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Historia Medieval de España

Tema XI: ECONOMÍA, SOCIEDAD Y CULTURA DE LOS REINOS Y CONDADOS PENINSULARES

Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

Autor:Anónimo

1. EL FEUDALISMO PENINSULAR

La vinculación de una parte importante de medievalista a las corrientes históricas de tipo jurídico ha llevado a afirmar que en la Península sólo pueden ser considerados feudales los condados catalanes, relacionados con el mundo carolingio, pero en lo referente a la aristocracia militar, no lo es menos que todos los dominios cristianos de la Península son muy parecidos a la Europa durante este período, y si bien es verdad que no existe un feudalismo pleno, de tipo francés, si se dan condiciones económicas y sociales que permitan hablar de una sociedad en diferentes estados de feudalización. En cada caso, la situación geográfica, la abundancia o escasez de tierra, la posición militar, los orígenes de los pobladores, las modalidades de repoblación, influyen y determinan una evolución distinta de esta ciudad, en la que puede verse todas las fases del proceso feudal.

2. LOS CONDADOS CATALANES (EXAMEN)

El feudalismo catalán presenta numerosas peculiaridades y un ritmo de evolución propio que viene determinado por la situación inicial de la sociedad en la que se implanta y por las circunstancias en la que se desarrolla.

A comienzos del XI coexisten en los condados de la Marca dos estructuras administrativas y dos formas de vida: la de la población autóctona (payeses), agrupada en valles en los que predomina la pequeña propiedad y la igualdad social de sus habitantes, y la impuesta por Carlomagno, que divide el territorio en condados y confía su defensa a hispanos (miembros de la antigua nobleza refugiados en el reino carolingio) o a francos unidos al emperador por lazos de fidelidad y dotados con tierras situadas en zonas estratégicas que repueblan con la ayuda de colonos.

La aproximación entre ambos es lenta, sufre avances y retrocesos, y el triunfo de la 2ª, de la gran propiedad, no se producirá hasta los siglos XI-XII. Sin embargo, la necesidad de atender a la defensa militar de estas fronteras incitaría a los condes a incluir en el círculo de sus fieles a los miembros más destacados de la comunidad indígena y de algunos que se sentían atraídos por las ventajas que la condición de vasallo al conde podía reportarles.

La independencia lograda a fines del XI no modifica mucho la situación, pero sin duda el conde instalado en la zona, intensificaría las relaciones con la población indígena cuyos dirigentes, así como los de origen hispano o franco asentados en el territorio, adquirirían una estabilidad que no tenía en los años precedentes. Durante el IX el conde representa al monarca: en su nombre recibe los juramentos de fidelidad, hace cumplir las órdenes reales, concede los derechos de ocupación de la tierra y entabla negociaciones con los musulmanes, está encargado de administrar las tierras fiscales y las personales del rey, así como de la administración de los derechos reales (portazgo, censos, servicios personales de los súbditos) y de las cecas. Como jefe militar del condado se encarga de reclutar y dirigir las tropas y dispone de contingentes permanentes a sus órdenes, garantiza la paz en el territorio y preside los tribunales (para estas tareas cuenta con funcionarios que actúan en nombre del conde y son retribuidos con los derechos condales).

Los cargos más importantes son los de vizconde y veger. El Vizconde actúa como sustituto del conde, cuando es necesario, y tiene sus mismas atribuciones. En muchos casos se le encomienda la dirección de una parte del condado, cuando éste incluye un nº importante de valles. El Veger ejerce una autoridad más directa aunque geográficamente más limitada: es el representante del conde en los castillos, que no son simples fortalezas sino centro administrativo dotado de un territorio propio. A estos funcionarios con poderes similares a los del rey en su reino o del conde en su territorio habría que añadir los cargos especializados: jueces, recaudadores de impuestos, administradores directos de los bienes fiscales, procuradores judiciales del conde.

Este sistema de gobierno ha tenido como efecto más importante romper la organización tribal de la población de los valles. Estos pierden su carácter administrativo al fragmentarse en castillos y agruparse en vizcondados y condados. A romper esta estructura ha colaborado la organización eclesiástica, que divide los valles en parroquias y los agrupa en obispados, y a fines del IX los valles y sus pobladores están organizados no con criterios geográficos sino de tipo militar y eclesiástico en parroquias, castillos, valles (que comprenden más de un valle geográfico y equivalen a veces a los vizcondados), condados y obispados. Al frente de cada uno de estos organismos están personas que se distinguen por sus funciones, a veces por su riqueza, del resto de la población.

