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Historia Medieval de España

Tema XXXI: ARAGÓN CABEZA DE LA CORONA

Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

Autor:Anónimo

A. LAS UNIONES ARAGONESAS

De la atenta lectura del epígrafe que nos ocupa podemos colegir que la palabra « Uniones» tiene dos acepciones: una eminentemente geográfica, por cuando la ampliación del reino en lo que se refiere a sus fueros, usos y costumbres se haga en los territorios de Valencia, Teruel y Ribagorza, con independencia de las nuevas conquistas que se puedan ir añadiendo a la Corona, y otra eminentemente política, merced a la que Unión como tal es una institución formada fundamentalmente por los ricoshombres, que crean una hermandad para mantener sus privilegios, franquezas y libertades y las cartas de donaciones y cambios que tenían con el rey don Jaime y los reyes pasados.

La duración de la Unión fue corta, de 1288 a 1348, y su verdadero auge o fuerza la tuvo desde su creación hasta 1291, año en que el rey Jaime II inicia una aproximación a Castilla, reino donde la institución monárquica, o mejor dicho el rey, tiene plenos poderes (la indicada aproximación consta de una tregua que firman ambos monarcas, Jaime II por Aragón y Sancho IV por Castilla, para hacer frente común contra los benimerines).

Se entiende perfectamente que el rey de Aragón, a la sazón Pedro III el Grande, en su corto reinado (1276-85) antes de que se cree la Unión, ejerza sus funciones libremente y que un hecho como la toma de Sicilia, demandando dinero y hombres para llevar a cabo su impresa sea el desencadenante de la negativa de los nobles aragoneses, y maniaten al rey con una reglamentación (el Privilegio General de Aragón de 1283) que anula la autoridad regia e impide la actuación de éste en cualquier causa y orden. No hay lugar a pacto en Aragón, el rey se somete a lo que estipulen las Cortes, bajo amenaza de retirarle la obediencia, bien por escoger otro rey, bien, como le ocurrió en la realidad por quedar excomulgado por Roma, que haciendo gala del más profundo y estricto sentido del feudalismo, propone su propio monarca (Carlos de Valois).

Las Cortes de Barcelona seguirán el mismo ejemplo que las de Aragón, pero aquí por lo menos el rey puede negociar, aunque las condiciones sean también muy duras y el monarca tenga que hacer numerosas concesiones, entre ellas reunirse una vegada l’any (una vez al año).

Es completamente natural que aunque el rey se ve por fuerza mayor obligado a respetar los fueros, trate de liberarse de tanta opresión e incumpla sus promesas. Sus sucesores, Alfonso III, que en 1288 tuvo que conceder el Privilegio de la Unión, Jaime II, Alfonso IV y Pedro IV el Ceremonioso, no tendrán más remedio que jurar los fueros del reino para que se invistieran y fueran reconocidos como reyes de Aragón. Hasta que este último vence a los unionistas en 1348, el mismo año en que se declara por 1ª vez la peste negra y en una irónica crónica declara que la Unión ha muerto y que bien la han llorado él y sus partidarios, por el humo que echaba la hoguera donde ardían, después de rotos con el puñal los privilegios y sello de la Unión. Por este hecho fue conocido aparte de El Ceremonioso (por lo excesivamente legalista que era), como El del Punyalet (porque al parecer se hirió con el puñal mientras rompía las hojas del libro donde constaban los privilegios de la Unión).

La nobleza aragonesa se opone a la conquista de Sicilia y en general a la política expansionista del Mediterráneo de Pedro el Grande, porque se consideran ajenos a esta política, les granjea enemistad con Francia, no confía en sus propios súbditos aragoneses y tampoco les consulta en los asuntos de la guerra ni les pide parecer, por lo que al convocar Cortes el rey para pedir dinero, éstos le someten al privilegio ya aludido.

