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Historia Medieval de España

Tema VI: EL EMIRATO ANDALUSÍ

Bibliografía: MARTÍN RODRÍGUEZ, J. L.: Manual de Historia de España. 2. La España Medieval, Madrid, Historia 16, 1993.

Autor:Anónimo

Las primeras campañas dirigidas al N de África y su conquista se inician hacia el 647. Fueron expediciones difíciles pero sólo consistieron en la búsqueda de botín. Los primeros resultados se consiguieron en 670 con la creación de la ciudad-campamento de Cairuán. Desde ella se dirigirán los árabes al Atlántico y ya, en los años 705 y 708, controlarán definitivamente el N. de África.

La ocupación de las zonas urbanas y de las zonas habitadas por poblaciones sedentarias no presentó problemas; no ocurrió lo mismo en el litoral a causa de los ataques de los nómadas del Sahara.

El gobernador árabe Musa Ibn Nusayr incorporará a los beréberes al ejército para luego lanzarlos contra la Península en un intento de dar salida a su belicosidad. Este sistema ya fue usado por los califas de Siria para librarse del peligro beduino.

1.OCUPACIÓN DE LA PENÍNSULA 710

La descomposición interna del reino visigodo explica en gran parte el éxito de las expediciones musulmanas en las que numerosas crónicas conceden gran importancia al conde D. Julián. Por asuntos personales con los reyes visigodos parece ser que apoyó a los musulmanes para entrar en la Península colaborando en el desembarco de reconocimiento que tuvo lugar en 710 dirigida esta maniobra por el beréber Tarif Ibn Malluk.

El éxito de esta campaña animó a Musa a enviar una nueva expedición cuyo mando confió al liberto Tarik Ibn Ziyad al que nadie opuso resistencia por encontrarse Rodrigo combatiendo con los vascones.

Los musulmanes entraron en contacto con Witiza (con sus partidarios) y esto supuso la victoria musulmana de Guadalete. Desde aquí, Tariz Ibn Ziyad avanzó sobre Toledo, que capituló sin ofrecer resistencia.

Los resultados económicos y políticos de la campaña animaron a Musa a intervenir directamente al frente de un ejército de árabes y se dirigió contra Medina Sidonia, Carmona, Alcalá de Guadaira, Sevilla y Mérida.

La facilidad de la ocupación musulmana en la península se explica por la descomposición del mundo visigodo y por la política de pactos que los musulmanes llevaron a cabo.

Ciudades como Sevilla, Écija, Córdoba, Mérida, Lisboa, Toledo y Pamplona capitularon si ofrecer resistencia y sus dirigentes firmaron un pacto similar al que se firmó en Murcia, firmado por Abd Al-Aziz y el conde Teodomiro. Las crónicas hablan de una política de terror, pero la realidad es que el pacto es un modelo de convivencia.

Numerosos nobles hispanovisigodos se acogieron al sistema, otros nobles prefirieron la conversión al Islam para, de este modo, mantener así sus derechos. La importancia que las crónicas y los pactos dan al botín ha llevado a hablar no de una política de ocupación, sino de explotación del territorio. Sólo en una 2ª etapa, cuando desaparece la posibilidad del botín y de cobrar nuevos tributos, tras ser derrotados los musulmanes en Poitiers, se plantea la posibilidad de establecerse definitivamente en Al-Ándalus. La operación enfrentará a conquistadores entre sí y con el califa. En este contexto se sitúan las luchas que enfrentan a qaysíes y yemeníes; a los árabes con los beréberes y a los primeros conquistadores o Baladíes con los grupos llegados posteriormente.

2. OCUPACIÓN DE TIERRAS

Los yemeníes predominan en Andalucía occidental y el valle del Ebro:

·Hay un relativo equilibrio entre yemeníes y qaysíes en Andalucía oriental.
·Los qaysíes son mayoría en la zona que va desde Mérida hasta las zonas montañosas de Levante.