La reorganización de Al-Ándalus por Abd al-Rahmán III tuvo importantes repercusiones militares en los condados catalanes, al acelerar la construcción de castillos. Dado que el conde no puede ocuparse de construir ni de defender, la defensa de estos castillos, vende parte de ellos a las corporaciones eclesiásticas (obispado de Vic, catedral de Barcelona, monasterio de Sant Cugat) o a los laicos que poseen suficientes medios para organizar su defensa (vizcondes, fieles, vergeres o particulares enriquecidos). En otros casos autoriza la construcción de castillos en zonas fronterizas ocupadas por laicos o eclesiásticos mediante el sistema de aprisio. Los castillos que dependen del conde y tienen un distrito siguen bajo la autoridad del veger, cuyas funciones tienden a hacerse hereditarias, así como las tierras unidas al castillo, lo que aumenta la importancia de estos personajes.

El proceso de creación de grandes dominios se acelera a fines del X coincidiendo con esta privatización de los castillos: la autoridad y la fuerza que da la posesión de una plaza fuerte se combina con la necesidad de protección sentida por los campesinos, que en muchos casos se encomiendan y entregan sus bienes a militares a cambio de protección (en este momento la concentración de la tierra tiene gran importancia por lo que tanto los grandes propietarios como las corporaciones eclesiásticas invierten los beneficios de otras actividades en la obtención de nuevas tierras con el fin de aumentar la concentración de sus tierras).

Así las cosas, la autoridad del conde sólo se conserva mientras posee suficiente fuerza para imponerse a los castellanos y garantizar el ejercicio de la justicia. Las campañas de Ramón Borrell sobre Córdoba, en ayuda de los esclavos, le permiten mantener el control del condado barcelonés, pero a su muerte (1018) los condados de Barcelona-Gerona-Vic quedan en manos de Ramón I. Hombre de débil carácter, al morir dividió los condados entre sus hijos, todos ellos menores de edad. Con esta decisión se va debilitando el poder condal lo que lleva a las grandes familias catalanas a crear un sistema que les permite regular entre ellas sus propios problemas, mediante acuerdos o convenios, mediante pactos feudales en los que se fijan los derechos y deberes de cada una de las partes. Con esto tratan de imitar las normas feudales vigentes en el mundo europeo aunque en el territorio catalán esta organización no aparecerá hasta época posterior.

LOS HONORES NAVARRO-ARAGONESES

La situación de guerra constante en que viven las sociedades navarra y aragonesa, situadas entre los carolingios del norte y los musulmanes al sur, causa las primeras diferencias sociales: a la población agrícola y ganadera se superpone, en los siglos IX y X, un grupo militar cuyos jefes, los barones, son los colaboradores del rey o conde. El nº de barones es reducido, pero su importancia social aumenta al confiarles los condes y reyes el gobierno de algunos distritos y dotarles de tierra en plena propiedad, autorizándoles a poner en cultivo otras, es decir, las declara libres de las cargas fiscales y concederles honores, es decir, tierras que no se puedan incorporar a sus bienes patrimoniales pero de las que recibe tributos y derechos del rey sobre quienes habitan en ellas, aunque el alcance de la concesión viene fijado en cada caso por el monarca, que se reserva siempre la mitad de los ingresos y tiene libertad para cambiar el emplazamiento de las dotaciones.

Los deberes de los barones como usufructuarios del honor son militares y judiciales, semejantes a las obligaciones de los vasallos del emperador carolingio. El servicio militar en ayuda del señor es obligatorio y lo paga el barón con sus medios durante los 3 días y es retribuido si exige más tiempo. En ocasiones, los barones reciben 2 honores complementarios: uno en el interior, en la retaguardia, que proporciona los ingresos necesarios para defender el honor concedido en la frontera.