Pese a la confirmación de los fueros y a la reparación de agravios, ni los nobles ni las ciudades aragonesas apoyan salvo Calatayud, Daroca y Teruel, el asedio de la plaza de Albarracín en manos del castellano Juan Núñez de Lara, aliado del rey francés Felipe III. El monarca nuevamente en dificultades militares tiene que volver a confirmar los privilegios exigidos por los unionistas especialmente en materia de justicia, extendiendo la autoridad del Justicia de Aragón al reino independiente de Valencia y al condado de Ribagorza que es a su vez reclamado por los catalanes, a quienes consideran extranjeros. Únicamente dando estas concesiones en 1285, los unionistas colaborarán con el rey en la campaña militar comenzada 3 años antes en Sicilia (situación harto repetida en el reino aragonés, que siempre favorecía a sus enemigos).

Alfonso III el Franco, hijo y sucesor de Pedro III, jugará a quitar y dar concesiones a los unionistas en función de la fuerza que dispone en cada momento, bien por los fieles de los que se rodea y contrarrestan la acción de los unionistas, bien porque la situación internacional se vuelve en su contra y tiene que plegarse a lo estipulado. Se verá obligado bajo su reinado a conceder el Privilegio de la Unión y se comprometerá a reunir anualmente Cortes. La Unión en este caso se abroga el derecho de nombrar diversos cargos de la casa real, no ya a simples consejeros. Se da aunque no se logra, para la formación de Cortes, una situación parecida a la que será Diputación del General, con representación cuando se planteen asuntos de interés general de 4 ricoshombres, 4 mesnaderos, 4 caballeros aragoneses, 2 valencianos y 9 representantes de las ciudades.

La Unión defiende los derechos de los ricoshombres frente al monarca y los de Aragón como cabeza de la Corona, sus intereses les llevarán a estar de un lado o de otro, especialmente cuando hay disparidad entre miembros de la familia real o por sentirse desplazados del Consejo Real por los catalanes y rosellonenses tras la anexión de Mallorca.

Los aragoneses defienden el derecho de las mujeres a transmitir el trono, en el XII había el precedente de Petronila, pero esta situación era nueva para Cataluña, en el futuro volverá a suceder algo similar en Caspe. El rey que en estos momentos (1245) está preocupado por su sucesión al solo tener 2 hijas, Constanza y Juana, decide nombrar heredera a la primera. Esto dará lugar a resucitar la Unión, por cuanto ese término debe contar con el consentimiento de las Cortes que el rey no ha convocado desde el comienzo de su reinado y por tanto no se han podido manifestar al respecto. Los nobles, encabezados por Jaime de Urgell, Fernando y Juan, todos ellos hermanos del rey, resucitan la Unión, derrocan al Gobernador y al Justicia de Aragón y llevan las revueltas a Valencia y pretenden incluso llegar a Mallorca. Serán derrotados en dos batallas: en Épila la nobleza aragonesa y en Mislata la valenciana.

B. CORTES Y DIPUTACIÓN DEL GENERAL

Al desaparecer la Unión en 1348, existe una cierta normalidad en el funcionamiento de las Cortes, convocadas generalmente para solicitar ayuda económica en la guerra contra Castilla y mientras ésta dura las Cortes se convocan cada año. La ayuda es siempre concedida, con la única salvedad del brazo eclesiástico de que sirva sólo para defender al Reino y no para llevar la guerra fuera los límites de Aragón. Pedro el Ceremonioso se resiste a convocar las Cortes pero ante la toma de Calatayud por las tropas castellanas se ve obligado a reunirlas en Monzón en 1362-3 (ya consolidadas las Diputaciones de cada uno de los territorios de la Corona). El origen es el mismo en Aragón, Valencia y Cataluña; las Cortes atienden a las peticiones de ayuda económica del monarca pero ponen condiciones de cuyo cumplimiento se encarga un pequeño grupo de diputados o administradores de la ayuda y ni siquiera los hombres del rey, ni él mismo, pueden pedir las cuentas, una vez aprobadas por las personas que las Cortes designen pues se quemarán todos los documentos.

