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Historia Medieval de España

Tema XXVIII: HACIA LA GUERRA CIVIL CATALANA

Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

Autor:Anónimo

Enfrentamientos entre el monarca y las Cortes-Diputación, revueltas campesinas y conflictos urbanos desembocan en la guerra civil del último tercio del XV, en donde el monarca, por estrategia política se une a campesinos y menestrales y una vez conseguida la victoria se aliará con el grupo dirigente catalán.

A. LA BUSCA Y LA BIGA

Compartir el poder municipal para resolver los problemas económicos es la aspiración de artesanos y mercaderes catalanes que radicalizan sus posturas a medida que encuentran resistencias y consiguen el apoyo de la monarquía que se une a ellos como forma de presionar a los dirigentes urbanos y de obtener dinero que éstos le niegan para mantener la política mediterránea.

Se produce una crisis económica mediterránea hacia 1425 que conlleva a la intervención por medio de medidas proteccionistas, pero para aplicarlas hay que vencer la resistencia de la oligarquía.

Las protestas y motines se suceden lo que da lugar a una serie de cambios y reformas (1436). Los mercaderes y menestrales proponen una serie de medidas: devaluación monetaria, prohibición de importación de productos, mejora de la producción textil, impuestos a extranjeros. Los ciudadanos proponen medidas más limitadas: trabajos públicos para atenuar el paro, etc.

La intransigencia de los ciudadanos y su resistencia al cambio precipitaron la crisis económica y dividieron a los barceloneses, a partir de 1450, en dos grupos claramente diferenciados: la biga y la busca:

·La Biga, integrada por la mayoría de los ciudadanos y algunos mercaderes –importadores de paños de lujo-, se considera, actúa y vive como un grupo nobiliario, tienen tierras, castillos y derechos señoriales y viven de las rentas. Se oponen a las alteraciones monetarias.
·La Busca, el partido de los menestrales y mercaderes que aspiran a controlar el gobierno municipal para hacer cumplir los privilegios, libertades y costumbres de Barcelona. Quieren la devaluación monetaria y medidas proteccionistas.

Entre la Busca y la Biga, Alfonso el Magnánimo, que mantendrá una postura ambigua, ya que por un lado necesita dinero y lo aceptará tanto de buscaris como de bigaris y por otra parte, aspira como los demás reyes del XV a imponer su autoridad en las Cortes.

Finalmente se inclinará a favor de campesinos y buscaris, a veces de manera directa y en ocasiones apoyando medidas antioligárquicas, como Galcerán de Requesens.

La oposición sistemática a los mayores, la divulgación de las irregularidades cometidas y de los altos salarios cobrados por los ciudadanos, la insistencia en la necesidad de devaluar la moneda y la promesa de rebajar los impuestos sobre la carne, dieron a la Busca el apoyo del pueblo e hicieron posible el reconocimiento por el monarca del Sindicato de los Tres Estamentos (mercaderes, artistas y menestrales).

El reconocimiento del Sindicato de los Tres Estamentos fue acompañado (1451) por una modificación del sistema de elección de los consellers y de una reorganización del Consejo de Ciento, con lo que el gobierno del municipio quedó en manos del Sindicato y la Biga en minoría. El triunfo de la Busca fue seguido de las reformas pedidas o prometidas.

Sin embargo, no todo fueron éxitos en su gestión y a menudo cayeron en los mismos errores que los bigaris. Las diferencias entre el programa y las posibilidades reales de Barcelona, así como la heterogeneidad de los miembros del Sindicato, dieron lugar a una escisión en el grupo y el relativo fracaso de las medidas económicas le hizo perder parte del apoyo popular.

Pero el fracaso no es imputable sólo a la Busca, desde el primer momento la Biga (apoyada por las Cortes y la Diputación) se opuso por todos los medios a las reformas y las hizo fracasar.

Igualmente unidas, la Busca y la Biga, hicieron fracasar, retrasaron o anularon los efectos de la devaluación monetaria y de la prohibición de importar paños de lujo.

La ofensiva contra el Consejo buscari continuó especialmente después de la muerte de Alfonso el Magnánimo (1458). Lentamente recuperó la Biga su ascendencia en el Consejo y de forma especial se confirmó el resurgimiento de los ciudadanos cuando la Diputación General creó el Consell Representant de lo Principat de Catalunya y lo puso bajo la dirección de la Biga: en 1461, después de la Capitulación de Villafranca que prohibía al monarca entrar en Cataluña y acusando a los buscaris de conspiradores, ajusticiaron a los más principales.

B. EL SINDICATO REMENSA

Por los mismos años en que se reconoce al Sindicato de los Tres Estamentos barcelonés tiene lugar la autorización a los payeses a reunirse y crear el Sindicato Remensa, después de años de dudas y ambigüedades, que se inician en las Cortes convocadas por Fernando de Antequera en 1412-3. El monarca pide ayudas que le permitan vivir como corresponde a su categoría y los nobles se la dan tras conseguir la reparación de los agravios sufridos y lograr la aprobación de la constitución, que alude a los derechos señoriales, en contra de los payeses que tras cambiar de domicilio pretendían mantener sus derechos sobre las tierras y amenazaban a los señores y a los nuevos cultivadores. En 1413 se da plazo de un año para vender a vasallos o ceder las tierras al señor junto con los documentos acreditativos de sus derechos.

