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Historia Medieval de España

Tema VII: EL CALIFATO CORDOBÉS

Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

Autor:Anónimo

1. INTRODUCCIÓN

El año 929 el emir Abd Al-Rahmán III ponía fin a la teórica decadencia religiosa del Islam peninsular respecto a Bagdad y se proclamaba califa o sucesor del Profeta y jefe de los creyentes. El título lo usarían sus herederos hasta la desintegración de Al-Ándalus en los primeros años del siglo XI. Dicho título cuestionaba los derechos de los fatimíes que, desde el N de África pretendían reunificar el mundo musulmán como sucesores de Fátima, la hija del profeta.

Abd al-Rahmán necesitaba la propaganda fatimí y realzar su figura personal. Para ello se nombró califa y ejercerá una política intervencionista en el N de África, con el fin de alejar a los fatimíes de las rutas comerciales controladas por los mercaderes de Al-Ándalus. Otro de sus objetivos fue modificar la organización militar introduciendo en el ejército a mercenarios beréberes, esclavos y eslavos comprados en los mercados europeos.

Así se convertirá Al-Ándalus en la mayor potencia económica y política más importante de Occidente, pero en los años finales del siglo la figura del califa perderá prestigio y el poder queda en manos de Almanzor y sus hijos y más tarde en los jefes militares beréberes y civiles que se enfrentarán entre ellos por el control del gobierno.

Los cristianos del Norte y la aristocracia árabe aprovechan los enfrentamientos. Es la guerra civil se prolonga durante 20 años, en 1031 termina el califato omeya y será sustituido por señoríos o reinos independientes al mando de jefes militares árabes, eslavos o beréberes

2. PACIFICACIÓN DE AL-ÁNDALUS (EXAMEN)

El largo reinado de Abd al-Rahmán III (912-961) tiene un punto crucial en el 929 cuando aceptó el título de califa. Este momento marca el fin de las revueltas internas y señala el comienzo de la expansión cordobesa. En la carta que dirige a los gobernadores de las provincias, les hace saber que Dios le ha favorecido para llevar el título de « Príncipe de los Creyentes» . El título tiene su origen en los omeyas antecesores de Abd al-Rahmán y su base está en las campañas victoriosas contra los rebeldes en el interior. Las sublevaciones de Sevilla, Bobastro, Badajoz-Mérida, Toledo y Zaragoza no serán olvidadas por el emir, pero sus campañas no se dirigen inicialmente contra los rebeldes andaluces. Aprovechando las desavenencias entre ellos, Abd al-Rahmán recupera el dominio de Sevilla y se dirige contra los muladíes, conquistando Bobastro, símbolo del nuevo poder.

Entre 929 y 932 el califa puso fin a las sublevaciones de Badajoz y Toledo y en 937 aceptó la sumisión de los tuchivíes de Zaragoza a los que permitió seguir allí, pero dependiendo de Córdoba de acuerdo con el pacto de sumisión que incluía el perdón a los rebeldes.

3. LA SUMISIÓN DE LOS CRISTIANOS (EXAMEN)

Durante el medio siglo de anarquía musulmana, los reinos y condados cristianos afianzaron y extendieron sus fronteras, especialmente en la parte occidental y en el oeste de los Pirineos donde pamploneses y asturianos llevan a cabo una política conjunta frente a Córdoba y contra los caudillos semiindependientes de Zaragoza.

Alfonso III por el N de Portugal y los saqueos a Évora y Alange por Ordoño II y de Sancho Garcés a Nájera, Tudela y Valtierra, no impidieron que el emir, en 920, consigue la victoria de Valdejunquera.

Las divisiones entre los musulmanes facilitan los avances cristianos pero llega un momento que se detienen debido a la falta de acuerdos entre los distintos reyes o a causa de los problemas internos en cada uno de los reinos y condados; las luchas por el poder en León a la muerte de Ordoño II dejaron aislado al monarca navarro (Sancho Garcés). Su capital fue saqueada por los musulmanes.

La victoria de Simancas en 929 se consiguió gracias a la unión de toda Navarra y el conde castellano Fernán González.

