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Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.
Autor:Anónimo
Las uniones y separaciones, alianzas y enfrentamientos en la historia de Al-Ándalus y de los reinos cristianos occidentales tienen su equivalente en la zona oriental en este período que se inicia con la división de los dominios de Sancho el Mayor entre navarros y aragoneses 1035. se unen en 1076 y se separan definitivamente a la muerte de Alfonso el Batallador en 1134. tres años más tarde Aragón se une al condado de Barcelona para toda la Edad Media, pero conservando cada Estado su propia organización, intereses políticos, cortes, etc.
Navarra teóricamente forma parte de la Corona de Aragón (Roma incluye territorios navarros bajo la metrópoli de Tarragona) pero en la práctica los navarros mantienen su independencia gracia a una hábil política de equilibrio entre Aragón y Castilla, a pesar de diversos pactos entre ambas para repartirse el reino, lo que le hará buscar en sus vecinos próximos, los franceses, apoyo militar frente a Castilla o Aragón, mediante alianza 1º con la nobleza francesa (condes de Champaña) y hacia la 2ª ½ del XIII con la casa real francesa, cuyos herederos serán la mismo tiempo reyes de Navarra.
Navarra, Aragón y Cataluña se enfrentan y colaboran en el cobro de parias y control de los reinos taifas.
El reino de Zaragoza (conquistado por Alfonso el Batallador) se incorpora a Aragón lo que corta la expansión de navarros hacia tierras musulmanas del sur, orientándose hacia el N de los Pirineos. También Aragón y Cataluña penetran hacia el sur de Francia al mismo tiempo por tierras musulmanas. Sin embargo, la frontera catalano-aragonesa quedará sin definir hasta el XIII.
Se repoblarán tierras abandonadas, como el campo de Tarragona donde se restaurará la sede arzobispal que servirá como símbolo de la unidad político-eclesiástica entre Cataluña-Aragón y el reino de Navarra.
Las repoblaciones, lo mismo que ocurre en tierras castellanas, exige conceder privilegios para compensar a sus habitantes del riesgo de permanecer en zonas expuestas a correrías musulmanas o de los reinos vecinos. Estos nuevos habitantes tenían una condición nueva, libertad individual y la unión entre los pobladores de cada aldea, valle o ciudad. Se les atrae con concesiones, fueros, cartas de población o cartas de franquicia, se fijan normas de convivencia entre los vecinos. Destaca la ciudad de Barcelona que recibe su carta de población en 1025 y en la que surge un importante núcleo de artesanos y mercaderes, cuya actividad se ve favorecida por la proximidad del Mediterráneo. Esta proximidad es la que diferencia a las ciudades costeras de las del interior, donde predomina la actividad agrícola.
El auge del comercio convierte a Cataluña en el motor de la Corona de Aragón que orienta su política exterior hacia el Mediterráneo.
Con la división de los dominios de Sancho el Mayor entre sus hijos se pone fin a la obra unificadora y la monarquía pamplonesa queda en un 2ª plano, mientras en occidente sobresale el nuevo reino de Castilla unida al leonés y en oriente el condado de Barcelona.
Sancho el Mayor no dividió el reino sino que confió el gobierno de sus dominios a sus hijos, Fernando, Ramiro y Gonzalo, que jurídicamente dependerían del único rey, García de Navarra, pero que en la práctica actuaron como independiente y se opusieron a las pretensiones de García contra el que sublevaron en 1043, Ramiro y en 1054 Fernando, para rectificar fronteras fijadas por Sancho. Derrotado y muerto en Atapuerca García, la situación se invierte y el nuevo monarca Sancho IV (1054-1076) ya no será señor sino vasallo del castellano.
Castellanos y aragoneses por las parias de Zaragoza llegan a una guerra en la que muere el aragonés Ramiro (1063 en Graus). Más tarde cuando Sancho II de Castilla inicie guerra fronteriza con Sancho IV, el aragonés Sancho Ramírez acudirá en ayuda del navarro pero no podrá impedir la ocupación de ciertas plazas.
Por esta épocas entran los cluniacenses en Aragón lo que aumenta la influencia de Roma, cuya presencia se ve como garantía de estabilidad y poder (Roma representa el poder supremo de occidente) y a Roma se dirigen aquellos que quieren dar legitimidad a sus adquisiciones. Allí acudirá Sancho Ramírez de Aragón para legitimar sus derechos frente a sus vecinos, especialmente navarros. Se hace vasallo de la Santa Sede, como hará 50 años más tarde Alfonso Enríquez de Portugal para librarse de la tutela castellano-leonesa y afirmar su independencia.
