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Historia Medieval de España

Tema XXIV: LOS INTERCESORES ANTE DIOS

Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

Autor:Anónimo

ORATORES = rezan e interceden
  •  En la Santa Misa
  •  Predican las verdades de fe
 Organización de los creyentes  Los clérigos se organizan, tienen intereses contrapuestos:
  • Órdenes militares
  • Laicos / familiares 
  • Diócesis (clero secular)
  • Órdenes (clero regular)
 

Los fieles deben ser conscientes de que no son dueños de los bienes que pertenecen a Dios →las donaciones → poder económico del clero.

A. ARZOBISPADOS, DIÓCESIS Y PARROQUIAS

Una de las características de la institución eclesiástica es la continuidad por encima de las contingencias políticas.

La Iglesia hispana se organiza en época romana y visigoda, época unitaria y mantiene la idea de unidad incluso cuando la situación política es de clara diversidad y de enfrentamiento entre los reinos en que se ha dividido Hispania.

La restauración del primado toledano es el símbolo de esta unidad, adaptándose a la realidad política permitiendo la restauración de sedes episcopales o la traslación de éstas y de sedes metropolitanas a lugares donde no las hubo en época romana o visigoda.

La autoridad del primado toledano encontrará numerosas resistencias inicialmente entre los condes de Barcelona que se apresuran a restaurar la metrópoli tarraconense para evitar cualquier posible intervención del toledano-castellano.

Cuando en Aragón y Barcelona se unan, la unidad política será reforzada con la eclesiástica.

Tarragona extenderá su autoridad sobre las diócesis catalanas sobre los territorios de Aragón y también sobre Navarra con una serie de problemas. Plantea dos a raíz de las ocupaciones al independizarse Portugal a comienzos del siglo XII y separarse León y Castilla en 1157: el primado de Toledo-Castilla se contrarresta desde los arzobispados de Braga, en el que se ponen las diócesis y clérigos portugueses y de Mérida. Trasladado éste a Santiago de Compostela por orden de Diego Gelmírez. Esta realidad explica que Fernando II y los arzobispos de Santiago unan su esfuerzo en la ocupación de Extremadura, amenazada por castellanos y portugueses y hace que la Orden militar de Cáceres o de la Espada se convierta en la Orden de Santiago al hacerse familiar de ella el arzobispo de Santiago que ofrecerá a sus miembros la mitad de Mérida, puesto que el control de la ciudad garantiza que la sede metropolitana podrá seguir en Santiago y no volverá a Mérida. La de Sevilla en 1249 chocará con la de Toledo, extendiendo sus límites hasta Córdoba y la expansión de Portugal hacia el sur hará que se cree una provincia eclesiástica en Lisboa, cuyos intereses chocarán con los de Sevilla, esta incorporará la diócesis de Canarias y el obispado de Marruecos.

La situación es cambiante y la fidelidad visigoda hace que los límites metropolitanos y políticos no coincidan de forma total. De Toledo dependen Palencia, Osma y Segovia. De Braga, Zamora y Astorga, más tarde dependerán de Compostela los obispos de León y Burgos consiguen que sus iglesias estén exentas, es decir, no dependan de ninguna metrópoli.

Las diócesis se extienden sobre territorios demasiado extensos que es preciso subdividir en arcedianatos y éstos en arciprestazgos, cada uno de los cuales comprende varias parroquias, base de la organización eclesiástica que engloba a los fieles de cada barrio de las ciudades. El obispo es auxiliado en su tarea pastoral por el cabildo catedralicio, cuyos miembros forman una especie de aristocracia dentro del clero por su intervención en ceremonias litúrgicas, misas, horas canónicas y procesiones que se realizan en torno a la catedral y por la situación económica que disfrutan los canónigos.

En todos los cabildos están las dignidades o personas entre los que se incluyen el deán o presidente del cabildo.

B. MONASTERIOS Y CONVENTOS

Hasta los reinos hispánicos llegan monjes cluniacenses, símbolo de la independencia de los monjes respecto al poder civil. Son los agentes de la centralización de la cristiandad emprendida por Roma. Su influencia se hizo sentir especialmente en Castilla y León. El primer monasterio, San Isidoro de Dueñas, se fundó en 1073. Monjes cluniacenses o clérigos formados por ellos llegarían a las más importantes sedes episcopales. La vinculación a Cluny será decisiva en el cambio del rito mozárabe por el romano.

