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Historia Medieval de España

Tema IX: ENTRE LA UNIDAD TEÓRICA Y LA DIVERSIDAD POLÍTICA

Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

Autor:Anónimo

1.ALFONSO III (866-911) (EXAMEN)

La unidad visigoda resucitada por los cronistas de Alfonso III choca con la realidad. Hispania está fragmentada en reinos y condados que desean expulsar a los musulmanes, reconquistando el territorio godo, pero no quieren reconocer la autoridad del monarca leonés. Estas diferencias de criterio se reflejarán en la literatura de siglos posteriores (Poema Fernán González).

Algunos clérigos leoneses dan título de emperador al rey astur-leonés Alfonso III, aunque nunca utilice este rey el título imperial. Con el traslado a León de la capital a comienzos del X y la repoblación del valle del Duero. León se convierte en el reino cristiano más importante de occidente y el sepulcro de Santiago convierte a Compostela en la 2ª sede apostólica de occidente después de Roma, con autoridad sobre clérigos de otros reinos y condados cristianos.

Si en las ideas los clérigos aceptaban la unidad, en la práctica reyes y condes cristianos no aceptan la superioridad leonesa: los condes catalanes no aceptan el nombramiento de Cesáreo de Montserrat y la hegemonía en la 2ª ½ del X la tiene Navarra, cuyos monarcas intervienen en el nombramiento y destitución de los reyes leoneses que no mantuvieron la unidad de sus dominios, de los que se independizó Castilla y en el que los condes gallegos actuaron con gran independencia.

2. LA DIVISIÓN LEONESA (SUCESORES DE ALFONSO III DE ASTURIAS-LEÓN) (EXAMEN)

Las diferencias surgen en los años finales de Alfonso III, cuyos hijos se sublevan y a su muerse te proclaman reyes de León, Asturias y Galicia (años después, los hijos de Ordoño reinaron en León, Galicia y Portugal) aunque reconociendo la superioridad leonesa. Al reconstruir la unidad del reino de Ordoño II (914-924), los castellanos rechazan la alianza con Navarra porque favorece la expansión de este reino a costa de los castellanos, cuyos condes son destituidos por no participar en la batalla de Valdejunquera (920) contra Abd Al-Rahmán III una vez finalizados los problemas internos de Al-Ándalus, impidiendo la repoblación de lugares como San Esteban de Gormaz, Osma o Viguera.

Al morir Ordoño sus hijos se dividen el reino y León no recobra la unidad hasta el reinado de Ramiro II (931-951), que intenta unir a los cristianos contra el califa, apoya a los rebeldes toledanos, refuerza la alianza con Navarra y atrae a los tuchibíes del Ebro derrotando a Abd Al-Rahmán en Simancas (939), lo que le permite consolidar la posición leonesa en el valle del Duero repoblando Sepúlveda, Ledesma y Salamanca. Las victorias ante los musulmanes no impidió que se sublevara el conde castellano Fernán González y se independizara a la muerte de Ramiro, iniciándose la decadencia del reino leonés, cuyos monarcas son nombrados por castellanos y navarros, sometidos ambos a la tutela de los omeyas en cuya corte se refugian los destronados y los aspirantes al trono. Allí acuden condes y reyes en busca de apoyo, para reconocer su dependencia y pagar los tributos a los califas.

Fernán González y la reina Toda de Navarra ponen y quitan reyes a su antojo, uniéndose en ocasiones a los musulmanes. Depuesto Sancho I por el conde castellano, se refugia en Pamplona y Córdoba. Los cordobeses reponen a Sancho tras comprometerse éste a devolver 10 fortalezas ocupadas; en Córdoba le sustituirá el rey depuesto cuya presencia amenazaba la estabilidad del reino leonés, aunque navarros y castellanos apoyaron a Sancho y tuvieron la ayuda del conde de Barcelona. Unos y otros fueron derrotados por Al-Hakán (936) y a Córdoba peregrinaron condes y reyes de diferentes lugares en señal de sumisión, sin que pudieran evitar la destrucción de Zamora por Almanzor (981) ni la derrota de castellanos, navarros y leoneses ante Rueda el mismo año. Los cordobeses permanecen en León y saquean Coimbra, Sahagún, Esconza con ayuda de condes rebeldes al monarca cuando Vermudo II intenta librarse del protectorado musulmán. Tras las campañas contra Santiago de Compostela (997) Almanzor mediará entre el conde castellano y el portugués, Menendo González, que disputan la tutela de Alfonso V.

