a pesar de las divisiones políticas que se observan dentro del Consejo Real. La división se refiere, básicamente, a los partidarios de la colaboración con Francia (nobles) y los que apoyan, por intereses comerciales a Inglaterra (concejos, burgueses). Las diferentes Cortes repiten las quejas y agravios e intentan aportar la solución a los problemas internos portugueses. Pedro I logró reunir un importante tesoro más tarde dilapidado en la guerra contra Castilla. La devaluación de la moneda que siguió al agotamiento de las reservas tuvo consecuencias en el alza de los precios y salarios. Esto incitó a la especulación, cosa que intentaron evitar las leyes aprobadas en las Cortes de 1372 y 1375, de gran importancia, conocidas como las « Leyes de las Sesmerías» . La ley pretende evitar la escasez de cereales y su carestía, incrementar el número de campesinos y de ganado de labor para atender mejor a la población y ofrecer estímulos a los agricultores. Muchas son las disposiciones de estas Leyes de las Sesmerías, destacando las que obligan a poner a los propietarios en cultivo sus tierras, directa o indirectamente, o a vender el grano a precio señalado. Las bandas de mendigos y desocupados se utilizaron como mano de obra.

Tan importante como la agricultura en Portugal fue el comercio exterior cuyo desarrollo favoreció el monarca (compra de naves, seguro de mercancías, etc.). Hubo privilegios para los que construyeran o compraran barcos. Las medidas para favorecer el comercio fueron muchas: matrícula de barcos con más de 50 toneladas, bolsa común a compensar a quienes perdieran, sin culpa, sus naves, anulación de las normas que prohibían sacar de las poblaciones determinados productos, acuñación de monedas de oro y plata, etc.

Pedro I mantuvo una política de recelo y control de los clérigos, favoreció a la nobleza y en política exterior, mantuvo la alianza con Castilla y con Inglaterra. La llegada del Trastámara, Enrique II, le obliga a elegir y también a su sucesor, entre la amistad y la alianza con Inglaterra. Los nobles apoyan la 1ª opción (Castilla), los mercaderes la 2ª (Inglaterra). Estos últimos, en las Cortes de 1372, le leyeron la « cartilla» al rey.

Fernando I apoyó a los enemigos de Enrique de Trastámara pero, en el Tratado de Alcoutim proyectó su matrimonio con una hija del castellano aunque, más tarde, rompió el acuerdo para casarse con Leonor Téllez y, aliado de Inglaterra, ataca los dominios castellanos. La paz de Santarem (1373) se basa en matrimonio de familias reinantes.

B. LA REVOLUCIÓN PORTUGUESA DE 1383-1385

Juan I de Castilla anuló el matrimonio de Fadrique de Benavente con la heredera portuguesa para ofrecerse él mismo como rey consorte. Este gesto le condujo a una guerra con Portugal que, ayudado por los ingleses, marca un antes y un después en la historia portuguesa. Portugal derrotó a los castellanos en Aljubarrota después de que los artesanos y mercaderes de Lisboa y Oporto se impusieran a los nobles y eligieran como rey al maestre de Avís.

El matrimonio de Juan I con la heredera de Portugal, en principio, respeta la independencia portuguesa al mantener los reinos separados y gobernar Enrique, el primogénito del monarca en Castilla y los hijos de Beatriz de Portugal. Pero los efectos fueron los contrarios a los buscados. Y los nobles disidentes se pasaron al partido de los burgueses del maestre de Avís que pronto solicitó la ayuda de Juan de Gante. Cuando muere Fernando I, los lisboetas pidieron que se incluyeran ciudadanos en el Consejo. La reina Leonor no se comprometió y los representantes de los concejos se sublevarán dirigidos por el infante Juan, maestre de Avís e hijo de Pedro de Portugal.

Juan I entró en Portugal hallando una fuerte resistencia en las ciudades comerciales, que no pudieron tomarse. Incluso comenzaron a ser discutidos los derechos al trono de Beatriz, la mujer de Juan I. Este hizo lo propio llamando ilegítimos a los defensores del maestre de Avís.