Cada reunión de Cortes nombra su comisión permanente de administradores de la ayuda que, en representación de las Cortes, se encarga de reunir y administrar las ayudas; esta comisión se llama Diputación del General y actúa por primera vez en las Cortes catalanas de 1359. El dinero se recauda mediante un fogaje, cobrando en cada casa o fuego una cantidad y un porcentaje del salario a quien no tenga casa propia y trabaje para otros; la recogida y administración de este dinero se encomienda a 12 personas, 4 por cada brazo, que nombran recaudadores, piden préstamos, vigilan que se cumpla lo ordenado por las Cortes, y tienen la posibilidad de introducir cambios y decidir en los casos dudosos. Cinco años más tarde los diputados son 20, distribuidos en comisión:

·3 oidores de cuentas
·6 controlan a los combatientes y comprueban el armamento adecuado.
·11 los administradores de la ayuda

Tres dirigentes siempre en Barcelona (donde se centraliza la administración) y los otros se desplazan por Cataluña para hacer efectivo el cobro.

La Diputación aragonesa es semejante a la catalana, aunque los datos de que se dispone no son tan precisos.

La organización interna de estas comisiones delgadas es importante pero también lo es la creación de impuestos propios de las generalidades. Estos impuestos extraordinarios acaban por convertirse en permanentes y serán la base del poder de las Diputaciones, aparecen por primera vez en 1362 en las Cortes de Monzón.

El impuesto de las Generalidades va acompañado del siguiente programa económico: una parte de estos ingresos se obtiene mediante un impuesto que grava la fabricación y venta de paños de lana, por eso se prohíbe la venta de paños de lana extranjeros en la Corona, así los menestrales tendrán más trabajo, también favorece a los ganaderos que aumentarán los rebaños y las disponibilidades de lana y carne. El auge de la industria textil atraerá maestros de otras tierras que impartirán aquí sus conocimientos y la abundancia de paños hará que todos vistan mejor. La forma de hacer efectivo el impuesto es:

Los paños fabricados en territorios de la Corona deberán llevar dos sellos uno con el símbolo de la Corona y otro de plomo (por un lado el símbolo del rey y por el otro la señal de la villa, ciudad o del señor del lugar en el que se ha fabricado), sólo estos paños pueden venderse en los territorios de la Corona. Los paños extranjeros tendrán que ser declarados en el plazo de dos días so pena de ser confiscados. El resto de las generalidades se obtiene de los impuestos sobre la exportación de azafrán, aceite, miel, plomo, hierro, cáñamo, sebo, alquitrán, vinos, arroz, frutos secos, pescado.

El retraso en el cobro de las generalidades o los errores de cálculo sobre las cantidades y la urgencia del dinero lleva a las Diputaciones a emitir Deuda Pública, garantizada por las generalidades. La Diputación es y funciona como una comisión permanente de las Cortes y su nombramiento dura hasta que nuevas Cortes la revocan. Con la llegada al trono de los Trastámara, debido a la necesidad de que las comisiones tengan continuidad para cumplir sus objetivos, la Diputación deja de ser una comisión de las Cortes para convertirse en un organismo autónomo con:

·3 diputados, 3 oidores de cuentas, 2 abogados
·El mandato es de tres años tras los cuales ellos mismos y no las Cortes proceden a nombrar a los sucesores.

La mala gestión de las generalidades entre 1436 1446 permitirá a Juan de Navarra, Lugarteniente de Alfonso el Magnánimo, modificar el sistema e intervenir en la elección de diputados evitando la cooptación: el arzobispo de Zaragoza y el Justicia de Aragón preparan una lista de las personas de cada brazo aptas para ejercer el oficio de diputados, sus nombres escritos en bolas de cera se meten en sacas extrayéndolos al azar.

En 1461 se pone fin a la inmunidad de los diputados que podrán ser acusados ante el Justicia como cualquier oficial del rey si no cumplen con su cometido. Las funciones de la Diputación después del siglo XV son:

·Administración de la Hacienda
·Garantiza y controla la paz interna y externa.
·Actúa como árbitro entre nobles y ciudades.
·Controla al Justicia pues nombra a sus lugartenientes.

