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Historia Medieval de España

Tema XXXII: NOBLEZA Y MONARQUÍA CASTELLANA

Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

Autor:Anónimo

A. LOS REINADOS DE SANCHO IV Y FERNANDO IV

A raíz del problema sucesorio planteado con la herencia de Alfonso X, se van a suceder en Castilla una serie de revueltas nobiliarias protagonizadas por la nobleza, agrupada principalmente en dos familias que venían alternando en los cargos más cercanos al monarca, en contra del poder representado por los concejos, en los cuales se apoyaba el rey en tiempos de crisis. Este juego de contrapesos entre una nobleza dividida y unas Cortes a las que el monarca utiliza en contra del estamento nobiliario será la base de una monarquía fuerte no pactista como en el caso de los reinos orientales.

El detonante de las revueltas va a ser la cuestión sucesoria junto con las minorías de edad. En el caso de Sancho IV, ante la ausencia del monarca (Alfonso X) más preocupado en sus ansias imperialistas y a la muerte de su primogénito en la lucha con los benimerines, cederá su sucesión a los hijos de su difunto hijo: « los infantes de La Cerda» que en su minoría se verán apoyados por una parte de la nobleza representada por los Lara, mientras el otro bando nobiliario representado por los Haro aceptará como heredero a Sancho IV, triunfador frente a la amenaza benimerí. Todo esto en medio de un juego de alianzas internacionales dará la herencia a Sancho IV, siendo la clave Navarra, que al intentar atraerla hacia Castilla, favoreciendo al partido del Señor de Vizcaya (López de Haro), en contra del monarca francés aliado de los Infantes. El matrimonio del rey francés con la heredera de Navarra pondrá fin a las pretensiones de Alfonso X, con lo cual dejó de apoyar a Sancho IV y buscó una solución « salomónica» entre los aspirantes. Sancho se opuso a la división contando con nuevos apoyos de la nobleza, clero y el rey aragonés, enemigo del francés, aunque Alfonso X dejará el testamento a favor de los Infantes, éste no sería respetado.

24. SANCHO IV

En la 1ª ocasión que tuvo (Cortes de 1285) ratificó su autoridad, revocando privilegios de nobles, ciudades y Órdenes Militares y concediendo ciertas contrapartidas a ciudades sobre todo en el orden fiscal en contra de los judíos, defensa y recuperación del patrimonio regio en contra de los nobles, así como evitar la injerencia de éstos en las ciudades. Para favorecer a las ciudades, el rey retiró a los guardianes y encomendó el cobro de los impuestos a los hombres buenos de las villas.

Salió reforzado el privado del rey, López de Haro. Éste entregó la administración de las finanzas a Abraham el Barchillón que al volverse a apoyar en el elemento judío (hacienda) se enemistará no sólo con el otro bando nobiliario sino también con las ciudades, lo que provocaría la caída del Señor de Vizcaya so pretexto de su amistad con Aragón. Ante las revueltas, tendrá el monarca que volver a apoyarse en los concejos frente a los nobles descontentos y de nuevo volverá a otorgar concesiones a las ciudades en las Cortes de Alfaro y posteriormente en 1293 se reunirán por separado los reinos de León y Castilla en Valladolid (prueba de las diferencias existentes sobre todo del « nacionalismo» leonés), donde de nuevo se revisarán sobre todo problemas fiscales, tipos de intereses en los préstamos de los que el elemento judío eran los acreedores, así como otra serie de beneficios de la nobleza y el clero.

25. FERNANDO IV

El reinado se inicia con la minoría de edad de Fernando IV que servirá entre otras cuestiones de excusa para intentar los reinos vecinos (Aragón, Portugal, Granada que reivindicarán territorios fronterizos), junto con el apoyo de la nobleza (ahora unida) frente a la creciente importancia de las Cortes, a las que acuden sólo los concejos, para dividir el reino.

A favor del monarca estará su madre, María de Molina, que autorizará la creación de Hermandades junto con un pequeño grupo nobiliario. Será la ocasión de los concejos que reivindicarán los privilegios recibidos desde la época de Alfonso VII y otros monarcas anteriores, junto con otra serie de disposiciones a favor de ellos de las que habían estado privados en anteriores reinados.