INMUNIDADES Y SEÑORÍOS OCCIDENTALES

De los reinos y condados cristianos surgidos tras la invasión musulmana, el reino astur-leonés fue el más influido por la tradición visigoda y teóricamente debería haber sido el más feudalizado, si tenemos en cuenta que este reino se hallaba en el 711 en un estado similar al del Imperio Carolingio cien años más tarde. Sin embargo, no fue así debido a que en sus orígenes el reino fue creación de las tribus cantábrica y galaica entre las que predominaba la pequeña propiedad y no existió hasta época tardía una nobleza que pudiera imponerse sobre los campesinos y éstos conservan su libertad mientras haya amplios territorios desiertos o poco labrados cuya colonización interesa al monarca, que por otra parte, tiene en Asturias-León un poder muy superior al de los reyes visigodos. Si es verdad que no existe una feudalización del reino, sí se dan numerosas instituciones feudales como el vasallaje, el beneficio o prestimonio y la inmunidad, que llevan a la constitución de señoríos básicos y eclesiásticos, pero ni el régimen señorial se generalizó suficientemente ni el grupo nobiliario adquirió conciencia como tal y el rey pudo mantener el todo momento unos derechos básicos que reducían considerablemente la autoridad de los nobles.

Resumiendo, la sociedad astur-leonesa conoció un desarrollo bastante considerable del vasallaje a cambio del cual se obtiene una soldada o un beneficio. Los reyes se rodean de clientes armados a los que llama milites y milites palatii, que deben al monarca servicios de guerra o de corte por los que reciben donativos en tierras, que en algunos casos son declarados inmunes, libres del control del rey. Junto al vasallaje real se desarrolló el privado y los nobles y eclesiásticos se rodean igualmente de milites, según fuentes del X, parece que imponen a los infanzones y milites la obligación de tener señor. Desde comienzos del X se dan en Castilla privilegios por los que los funcionarios reales no pueden actuar en las tierras declaradas inmunes, lo cual suponía, según Sánchez Albornoz, los siguientes derechos para el propietario, que en general, coinciden con las atribuciones y derechos que tienen los señores feudales:

·Cobrar los tributos y servicios que los habitantes estaban obligados a pagar al soberano.
·Administrar justicia dentro de sus dominios.
·Cobrar las caloñas o penas pecuniarias atribuidas al monarca.
·Recibir fiadores o prendas para garantía de la composición judicial.
·Encargarse de la policía de sus tierras inmunes.
·Exigir el servicio militar a los moradores del coto y nombrar funcionarios que sustituyen al rey

Pero la diferencia radica en que en el caso feudal el gran propietario actúa como señor inmune al atribuirse las funciones públicas, mientras que en el reino leonés el privilegio es una concesión del rey, que puede revocarlo y otorgarlo libremente según la fuerza de que disponga. Y, a diferencia de lo ocurrido en el imperio carolingio, los reyes leoneses y más tarde los castellanos tuvieron casi siempre la fuerza necesaria para imponerse a la nobleza.

3. LIBRES E INDEPENDIENTES

La existencia de gran nº de hombres libres en los reinos hispánicos ha servido para negar la feudalización del territorio, pero a veces se olvida que el proceso feudal el lento y que en el siglo IX son numerosos los libres, en los siglos X y XI disminuye su nº y que en gran nº de casos aparecen en los documentos precisamente cuando han perdido sus propietarios, por venta o donación y con ellas la libertad personal.

EL CAMINO HACIA LA DEPENDENCIA

El paso de la libertad a la dependencia puede realizarse directamente por medio de la encomendación que supone, por parte del campesino, aceptar como señor a un noble o institución eclesiástica a la que entrega sus tierras a cambio de protección, pera volver a recibirlas ya no como propietario sino como cultivador que reconoce los derechos señoriales pagando determinados tributos o realizando diversos trabajos para el señor. Incluye una primera fase de pérdida de la propiedad en los años difíciles y una segunda pérdida de la libertad cuando el campesino, sin tierras, se ve obligado a aceptar las condiciones del gran propietario. Hay múltiples formas de absorber la pequeña propiedad y reducir a dependencia a sus cultivadores.