Se convierte en defensora de los fueros aragoneses, protagonizará revueltas como en 1483 que se opone al establecimiento de la Inquisición en el reino aragonés. Pero tendría que rendirse a las presiones de Fernando el Católico, incluso vencida recordará que el rey no puede gobernar sin su consentimiento.

C. DEL COMPROMISO DE CASPE A LA GUERRA CIVIL CATALANA

Tras el acuerdo sucesorio adoptado en el Compromiso de Caspe (1412), se hizo cargo de la corona de Aragón Fernando de Antequera.

Fernando I (1412-16) consciente de que su nombramiento no había contado con todos los apoyos, puso en práctica medidas conciliadoras con sus viejos adversarios, en especial con las Cortes catalanas, lo que no impidió la sublevación del antiguo candidato Jaime de Urgell. Aprovechando esta revuelta, las Cortes Catalanas de 1413 arrancaron del monarca amplias concesiones, imponiendo su concepción pactista, lo que suponía una limitación efectiva del poder real; en aquellas Cortes se adoptó la nueva composición de la Generalitat y el rebustecimiento de sus poderes. Sólo tras la derrota del conde pudo el rey recuperar parte de sus prerrogativas. Pero la mayor parte de sus esfuerzos se encaminaron a impulsar la política mediterránea de sus antecesores, pacificando Cerdeña y Sicilia, estrechando relaciones con Nápoles y reestableciendo las relaciones comerciales con el N de África. Durante su breve reinado se solucionó definitivamente el problema del Cisma en la Iglesia, al retirar Aragón su obediencia al Papa Benedicto XIII, por negarse éste a aceptar las resoluciones del Concilio de Constanza.

A Fernando I le sucede su hijo Alfonso V el Magnánimo (1416-58), gran amante de las artes y las letras, que también dedicó gran parte de sus esfuerzos a la política mediterránea, residiendo muchos años en Italia. Uno de sus primeros objetivos fue la conquista de Córcega, atribuida a los catalanes por el tratado de Anagni (1295), pero controlada, de hecho, por los genoveses. Un primer ataque, en 1420, no dio los frutos deseados. Simultáneamente, Alfonso interviene en Nápoles, como consecuencia de una petición de apoyo de la reina Juana contra Luis de Anjou, lo que fue recompensado por ésta con la designación de Alfonso como heredero del trono de Nápoles, si bien una sublevación de los napolitanos en 1423 le obligó a abandonar precipitadamente Italia. Sólo tras el fallecimiento de la reina Juana en 1435, puso nuevamente Alfonso sus ojos en Nápoles. Inicialmente su flota es derrotada en Ponza por una flota coaligada de varios reinos italianos, que veían en la intervención aragonesa un peligro para sus intereses, siendo el rey hecho prisionero. Tras su rescate, en alianza ahora con los milaneses, reanuda la lucha y en 1442 entra triunfante en Nápoles, que se convierte así en el centro efectivo de los dominios de Alfonso V, aunque este reino nunca se incorporase efectivamente a la corona de Aragón, pues se designó como heredero a Ferrante, hijo ilegítimo del rey.

Durante sus ausencias italianas, los asuntos peninsulares son atendidos por la reina María y nuevamente las Cortes catalanas se enfrentan al rey, negándose a apoyar económicamente las pretensiones políticas de los infantes de Aragón en Castilla, pero sobre todo se recrudecen los conflictos políticos y sociales, principalmente con las revueltas de los payeses de remensa en Cataluña y los movimientos contra la oligarquía ciudadana en Mallorca de 1450, sofocados al cabo de varios años.