El califa practica una política ambigua e interesada con respecto a los problemas entre los cristianos. Por una parte, a la muerte de Ramiro II castellanos y navarros con el apoyo de Córdoba sostienen la candidatura de Sancho frente a Ordoño III y cuando Ordoño es sustituido por Sancho el califa apoya a un nuevo candidato para de nuevo dar su apoyo a Sancho el Craso cuando es expulsado del reino y acude a Córdoba en busca de ayuda militar y personal. Por tanto, las tropas cordobesas unidas a las navarras repondrán en el trono a Sancho el Craso, después de exigirle la entrega de 10 fortalezas en la frontera del Duero.

Con al-Hakam II (961-967) León, Castilla, Navarra y los Condados Catalanes tratan de reunificarse para eludir el yugo musulmán, pero el intento es desbaratado por al-Hakám. No piden ayuda los rebeldes cristianos y de esta forma se someten. Según las fuentes musulmanas esta sumisión parece exagerada si atendemos a una observación profunda, pero encierran parte de verdad a tenor del diálogo entre el califa y el rey leonés Ordoño IV, destronado por Sancho el Craso.

Por tanto, Abd al-Rahmán y Al-Hakán II lograron la sumisión de los cristianos a través de una hábil política intervencionista consistente en la división interna de los cristianos y ambos califas pacifican Al-Ándalus.

Con Hisham II, Almanzor alternó la diplomacia con las campañas de castigo que tenían objetivos religiosos y económicos. Enriquecido con la administración califal, Almanzor pasa al primer plano político tras una brillante campaña contra los cristianos en 977 que le permite sustituir al Habhib o primer ministro de Hisham III, pero su triunfo no se consolida hasta que derrota al general de mayor prestigio en Al-Ándalus, Galib, al que apoyan tropas castellanas y pamplonesas en su lucha contra Almanzor.

Como loa alfaquíes le acusan de usurpar el poder del califa, Almanzor se hace personar dando muestras de extremado celo religioso, depura la biblioteca de Al-Hakán II, amplía la mezquita de Córdoba y realiza continuas campañas contra los cristianos.

Durante su reinado las tropas cordobesas intervienen en León para apoyar a Vermudo II frente a Ramiro III, saqueando León, Barcelona y Santiago de Compostela. Para ello contó con el apoyo de algunos nobles leoneses que se oponían a las pretensiones de Vermudo II, o del heredero de Castilla Sancho García contra su padre García Fernández.

La tradición cristiana pretende que la Batalla de Calatañazor les fue favorable, la realidad es que fue una victoria de Almanzor sobre los cristianos, que sufrirán nuevas derrotas a manos de Abd al-Malik, hijo del anterior entre los años 1002 y 1008.

Sólo cuando se rompe la colaboración entre los árabes andaluces y los mercenarios beréberes y eslavos, 1008, los cristianos, castellanos y catalanes podrán perturbar las fronteras árabes y llevar sus tropas hasta Córdoba en apoyo de las facciones musulmanas enfrentadas.

4. ¿CÓMO LLEGÓ ALMANZOR AL PODER?

Almansur se convierte en el verdadero gobernante de Córdoba gracias a los éxitos obtenidos por su ejército, tanto en el N de África como contra los reinos cristianos de la Península. Miembro de una familia noble de Algeciras, en un principio se dedica a las letras y a las leyes con el objetivo de entrar en la administración central. Una vez en ellas, asciende vertiginosamente gracias a sus dotes personales y habilidades con la viuda de al-Hakam II.

Con ocasión de una expedición militar al N de África dirigida por el poderoso militar Galib, Almanzor entra en contacto con las jerarquías militares y ocupa el cargo de intendente general.

En 976 a la muerte de Al-Hakam, con la minoría de edad de Hisham II, Almanzor es nombrado visir. La nobleza protestas ante la nueva situación del reino y Almanzor se atrae a los soldados eslavos y beréberes que luego adoptará como mercenarios, constituyéndose así en una verdadera guardia de corps.

El año 977, aprovechando una expedición contra los cristianos, Almanzor dispone libremente de las arcas del califa para formar su propio ejército, el cual se convertirá en el pilar del poder político de Almanzor. Gracias a concesiones y botines logra el apoyo incondicional de sus tropas y junto los éxitos obtenidos sobre los reinos cristianos conseguirá la adhesión del pueblo árabe. En 981 adoptará el nombre de al-Mansur (victorioso en nombre de Dios), tras vencer la rebelión protagonizada por su suegro el general Galib. En el mismo año anula completamente a Hisham II y se hace cargo de los asuntos de gobierno; se instala en Medina al-Zahira.