Pese a la importancia de la reforma, la iglesia mantuvo su estructura feudal, semejante a la de los laicos. Contra esta situación se alzan numerosos reformadores que exigen la vuelta de la iglesia al ideal evangélico de la pobreza. Dentro de esta corriente se inscribe la comunidad cisterciense, creada en 1099 por Roberto de Molesmes, quien aspiraba a que su grupo viviera del trabajo personal, en el más absoluto retiro y con sujeción estricta al ideal de pobreza individual y colectiva. Pero el grupo adquirió tal renombre que le llovieron los donativos y pronto sus monasterios rivalizaron en riqueza con los cluniacenses. En menos de 25 años el ideal evangélico de pobreza había pasado a un 2º plano.

Los cistercienses llevaron a cabo una actividad repobladora de extraordinaria importancia. Entre las condiciones exigidas para aceptar la donación de tierras y fundar en ellas sus monasterios figuran la propiedad absoluta del lugar y la concesión por el obispo de lo que podemos llamar inmunidad episcopal, es decir, la renuncia a inmiscuirse en el gobierno de la abadía. Previamente a la aceptación de las tierras, dos o tres abades de la orden realizaban una visita de inspección para comprobar si los terrenos permitían la vida de los monjes en régimen de autosubsistencia y si se hallaban lejos de cualquier aglomeración urbana, característica que diferencia claramente a los monasterios cistercienses de los cluniacenses.

San Bernardo de Claraval, cisterciense, está en la base de la creación y organización de las órdenes militares creadas para acoger y defender a los peregrinos que se dirigían a Tierra Santa y combatir a los musulmanes, objetivo que despierta gran interés en la Península, según se vio en el testamento de Alfonso el Batallador. Alfonso es también el creador de cofradías como Zaragoza, Uncastillo, Monreal y Belchite, precedente de las órdenes que se crearán en la 2ª ½ del XII, ante la falta de combatividad de las órdenes internacionales. Así nació la orden de Calatrava, la 1ª de una larga serie que incluye a las de Santiago, Alcántara, Avis y otras menos conocidas.

Cistercienses, premostratenses, Comunidad de Fontevrault y cartujos aspiraban a reformar la iglesia mediante el ejemplo personal. Otros grupos aspiraban a reformar las costumbres mediante la predicación. Entre ellos no sólo hay clérigos sino también laicos. Entre los laicos destacaron Pedro Valdo y Francisco de Asís. El segundo se adaptaría a las exigencias de la jerarquía y su movimiento será incorporado tras la adaptación correspondiente al sistema eclesiástico y sus seguidores formarán la orden franciscana. Pedro Valdo se negaría a aceptar la injerencia eclesiástica y sus teorías serán condenadas como heréticas. Para combatir doctrinalmente a los valdenses y a los cátaros, se crea en el XIII, por Domingo de Guzmán la orden de los dominicos. Completan esta relación de órdenes surgidas durante este período, las creadas a comienzos del XIII para redimir cautivos (trinitarios y mercedarios) y las de origen eremítico (carmelitas y agustinos). Todos estos frailes, por estricta que sea la orden, viven en el mundo, en las ciudades y desempeñan un papel fundamental en ellas como agentes de Roma y promotores de universidades.

Si en algún lugar podían surgir órdenes dedicadas a la redención de cautivos cristianos era en la Península, en las zonas costeras amenazadas por los piratas. Catalanes fueron los fundadores de trinitarios y mercedarios (San Juan de la Mata y Pedro Nolasco), cuyas casas hallamos repartidas por toda la geografía hispana.

17. VINCULACIÓN A ROMA

Hasta fines del XI la influencia de Roma en la Península es reducida y los reyes, siguiendo el ejemplo visigodo, convocan concilios por sí mismos en los que se tratan tanto asuntos religiosos como políticos. En 1215 se celebró en Letrán, con presencia de numerosos obispos peninsulares, un concilio universal que concedió especial importancia a la reforma de las costumbres del clero, pero sus ecos apenas fueron oídos en la Península hasta la llegada en 1228-9 del legado pontificio Juan de Abbeville. Las disposiciones de Letrán relativas a la obligación de confesar y comulgar una vez al año, pagar los diezmos y en especial los acuerdos sobre las relaciones de los clérigos con las mujeres, la necesidad de tener unos conocimientos mínimos para ejercer dignamente el ministerio eclesiástico y la obligación de los canónigos de asistir al coro y al rezo de los oficios divinos, fueron el empeño de la obra de Juan de Abbeville, que, sin embargo, no tuvo continuidad.

Equiparados los clérigos en muchos puntos a los nobles, como ellos ocupan cargos en la administración. Desde fines del siglo XIII se pide insistentemente que los clérigos sean apartados de cargos en la administración de los que no se les puede pedir responsabilidades por estar sometidos únicamente al fuero eclesiástico.

Concilios y sínodos no son asambleas políticas, pero en ellos se hace hincapié en la defensa del fuero y de las propiedades eclesiásticas.

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Última actualización: Agosto 2005
 

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