A Alfonso le sucede su hermano Juan II (1458-79), hombre de larga experiencia política, tanto en Castilla (era uno de los Infantes de Aragón), como en Navarra, de donde era rey desde 1425, o en Cataluña, de donde era lugarteniente desde 1454. Pero durante su reinado el clima de enfrentamiento social y político preexistente acaba por estallar en Cataluña, desembocando en la guerra civil de 1462 a 1472. Entre los factores que la justifican se encuentra la crisis económica latente desde el XIV, la agitación de los payeses y el conflicto municipal de Barcelona. Durante su período como lugarteniente de Cataluña, Juan había apoyado a los buscaris y a los payeses, por lo que los grupos nobiliarios del Principado se encontraban en guardia desde al ascenso al trono del nuevo rey. La chispa que encendió la guerra fue las diferencias que mantenía Juan II con su primogénito Carlos, Príncipe de Viana, por su condición de heredero al trono de Navarra. El clima emocional generado por la prisión de Carlos, ordenada por su padre en 1460, hizo pasar a la ofensiva a las clases privilegiadas del Principado. Las Cortes de Lérida de aquel mismo año eligen un Consell del Principat que exigió al rey la inmediata liberación de su hijo. Esta enérgica actitud, unida al levantamiento de los beamonteses navarros y a la movilización castellana en la frontera de Aragón, obligaron al rey a ceder, liberando a Carlos y aceptando las capitulaciones de Villafranca del Penedés (1461), donde se recogían las reivindicaciones políticas de la oligarquía catalana, entre otras, la prohibición al rey de entrar en Cataluña sin permiso del Consell.

Pero la súbita muerte del Príncipe de Viana a las tres semanas de su liberación alteró la aparente pacificación. Los realistas, apoyándose en sus tradicionales aliados, buscaris y payeses, intentaron recuperar posiciones, provocando un levantamiento campesino en 1462 y con el apoyo del rey de Francia, Juan II penetró en el Principado sin permiso del Consell. La respuesta de los catalanes consistió en organizar un ejército para sofocar el levantamiento campesino y destituir al monarca en junio de 1462.

Durante el desarrollo de la guerra el trono vacante es ocupado sucesivamente por Enrique IV, rey de Castilla (1462-4), por el condestable Pedro de Portugal (1464-6) y por Renato de Anjou (1466-72), quien a pesar de la situación desfavorable, pudo mantenerse en el poder gracias al apoyo militar de Luis XI, rey de Francia, hasta entonces aliado con Juan II.

Este cambio de actitud obliga al aragonés a buscar nuevos aliados, que encuentra en Castilla, gracias al compromiso matrimonial de los herederos de ambas coronas, Fernando e Isabel. A partir de ahí, el bando rebelde empieza a descomponerse. La entrada de Juan II en Barcelona en 1472, tras anunciar medidas de clemencia hacia los rebeldes, puso prácticamente fin a la guerra civil, que se consuma con la capitulación de Pedralbes en octubre de ese año. En esta capitulación se pretende una paz sin vencedores ni vencidos, pues si bien se anula la anterior de Villafranca, también se acuerdan numerosas medidas de gracia. Aunque buena parte de los problemas subsistieron, el agotamiento general del Principado hizo renacer la paz, que se mantuvo hasta la muerte de Juan II en 1479.

D. ECONOMÍA Y SOCIEDAD ARAGONESA

Aunque Aragón no tenga salida al mar, sí orienta su economía hacia la actividad comercial. En el campo se producen cereales, aceite y vino, cada vez dedicó más superficie al cáñamo, lino o azafrán (monocultivo en algunas zonas); se obtiene madera en Albarracín y valles pirenaicos, ésta dedicada a la construcción naval de Cataluña y Valencia a donde llegan los troncos por los cauces de los ríos; la permanencia en el Valle del Ebro de musulmanes permite mantener el sistema de regadío y huertas.

El ganado lanar tiene mucha importancia por la buena acogida de la lana de la oveja merina. El pastoreo está organizado por la Casa de Ganaderos de la ciudad de Zaragoza, se organizan como zonas ganaderas Teruel, Daroca y Albarracín; en el norte del reino existe una impotente cabaña que abastece a la industria textil, aunque nunca pudo competir en calidad con los paños catalanes, italianos, flamencos o franceses. Los pardillos tienen buena acogida en Castilla.