El reino leonés, debilitado desde mediados del X, no puede ampliar sus fronteras ni evitar la presión castellana sustituida por la navarra al morir el conde García (1029), pasando Castilla a los dominios de Sancho el Mayor que ocupa León con título de emperador, según algunos documentos, para indicar su poder sobre León. Fernando I hijo de Sancho el Mayor de Navarra, rey de Castilla en 1035, derrota al último rey leonés, Vermudo III, dos años más tarde proclamándose rey de León.

3. CASTILLA INDEPENDIENTE (EXAMEN)

Los cronistas de Alfonso II hacen historia en doble sentido: recuerdan el pasado e « inventan» una historia futura en la que el antiguo reino visigodo será unificado por los monarcas asturianos, herederos de los godos, cuya idea pasará a los reyes de León y de éstos a los de Castilla, cuyos orígenes e historia ha sido muy estudiada, lo castellano se ha identificado con lo español además de mitificarse.

En sus orígenes Castilla fue sólo frontera oriental del reino astur-leonés, zona más expuesta a los ataques cordobeses por el sur y a los de los musulmanes del Ebro por el este. Predomina las llanuras lo que hace que sea una comarca diferenciada dentro del reino. Por una parte su población ha de ser guerrera: cuando Alfonso I desmantela las guarniciones musulmanas, la población mozárabe de Castilla se retira a las montañas y Castilla será repoblada en el IX y X por vascos occidentales poco civilizados, poco adaptados a la vida romano visigótica. La libertad individual frente a la servidumbre gótico-asturleonesa será la primera característica de la población castellana que defiende la frontera de ataques muladíes y cordobeses.

Los repobladores de Castilla no conocen la jerarquía social de León y las desigualdades entre los primeros castellanos se deben a la función que cada uno desempeñaba en una sociedad guerrera: es noble el que por su riqueza puede combatir a caballo, su situación es semejante a sus vecinos excepto cierta benevolencia fiscal. El carácter fronterizo de Castilla no anima a instalarse ni a la vieja nobleza ni a clérigos mozárabes huidos de Córdoba. En Castilla no habrá grandes linajes ni monasterios ni grandes sedes episcopales que someten a los campesinos en las montañas o en las nuevas tierras repobladas. En Castilla no se produce la concentración de la propiedad hasta época tardía y se mantiene la libertad individual garantizada por la mayor resistencia que ofrecen las comunidades locales (agrupadas en grandes núcleos) a la absorción por grandes propietarios.

El origen de sus pobladores y su situación fronteriza explican las diferencias sociales, económicas y jurídicas: sin una tradición visigótica. En Castilla se prefieren la costumbre ancestral, la decisión de hombres justos, a la ley representada por el Liber Iudicorum visigodo y cuando crean sus propias leyendas las centran en los jueces de Castilla, representantes y defensores de la diferenciación jurídica y política respecto a los leoneses, expresión de distintas formas de vida.

Un descendiente de estos alcaldes o jueces será Fernán González, considerado el primer conde independiente de Castilla, aunque antes se habían producido las primeras manifestaciones de particularismo castellano. Desde la creación de condados en Castilla sus habitantes construyen fortalezas por la ausencia de defensas naturales, desde ellas los condes desafían la autoridad leonesa como lo hacen contra el poder carolingio los condes situados en las zonas fronteriza.