Sólo una persona se atreve a oponerse al absolutismo de Almanzor: su suegro Galib, aunque ganará la lucha civil gracias al ejército que se había forjado. Galib se afianza en la Marca Superior llegando a derrotar a Almanzor, pero éste le cercará en Atienza y Galib muere. El conde de Castilla, su aliado, logra huir, no así Ramiro de Pamplona que muere también.

Almanzor se dirige ahora al territorio de Ramiro III con el fin de conquistar Zamora, pero fracasa ante la gran resistencia de la ciudad. Arrasa tierras leonesas y consigue el éxito de Tarancueña, punto importante para dirigirse a las fortalezas del Duero.

Tras esto regresa a Córdoba y adopta la etiqueta regia en sus recepciones imponiendo en el protocolo que le sea besada la mano como si del propio califa se tratara.

5. DEFENSA DE LA DINASTÍA Y PROTECCIÓN DEL COMERCIO

El triunfo omeya sobre los fatimíes de Alí supuso que éstos se constituyeran en una secta secreta con predicciones mesiánicas a cerca de un descendiente de Alí que rigiera la comunidad musulmana. Los partidarios de Alí mantuvieron oposición tanto a los omeyas como a los abasíes.

Al mismo tiempo el chiísmo y su grupo más radical, el ismailismo, desarrollan teorías igualitarias y ofrecen una mejora de la situación a quien acepte sus doctrinas, divulgadas por todo el Islam a través de misioneros y mercaderes; uno de ellos será el nuevo califa en el N de África: Ubayd Allah, que extenderá sus dominios a Egipto y amenaza por igual a los enemigos del chiísmo: omeyas y abasíes.

La situación atemoriza a Abd al-Rahmán; éste, preocupado porque las predicciones fatimíes anulan el comercio de Al-Ándalus y busca apoyo en los alfaquíes (ortodoxos), de esta manera landa a los fatimíes del N de África contra sus enemigos tradicionales: los beréberes zanafas. Ocupa Melilla y Ceuta en 927. En 929 adopta el título de califa que es el símbolo de la legitimidad de la dinastía omeya frente a quienes negaban sus derechos.

La ocupación de Ceuta obedece a razones estratégicas ya que es el lugar más apropiado para iniciar un desembarco en la Península, además de ser el punto de llegada de las rutas comerciales de caravanas que desde el centro de África llevaban el oro al Mediterráneo. Posteriormente los omeyas pudieron controlar la zona situada entre Argel y el Atlántico gracias a la sumisión jerichí.

En los años siguientes, los fatimíes recuperaron el control de casi todo el N de África y llegaron a saquear Almería tras destruir la mayor parte de la flota omeya. Pierden su interés en Al-Ándalus cuando el centro de gravedad del imperio se traslada a Oriente.

Al-Hakam II practica una política de atracción económica y religiosa en el N de África repartiendo donativos entre los jefes beréberes. Con Almanzor asistimos al control del Magreb. Pero África no monopoliza la política de Al-Ándalus, cuyos mercaderes, piratas y embajadores se encuentran por todo el Mediterráneo y entran en contacto con el Imperio Romano-Germánico. De hecho, cuando Otón I protesta por medio de su embajador ante el califa, éste alega su falta de autoridad en la zona. Antes había ordenado que se respetasen los barcos de Hugo de Provenza para evitar los ataques corsarios. Esto facilitó que mercaderes y embajadores iniciaran viajes en búsqueda de reliquias de mártires y materiales de construcción para decorar la residencia del Califa y la mezquita de Córdoba.

6. SÍMBOLOS Y ORGANIZACIÓN DEL CALIFATO (EXAMEN)

La orientalización iniciada en la 1ª ½ del siglo VIII se acentúa al adoptar Abd al-Rahmán el título de califa en 929; en adelante los omeyas considéranse jefes políticos y representantes de Dios en la tierra. Esto se traduce en la sacralización de la persona del califa, con todo el ceremonial que le rodeará y formas de protocolo.