La respuesta de la clase nobiliaria tanto como la eclesial no se hizo esperar, sobre todo en el caso del clero, lo que hizo rectificar a María de Molina ante las amenazas de Bonifacio VIII de excomunión; las concesiones hechas en 1295 (Cortes de Valladolid) a los clérigos fueron suficientes para atraérselos a su bando, pero al igual que en el estamento nobiliario, se producirán devaneos constantes según la situación dominante y los intereses particulares que harán muy divisible y por medio de diversas concesiones tanto en tierras como en títulos o dinero o bien cargos que saldrán principalmente de los concejos y de la monarquía castellana, por lo cual volveremos a la situación de partida de una nobleza que apenas ha perdido poder y fuerza, frente a sus vecinos. También el reino perderá ciertas posiciones fronterizas en el juego de alianzas para mantenerse en el poder. Dionis de Portugal es atraído al campo real cuando se concierta el matrimonio de Constanza de Portugal con Fernando IV; otros ejemplos: los infantes Enrique y Juan también fueron tratados y los dirigenes de la nobleza Lara y Haro.

La división de los consejeros del rey explica los fracasos militares contra musulmanes y el monarca de Aragón, al que se le cede Alicante y otras ciudades en 1304.

A los concejos se les reconoce el derecho a participar en el gobierno, pero la sangría económica, la administración de justicia, etc., no evitan que a la muerte de Fernando IV el reino siga en crisis.

En conclusión, se mantuvo la unidad de Castilla frente a las divisiones propuestas por los aspirantes, que si aceptan a Fernando IV es por el creciente predominio de los concejos en las Cortes, pero al final del reinado de éste veremos el predominio del estamento nobiliario que desembocará en una nueva minoría en Alfonso XI con nuevas revueltas.

B. CORTES Y HERMANDADES

Fue María de Molina, viuda de Sancho IV, quien mantuvo la unidad castellano-leonesa durante la minoría de edad de su hijo Fernando IV, para ello se atrajo la lealtad de los concejos, ya que éstos aceptaban las divisiones propuestas por los aspirantes a repartirse el reino: León, Galicia y Asturias para el infante Juan, Castilla, Toledo y Andalucía para Alfonso de la Cerda y Murcia para Jaime II de Aragón.

Si los nobles aceptan finalmente a Fernando IV es porque quieren poner fin al ascendiente de los hombres de las ciudades, quienes consiguieron en 1297 que se les reconozca su papel en el gobierno del reino. En 1302 se puede decir que el poder está ya totalmente en manos de la nobleza, según se desprende de las Actas de las Cortes, donde los procuradores de los concejos se quejan de que « ricoshombres, caballeros y otros poderosos les exigen impuestos indebidos» . Son los campesinos y ciudadanos los únicos que contribuyen al pago de los impuestos, pues clérigos y nobles están exentos.

La justicia se muestra impotente para reprimir estos abusos y las quejas del pueblo no serán oídas hasta 1312, cuando un grupo de nobles pretenda sustituir a Fernando IV por su hermano Pedro.

El rey de nuevo se ve obligado a solicitar ayuda a los concejos ofreciendo:

·La administración de justicia se encomendará a doce alcaldes legos,
·Se prohibirá ejercer como abogados en la corte a los eclesiásticos,
·Se reorganizará la cancillería para evitar que se concedan cartas en blanco y selladas para que luego sean utilizadas en beneficio de particulares.

Todas estas concesiones habrían permitido la independencia de los concejos frente a nobles y eclesiásticos, pero el mismo año que las otorga (1312) muere Fernando, dejando el reino en una nueva minoría (su hijo Alfonso XI contaba un año de edad) y entrando en una nueva crisis.