Esta oposición se atestigua por la prisión de condes castellanos en épocas de Ordoño II. Como razón se da la ausencia de huestes castellanas en el desastre de Valdejunquera. Si así fuese, se derivaría que los condes, que habían sufrido los primeros ataque de Abd al-Rahmán y siendo destruidas sus fortalezas y sus cosechas en el mes de junio prefirieron dedicarse a la reparación y reconstrucción que defender al navarro Sancho Garcés I, al que apoyaba Ordoño II. Antes, uno de los condes castellanos, Nuño Fernández, había demostrado su independencia frente a Alfonso III del que conseguiría la liberación de García, acusado de conspirar contra su padre.

El proceso de independencia de Castilla tiene puntos semejantes a los de los condados catalanes: la división de Castilla en numerosos condados, cuyos dirigentes no siempre actúan de acuerdo, permite a los monarcas de León mantener la autoridad. Las necesidades militares exigen un poder unificado llega cuando Fernán González, cuya fidelidad se garantiza con el matrimonio de una de sus hijas con el heredero leonés, recibe de Ramiro II los condados de Burgos, Lantarón, Álava, Lara y Cerezo, dándole la fuerza suficiente para enfrentarse al monarca. Fernán González utiliza las dificultades de León, apoyando a su conveniencia a uno y otro candidato al trono leonés. Alternando la sublevación con la sumisión y los pactos con Navarra, Fernán González consigue mantener unidos los condados y transmitirlos a su hijo García Fernández que actuará como señor independiente aunque reconozca la superioridad del monarca leonés.

Enfrentado a los generales musulmanes, el conde castellano favorece a los campesinos que dispongan de caballo para la guerra, les concede categoría de infanzones o nobles de 2º grado, ocupando con su ayuda diversas plazas en la zona del Duero. García alterna la guerra con la sumisión provocando disensiones entre los musulmanes al atraerse a los hijos de Almanzor, pero su propio hijo, Sancho, colabora con los árabes y, más tarde, pide a Almanzor, sin éxito, la tutela del rey leonés Alfonso V.

Desaparecido el peligro musulmán por los enfrentamientos entre beréberes y eslavos, Sancho vende sus servicios a los primeros, obteniendo plazas fronterizas en el valle del Duero donde se intensifica en estos años la labor de repoblación, fortaleciendo la autoridad condal, hasta el punto de que a la muerte de Sancho (1007) el condado pudo ser regido por un menor, García. El peligro viene ahora de Navarra y los castellanos intentan evitar la anexión mediante una alianza con los leoneses lograda con el matrimonio de García con Sancha, hermana de Vermudo III de León quien reconocería al conde el título de rey, es decir, la independencia castellana. El asesinato de García en León llevaría a los castellanos a entregar el condado a Sancho el Mayor de Navarra

4. ARAGÓN Y PAMPLONA (EXAMEN)

La rapidez de los avances cristianos en la zona occidental sólo se explica si aceptamos la relativa despoblación de esta zona sin interés para los musulmanes como asentamiento tras el abandono de las guarniciones beréberes a mediados del siglo VIII. El valle del Ebro está más poblado y los dirigentes, árabes o nobles visigodos convertidos al Islam, ofrecen mas resistencia, siendo más lento el avance cristiano.

Ya antes de la intervención carolingia, los pamploneses se negaron a seguir pagando tributo a los musulmanes, lo mismo hicieron los habitantes del Pirineo aragonés, rompiendo el lazo que les unía al mundo musulmán, iniciándose una frontera en una línea que se extiende desde la sierra de Codés en occidente hasta Benabarre pasando por el valle de Berrueza, las estribaciones de Montejurra y el Carrascal hasta el río Aragón en Pamplona y desde el Aragón por Luesia, Salinas, Loarre, Guara y Olsón en el condado aragonés. Esta línea no se superó hasta inicios del X en tiempos de Sancho Garcés I (905-925), que subió al trono ayudado por Alfonso III interesado en que los navarros cerrasen el paso a musulmanes del Ebro y cordobeses y protegiesen el flanco oriental del reino.