Aunque los orígenes de los enfrentamientos entre árabes del norte y del sur se remonta a épocas preislámicas, no parece que pueda hablarse sólo de enfrentamientos tribales; hay que añadir además posturas enfrentadas respecto a la organización de los territorios, a la distribución del poder y de las tierras y a la situación de los nuevos musulmanes.

La política qaysí en el N de África lleva a la marginación y explotación de los beréberes y esto mismo ocurrió en Al-Ándalus, al mismo tiempo que aumenta la presión fiscal. El malestar beréber será canalizado por los jarichíes, para quienes todos los creyentes son iguales ante Alá y por consiguiente tienen todos los mismos derechos.

Por tanto, el jarichismo fue el vínculo de unión de los beréberes, que en 739 protagonizaron una sublevación contra los árabes. El califa respondió enviando un ejército de sirios de los que sólo se salvaron diez mil que se refugiaron en Ceuta. Se reúnen los sirios de gach con los yemeníes de Abd al-Malik pese a la desconfianza mutua de los dos personajes y los emires de Al-Ándalus tratan de dispersarlos pero procurando que no pierdan cohesión y que mantengan la organización de sus lugares de origen.

Pero los enfrentamientos entre yemeníes y qaysiés continúan incluso hasta la llegada de Abd al-Rahmán (omeya) a Al-Ándalus. Su familia fue depuesta por los abasíes en 750 pero Abd Al-Rahmán logró salvarse de la persecución gracias al apoyo de la tribu beréber de los Nafza. Uno de sus libertos, Bard, entró en contacto con los clientes omeyas de la Península para que fuera aceptado como emir. Lógicamente el nuevo emir rompió la vinculación política con el Islam oriental y con él se inicia un nuevo período de la historia peninsular.

3. LA DINASTÍA OMEYA DE AL-ÁNDALUS. LOS EMIRES DE LA DINASTÍA OMEYA (EXAMEN)

Los califas de Damasco encontraron grandes dificultades para controlar el imperio musulmán. Entregan el gobierno de las provincias a personas de confianza, pero la lejanía y las dificultades de las comunicaciones obligó a los gobernadores a actuar por cuenta propia en la mayoría de los casos.

Dislocado el poder central, la población preexistente al Islam impone en algunas comarcas directrices políticas contrarias a las marcadas por los califas y en otros casos los propios árabes se unen a los movimientos separatistas. La religión era el vínculo inicial de todos los creyentes, pero ahora su fuerza es limitada; por otra parte, pierde gran parte de su atractivo al ser pospuestas las prescripciones coránicas a los intereses del grupo árabe y de la dinastía omeya. Además, aceptando el mismo texto sagrado, los musulmanes se han dividido en sectas cada una de las cuales interpreta el Corán de modo diferente. Sólo el idioma, el árabe, unificará a los musulmanes.

En estas circunstancias no es extraño que se produzcan desde fechas muy tempranas movimientos secesionistas que rompen la unidad del Islam. La independencia de Al-Ándalus es la 1ª de una larga serie: a finales del siglo VIII se crea en Marruecos el reino Idrisí con capital en Fez; el gobernador de Túnez se declara independiente en el año 800 y funda el reino aglabí, con centro en Cairuán en medio de estos reinos se crea el rustimí con capital en Tahart.

En el centro peninsular, por la falta de bases seguras en el N de África los abasíes se limitaron a enviar agentes para que utilizaran en su provecho las rivalidades entre los musulmanes, intentando derrocar a la dinastía omeya y devolver la provincia a la obediencia califal. Para conseguir poner fin a las diferencias entre los árabes y hacer frente a la reacción abasí, Abd Al-Rahmán reorganizó el ejército y confió el mando a personas de su confianza dentro del ámbito familiar. Esto le permitió sofocar las revueltas dirigidas por yemeníes y qaysíes, aliados de los abasíes. La revuelta más peligrosa fue la ocasionada por los beréberes incluidos por el jarichismo: su jefe Al-Wahid se consideraba asimismo descendiente del profeta y se mantuvo insumiso, utilizando la táctica de guerrilla durante 10 años. Llegó a dominar la región situada entre las cuencas del Tajo y del Guadiana.