Cuenta con otras industrias como el trabajo del barro (alfarería de Huesca, Calatayud o Teruel); metales en la zona del Moncayo o el trabajo de la piel.

Pese a la escasa importancia de la industria aragonesa, el comercio es muy activo y se basa en la exportación de materias primas del reino (frutos, trigo, lana, azafrán, aceite, cueros y madera) y la importación de artículos manufacturados y de lujo: especias, algodón, azúcar, pescado, paños, telas de lujo. Los intercambios son con Cataluña y Francia y en menor medida con Castilla, Valencia y Navarra.

Las ciudades aragonesas viven en gran parte de la agricultura. La más importante es Zaragoza con casi 15.000 habitantes. El acceso a los cargos municipales depende de la posibilidad económica. Las desigualdades sociales en los siglos XIV y XV aumentan por los privilegios y exenciones que logran los grupos dirigentes, que impiden a otros el acceso a los cargos; hasta 1441 los impuestos se repartían por parroquias. Para evitar las injusticias, se clasificó la población en 8 grupos sociales, según ingresos.

El sistema de cooptación de los dirigentes municipales deja el poder en manos de uno de los bandos en los que está dividida la población, para poner fin a los enfrentamientos Alfonso el Magnánimo instaura el sistema de insaculación, que consiste en elaborar una lista para 10 años de las personas con derecho a ejercer los cargos municipales, sus nombres en bolsas de las que se extraen a la suerte, así se evita que los salientes nombren a los sucesores y que el gobierno esté siempre en las mismas familias. Todos los ciudadanos seleccionados, por una comisión en la que están representados todos los barrios de la ciudad, tienen las mismas posibilidades.

Un grupo importante de la población aragonesa está formado por judíos que llevaron una vida floreciente hasta el saqueo de la mayoría de las aljamas en 1391. Los sobrevivientes emigran o se convierten gracias a las predicaciones de personajes como Vicente Ferrer, a las que son obligados a asistir bajo pena de fuertes multas y castigos. Estas conversiones en masa plantean problemas a las aljamas que han emitido deuda y puesto a la venta censales, que suelen comprar los cristianos; los intereses son garantizados por la comunidad hebrea, si uno de sus miembros se convierte, al desligarse de todo compromiso con su grupo, su parte de la deuda recae sobre los demás, se arruinan las aljamas y los censalistas y hubo que bajar el tipo de interés y obligar a los conversos a contribuir.

En la ciudad también hay morerías, pero el núcleo más importante vive en el campo bajo la jurisdicción de la nobleza o del rey.

Teóricamente los musulmanes son libres y pueden fijar su residencia donde quieran; hay momentos en que ante la insuficiencia demográfica se establece una pugna entre los señores y entre éstos y el rey para atraer a esta población; se supone que al igual que en Valencia, esta libertad de movimientos moros fue restringida; aumentaron los impuestos ordinarios, la pecha (un quinto o un sexta parte de la cosecha) y extraordinarios sobre estos pobladores que, como los judíos, recurrieron a la emisión de deuda, de censales. En los lugares de señorío han de pagar la utilización de los monopolios señoriales del horno, lagar y molino, contribuyen con su trabajo, al cultivo de las tierras del señor, a la reparación de los caminos y fortalezas, y pagar los impuestos extraordinarios que el señor imponga en momentos de necesidad.

Por lo que respecta a las mujeres, su formación varía según la condición social, las de la nobleza aprenden buenos modales y recurren a la lectura de libros piadosos y formativos, de tal manera que sean conscientes de su privilegiada situación y los deberes que ello comporta. Las del común, sabe de cuentas apenas lo necesario, cocinar, llevar una casa y en casos concretos los oficios de sus padres o maridos (carnicero, tejedor, etc.). A veces los ejercen con total independencia, como las panaderas. También hubo vendedoras internacionales.

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Última actualización: Agosto 2005
 

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