Las Cortes de Coimbra tienen un claro paralelismo con Caspe. Incluso el maestro Joao das Regras es comparable con Vicente Ferrer. En Coimbra los defensores del maestre de Avís, que tenía todos los apoyos económicos, militares y políticos, primaron sobre la ilegitimidad y la condición de clérigo del Maestre. Las Cortes le eligieron rey.

Aljubarrota, 1385, fue una batalla trascendental tanto para la Castilla de Juan I, en donde perdieron la vida numerosos nobles (López de Ayala fue hecho prisionero) ya que el rey castellano tuvo que hacer frente a compensaciones ante las Cortes (Consejo Real) sino y sobre todo, para Portugal que inició un ascenso imparable en política exterior que la llevaría a la era de los descubrimientos.

C. LA CRISIS CASTELLANA

Durante su reinado Enrique II intenta evitar la intervención política de nobleza y Cortes. Los soportes en los que se basa Enrique son el clero y los juristas, que le ayudan a evitar la intervención política de Cortes y nobles, que se mantienen en equilibrio.

Juan I continuará el apoyo a los nobles para lo que creó nuevas órdenes de caballería: la del Sol o la Paloma y la de la Rosa. Atrajo al estamento ciudadano aprobando leyes antijudías y leyes suntuarias. No acepta la petición de Cortes de intervenir en el Consejo Real, ni renunciar al derecho de modificar las decisiones de las Cortes, porque era el rey la fuente suprema del Derecho y las Cortes sólo asesores.

En la lucha entre nobles y clérigos, favorece a los últimos:

·Anula la presión económica que los nobles ejercen sobre los monasterios con la excusa de su defensa.
·Sólo reconoce el carácter de encomenderos o protectores a los fundadores de iglesias o monasterios y a sus herederos.

Ante el Cisma eclesiástico, Juan II, aliado de Francia, se decanta por el Papa de Aviñón y consigue que se unan a esta causa Navarra y Aragón que aceptan al Papa con Carlos III y Juan I.

En contraposición al equilibrio interior, en lo exterior se inmiscuye en asuntos internos de Portugal, aspirando a ser rey consorte político que trae la derrota de Aljubarrota (1385), que le obligará a aceptar las exigencias de las ciudades representadas en Cortes, que intentan hacerse cargo del poder ante la incapacidad del monarca y sus nobles.

Se muestra la fragilidad del poder de los Trastámara:

·Sublevación nobiliaria dirigida por su hermano Alfonso.
·Durante la guerra tuvo que reducir a Pedro de Trastámara.
·Derrota entre Juan de Avis y Juan de Gante.
·No tiene el apoyo de la alta nobleza.
·Necesita ayuda económica para evitar que entren en Castilla ejércitos portugueses e ingleses (Juan de Gante reclama su trono).

Ante esto acude a las Cortes que le hacen pagar el precio de su ayuda: permitir que entren en el Consejo Real cuatro representantes de las ciudades en igualdad con clérigos y nobles.

El Consejo atenderá en todos los asuntos del reino excepto en la Administración de Justicia que la realiza la Audiencia y en algunos derechos sólo del monarca: nombramiento de oficiales y presentación de obispos y cargos eclesiásticos.

El nombramiento de consejeros recayó en los obispos del reino (Toledo, Santiago y Sevilla) y el obispo de Burgos, cuatro nobles (sólo uno de la alta nobleza) y cuatro juristas representando a las ciudades.

Se crea un ejército nacional en el que participan obligatoriamente todos los ciudadanos que deben armarse en proporción a sus riquezas y bienes.

En 1386, en las Cortes de Segovia, Juan I autoriza la creación de hermandades para garantizar el orden. Continúa, aunque se adelanta a la coronación de Enrique II (1393) para terminarla.

En la política interior, Enrique II siguió con el afianzamiento del poder monárquico:

·Intenta anular políticamente a la alta nobleza.
·Reducir las prerrogativas de las Cortes.
·Acabar con la independencia de las ciudades.

Se apoya en la segunda nobleza y en el obispo de Toledo. Para debilitar a la nobleza y Cortes se apoya en una contra la otra: somete a las Cortes para enfrentarse y vencer a la alta nobleza de parientes. Las consecuencias serán:

·La segunda nobleza se convierte en peligro para el rey.
·Surge la figura de Fernando de Antequera.