El título califal y lo que este cambio lleva consigo se refleja igualmente en la acuñación de moneda. Abd al-Rahmán II fue el primer omeya en acuñar moneda de plata, aunque conservando en ella el nombre de los califas abasíes.

Por su parte, Abd al-Rahmán III acuña moneda de oro y plata en la ciudad de Córdoba. Las relaciones con el N de África proporcionan oro en abundancia, de ahí la centralización en Córdoba, pero la necesidad de atender el pago de los ejércitos omeyas en el N de África obligó a renunciar al monopolio cordobés y acuñar moneda en Sichilmasa, Fez y Nakur para evitar riesgos en el transporte del metal a la península y su posterior envío acuñado al N de África.

1. ADMINISTRACIÓN CENTRAL BAJO EL CALIFATO
Funciones del califa:
·a) Como jefe espiritual y temporal de los creyentes preside la oración solemne del viernes.
·b) Juzga en última instancia.
·c) Decide sobre el gasto público.
·e) Dirige la política exterior.
·f) Es el jefe supremo del ejército.
·g) Dirige la admón. Personalmente o a través del « Hachib» o primer ministro.

Las funciones del « Hachib»: está al frente de los diwanes, que son oficinas o ministerios. Entre éstos tiene gran importancia la Cancillería o Secretaría de Estado, que en época de Abd al-Rahmán III se divide en 4 departamentos, cada uno de ellos bajo la dirección de un Visir (por tanto, el visir dirigía un departamento de la Cancillería o Secretaría de Estado). Directamente relacionado con la Cancillería se halla el servicio de correos. Otros medios de comunicación: sistema de señales luminosas, palomas mensajeras.

Por su relación con el califa es importante la función del secretario particular, que toma nota y elabora un primer borrador de las decisiones que han de darse a los altos funcionarios.

2.ECONOMÍA DE LOS OMEYA

El diwan de Hacienda está dirigido por tesoreros de la aristocracia árabe bajo los cuales actúa un gran número de cristianos y judíos. Los ingresos del estados provienen del cobro de los tributos pagados por las poblaciones sometidas y también de los impuestos de súbditos, tanto musulmanes como judíos y cristianos. Los creyentes están obligados a la entrega de la limosna legal, que consistía en la décima parte de los rebaños, las mercancías y las cosechas. Cristianos y judíos sustituyen la limosna legal por un impuesto personal o capitación que pagan los adultos varones.

En las zonas sometidas se paga un impuesto sobre la tierra cuyo importe se fija anualmente y que se mantiene aunque los ocupantes del suelo se conviertan al Islam. Las numerosas campañas militares realizadas por Abd al-Rahmán III y sus sucesores hicieron necesario el cobro de impuestos extraordinarios, según se deduce de los Anales Palatinos de al-Hakán II.

3. LA ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA

Está igualmente centralizada en manos de los omeyas, que nombran a los Cadíes o jueces y se reservan el papel de jueces supremos. Los jueces son juristas expertos dentro de la corriente malequí y se eligen por sus cualidades morales. Sus funciones: entienden en las causas civiles reguladas por el Corán y sus asesores son especialistas en derecho.

Además de sus atribuciones judiciales, el Cadí de Córdoba dirige en nombre del soberano la oración del viernes. También tiene la misión de administrar el patrimonio de la comunidad religiosa, cuyos fondos provienen de donaciones y legados y se destinan al mantenimiento de la mezquita, de sus servidores, socorrer a los pobres y, en ocasiones, financiar las campañas militares contra los infieles.

Además del califa, entre los jueces especiales, existe el llamado Sahib al-Mazalim o juez de los agravios, que juzga los casos de abuso de poder.

El Juez de zoco o mercado, el zabazoque de los textos castellanos, que dirige servicios de policía de seguridad y administración urbana en un principio, pero a mediados del XI vigilará la actividad económica.

El Sahib al-Shurta que entiende en las causas en las que el cadí o juez normal se declara incompetente. Sanciona los delitos criminales y políticos. A veces el cadí y el sahib al-shirta eran una misma persona por politización del cargo.

Otro funcionario con atribuciones judiciales el sahib al-medina, perfecto o gobernador de la ciudad. Su misión es mal conocida pero puede darse también la coincidencia de poderes ejecutivos y judiciales.