·En los condados catalanes, los condes, los funcionarios y los monasterios e iglesias se convirtieron rápidamente en señores de las tierras y de los servicios y derechos de los hombres que las cultivaban, bien por compra, cesión real, usurpación, o por entrega voluntaria (como las 18 familias de Bañen que entregaron en el 920 todos sus bienes al conde Ramón I de Pallars para obtener su protección contra todos los hombres del condado).
·Los pequeños propietarios castellanos pudieron defenderse mejor de la presión nobiliaria y eclesiástica por el hecho de que los condes los necesitaban para mantener su independencia frente a León, Navarra y Córdoba y por no existir en Castilla hasta época tardía un clero organizado ni una aristocracia fuerte. Además, la libertad castellana se vio favorecida por la existencia de comunidades rurales que ya en el X tenían una organización y una personalidad jurídica que permitía a sus habitantes tratar colectivamente con nobles y eclesiásticos y defender sus derechos con eficacia. Colabora a la supervivencia de los hombres libres en Castilla la elevación a un cierto tipo de nobleza de los campesinos que tenían medios suficientes para combatir a caballo (caballeros villanos) que aunque existían en otros reinos no alcanzaron la importancia que en Castilla. En el Fuero de Castrojeriz del 974, equipara a los caballeros villanos con los infanzones o nobleza de sangre y a los peones con los caballeros villanos de otras poblaciones, se alude también a la modalidad de dependencia.
·En león quedan sometidos quedan sometidos a un señor mientras vivan y transmiten a sus hijos la dependencia. En Castilla conservan, al menos en teoría, la libertad de romper sus relaciones con el patrono, de moverse libremente y de elegir por señor a quien quieran, al que deberán prestar determinados servicios, como trabajar sus tierras en determinadas ocasiones (sobre todo en determinadas faenas temporeras del campo: podar, segar, vendimiar, etc.).
LIBERTOS Y SIERVOS

Junto a los hombres libres figuran los libertos, cuyo modo de vida y situación es similar a la de los campesinos encomendados ya que, igual en Europa, ha desaparecido la división tajante entre libres y no libres y se tiende a dividir la sociedad en propietarios y no propietarios o en propietarios o cultivadores de la tierra. Libertos y colonos son hombres de un señor, del propietario cuyas tierras cultivan y transmiten su condición social a los descendientes, que no pueden abandonar la tierra sin permiso del dueño al que están obligados a prestar una serie de servicios y a pagar tributos, por lo que en muchos textos los llaman tributarios y foreros. Otros nombres son los de hombres de mandación, iuniores, collazos, solariegos, vasallos, en León y Castilla. En Cataluña commanentes y stantes, para indicar su obligación de permanecer en la tierra. En Aragón y Navarra les denominan mezquinos. Tanto los libertos como los colonos deben al señor censos y prestaciones personales de cuantía muy variable, pero generalmente consisten en trabajar las tierras que se reserva el señor durante un cierto número de días en las épocas en las que hay más trabajo.

Jurídicamente distintos de libertos y colonos son los siervos, que pueden ser vendidos como cosas y cuya situación es parecida a la de los colonos por cuanto el señor prefiere liberar a los siervos y entregarles unas tierras para que las cultiven, pagando los censos y prestaciones habituales. Liberándoles el señor actúa de acuerdo con las enseñanzas de la iglesia y dándoles tierras para que las pongan en cultivo, aumenta sus ingresos, evita los gastos de manutención de los siervos, obtiene unos censos suplementarios y puede disponer de mano de obra cuando lo necesite. Cuando mejora la suerte de estos siervos y empeora la de libertos y encomendados, ambos grupos se confunden y sólo perviven los siervos domésticos.

LIBRES Y PRIVILEGIADOS

La acumulación de la propiedad en manos de nobles y eclesiásticos está relacionada con la función que realizan los miembros de estos grupos (siervos y encomendados). La defensa del territorio y de los hombres contra los enemigos es compensada mediante la entrega de tierras en propiedad o en beneficio, feudo o prestimonio a los milites o bellatores y la búsqueda de protección ante la divinidad explica las donaciones a clérigos y oratores que ven cómo reyes y particulares dotas iglesias y monasterios mientras ellos incitan a los fieles a despojarse de sus bienes.

Los reyes y condes ven en la dificultad del cristianismo y de los centros eclesiásticos un factor de expansión política y posibilidad de poner en cultivo sus tierras, lo que les lleva a hacer continuas donaciones y a proteger los bienes eclesiásticos hasta hacer de la iglesia el mayor propietario territorial de la Edad Media.