Los cluniacenses son los agentes de la intervención romana que se manifiesta mediante la infeudación del reino y la supresión del rito mozárabe y antes en el ensayo de lo que a fines de siglo serán las cruzadas, el objetivo de este ensayo será la toma de Barbastro (1064 en las que intervendrán caballeros italianos, franceses y catalanes, dirigidos por el obispo de Vic y el Conde de Urgell) que compartirán con Sancho el control de la plaza, reconquistada por el musulmán de Zaragoza en 1065.
Por las parias de Zaragoza el rey navarro y el conde de Urgell se comprometen a no apoyar a los francos que querían atacar Zaragoza y a mantener la paz y seguridad en los caminos a cambio del pago de las parias. Esto enfrenta a navarros y aragoneses y cuando en 1076 muere el navarro, Sancho Ramírez es aceptado como único rey. En ataque a Huesca muere en 1096, su hijo Pedro (1096-1104) la ocupará y 4 años más tarde tomará Barbastro. Estas tierras ocupadas serán repobladas en tiempos de Alfonso el Batallador (1104-1134) quien casa con Urraca de Castilla e interviene en las guerras de sucesión de Alfonso, en sus conquistas fue ayudado por las órdenes militares, del Temple y Hospital, con las que proyecta una especie de cruzada contra Zaragoza en la que también participan francos dirigidos por Gastón de Bearne, el éxito fue total.
El precedente de estas Órdenes Militares se halla en la Cofradía de Belchite, cuyas metas estarán marcadas en la « carta fundacional» : luchar contra los musulmanes por la ruta de Zaragoza camino al mar y de allí a Jerusalén. De cuanto ganen nada habrán de dar al rey, éste cede a la cofradía ciudades, castillos, botín y exime de todos los impuestos a los mercaderes que negocien en nombre de la cofradía, el aumentar los recursos para llevar a cabo la misión militar. Como guerreros, los cofrades tienen los beneficios eclesiásticos reservados a los clérigos.
Con la ayuda de estas cofradías y con los francos, Alfonso se apoderó de las tierras de las cuencas del Jalón y Jiloca (Zaragoza) y penetró en la serranía de Cuenca, asedió Valencia y en 1125 llevó a cabo una expedición por Andalucía. Todo esto explica que en su testamento ceda sus reinos a las órdenes. Lógicamente, este testamento no es aceptado ni por los nobles navarros, ni aragoneses que deciden nombrar su propio rey.
El saqueo y destrucción de Barcelona por Almanzor en 985 obliga al conde de Barcelona, Ramón Borrell a tomar relaciones con los musulmanes y romper con Francia. Se dirige a Córdoba como aliado de los eslavos (moros asentados en la zona levantina). La campaña fue un gran éxito y el botín permitió la reactivación del comercio, así como la reconstrucción de castillos y repoblación de tierras abandonadas y además sirvió para afianzar la autoridad frente a sus vasallos.
Cuando el califato desaparece, los condes siguen la misma tónica que los demás reinos hispánicos y se centran en el cobro de las parias, buena fuente de ingresos, y lo defienden si es preciso con las armas. Firmas acuerdos con otros condados como el de Urgell y Cerdaña, para juntos conseguir y repartirse las parias.
Barcelona se consolida como centro y cabeza de Cataluña y sus condes, la saga de los Ramón Berenguer y Berenguer Ramón se dedican a unificar sus dominios paternos para dividirlos a su vez y lo mismo que en otros reinos, cuando el gobernante es débil, los nobles tratan de independizarse, tal y como sucedió en la minoría de Ramón Berenguer I (1018-1035) bajo la tutela de su madre Emersinda.
De entre todos estos condes destaca Ramón Berenguer III (1097-1131) llamado el Grande, por la ambición de su política y los éxitos logrados tanto frente a los musulmanes como al N de los Pirineos. Intensificó la repoblación de la comarca de Tarragona, lo que le permitió restaurar la sede arzobispal (1089-1091), fijando la residencia del metropolitano en el obispado de Vic.
Ramón Berenguer en 1112 se casa con Dulce de Provenza y hace valer sus derechos sobre Carcasona, cuyo señor reconoce la soberanía del conde y se declara su vasallo. La muerte, sin herederos, de los condes de Besalú y Cerdaña le valen la incorporación de estos dominios. Sus posesiones pirenaicas y provenzales le hacen entrar en conflicto con el conde de Toulouse con el que llegó a un acuerdo por el que se dividían la Provenza. Las crónicas catalanas dan una versión mucho más poético-caballeresca de esta incorporación, en ellas cuentan que el conde había recibido el condado de manos del emperador alemán en recompensa por haber combatido a los nobles que acusaban a la emperatriz de adulterio.