Aparece la figura del corregidor, delegado del rey que interviene en asuntos municipales. La sumisión de las ciudades trae la pérdida de poder de las Cortes y sus funciones serán:

·Conceder subsidios.
·Ratificar acuerdos tomados previamente.
·Solicitar la adopción de medidas contra los judíos.

En política exterior llevará a cabo:

·Alianza con Aragón y Navarra.
·Amistad con Francia, afectada por el problema del Papa Luna.
·Paz con Inglaterra.
·Oscilación de guerra y paz con Portugal (luchas fronterizas) y Granada (incidentes fronterizos y expedición del maestre de Alcántara).

A la muerte de Enrique III el hombre más importante de Castilla era su hermano Fernando de Antequera, que unía riqueza y fuerza militar y al que su hermano confía la conquista de Granada.

Es propuesto como rey en lugar del niño Juan II pero el testamento de Enrique dispone una regencia compartida con Catalina de Lancaster para evitar que alguno pudiera actuar por sí solo en el reino, aunque ambos lo intentan.

Fernando logra apartar a Catalina y gobierna Castilla controlando a los nobles mediante la guerra con Granada. Obtiene máxima autoridad, lo que le permite emplear el dinero destinado a la lucha contra los musulmanes para acceder al trono de Aragón. Con el apoyo de sus riquezas, de un ejército preparado y de Benedicto XIII obtuvo los votos necesarios.

La nobleza castellana y la reina Catalina le habían apoyado, confiando en que así abandonaría la regencia, pero no lo hizo, perjudicando a Castilla a favor de Aragón.

D. LOS DESCUBRIMIENTOS PORTUGUESES

A finales del XIV, en Portugal como en otros reinos, la nobleza tradicional pierde fuerza y es sustituida por una segunda nobleza formada por los partidarios del monarca y por sus juristas-consejeros.

Los intereses de esta nobleza y los de la burguesía comercial orientan la política portuguesa a lo largo del XV. Tras la oposición castellana a las pretensiones portuguesas de ocupar Granada, el objetivo será la costa norteafricana. En 1415 los portugueses ocupan Ceuta por su importancia económica y estratégica. Ceuta era uno de los puntos terminales de las rutas sahariana por las que el oro de Tombuctú llegaba al Mediterráneo y Portugal, al igual que otros reinos europeos, necesitaba oro para mantener su actividad comercial. No obstante, los objetivos comerciales de la expansión portuguesa no se lograrán hasta años después con el infante Enrique el Navegante. A partir de la conquista de Ceuta, los portugueses podrían haber ocupado una parte de Marruecos de donde habrían obtenido oro, mano de obra esclava y trigo, escaso en la Península, pero la magnitud del botín conseguido hizo que los portugueses se limitaran a ocupar la ciudad.

Bajo la dirección del infante Enrique, Portugal emprende una serie de expediciones por la costa atlántica africana para mantener y aumentar sus dominios que culminan con el paso del Cabo de Bojador, en 1434. Son expediciones de tanteo y poco rentables, pero su importancia es grande ya que sin ellas no hubiesen sido posibles las posteriores.

Paralelamente a estas expediciones oficiales organizadas por la corona portuguesa, se producen, en la 1ª ½ del XV una serie de viajes que llevan a los portugueses a las Islas Canarias, Azores y Madeira, ya conocidas desde el XIV pero no ocupadas y poco explotadas. A finales del XIV portugueses, catalanes y castellanos emprenden una serie de viajes a las Canarias con el fin de obtener esclavos y colorantes. Los catalanes son pronto apartados y el archipiélago canario será disputado por portugueses y castellanos.

En 1402 marinos normandos y franceses al servicio de Castilla ocupan las Canarias. Entre 1424 y 1434, Enrique el Navegante intenta ocupar Gran Canaria pero sin éxito. Las pretensiones portuguesas sobre las Islas Canarias terminan cuando el Papa Eugenio IV reconoce la soberanía castellana sobre las islas en 1436, aunque Portugal no la reconoce hasta años más tarde. El fracaso portugués en Canarias será compensado con la ocupación de Madeira y Porto Santo en 1419 y 1420 y el establecimiento de portugueses en el archipiélago de las Azores en 1427. Las Azores son entregadas al infante Enrique en concepto de feudo vitalicio.

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Última actualización: Agosto 2005
 

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