Dentro del grupo nobiliario puede distinguirse entre alta nobleza cuyos miembros reciben los calificativos de magnates, optimates, próceres y barones y los nobles de segunda fila. Los primeros son los que han desempeñado funciones militares en los primeros tiempos o han estado al frente de cargos administrativos de importancia, tienden a constituirse en grupos cerrados y transmiten sus privilegios a los herederos, tienen grandes propiedades, intervienen en las asambleas palatinas, gobiernan los distritos de los reinos y condados y se hallan unidos al rey o conde por vínculos especiales de vasallaje. Más numerosa y abierta es la 2ª de la que pueden formar parte los descendientes de la alta nobleza (nobles de sangre o infanzones) y todos los que tienen medios para combatir a caballo al servicio de un señor (vasallos caballeros) o guardan un castillo (castellanos). Ambos grupos se funden en una nobleza de linaje, la de los caballeros infanzones o nobles (claramente diferenciados de los caballeros villanos de los concejos) y suelen estar ligados a los reyes o magnates de los que reciben beneficios o sueldos a cambio de ayuda militar. Todos los nobles están exentos del pago de tributos personales y territoriales y tienen ante la ley una categoría superior a la de los simples libres. Sólo pueden ser juzgados por el rey y su comitiva y su testimonio tiene en juicio más valor que el de un simple libre.

4. ECONOMÍA DE LOS REINOS Y CONDADOS CRISTIANOS

Frente al predominio urbano e industrial de Al-Ándalus, los dominios cristianos sólo pueden ofrecer una economía agrícola y pastoril carente de moneda propia, sin proyección exterior importante y destinada fundamentalmente a la alimentación, vestido y calzado de sus habitantes. También carecemos de fuentes para el estudio de la economía. Pese a todo, es posible afirmar que la economía de estos territorios se basa en el botín y en el cultivo de la tierra, es decir, muy parecida a Europa, aunque no puede hablarse de igualdad de situaciones porque mientras las roturaciones de tierras no se producen en Occidente hasta el año mil, en la Península tiene lugar desde mediados del IX.

Este desfase cronológico va unido a diferencias sociales: la población de los reinos y condados peninsulares es una población joven, poco evolucionada, primitiva y será preciso un lento y largo proceso para que se llegue a la sumisión personal y territorial del campesino a los señores-propietarios de la tierra. La guerra es más rentable para los señores y sólo a medida que las fronteras se alejan presionan los propietarios sobre los campesinos para labrar la tierra. Es preciso recordar que la situación de guerra permanente, y no sólo contra los musulmanes, mantuvo el prestigio de reyes y condes, jefes similares ante todo y les permitió mantener un mayor control sobre los grandes propietarios y sobre los funcionarios.

EL BOTÍN

La importancia del botín en la historia peninsular puede ser entrevista todavía en el XIII, cuando los nobles navarros intentan limitar los poderes del monarca, extranjero, Teobaldo de Champaña, le recuerdan que tras la ocupación de la Península por los musulmanes, algunas personas no aceptaron la nueva situación, reunieron en las montañas de Ainsa y Sobrarbe hasta 300 caballeros, llevaron a cabo numerosas cabalgadas contra los infieles y sólo aceptaron un rey cuando, incapaces de ponerse de acuerdo sobre el reparto de las ganancias, siguieron el consejo del Papa, de los lombardos y de los francos, no sin antes poner por escrito sus derechos y obtener la promesa de respetarlos por parte del futuro monarca.

En fuero, en cuanto intento de limitar el poder real, es obra del XIII, pero se ajusta a la realidad del VIII al afirmar que fueron los hombres de las montañas los únicos que ofrecieron resistencia a los nuevos señores de la Península y que lo hicieron no para oponerse al Islam y defender la fe cristiana, sino en busca de botín y de tierras para una población a la que los recursos de la montaña no bastaban y en defensa de una situación (pequeña propiedad y libertad individual) que los diferenciaba del mundo civilizado en el que predomina la gran propiedad y la esclavitud o la servidumbre.

Las dificultades internas de Al-Ándalus habían permitido a los astures llevar sus fronteras hasta el Duero en connivencia con los muladíes sublevados en Toledo, Badajoz, Bobastro. El reino leonés dispone de una ideología que no sólo justifica la guerra sino que hace del enfrentamiento armados con los musulmanes la razón de ser del nuevo reino visigodo y otro que como el se hallaba en guerra con los musulmanes como el reino de Pamplona, el condado de Aragón y los condados catalanes.

Con el muro que ponen a los musulmanes Pamplona y Castilla, León pierde importancia militar a lo largo del X y la defensa del reino queda en manos de los castellanos, cuyos condes alternan la sumisión a Córdoba con la realización de campañas de saqueo como la llevada a cabo en el 974.