Por la tutela del monarca y el control del reino se enfrentarán nobles, infantes y las reinas María de Molina y Constanza de Portugal, abuela y madre de Alfonso XI. Durante 2 años reina la anarquía y la inseguridad hasta que los concejos y prelados se ponen de acuerdo y ordenan que la tutoría corresponda conjuntamente a María de Molina y a los infantes Pedro y Juan (Cortes de Palencia de 1313, ventajas de las ciudades, endurecimiento contra los judíos, etc.).

En 1319 y en la guerra granadina mueren los infantes y en 1321 fallece María de Molina, por lo que la tutoría pasa al infante D. Juan Manuel (nieto de Fernando III), a Juan, hijo del infante muerto en Granada del mismo nombre y a Felipe, hermano de Fernando IV:

·D. Juan Manuel domina Toledo y Extremadura.
·Juan domina Castilla.
·Felipe domina Andalucía, Galicia y León.

Durante estos años las banderías nobiliarias, la opresión de los señores a los campesinos, los continuos robos, hacen que muchos campesinos abandonen el reino y vayan a poblar lugares de Aragón y Portugal. En estas condiciones se encontró el reino Alfonso XI cuando llega a la mayoría de edad (1325).

Cada uno de los tutores convoca sus propias cortes y los concejos se verán más o menos favorecidos, dependiendo de las necesidades económicas de dichos tutores. Las concesiones que se hacen a los concejos tienen su origen en las necesidades políticas, económicas y militares de reyes y tutores. También hay que tener en cuenta la presión que realizan las villas organizadas en Hermandades para defender sus derechos de los abusos de los nobles y también para mantener el orden persiguiendo a los malhechores.

El origen de las hermandades con finalidad política parecer ser que fue en tiempos de Sancho IV (1282), cuando se enfrentó a su padre Alfonso X. Sancho autorizó la formación de hermandades de clérigos y ciudadanos para mantener la unión de sus partidarios, pero una vez pasado el peligro las suprime en 1284.

Con María de Molina en 1295 las hermandades resurgen y las legaliza en las Cortes. Cada reino crea su propia hermandad con capital en Burgos, León, Toledo y Murcia. Se comprometían a guardar los derechos de Fernando IV y sus herederos. A cambio, el monarca se compromete a guardar los fueros, usos, costumbres, franquicias y privilegios de los concejos y los autoriza a unirse para mantener sus derechos frente al rey, contra sus oficiales, frente a los nobles y contra los particulares.

Durante el reinado de Fernando IV las hermandades pierden fuerza, pero en 1315 (Alfonso XI) se reorganizan creando la Hermandad General, que engloba a la baja nobleza y a los vecinos de las villas de todo el reino. La rama castellana de la Hermandad General pronto cayó bajo la influencia de los ricoshombres y en las Cortes de Carrión de 1317 se puso fin a esta hermandad.

Junto a estas hermandades que engloban a todos los concejos de uno o todos los reinos, existen otras más pequeñas: entre nobles y eclesiásticos, entre dos o más ciudades, baja nobleza o entre la alta nobleza para mantener su situación privilegiada. La Iglesia que sufre los efectos de la anarquía e intenta paliarlos mediante la creación de hermandades, como las de los monasterios benedictinos, cistercienses y premonstratenses de Castilla y León, sínodos de Peñafiel (obispos castellanos) y de Salamanca (leoneses), hermandades episcopales, etc.

Las ciudades del Cantábrico también se unen creando su propia hermandad en 1295 para defender sus intereses, ya que la importancia comercial de estas ciudades era muy grande. Estarán representados en Cortes por los procuradores de la marisma (Fernando IV confirmó los fueros bilbaínos). Directamente relacionado con la revitalización de los puertos del Cantábrico está la disputa por el control del Señorío de Vizcaya, que acabará pasando a los propios reyes.

A finales del XIII se crearon hermandades de carácter económico en Toledo, Ciudad Real y Talavera, como la de los Colmeneros o Santa Hermandad Vieja, para protección de colmenas y ganados, unidos para expulsar a los bandoleros.

A comienzos del XIII y para proteger el ganado trashumante se crea otra hermandad en Ávila, Segovia y Plasencia.