Sancho I, con ayuda leonesa, domina Mojardín, Nájera, Calahorra y Arnedo, a pesar de la derrota de Valdejunquera. Se expande hacia el este por la cuenca del Aragón, quedando sin posibilidad de ampliar el territorio excepto por la orilla izquierda del Gállego. Aragón se unirá al reino navarro aunque conserve sus instituciones y su personalidad. El artífice de la unión navarro-aragonesa parece haber sido la reina Toda, regente de García Sánchez I, al que casó con Andregoto Galíndez de Aragón y al que hijo intervenir en León al morir Ramiro II. Toda, aliada con Fernán González o de acuerdo con los califas, nombra y depone reyes en León y pone en peligro la independencia de Castilla que tuvo que ceder el monasterios de San Millán de la Cogolla y su entorno a Navarra. Este monasterio sería saqueado por Almanzor igual que Santiago de Compostela a pesar de la sumisión de Navarra y León a los musulmanes a finales del X. Vermudo II de León y Sancho II de Navarra reconocen su dependencia de Córdoba con la entrega a Almanzor de una hermana y una hija como esposas.

SANCHO III DE NAVARRA Y SU HERENCIA (EXAMEN)

Las expediciones de Almanzor no fueron en Navarra tan sistemáticas como en las demás regiones cristianas. Entró el reino de Pamplona s XI con todos sus recursos militares intactos y gobernado por Sancho el Mayor (1000-1035).

La actividad guerrera y política de Sancho III se dirigió más a conseguir la hegemonía política entre los cristianos que a conquistar tierras en poder musulmán. Anexó a su reino los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza. Ocupó el monasterio de San Millán de la Cogolla (1009), que pertenecía al condado de Castilla y se apoderó de tierras del actual País Vasco. Al morir sin descendencia el último conde de Castilla, el infante García, Sancho III lo reclama íntegro como herencia de su mujer, hermana de García.

El vasto reino que había logrado consolidar Sancho III lo divide a su muerte entre sus cuatro hijos. Se aplicaba el principio patrimonial, que consideraba las tierras del rey como heredables y divisibles. Además al dividir su reino, Sancho el Mayor respeta las unidades administrativas romanas, separando de Castilla y anexionando a Navarra las tierras que habían pertenecido a la antigua Tarraconense.

El primogénito García Sánchez recibe el reino de Navarra en su integridad originaria, pero con la incorporación de las tierras de habla vasca que antes habían pertenecido a Castilla. A Fernando le otorga el condado de Castilla con el título de rey, más la comarca del río Céan tomada al rey leonés. A Ramiro I le corresponde el condado de Aragón, también con el título de rey y heredó los condados de Sobrarbe y Ribagorza que había recibido de su hermano Gonzalo.

El rey de Castilla, Fernando, consiguió la hegemonía sobre los restantes reinos de la Península. Tras la muerte del rey leonés Vermudo III en el campo de batalla, Fernando I heredó el antiguo reino astur-leonés, proclamándose rey de Castilla y León.

A la muerte de Fernando I repartirá los reinos entre sus hijos: Sancho II recibe Castilla, Alfonso VI León, García reinará en Galicia, mientras las infantas Elvira y Urraca reciben el señorío sobre los monasterios de los reinos.

La hegemonía castellana se ve contrarrestada por el título imperial que corresponde al leonés Alfonso VI y que su padre Fernando I refuerza, entregándole el derecho de conquista sobre el reino musulmán de Toledo. Pero el primer rey castellano (Fernando I) complicó aún más la cuestión al repartir las parias.