También Pamplona, Aragón y los condados catalanes basaron una parte de su economía en las campañas de saqueo, únicas que pueden explicar las riquezas acumuladas por el monarca pamplonés en el IX (fue apresado por los normandos y tuvo que pagar un cuantioso rescate). Respecto a los catalanes, se sabe que alternaban las campañas en búsqueda de botín con el comercio: por tierras catalanas pasaban los rebaños de esclavos adquiridos en Europa por emires y califas, y al comercio y la piratería. Los condes de Barcelona y Urgell intervienen activamente en la guerra entre beréberes y esclavos apoyando a éstos tras exigir que cada uno de los combatientes recibiría dos dinares diarios, además de vino y comida, el conde recibía 100 dinares por día y que les pertenecía todo lo que arrebataran a los berberiscos.

SUELDO, MODIO Y OVEJA

Al margen del botín, durante los primeros tiempos, tanto en la parte occidental como en la oriental, debía predominar la ganadería sobre la agricultura. Los avances hacia el sur harían posible el cultivo de cereales, viñedos. El comercio apenas supera el ámbito local o regional y sólo la nobleza y los clérigos disponen de objetos de lujo procedentes de Al-Ándalus.

En el reino astur-leonés, la economía agraria-ganadera viene atestiguada por la equivalencia entre sueldo de plata, el modio de trigo y la oveja, que utilizan en numerosos casos como moneda real ante la inexistencia o insuficiencia de la moneda.

La naturaleza de los documentos conservados, mayoritariamente título de propiedad, impiden conocer el valor de los objetos empleados en la vida diaria y de los productos alimenticios, pero la lista de objetos y productos vendidos demuestra una gran actividad comercial, sobre todo de artículos de lujo como ornamentos eclesiásticos y alhajas. Dentro de la producción local los mayores precios corresponden al ganado equino y mular, utensilio de comedor, dormitorio y prendas de vestir. En último lugar figuran el ganado vacuno, objetos de uso diario como colchones, lienzos, pieles de conejos o corderos, el ganado asnal.

Es importante destacar la importancia del caballo como arma de guerra. En León y Castilla, la posesión de un caballo de guerra llegó a ser requisito suficiente para acceder a un cierto grado de nobleza. Los objetos manufacturados fueron escasos debido a la falta de mano de obra, ya que todas las fuerzas de trabajo se dedicaban a la producción agrícola o a la defensa del territorio, escaseaba la mano de obra especializada. Importante destacar que los objetos de lujo de alto precio se encuentran en la mayoría de los casos en zonas gallegas, donde se ha creado una aristocracia territorial importante. Los utensilios están más extendidos, pero abundan más en Galicia que en León y Castilla mientras que los arreos de cabalgar, las armas y el ganado caballar alcanzan precios superiores en Castilla y León que en Galicia.

Los bienes raíces, tierras cultivadas y yermas, molinos, prados e iglesias, son más baratos si comparamos sus precios con los artículos de lujo o simplemente con los objetos manufacturados de uso corriente, lo que explica la abundancia de la tierra y las facilidades que da el rey para ocuparlas. Iglesias y molinos carecen de valor por su reducido tamaño y por su rústica construcción. Los precios se mantuvieron estables con excepción del alza experimentada en el valor de los ganados y de los bienes muebles a raíz de las campañas de Almanzor.

El estudio de monasterios castellanos y leoneses es importante para conocer la economía, evolución y mentalidad de la época. El monasterio de San Millán recibe entre los años 931 y 970 la donación de cinco ermitas, diez iglesias, un monasterio, siete villas, ocho eras de sal, una casa, cuarenta hombres y nueve vaquerizos, y tan sólo compra las salinas que precisa para conservar carne y pescado, para los monjes y para la alimentación del ganado. A comienzos del XI, el monasterio basa su economía en la producción de cereales, de vino y de sal, en la pesca y en la ganadería, aunque ésta pierde importancia a favor de la agricultura. Se realizan pequeñas obras de regadío, mejoran los molinos, pesqueras y la difusión del hierro permite cultivar mejor la tierra.