En colaboración con una flota pisana interviene en la toma de Mallorca. Esa intervención tenía por finalidad acabar con la piratería de los mallorquines, tomando la isla y repoblándola, pero como los catalanes no disponían de hombres suficientes, la isla fue rápidamente ocupada por una flota almorávide.
A su muerte, 1131, hereda el condado Barcelonés Ramón Berenguer IV y el 2º de sus hijos Berenguer Ramón, la Provenza, con la condición de que si ambos mueren sin descendencia, heredera de Ramón Berenguer será Berenguela, mujer de Alfonso VII de Castilla y de Berenguer Ramón sus otras hermanas.
Cuando en 1134 moría Alfonso el Batallador su testamento (dejó sus dominios a las órdenes militares del Temple, Hospital y Santo Sepulcro) fue discutido y rechazado por navarros, aragoneses, zaragozanos y catalanes, porque Alfonso podía disponer libremente de las tierras conquistadas pero no de las heredadas, cuyos herederos legítimos eran García Ramírez de Navarra y Ramiro el Monje de Aragón (según el derecho aragonés un clérigo o una mujer transmiten sus derechos, pero no los ejercen plenamente sino por medio de un bajulus (tutor o marido). Los aragoneses aceptan a Ramiro quien contrae matrimonio para dar un heredero, nace Petronila a la que hay que buscar un marido que se haga respetar.
También los repobladores cristianos de Zaragoza hacen caso omiso al testamento y entregan el reino al monarca castellano Alfonso VII, quien acepta a Ramiro (éste una vez reconocidos sus derechos se apresura a devolvérselo) y se piensa en casar a Petronila con el hijo mayor, Sancho III.
Este testamento afecta también al condado barcelonés enfrentado con Aragón por el cobro de las parias y por las zonas de expansión. Prefieren aliarse con los almorávides antes que permitir la ocupación aragonesa. En Fraga, los almorávides seguros de la neutralidad de los catalanes, concentran sus tropas y vencen a Alfonso el Batallador, que muere meses más tarde sin resolver los problemas del testamento que las Órdenes reclaman. Roma interviene para llegar a un acuerdo y el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV es elegido para marido de Petronila, así se evita que se unan Castilla y Aragón. Los derechos de las órdenes son compensados mediante acuerdos.
Este es el doble origen de la autoridad de Ramón Berenguer IV sobre Aragón:
La independencia política de los condes fue seguida de la creación de sedes episcopales en cada uno de los condados y tendencia a unificarlos eclesiásticamente mediante la restauración de la sede tarraconense y así rompen la dependencia de Narbona, a la que estaban vinculados desde la ocupación de estas tierras por Carlomagno y de Toledo, donde desde 1086 hay un primado de Hispania. Cataluña consigue que Roma incluya la iglesia navarra en la órbita tarraconense e intentan hacer valer sus derechos política y militarmente, para lo que negocian con Castilla el reparto de Navarra. El vasallaje feudal que el conde debía a Castilla será suprimido a costa de que el rey aragonés renuncie a la conquista de Murcia, esto será en 1177 de manera definitiva con Alfonso el Casto, cuando acuda en ayuda del castellano Alfonso VIII para asediar Cuenca. Se prestan homenaje mutuo y modifican las zonas de influencia, Valencia para el Casto y Murcia para Castilla. Con este acuerdo se fijan los límites orientales de Castilla y Aragón-Cataluña.
Los repartos de las tierras navarras son neutralizados por García Ramírez y Sancho VI (1150-1194) mediante una hábil política que le lleva a reafirmar dependencia feudal respecto a Castilla y a colaborar con el rey-conde aragonés. La inestabilidad entre Castilla y Aragón lleva a los monarcas navarros a buscar contrapesos como alianzas matrimoniales con Ricardo Corazón de León, rey de Inglaterra y con Teobaldo de Champaña, cuyos descendientes en el XIII serán reyes de Navarra. Hacen alianzas con Castilla que luego sustituyen por León contra los castellanos. Cuando Alfonso VIII quiere hacer vales sus derechos sobre Aquitania por su matrimonio con Leonor hija de Enrique II de Inglaterra, los navarros colaboran con él en las Navas de Tolosa. La sucesión de Alfonso VIII y minoría de Jaime I de Aragón, permite a Sancho VII reforzar la frontera.