Sancho II de Castilla recibe las parias de Zaragoza y se enfrentará con los intereses de Navarra porque su rey García Sánchez III hijo de Sancho el Mayor había recibido de éste tierras castellanas como los Montes de Oca y la Bureba. Ocupar estas zonas era el objetivo de Sancho II quien en 1037 ataca Navarra y 1068 derrota al leonés Alfonso VI; pero la batalla no fue decisiva y los dos hermanos e unen para destronar a García de Galicia.

Alfonso VI recibe las parias de Toledo, símbolo de la unidad peninsular a la que alude el título imperial concedido a los reyes leoneses desde la época de Alfonso III. Además recibió la incorporación de la Tierra de Campos.

García rey de Galicia recibe las parias de Badajoz y Sevilla.

Castilla tenía cerrada su expansión al sur por las parias de León y de Galicia, al oeste había perdido la Tierra de Campos y al este chocaba con Navarra. Por esto las guerras entre hermanos fueron continuas. Fernando I se lució con el reparto. Alfonso VI de León fue derrotado en Golpejera y buscó refugio en Toledo. Sancho fue asesinado por Vellido Dolfos cuando intentaba ocupar Zamora que defendía Urraca. De este suceso se deriva la « jura de Santa Gadea» , en la que Alfonso VI tiene que jurar que no ha intervenido en la muerte de su hermano. Así Alfonso VI consigue reunificar los dominios de su padre, pero la Bureba y los Montes de Oca no pasarán a control castellano hasta 10678 con Sancho II de Castilla.

5. LOS CONDADOS CATALANES (EXAMEN)

La frontera cristiano-musulmana se estabiliza a comienzos del IX en la línea formada por las sierras de Boumort, Cadí, Montserrat y Garraf, quedando entre las primeras una zona de nadie sin ocupar hasta la época de Vifredo y de forma definitiva en los años finales del X, coincidiendo con los ataques de Almanzor. La repoblación se hizo mediante aprisio o presura controlada por los condes y sus funcionarios colaborando la sede episcopal de Vic y los monasterios de Ripoll y San Joan de les Abadeses, uniéndose nobles con siervos y vasallos y campesinos-pequeños propietarios con una evolución semejante a los de Galicia y León. Al principio libres, pero perderán la libertad en un largo proceso que se extiende hasta el XI.

La fragmentación política es constante en los dominios cristianos de la zona oriental, pero esta corriente coexiste con una tendencia a la unidad, reconociendo el prestigio y autoridad de los condes de Barcelona que intentarán en el X unificar eclesiásticamente los condados catalanes reconstruyendo la metrópoli tarraconense, que reforzará la unidad, permitiendo la ruptura de los vínculos francos representados por la archidiócesis de Narbona de la que depende el clero catalán. Fracasado el intento de Cesáreo de Montserrat, que buscó el nombramiento de León, los condes de Barcelona logran que el obispo de Vic, Atón, sea nombrado arzobispo de Tarragona con jurisdicción sobre Barcelona, Gerona, Vic, Urgell y Elna. El arzobispo fue asesinado a consecuencia del revuelo provocado por su nombramiento que separaba las iglesias catalana y franca para ponerla en manos del conde de Barcelona, controlando el condado de Ampurias, políticamente diferenciado. El recurso a Roma para contrarrestar la presencia carolingia se fortalece con los cluniacenses, dependientes directamente del pontificada, cuya regla adoptan en el X la mayoría de los monasterios catalanes.

La ruptura abierta con los monarcas francos no era aconsejable mientras existiera el peligro musulmán, al menos mientras los reyes francos ayudaran en caso de ataque. Fiados de este apoyo, los condes catalanes dirigen algunas expediciones contra dominios musulmanes en la 1ª ½ del X, pero al afirmarse la autoridad de Abd al-Rahmán III y sus sucesores, Borrell II (954-992) se reconcilia con el califa y las embajadas de Barcelona se alternan en Córdoba con las leonesas, castellanas y navarras, probando su buena disposición hacia los musulmanes, obedeciendo los deseos de los califas, aunque Barcelona recibió ataques de Almanzor (985) que atacó las capitales de los reinos y condados cristianos.