Según la documentación del monasterio de Sahagún reunida por José Mª Mínguez confirma el predominio de la economía ganadera y del sistema de trueque: los pagos se hacen en ganado hasta los años setenta del X y el tipo de ganado que se entrega depende de las características geográficas de cada región. En la montaña predomina el pago de ganado ovino, en el páramo se alterna el pago entre ganado ovino, bueyes, caballos y ganado lanar, en la llanura se emplea el ganado vacuno y sobre todo cereales. Las vegas de los ríos están densamente pobladas las llanuras y son campos abiertos dedicados a los cereales y en ocasiones aparecen cercas que delimitan los prados para forraje y los huertos en el páramo, los campos alteran con los bosques de encinas, robles y fresnos y con el monte bajo. Puede afirmarse que existe una íntima asociación entre la agricultura y la ganadería. El monte está destinado a la roturación y mientras la parcela explotada rinde fruto, el campesino acondiciona otra que pondrá en cultivo cuando la anterior se agote.

HACIA UNA ECONOMÍA MONETARIA

La situación es similar en Pamplona, Aragón y Cataluña. En los condados de Pallars y Ribagorza se generaliza una economía tendente a satisfacer las necesidades alimenticias, vestidos y alejamiento, agricultura en las zonas prepirenaicas y la ganadería en la montaña. En la zona occidental existen pequeños mercados agrícolas donde se realizan compraventas, pero, al menos hasta avanzado el XI, los pagos se hacen casi siempre en productos. Una excepción encontramos en el condado de Barcelona, donde los documentos encontrados muestran que entre los años 880 y 1010 los pagos se efectúan directamente en moneda. Sin embargo, en otros condados como Vic, Cerdaña, Besalú y Gerona se establece el pago en productos. La cantidad de moneda circulante aumenta a partir de la 2ª ½ del X, pero ésta se halla en manos de monasterios y nobles que lo invierten en la compra de propiedades agrícolas, cuyos dueños anteriores pasan a la situación de colonos. Las campañas de Almanzor llevaron consigo un enrarecimiento de la moneda y el regreso momentáneo a una economía seminatural del pago en especie. El botín logrado en las campañas sirvió para reactivar y relanzar la economía catalana.

Pese a los paralelismos señalados entre la economía castellano-leonesa y la catalana, las diferencias entre una y otra son considerables: los condados orientales, incluyendo Pamplona, son un lugar de pago entre dos civilizaciones, entre el mundo islámico y el carolingio europeo y por sus tierras cruza un activo comercio que contribuyó a acelerar el paso de una economía natural a la monetaria. Por otro lado, mientras en León no existía una conciencia monetaria ni siquiera a nivel político como lo prueba la utilización del modio y la oveja como monedas de cuenta y que las primeras acuñaciones reales datan de la 2ª ½ del XI, en Cataluña, aún cuando se pague en productos por escasear la moneda, los bienes se valoran siempre en moneda y tanto los reyes carolingios como, en el siglo X, los condes independientes acuñaron piezas en territorio catalán. La vinculación al mundo europeo permitió que sobreviviera la moneda. Los intercambios con Al-Ándalus, que disponían de abundante y fuerte moneda, hicieron que se activara la circulación de las piezas amonedadas y la necesidad de los condes de señalar por la emisión de moneda propia, su independencia respecto a los monarcas carolingios les llevaron a acuñar moneda de planta en el siglo X y mancusos de oro en el XI. Castilla y León no emitirán moneda de oro hasta después del 1172.

Los condados catalanes utilizan igualmente las monedas preexistentes de época visigoda, las musulmanas y las acuñadas por carolingios y, desde el X por los condes. Esta moneda utiliza como moneda de cuenta la libra y el sueldo y como moneda real el dinero, que equivale a la duodécima parte del sueldo y éste a un vigésimo de la libra.

Aunque en menos medida, puede hablarse de una atracción similar en la zona occidental de la Península. Según Sánchez Albornoz, que ha reconstruido la ciudad de León, puede afirmarse que a este centro urbano acudían junto a hebreos que llevaban artículos de gran precio destinados a satisfacer las necesidades de lujo de los grupos dirigentes, campesinos que intercambiaban sus animales, venden el ganado caballar indispensable para la guerra y para el prestigio social de los ciudadanos, o venden productos alimenticios en el mercado semanal.

ARTE Y CULTURA DE LOS REINOS CRISTIANOS

Las riquezas acumuladas mediante la guerra y la explotación de la tierra fueron empleados en gastos de prestigio y en sacrificios a la divinidad. Las donaciones a los monasterios e iglesias de objetos de lujo fueron muy frecuentes. La construcción de edificios se halla frecuentemente relacionado con el prestigio o con el culto. La búsqueda de este prestigio dio como resultado las edificaciones realizadas por los monarcas astur-leoneses en las proximidades de Oviedo, las iglesias mozárabes diseminadas por el N de la Península, las cruces ofrecidas a la catedral de Oviedo entre los siglos IX y comienzos del X.