Sometidos árabes y beréberes, todavía tuvo que sofocar Abd Al-Rahmán I conspiraciones urdidas por sus propios familiares y por su liberto Bard, así como por algunos de los gobernadores de las regiones alejadas de Córdoba que actuaban en completa libertad. Es el caso de Sulaymán Ibn Al-arabí; éste se negó a secundar los planes abasíes pero formó una coalición junto a con los gobernadores de Barcelona, Huesca y Zaragoza.

Para hacer frente al emir cordobés, Sulaymán pidió ayuda a Carlomagno y logró que éste interviniera en la Península al frente de sus tropas, pero no logró entrar en Zaragoza. En su retirada fueron derrotados en el paso de Roncesvalles, muriendo en la contienda Rolando, duque de Bretaña, Anselmo y Aggiardo. Todo esto queda recogido en la épica francesa « La Chanson de Roland» .

A la retirada carolingia sucedió la ocupación de Zaragoza por el emir cordobés, pero los problemas secesionistas de las zonas alejadas continuaron. En la zona noroccidental los problemas del emir omeya permiten a los astures consolidar la independencia lograda durante las revueltas beréberes que hicieron posible la ocupación de Galicia y el desmantelamiento de las guarniciones de la Meseta, que se abandonaron por los beréberes.

La dureza de la represión llevada a cabo por el emir cordobés dio sus frutos durante el breve reinado de Hisham I (788-796) quien tuvo que hacer frente a conspiraciones urdidas por sus hermanos pero no vio peligrar su autoridad en ningún momento y pudo dedicar sus esfuerzos a organizar el reino y combatir a los cristianos del norte.

Fiel musulmán, Hisham pone fin a la anarquía en la administración de justicia debido a que el derecho islámico se basa en el Corán y en la Sunna.

En los primeros tiempos los califas, gobernadores y jueces se atienen a las costumbres locales reguladas por los textos islámicos, pero el sistema da lugar a fuertes desigualdades y se intentan unificar los criterios jurídicos, tomando como base siempre el Corán y la Sunna.

El primer intento se debe a Ibn al-Mukaffa pidiendo al califa la existencia de « un código único y Justo» . Esta sugerencia no fue aceptada por los abasíes y fueron los alfaquíes, las personas versadas en la religión quienes ofrecieron soluciones teóricas y actuaron como consejeros de los gobernadores y jueces en los casos dudosos. Entre estos personajes destacan pronto los de la escuela de Medina, dirigidos por Malik Ibn Anas, para quien la práctica jurídica ha de basarse en la verdad revelada y no en la costumbre.

La doctrina malequí, que deja escaso marco de acción a los jueces, no llega a la Península en su forma original sino a través de la versión reagrupada en Cairuán donde se codificaron los posibles casos. Esta codificación fue impuesta como texto oficial y único para los juristas peninsulares.

El predominio malequí en la Península y su aceptación por Hisham I fue debido a la sencillez de su doctrina una vez codificada:

·Al deseo omeya de acentuar sus diferencias frente a los abasíes.
·A la necesidad de poner fin a las disputan entre los creyentes.
·A la existencia de un grupo de alfaquíes que supo aprovechar hábilmente las dificultades de los soberanos frente a sus súbditos.

Por último, el relativo atraso cultural de Al-Ándalus respecto al Islam oriental se debe, en parte, a la influencia malequí, porque sólo un poder político bien asentado puede hacer caso omiso de los alfaquíes y abrir las fronteras religiosas y culturales; a esto se opondrán los alfaquíes quienes pondrán todos los medios a su alcance para propiciar motines y revueltas.