4. EJÉRCITO

Al-Ándalus estuvo firmemente militarizado tanto en la época de los emires como durante el califato.

·Por el temor a los invasores y frente a los beréberes.
·A partir de la instauración omeya, por el temor a sublevaciones internas, por la presión de los carolingios y de los reinos y condados cristianos del norte.

Contra todos ellos se establecen marcas o zonas fronterizas bajo un jefe militar que recibe el nombre de Caid.

Durante el emirato, las coras o provincias fronterizas son tres: la inferior, la media y la superior, con capitales en Toledo, Mérida y Zaragoza, respectivamente.

Al adquirir importancia Castilla, la marca media traslada su centro a Medinaceli y desaparece el de Mérida.

Su composición. Está integrado por árabes y sus descendientes que están obligados al servicio militar a cambio de la concesión de tierras. El servicio militar lo realizan durante 6 meses al año. Al aminorarse las diferencias entre árabes e hispanos islamizados se añaden al ejército permanente todos los musulmanes en edad militar, los cuales pueden ser movilizados para la realización de aceifas o campañas de verano, cuyo objetivo era la obtención de botín en los reinos cristianos con el fin de frenar la actividad ofensiva. De ahí que las campañas se realizaran en verano, cuando pueden hacer daño mayor a la agricultura.

Al ser un ejército no profesional el espíritu de combate era escaso y se permitió a algunos de sus componentes liberarse del servicio militar mediante una contribución que se destina a la contratación de mercenarios.

Los mercenarios beréberes adquieren importancia a medida que aumentan los intereses de Al-Ándalus en el N de África y sobre todo en tiempos de Almanzor. Para evitar el riego de confrontación entre su poder y los mercenarios eslavos, Almanzor modifica la organización del ejército y rompe la organización tribal. Por tanto, llegó a la conclusión de que sus tropas deberían estar compuestas por gentes de diferentes tribus.

Hay que atribuir a Al-Hakán I la incorporación al ejército de los primeros contingentes de mercenarios.

Poco sabemos de la marina omeya, pero tuvo que tener su importancia, ya que el litoral a defender era muy extenso. El principal promotor de la marina de Al-Ándalus fue Abd al-Rahmán II, que tras haber sufrido los desembarcos de las flotillas vikingas se dio cuenta de la falta de una poderosa escuadra a su servicio que protegiera Al-Ándalus de todos estos peligros.

7. PENSAMIENTO Y CULTURA CALIFAL SIGLO XI

A pesar de la resistencia de los alfaquíes renace en estos años la tolerancia religiosa y el interés hacia las corrientes no ortodoxas. Con Almanzor esta tolerancia se termina y manda expurgar la biblioteca de al-Hakán II.

Esto no evitó que la doctrina Mutazili se transmitiera clandestinamente y será la base de las ideas del primer gran filósofo hispano árabe: Ibn Hazm. El gran defensor de batiníes y mutazilíes pare haber sido el asceta Muhammad Ibn Massarra, cuyas predicaciones fueron interrumpidas en el año 910 por los alfaquíes. Exiliado de Córdoba regresará al afianzarse el poder de Abd al-Rahmán III. Tras la muerte de al-Hakán, la persecución malequí obligó a los seguidores de Ibn Massarra a refugiarse en Pechina, donde llegó a crearse una comunidad que reconocía como imán a Ismail al-Ruaymí, que llevó a posturas extremas las ideas ascéticas de Massarra: mientras éste preconizaba la existencia de un movimiento de aspirantes voluntarios a la perfección, Ismail exigía la adopción de la pobreza por todos los creyentes. Su movimiento careció de continuidad y hay que esperar al siglo XII para que surjan nuevos movimientos ascético-místicos en Al-Ándalus.

El valor simbólico del poder califal se refleja en las construcciones emprendidas por Abd al-Rahmán y sus sucesores en la capital de Al-Ándalus. El reducido número de musulmanes llegados a la Península y sus dificultades a la hora de establecerse no permitieron la creación de centros para el culto islámico y de ahí que la apropiación de iglesias cristianas fuera el método empleado por los árabes y beréberes de los primeros tiempos para dotarse de mezquitas hasta que Abd al-Rahmán I inició la construcción de la mezquita cordobesa en los años 785-786.