La Hermandad de Toledo, de la que forman parte los colmeneros, ballesteros y propietarios, se rige por dos alcaldes que son nombrados anualmente. Su misión es conservar los privilegios reales, mantener el orden en los caminos y juzgar a los malhechores. Los reyes les dieron su protección, organizada militarmente, fue ampliada a todo el reino por Pedro I en 1351. Más tarde dará lugar a la creación de la Santa Hermandad por los RR.CC.

C. CONSOLIDACIÓN DE LA MONARQUÍA CASTELLANA: EL REINADO DE ALFONSO XI

En 1325 termina la larga minoría de Alfonso XI durante la cual Castilla estuvo dividida entre los tutores del rey, más interesados en consolidar su posición social y la de los nobles que les apoyan que en la gobernación del reino. Obligado a elegir entre los tres grupos nobiliarios que se disputan el poder, Alfonso se apoya en los partidarios del infante Felipe e intenta atraerse a D. Juan Manuel, pidiendo en matrimonio a su hija Constanza, al tiempo que manda asesinar a D. Juan (1326); todos los bienes del rebelde pasaron a manos del monarca, que consiguío, además, comprar el Señorío de Vizcaya a la madre de D. Juan. Abandonado el proyecto matrimonial con Constanza (acordado en momentos de dificultad para romper la alianza de los nobles), Alfonso casará con María de Portugal, con lo que quita a los nobles el apoyo del portugués. Después, casará a su hermana Leonor con Alfonso el Benigno de Aragón y con la ayuda que le proporcionan las Cortes en 1329 compra los servicios de D. Juan Manuel e inicia la guerra contra Granada, cuyo rey se declara vasallo del castellano.

La atracción de los nobles y los concejos continúa en los años siguientes. Ya en 1325 los concejos habían pedido al monarca que fijara las soldadas de ricoshombres y caballeros, de manera que pudieran vivir dignamente, sin necesidad de recurrir al robo y destrucción del reino; argumentos semejantes emplearán los dirigentes nobiliarios para prestar su ayuda militar contra los benimerines. D. Juan Manuel exigió que sus dominios de Murcia fueran convertidos en un ducado hereditario exento de tributo real y con permiso para acuñar moneda. Juan Núñez pidió la devolución del Señorío de Vizcaya y de los bienes confiscados a su padre, exigencias que no fueron atendidas por Alfonso XI. Los nobles fueron vencidos militarmente en 1336 y desde ese momento parece existir una colaboración sincera entre ellos y el monarca.

Las sublevaciones nobiliarias y la energía que usó para dominarlas han hecho que Alfonso XI pase a la historia como un rey antinobiliario, pero puede afirmarse que fue un decidido partidario del acuerdo con los nobles, intentando atraerlos a su servicio y exaltando los ideales caballerescos: él mismo se hizo armar caballero por una imagen articulada de Santiago en el monasterio de Las Huelgas, creó la Orden de la Banda para premiar los hechos de caballería y armó a más de cien caballeros en una ceremonia celebrada en Burgos en 1332.

Para el rey, la milicia no es un simple ejercicio de armas, sino que requiere de una cierta moralidad; esto le lleva a prohibir los juegos de azar durante el servicio y a aprobar leyes que prestigien a los caballeros y permitan distinguir claramente por el aspecto externo a los diferentes grupos y jerarquías (el monarca tomará 4 comidas al día, los prelados y ricoshombres 3 y los demás 2). Las mujeres de la alta nobleza podrán utilizar vestidos de seda, siempre que no lleven oro; las demás no tendrán este derecho.