La Constitución tiene carácter retroactivo sin limitación de fecha; el objetivo fundamental es la recuperación de las tierras para cederlas en condiciones más ventajosas a otros payeses, cultivarlas directamente o venderlas.

Los campesinos ven coartada su libertad de movimiento y limitados sus derechos sobre la tierra, pero indudablemente, la situación de los remensas es más dura y desde 1440 el primer objetivo de los campesinos es conseguir la libertad personal, la supresión de los malos usos mediante la compra de los derechos de los señores. Con esta finalidad se forma el Sindicato Remensa, en cuya creación intervienen abiertamente los oficiales del rey. Éste mantiene la política de ambigüedad que se ha visto al hablar de la Busca. El problema remensa aparece estrechamente ligado al de la recuperación del patrimonio real, iniciado en tiempos de Martín I. Ya en 1420 se autorizó a los habitantes de diversos lugares a reunirse para encontrar el modo de pagar la redención de los derechos señoriales y volver a la jurisdicción real. Pero esta política no aparece claramente definida hasta 1446, cuando Pere de Besalú fue encargado de inventariar y amortizar todos los títulos señoriales de posesión de castillos, villa, masías, casas, lugares y tierras de realengo y de embargar los bienes de cuantos señores no pudieran presentar títulos convincentes.

Estas medidas se relacionan con las necesidades económicas del monarca, residente en Nápoles e incapaz de conseguir la ayuda de las Cortes mientras no las presidiera personalmente y regresar a Cataluña. Los remensas se ofrecieron a cubrir las necesidades del rey a cambio de volver a la jurisdicción real y los oficiales del monarca facilitaron las reuniones de los campesinos. Las protestas de las Cortes contra los instigadores de estas reuniones no se hicieron esperar y en 1447 llega a culparse de la agitación campesina a los malos juristas (los oficiales). Alfonso se limitó a disolver las Cortes y se inclinó hacia los campesinos y hacia los remensas a los que autorizó a reunirse en 1448.

Asume la defensa de los señores la Diputación del General, que envía embajadas a Nápoles, se opone a que se haga pública la decisión real y manda detener a los oficiales que la pregonan. Colabora activamente con la Diputación el Consejo barcelonés, cuyos dirigentes y el propio municipio son propietarios de campesinos de remensa. Pese a la prohibición, se celebraron las reuniones, pero la oferta hecha en 1449 se quedó corta ante los 400 mil florines que ofrecieron las Cortes en 1452. Nuevas contraofertas payesas y la negativa de las Cortes a hacer efectiva la ayuda mientras el monarca no regresara a Cataluña le llevaron a apoyar de nuevo a los remensas y a suspender, provisionalmente, en 1455, los malos usos y servidumbres hasta que se llegara a un acuerdo. Tras una nueva anulación, la sentencia fue confirmada en 1457, cuando el rey anunció que renunciaba definitivamente a volver a Cataluña y recibir la ayuda ofrecida por las Cortes.

Las necesidades económicas por sí solas no explican la actuación de Alfonso el Magnánimo, al que habría resultado más fácil entenderse con los señores que con los campesinos. En el fondo, lo que estaba en juego es el poder político de Cataluña: lo que se discute es la autoridad real, que no podrá ser efectiva por más dinero que se dé al monarca mientras no se recupere el patrimonio real y no se reduzcan los poderes señoriales.

C. EL MONARCA SOMETIDO AL CONSELL DE CATALUÑA

Fernando de Antequera reconoció en las Cortes atribuciones políticas a la Diputación del General. Las Cortes siempre apoyadas por el Consejo barcelonés van perdiendo fuerza hasta que son disueltas. Pero de nuevo con Alfonso V (1421-22) reconoce la vigencia de los usos y constituciones de Cataluña, el control a través de la Diputación y la facultad de nombrar representante ante la corte para vigilar el cumplimiento de las leyes.

En las Cortes de 1454 presididas por Juan de Navarra (futuro Juan II) se produce una ofensiva contra el monarca, los buscaris y los payeses. Las Cortes, lógicamente hacen causa común con la Biga barcelonesa. Fueron disueltas sin acuerdos, pero quedó el problema del hijo de Juan de Navarra, el príncipe de Viana, enfrentado a su padre que se utilizará como pretexto para oponerse al monarca. Las Cortes asumirán su defensa cuando es encarcelado en 1460.

Un año más tarde Juan II se ve obligado a firmar la concordia de Villafranca del Penedés con la que culmina el proceso pactista iniciado en 1283: Juan II no podrá entrar sin permiso en Cataluña en donde el poder corresponderá a su hijo de forma limitada, ya que la Diputación, el Consejo de Ciento barcelonés y el Consejo del Principado controlan el resto de aquel poder. Cuando muere en 1461 Carlos de Viana, el príncipe Fernando, su medio hermano, inicia los contactos con los aliados monárquicos buscaris y remensas para establecer el brazo real. El Consejo reacciona utilizando la violencia contra éstos y el rey, el 28 de mayo de 1462 rompe el acuerdo y entra en Cataluña.