Abd al-Rahmán II amplía la mezquita y construye otras, hoy desaparecidas, en Sevilla, Baena y Jaén; restaura y construye puentes, caminos murallas y fortalezas como la alcazaba de Mérida, construida para asegurar el control de la ciudad frente a los levantiscos muladíes.

La adopción del título califal por Abd al-Rahmán III repercute también en el campo artístico, demostrando el califa que el nuevo título va unido a un nuevo concepto del poder y lo probará con las expediciones contra fatimíes y cristianos, con la adopción del ceremonial palatino que lo aleja y, al mismo tiempo, lo realza a los ojos del pueblo y con la construcción de edificios. Estos edificios son la residencia construida en Medina al-Zahara y el alminar donde el almuédano llama a la oración.

·Al-Hakán II llevó a cabo una verdadera ampliación de la mezquita cordobesa. Al decir de los cronistas, el califa se ocupó personalmente de dirigir los trabajos y completó la obra construyendo en las cercanías de la mezquita una casa de socorro y una escuela donde se impartían las enseñanzas del Corán.

Almanzor hizo construir otro palacio de gobierno, Medina al-Zahira, que compitió en importancia y esplendor con la residencia califal: Medina al-Zahara. La nueva ciudad (Medina al-Zahira) fue saqueada y destruida a comienzos del siglo XI y se ignora su situación geográfica.

Junto a estas magníficas construcciones se encuentran otras que convierten a la ciudad de Córdoba en la más importante del mundo occidental. Las actividades literarias son muy importantes en Al-Ándalus. Hay que esperar a Abd al-Rahmán I para que se difunda la poesía clásica árabe en la Península. Es una poesía de los árabes de raza.

Sólo al reanudarse los contactos con Oriente en época de Abd al-Rahmán II se difunde la nueva poesía, en la que se abandona el canto a los camellos por la descripción de escenas de la vida diaria.

Al-Gazal realiza una descripción de la vida libertina y bohemia de Al-Ándalus a mediados del XI. La difusión de esta poesía popular liberada la rígida estructura clásica en cuanto a métrica, daría lugar, en contacto con la poesía romance, a composiciones populares hispánicas llamadas « muasaja» .

Junto a este tipo de poesía popular y quizá como reacción contra ella y como una manifestación más de la vuelta al mundo árabe, se produce en los medios aristocráticos una vuelta a las formas clásicas.

El poeta oficial del califa escribe en Córdoba « El collar único» , recopilación de versos de poetas orientales.

Historiadores:

·Ahmad Ibn Muhammad al-Razi, autor de una « Historia general de la Península» desde la época legendaria hasta mediados del siglo X.
·Muhammad al-Jushani: historia de los jueces de Córdoba.
·Ibn al-Qutiyya (el hijo de la goda): Historia de la conquista de Al-Ándalus desde la invasión musulmana hasta la toma de Bobastro por Abd al-Rahmán III.
·Ibn al-Faradi, erudito al servicio de Almanzor, escribe una « Historia de los sabios de Al-Ándalus.

El cultivo de las ciencias en el mundo musulmán se inicia tempranamente en Oriente al favorecer los califas la traducción de obras médicas y científicas del mundo antiguo, sea este griego, indio, persa o chino y pronto estos conocimientos llegan a Occidente como se comprueba en el caso de la matemática india que llegó a la Península con el reinado de Abd al-Rahmán II hacia el año 844.

Entre los estudios científicos más desarrollados en Al-Ándalus figuran los de medicina y astronomía. La práctica de la medicina comienza a ser cultivada por los musulmanes emigrados de Oriente, basándose en una traducción incompleta de la obra de Dioscórides.

La astronomía, aunque no permitida por los malaquíes, tuvo un gran número de cultivadores en la época de al-Hakán II. Entre ellos destaca Abu-l-Qasim Maslama, el Madrileño, considerado el astrónomo más sabio de su tiempo, se dedica a observar los astros con ayuda de las obras de Ptolomeo y de al-Juarizmí.

El interés por la ciencia y la cultura se traduce en culto al libro, que es evidente incluso en tiempos de Almanzor. Si para congraciarse con los alfaquíes mandó quemar los libros de al-Hakán, salva los tratados de medicina, matemáticas, poesía e historia.