El monarca necesitaba mantener a su servicio a los nobles, pero éstos sabían que la mejor forma de incrementar sus beneficios era servir al rey desde los puestos de gobierno. Para lograr este objetivo, los nobles no dudarán en sublevarse o aceptar la voluntad real si ésta les compensa, como ocurrió en 1338, cuando el rey ordena la reconciliación dando forma a un estatuto que fija los sueldos, tipos de armas, tiempo de servicio, etc., que será perfeccionado en 1348 con los ordenamientos de Nájera, auténtico fuero de los nobles, atribuidos a Alfonso VII el Emperador. Los salarios, punto más importante del estatuto, fueron actualizados en las Cortes de Alcalá de 1348. La estabilidad dada con estas normas al grupo militar pacificó a los nobles e hizo posible la realización de campañas contra los musulmanes. La nobleza permanecerá sumisa durante algunos años, pero el alza de precios que ocasionó la peste negra hará que los nobles vuelvan a sublevarse e intenten imponerse a Pedro I.

26. PRESIÓN FISCAL

Las revueltas nobiliarias dejaron al reino en ruinas y controlado por los prestamistas judíos. Las Cortes proponen que se perdone la 3ª parte de las deudas. Finalmente se perdona la 4ª parte de las deudas y el resto se harían en pagos cuatrimestrales durante un año. Como tampoco eso fue la solución, se decide acuñar moneda, para lo cual Alfonso XI fija el precio de la plata. Los perjuicios fueron para la población por la especulación de los prestamistas. Pero las Cortes siguen quejándose. Las necesidades militares predominan sobre los intereses del reino como se ve en las concesiones a los nobles y las decisiones sobre la cría caballar.

El control sobre la nobleza es posible gracias a la colaboración voluntaria de los concejos. Se desarrolla la política de control de las ciudades a través de corregidores. Las Cortes de 1348 confirman el triunfo monárquico frente a las ciudades y la política de colaboración y apoyo a la nobleza. Otra manifestación de la victoria monárquica se ve en la implantación del « Código de las Siete Partidas» . Sólo se utilizará cuando las leyes promulgadas por Alfonso XI y los fueros dados no sean suficientes para resolver las cuestiones planteadas.

27. POLÍTICA EXTERIOR

Como en todos los reinos, los problemas internos condicionan la política exterior. Las relaciones con la corona de Aragón se afianzan tras el matrimonio de la hermana del rey y Alfonso el Benigno, aunque habrá tensiones por el afán de Leonor de dejar a sus hijos herencia (Fernando) en el realengo aragonés.

Para conjurar el peligro benimerí, Alfonso XI pacta con los nobles, aumenta los impuesto, impone autoridad sobre concejos y Cortes y pide ayuda de otros reinos. Con ayuda de portugueses y aragoneses el rey derrota a los benimerines en la batalla del Salado (1340) e inicia la lucha contra los granadinos a los que vence en Palmones (1343) aunque no logra ocupar la plaza de Gibraltar, en cuyo asedio muere de peste.

28. REVUELTAS NOBILIARIAS GRANADINAS

Los problemas internos de Castilla dificultan o hacen imposible la guerra contra los musulmanes. Pero Granada no está libre de revueltas nobiliarias en todo semejantes a las que se producen en los reinos cristianos, que facilitan, en ocasiones, los avances castellanos.

Entre 1302 y 1354 se suceden al frente de Granada: Mohamad III, depuesto por su hermano Nasr, quien es nombrado por una coalición de castellanos-aragoneses-meriníes apoyada por los nobles granadinos. Su vasallaje fue la causa de que los nobles se volvieran a sublevar y pusieran en el trono a Ismael I, que logró consolidar su poder, creando un grupo de adictos que asegurarían la sucesión en su hijo, tras su asesinato. Mohamad IV, menor de edad, fue sometido a la tutela nobiliaria hasta su deposición y muerte. Su hermano Yusuf I fue nombrado rey por los nobles.

Todos estos cambios repercuten en la política exterior y, a veces, estuvieron condicionados y provocados por ella. Con el fin de consolidar su posición en Castilla, los tutores de Alfonso XI aprovechan las divisiones entre musulmanes para iniciar las campañas contra Granada en 1319. Esto no impide que cristianos y musulmanes mantengan unas relaciones que pueden ser consideradas como caballerescas (uno de los tutores, muerto en tierra musulmana, recibe honores de rey en Granada, quien manda rezar y velar su cadáver a los cristianos cautivos en Granada).

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Última actualización: Agosto 2005
 

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