En 1230 León y Castilla se unen con Fernando III que presiona al monarca navarro, el cual firma un pacto con Jaime I y ofreciendo la corona a Teobaldo de Champaña con el que se unían las dinastías francesa y navarra.
Albarracín: la unificación almohade acaba con los reinos taifas a pesar de la ayuda prestada por los cristianos al rey Lobo de Murcia y Valencia, al que sucede en Albarracín uno de sus auxiliares, el navarro Pedro Ruiz de Azagra, caudillo cristiano, que crea su propio señorío como hiciera el Cid años antes. Azagra mantendrá su independencia y aumentará sus dominios oscilando entre Aragón y Castilla, con apoyo de Navarra. Transmite sus derechos sobre Albarracín a su hermano, que mantiene la misma política de equilibrio y hace alianza con la orden de Santiago a la que nombra heredera en 1190, aunque el señorío pasó a sus hijos, la orden de Santiago se convirtió en garantía de la independencia. Por razones de situación geográfica, se fue vinculando cada vez más a Aragón para pertenecer a este reino definitivamente a fines del XIII.
Urgell: la presión que los condes de Barcelona ejercen sobre este condado no acaba con su relativa independencia, cuyos condes mantienen una política de equilibrio con las potencias vecinas, lo mismo que Navarra y Albarracín. Armengol IV dispone en su testamento que si sus hijos mueren antes que él, el condado pasaría al infante Pedro de Aragón y si ese muriera sin descendencia, el condado pasaría al conde de Barcelona, en el caso que el urgelitano muriese siendo su hijo menor de edad, el gobierno le pertenecería al condado catalán y al reino aragonés, pero la tutela sería para Alfonso VI, esa era su salida de equilibrio, con esto se inicia una mayor aproximación a Castilla.
Las obligaciones feudales de Ramón Berenguer IV incluyen la ayuda a su señor Alfonso VII, al igual que el navarro García Ramírez, además cuenta con la ayuda naval de Génova. A pesar de la intervención conjunta de aragoneses, urgelitanos y barceloneses, las tensiones de años anteriores no desaparecen. Se realizan diversos ataque contra tierras musulmanas de Valencia, aunque se prefieren las alianzas y las parias con el rey Lobo que sirve de barrera contra las incursiones almohades. La conquista de estas zonas no supone la incorporación directa, puesto que con frecuencia el conde-rey paga a los nobles que colaboran en campañas militares los servicios prestados, mediante señoríos.
La obtención de un señorío lleva consigo intervenir en el nombramiento de funcionarios municipales, participar en los impuestos, así como en las multas. Pero por el contra les obliga a la defensa de las ciudades. Se les hace promesas que no siempre se cumplen. También a las órdenes militares se les compensa su renuncia a los derechos al trono por la entrega de plazas y castillos.
Se recupera Tortosa, que Alfonso el Casto entrega a la orden del Temple, reservándose la mitad de los ingresos de la ciudad, y Lérida, 1236. en cuanto al condado de Urgell, en adelante será una prolongación del condado de Barcelona, aunque teóricamente independiente.
Se recupera Tarragona cedida en propiedad al arzobispo Olegario, 1118, que es devuelta en feudo a Ramón Berenguer en 1151, para que la poseyera en nombre y como vasallo de la iglesia, además del señorío disponía de un horno y un molino señoriales y los ingresos de la ciudad (menos los eclesiásticos) mitad entre la iglesia y el conde.
Rivales en el sur por el control de las parias, los reyes de Aragón y condes de Barcelona chocan también en el N. 1118. Alfonso el Batallador recibe el homenaje feudal del conde de Tolosa, quien ofrece una serie de ciudades. Por medio de pactos y alianzas se convierten en señores feudales al N de los Pirineos con predominio catalán.