La falta de ayuda franca, la extinción de la dinastía carolingia (985) y la falta de esperanza en la ayuda de los Capetos fueron el pretexto de Borrell II para romper con la monarquía franca y los catalanes de Urgell y Barcelona actuarán en adelante con independencia, real y teórica. Juntos colaboran con los eslavos en las luchas internas en Al-Ándalus a la muerte del 2º hijo de Almanzor. Por 1ª vez los catalanes abandonan una política defensiva y emprenden una campaña, aunque con fracaso, que constituyó un triunfo psicológico con importante botín que permitió mayor circulación monetaria y activación del comercio. Se reconstruyeron los castillos destruidos por Almanzor y se repoblaron tierras abandonadas. Esto sirvió para afianzar la autoridad del conde barcelonés frente a los vasallos y demás condes catalanes.

La unión de condados lograda por Vifredo el Velloso no le sobrevive: el condado de Urgell se unirá al núcleo barcelonés hacia 940 para separarse poco después y permanecer independiente hasta el XIII. Cerdaña-Besalú también permanecen al margen del núcleo Barcelona-Gerona-Vic hasta comienzo del XII, como consecuencia de la distribución de los condados entre los hijos de los condes como si se tratase de una propiedad. Este concepto patrimonial no impedirá que se mantengan unidos Barcelona-Vic-Gerona aunque para lograrlo sea preciso atribuir condados conjuntamente a dos o más hijos del conde, como ocurrió a la muerte de Vifredo (898), de Suñer (954) o de Berenguer Ramón I (1035), durante cuya minoría peligró la política unificadora de Borrell II seguida por Ramón Borrell. Parece que entre Ramón y su madre Ermesinda hubo desavenencias que aprovecharon los nobles para independizarse del conde buscando los grupos en pugna ayudas ajenas al condado: Ramón Berenguer se inclinó hacia Sancho el Mayor de Navarra y Ermesinda hacia los normandos.

La situación caótica por las diferencias, por la insubordinación de la nobleza y la anarquía es conocida por la actuación del abad Oliba (1ª ½ del XI). Descendía de los condes de Cerdeña y fue mediados en los conflictos entre condes catalanes y entre éstos y sus vasallos. Culmina su acción con la difusión de las « constituciones de paz y tregua» en las que se basan los condes de Barcelona para pacificar sus dominios. Junto a los esfuerzos del mundo laico, fijación de derechos y deberes de señores y vasallos feudales, se da en el mundo eclesiástico la institución de Paz y Tregua de Dios, por la que se protege los bienes eclesiásticos en todo tiempo y los de los fieles en días festivos para que cumplan los deberes religiosos. Oliba introduce esta disposición en Cataluña en su sínodo celebrado en Tolugas (1027). Se ratifican los decretos para garantizar la seguridad de los fieles; el castigo por infringirlos es la excomunión. Ningún cristiano se relacionará con un excomulgado, excepto para tratar del arrepentimiento. Los que mueren excomulgados no reposan en lugar sagrado ni se reza por ellos.

En 1030 y 1033 se extiende la Paz de Dios desde el jueves al lunes, se amplía la excomunión a falsificadores de moneda y a los que molesten a los mercaderes en el mercado o en el viaje. La protección a bienes eclesiásticos ampara a campesinos y hombres de villas no combatientes. La Paz de Dios se completa con la Tregua que va desde el día primero de Adviento a la octava de Reyes, desde el lunes antes de Cuaresma al lunes después de Pascua, desde el lunes anterior y posterior a la Ascensión y octava de Pentecostés y en diferentes vigilias y festividades. Con el tiempo la Paz y Tregua se hace laica y es paz y tregua del príncipe según consta en los « Usatges» de Barcelona o en asambleas celebradas por los condes-reyes que utilizan la fórmula para tener pacificados los dominios en sus ausencias.

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Última actualización: Agosto 2005
 

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