D. LA GUERRA CIVIL

En la guerra de 1462-72 se enfrentan por un lado el monarca (apoyado por buscaris y remensas) y las Cortes (Biga). La causa de la guerra tiene como antecedente la prisión del príncipe Carlos cuyo error permite aglutinar, a través de la Diputación del General, a todos los catalanes y declararle la guerra a Juan II aunque lo que buscas no es su destronamiento sino la imposición de sus puntos de vista, tanto políticos como socio-económicos. La Biga, mientras tanto, había afianzado su posición, frente a sus enemigos.

La guerra se internacionalizó ya que Juan II buscó el apoyo de Luis XI de Francia (al que le da entre otras cosas en garantía el Rosellón y la Cerdaña) y Gastón de Foix (promesa de heredar Navarra). El Consejo de Cataluña, por su parte, buscará apoyos interiores y la desarticulación de las fuerzas opositoras: el partido buscari y los remensas. Al no obtener los resultados deseados, el Consejo comienza a ofrecer el Principado a candidatos que, 50 años después de Caspe, pueden albergar derechos en Cataluña.

Se propuso nombrar conde de Barcelona al rey Enrique IV de Castilla si respetaba toda la particularidad catalana y la Concordia de Villafranca, además el rey castellano, aparte de sus derechos al trono, puede contar con la ayuda de los beamonteses navarros enemigos de Juan II y del conde de Foix. Ellos apoyan a Blanca, hermana de Carlos de Viana, ex mujer de Enrique IV.

Enrique IV acepta el ofrecimiento ante la división de la nobleza. Las tropas castellanas dirigidas por Juan de Beamont obligan a levantar el cerco de Barcelona pero Juan II utiliza las divisiones de la nobleza castellana que acabará forzando a Enrique, por la sentencia de Bayona, con Luis XI de árbitro, a renunciar al Principado y, en compensación, se le entrega la merindad de Estella. Juan II renuncia a las rentas que le correspondían en Castilla.

Tras el monarca castellano, la corona se le ofrece a Pedro de Portugal, descendiente de Jaime de Urgell que, dadas sus limitaciones, se alía con el duque de Borgoña enemigo de Luis XI. Aragoneses, valencianos y mallorquines, mientras tanto, prestan su apoyo a Juan II, además de los buscaris y remensas y algunos nobles y clérigos. Bernat Saportella, diputado (uno de los tres) del Principado de Cataluña se pasa con el rey con lo que la Diputación le permitirá la legalización de su situación.

Muere el Condestable Pedro de Portugal en 1466 y se le ofrece la corona a Renato de Anjou, también descendiente de los candidatos de Caspe y enemigo de Alfonso V, lo que modificará el sistema de alianzas internacionales. Finalmente Juan II busca la alianza con Castilla a través del matrimonio de su hijo Fernando y, tras una serie de candidatas, consigue que se case con la infanta Isabel. Sin apoyos exteriores, los catalanes tienen que rendirse a la realidad: Barcelona se entrega a los realistas tras un perdón general.

E. LA CAPITULACIÓN DE PEDRALBES (1472)

Es el fin de una guerra que termina sin vencedores ni vencidos. Únicamente Juan II pide que no se dé por hecha la Concordia de Villafranca. Las medidas de clemencia y una preferencia a la Diputación rebelde frente a la realista permitiendo seguir en el cargo a diputados que habían sido opositores, trajo alguna división pero pacificó el país. Algo había que hacer para solucionar los graves problemas económicos, ya que Cataluña estaba arruinada tras la guerra. Las Cortes de 1473 abordan el tema de la recuperación que no se solucionará.

Fernando II (el Católico) intentará solucionar todos los problemas, en primer lugar ocupando el Rosellón y la Cerdaña. El programa económico era, en parte, el de los buscaris desde 1450. se decide también la reforma de los organismos dirigentes de Cataluña: la Diputación y el Consejo.

El problema remensa fue el último en solucionarse. Durante la guerra el jefe de los remensas Francesc Ventallat fue hecho vizconde de Hostolés, pero sobre los malos usos la política siguió siendo ambigua, lo que dará lugar a nuevas revueltas, como la de 1475, o se manifestará en medidas antirremensas (Cortes de 1480). Fernando tiene tantas dudas sobre la cuestión que los nobles recuperan derechos perdidos y entonces se produce la 2ª guerra remensa (1484) dirigida por Pere Joan Sala que consigue una revuelta de grandes proporciones. Esto fuerza el compromiso que se plasmará en la Sentencia Arbitral de Guadalupe (1486) en donde los malos usos son redimidos mediante el pago de sesenta sueldos por mansos y los campesinos lograrán una serie de libertades. Los señores fueron indemnizados y al monarca se le pagó una multa de 50 mil libras. Los señores siguieron teniendo derechos sobre los campesinos cultivadores pero no de la forma humillante como hasta aquel momento.

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Última actualización: Agosto 2005
 

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