8. LA FRAGMENTACIÓN DE AL-ÁNDALUS (EXAMEN)

La pacificación de los dominios musulmanes, la renovación cultura y administrativa y los éxitos militares conseguidos frente a los cristianos y fatimíes no fueron suficientes para poner fin a las tendencias disgregadoras de los musulmanes peninsulares. Estas tendencias se vieron reforzadas por los conflictos étnico-sociales provocados por el ascenso social, económico y militar de los mercenarios beréberes y de las tropas eslavas.

Almanzor sigue en apariencia las directrices señaladas por los primeros califas: mantenimiento del orden en el interior y expansión militar y económica; pero hay diferencias importantes: mientras que la política expansiva de Abd al-Rahmán y al-Hakán es la culminación de un proceso cuyo punto de partida es la pacificación interior, con Almanzor los términos se invierten. Enfrentado a la nobleza, sólo puede dominarla con la ayuda de los mercenarios que de esta manera pasan a primer plano político y social y cuyos éxitos militares son imprescindibles para mantener el orden en el interior.

El recurso continuo a las tropas mercenarias por los califas terminaría reflejándose en el ascenso social de beréberes y eslavos, no siempre de acuerdo entre sí y en la oposición a ambos de la nobleza árabe. Utilizando hábilmente la oposición entre los tres grupos, Almanzor conseguirá convertirse en dueño, discutido pero firme, de Al-Ándalus.

En sus comienzos era un simple escribano público y en pocos años logró ser nombrado administrador de los bienes del heredero califal, director de la ceca de Sevilla, director y administrador del dinero destinado al pago de los servicios de los beréberes norteafricanos contra los fatimíes y finalmente inspector general de las tropas mercenarias.

Su origen árabe le atrae el apoyo de la aristocracia, el perdón de impuestos y otras medidas favorecedoras hacen que el pueblo cordobés se le una.

Dictador con poderes absolutos, Almanzor gobernó Al-Ándalus durante más de 20 años. Su gobierno parece haber sido justo y beneficioso para la población, pero su desprecio a la dinastía sirvió de pretexto para que se originara una nueva conjura dirigida esta vez por el general Galib que se mantuvo fiel a los omeyas por encima del parentesco con Almanzor.

Se enfrenta a Galib después de aumentar el grueso de sus tropas. Pero Galib muere en el combate y es ahora cuando el poder de Almanzor no conoce límites: adopta el sobrenombre honorífico de Al-Mansur y el ceremonial propio de los califas. 10 años después renunciará, a favor de su hijo Abd al-Malik, al título de hachib y adoptará el de « Señor» .

A través de estos mecanismos y actuaciones, las diferencias entre los diversos grupos étnicos aumentas y Al-Ándalus entra en un círculo vicioso que provocará su ruina: sin un aumento de los mercenarios y en su ejército, Almanzor será incapaz de gobernar y para pagar a sus tropas deberá recurrir al mundo cristiano y fatimí en plan bélico pues son los que le suministrarán botín. Indispensables en el terreno militar, eslavos y beréberes exigen una mayor participación en el poder, por lo que se enfrentan abiertamente y desplazan a la aristocracia árabe de los puestos de gobierno.

Cuando el segundo hijo de Almanzor Abd al-Rahmán Sanchuelo se hizo proclamar heredero de Hisham II, la nobleza árabe mostró su descontento. Los árabes nombraron califa al omeya Muhammad II y Abd al-Rahmán fue ejecutado en 1009.

Al triunfo de la aristocracia árabe siguió una persecución de los mercenarios beréberes que se sublevaron y eligieron califa a otro omeya: Sulaymán, contra el que combatirán árabes y eslavos ayudados por los Condes de Urgell y de Barcelona. En menos de 2 años los musulmanes han pasado de árbitros en las querellas entre cristianos a solicitar el apoyo de éstos en sus luchas internas.

Con el nombramiento de Sulaymán desaparece la ficción de legalidad y aunque hasta 1031 hay un califa en Córdoba, desde mucho antes Al-Ándalus está dividido en reinos independientes dirigidos por los jefes beréberes, eslavos o árabes, que mantendrán sus enfrentamientos en los años posteriores y con ellos favorecerán el afianzamiento de los reinos cristianos.

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Última actualización: Agosto 2005
 

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