La independencia asturiana y los avances territoriales durante los años de Alfonso II el Casto se refleja en el traslado de la capital a Oviedo y en la construcción en esa ciudad de una serie de edificaciones cuyo centro será la catedral dedicada al Salvador. Los monarcas asturianos defensores ahora del cristianismo, se plasma en la leyenda que lleva escrita la Cruz de los Ángeles conservada en la Cámara Santa: « Con este signo se protege al piadoso, con este signo se vence al enemigo» . Ramiro I continuaría la labor constructora de Alfonso en las proximidades de Oviedo con la construcción de Santa María del Naranco y las iglesias de San Miguel de Lillo y Santa Cristina de Lena. Al monarca Alfonso III se debe la construcción de San Salvador de Valdediós y la elaboración en los talleres reales de la Cruz de la Victoria. La visigotización de los reyes asturianos es el reflejo de la influencia cultural de los mozárabes llegados de Al-Ándalus, a los que se debe la reorganización de la vida eclesiástica y la construcción de iglesias mozárabes como las de San Miguel de Celanova (Orense), San Miguel de Escalada y Santiago de Peñalba en León, San Cebrián de Mazote (Valladolid), Santa María de Lebeña, con precedentes en la iglesia de Santa María de Melga, edificada en las cercanías de Toledo todavía bajo dominio musulmán. Para los clérigos de estas iglesias y de las sedes episcopales restauradas se iluminas en los monasterios obras como el Antifonario de León, el salterio de San Millán de la Cogolla o el Comentario del Apocalipsis de Beato de Liébana, mozárabes son loas crónicas escritas en el siglo VIII (bizantina-arábica del 714, mozárabe del 754) así como los asturianas escritas en la corte de Alfonso III a finales del IX y continuadas por el obispo de Astorga. Mozárabes parecen ser los autores de los himnos dedicados al apóstol Santiago, el 1º de los cuales pudo ser escrito, según Díaz, por uno de los seguidores de Mauregatol que a través del himno lleva a cabo una apología de la política de colaboración con los musulmanes seguida por el rey en los años anteriores a Alfonso II.

Los centros culturales mejor conocidos se localizan en la zona leonesa del Bierzo, en las tierras discutidas por Castilla y Navarra y en torno al monasterio de Ripoll. La cultura berciana gira en torno a San Genadio, fundador de monasterios como San Pedro de Montes, San Andrés y Santiago de Peñalba, a los que dotó de una biblioteca importante para la época.

La vida cultural de los monasterios navarros se conoce a través de las cartas enviadas por Eulogio de Córdoba al obispo Wilesino de Pamplona que lo acompañó en su viaje por estas tierras en las que visitó Leire, etc., haciendo copiar para su biblioteca obras de San Agustín, Virgilio y Avieno que no se conservaban en el mundo mozárabe. Centro de cultura de 1ª línea es el monasterio de San Millán de la Cogolla, que interesa destacar las llamadas « Glosas emilianenses» , de mediados del X, consideradas como el primer testimonio escrito de las lenguas castellana y vasca: al copiar sermones, letanías y otros textos en latín, el copista explica algunas palabras que le parecen de difícil comprensión y si a veces aclara los conceptos con nuevas palabras latinas, en otros momentos recurre a palabras tomadas de la lengua oral. Glosas semejantes se conservan en otro texto escrito del monasterio de Silos, y al dorso de una donación hecha en el año 959, anotada con rasgos más romances que latinos, una relación de los quesos dispensados por el monasterio de Rozuela. « La noticia de kesos» y las glosas son, hoy por hoy, la 1ª manifestación del idioma que ha derivado del latín, que es todavía la lengua culta de los reinos hispánicos.

También en los condados catalanes se abre paso el idioma romance, aunque sus manifestaciones escritas sean más tardías y también son los centros eclesiásticos los conservadores y difusores de la cultura heredada del mundo visigodo, del carolingio y de los musulmanes de Al-Ándalus, cuya influencia más visible la encontramos en Ripoll, único en el que se enseñan, por influencia musulmana, las ciencias del quadrivium.

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Última actualización: Agosto 2005
 

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