La política occitana en los años iniciales del XIII no es fácil de entender puesto que influye en la misma la situación europea: el territorio dividido en condados y vizcondados relacionados mediante acuerdos que continuamente cambian según los intereses del momento. Los enfrentamientos entre ingleses y franceses repercuten al apoyar los ingleses a Provenza, los franceses a Toulouse y por encima del emperador, señor de Provenza. Problemas religiosos por la difusión del catarismo es estas ciudades y por último, enfrentamientos entre burgueses y señores feudales, así como rivalidad por el control del comercio entre pisanos y genoveses. Las paces que se firman por cinco años duran meses o días y el fallecimiento de un personaje pone en marcha nuevas alianzas. A pesar de la dificultad, podemos distinguir 3 etapas:
La paz de fines de ese mismo año coincide con el entendimiento entre el Pontificado y el imperio y permite a la Iglesia intervenir contra los cátaros, que en el III concilio de Letrán de 1179 acuerda prohibir la defensa de los herejes y comerciar con ellos (la herejía se extiende a través de los mercaderes). Por ello se ponen bajo la protección eclesiástica todos aquellos que tomen las armas para reducir a los herejes. Así, bajo el manto de cruzada se camuflan las campañas políticas, tal como ocurrió en 1213 en que los cruzados de Simón de Montfort al servicio de la monarquía francesa pusieron fin a la presencia catalana en Occitania y dieron muerte a Pedro el Católico en la batalla de Muret.
La convergencia en los reyes de las dinastías catalanas y aragonesas crea confusiones en la numeración de sus monarcas. Así, el 1º, Alfonso sería Alfonso II de Aragón y I de Cataluña, ese desfase sería hasta finales de la Edad Media. Para evitar equívocos, generalmente se les nombra por el calificativo con que fueron conocidos: el Casto, el Católico, el Liberal, el Benigno, etc.
Alfonso el Casto (1152-1196) y su hermano Pedro el Católico (1196-1213) fueron confiados a la tutela de Enrique II de Inglaterra, lo que serviría de contrapeso al monarca francés aliado de los condes de Toulouse.
El conde-rey Alfonso el Casto para dar satisfacción a los nobles aragoneses continúa con las campañas de conquista ultrapirenaicas catalanas. También participó en las campañas de Castilla contra Cuenca (1177), se atrajo la influencia de Albarracín. Buscó una salida a la relación vasallática con Castilla por el rey de Zaragoza y a la independencia de Navarra. Temas resueltos en el tratado de Cazorla (1179) por el que castellanos y aragoneses se repartirán Navarra, se ponía fin al vasallaje aragonés a cambio de la renuncia al reino de Murcia. Este tratado sin resultados políticos prácticos, pues llegarán a formar un bloque aragonés-navarro-leonés-portugués contra Castilla, cuya política expansiva representaba un peligro para todos los reinos peninsulares.
La intervención ultrapirenaica estuvo motivada por la muerte sin herederos de Ramón Berenguer III de Provenza, 1166, llevó a varios años de enfrentamientos, paces y alianzas. Alfonso consiguió la renuncia de los condes de Toulouse a los posibles derechos sobre Provenza, los acuerdos de nada sirvieron porque tras el conflicto Provenza-Toulouse se debatía el predominio de Francia e Inglaterra en el S de Francia. Así, Felipe II Augusto apoya a Ramón V de Toulouse y Enrique II de Inglaterra a Alfonso de Aragón, al final de su reinado Alfonso logra controlar la Provenza que luego confió a su hijo segundo Alfonso y sus dominios peninsulares a su primogénito Pedro el Católico.
Este último (1196-1213) pone fin a las luchas con los condes de Toulouse, cuando Inocencio III Papa desde 1198, inició la lucha contra los albigenses y su protector el conde tolosano. El monarca francés, que había debilitado el poder de Inglaterra, no tenía interés en mantener al tolosano contra el Papa, por lo que Ramón VI se ve obligado a buscar la amistad del rey aragonés, el cual se convirtió en protector y señor feudal de la mayor parte del S de Francia, especialmente desde su matrimonio con María, quien llevaba la dote la ciudad de Montpellier.
Ante el problema albigense intenta quedar bien con sus vasallos, pero también con respecto a sus deberes hacia Roma, a la que acude para hacerse coronar rey y renueva el vasallaje al Papa. Este le recuerda la obligación de combatir a los herejes y realiza algunas campañas para justificarse. Luego abandona el S de Francia y se dedica a los asuntos peninsulares, pacta con el monarca castellano una nueva división de Navarra. Por falta de medios económicos tiene que renunciar a las campañas militares, esta situación es aprovechada por Sancho VII de Navarra para comprar la paz y hacerle un préstamo. En 1212 el rey de Aragón colabora en la cruzada castellana contra los almohades, interviniendo de forma muy activa en la victoria de las Navas de Tolosa. Un año más tarde moría en Muret al intentar defender a sus aliados vasallos contra los cruzados de Simón de Montfort, contra Francia.
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Última actualización: Agosto 2005
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