4. SUBLEVACIONES Y REVUELTAS INTERNAS

Las guerras civiles árabes y las sublevaciones beréberes finalizan prácticamente durante el reinado de Abd al-Rahmán I, pero la paz se ve turbada por motines y revueltas de carácter social entre la población del Arrabal de Córdoba y entre los muladíes de las ciudades fronterizas de Mérida, Toledo y Zaragoza.

Aparentemente muy distintos entre sí, los dos movimientos tienen un denominador común: son iniciados por los notables locales y llevados a sus últimas consecuencias por los hispanos convertidos al islamismo pero que se sentían en una posición inferior a la de los árabes. Ambos encuentran apoyos importantes:

·Los notables locales por los alfaquíes.
·Los cristianos del norte apoyarán a los hispanos convertidos al islamismo (muladíes).

Las sublevaciones fronterizas y las guerras contra los reinos y condados del norte obligaron a Al-Hakán I (796-822) a incrementar los efectivos del ejército y los impuestos.

La conjura protagonizado por los notables y por los alfaquíes fue abortada por el emir en el año 805 y llegaron a cercar al emir que se vio obligado a reforzar su defensa contratando una guardia personal de mercenarios dirigidos por el jefe de la comunidad cristiana de Córdoba.

La nueva ofensiva lanzó a los alfaquíes a una campaña de agitación entre los habitantes del Arrabal de Secunda, que llegaron a cercar al emir. Vencidos, los dirigentes del motín fueron ajusticiados y los demás habitantes obligados a exiliarse, a excepción de los alfaquíes que fueron amnistiados para evitar nuevas tensiones. El arrabal fue convertido en campo de labranza y sus habitantes se refugiaron entre los muladíes de Toledo que eran rebeldes al emir.

El nuevo emir Abd al-Rahmán II para aplacar a los alfaquíes hizo condenar al conde Rabí y mandó destruir el mercado de vinos de Secunda, tolerado por su padre a pesar de la prohibición coránica. Estas medidas le valieron el apoyo de los alfaquíes que, desde este momento retiraron su ayuda a los rebeldes y obtuvieron del emir importantes beneficios.

Mérida, Toledo y Zaragoza son las ciudades desde las que defienden la frontera de Al-Ándalus los muladíes. La desigualdad entre viejos y nuevos musulmanes aumenta con la política filoárabe de los omeya y el descontento muladí se transformó en movimientos de independencia. Estas rebeliones tienen carácter esporádico en Toledo y en Mérida y una cierta continuidad en el Ebro.

Nuevos brotes de independencia tuvieron lugar en el 811 bajo la defección de Hashim, al que los cronistas musulmanes presentan como jefe de bandoleros.

A la subida al poder de Muhammad I (852-886) los toledanos iniciaron una nueva revuelta aliados en esta ocasión con el monarca astur-leonés Ordoño I. Toledanos y astures fueron vencidos en la batalla de Guadalete (854) y el emir ocuparía años después Toledo con el apoyo de grupos beréberes. Desde 886 hasta la subida al poder de Abd al-Rahmán III (912), Toledo gozó de plena independencia gracias a los problemas planteados a Córdoba por la rebelión de Umar Ibn Hafsún.

El comienzo de las sublevaciones de Mérida es algo posterior. La primera se inicia en el año 805 y dura hasta el 813; se unieron a ella los beréberes de Lisboa y la población de cristianos de Mérida.

Durante el emirato de Abd al-Rahmán III, beréberes, cristianos y muladíes se alzan contra Córdoba nuevamente. Los jefes de la revuelta continuaron con la misma después de la rendición de la ciudad.

Una nueva sublevación iniciada en Mérida se desarrolla fundamentalmente en Badajoz y está dirigida por al-Chilliguí, sublevado contra Muhammad I en el año 868. con la ayuda de Alfonso III derrotó a las tropas del emir.

En la frontera superior, los gobernadores de Zaragoza habían disfrutado de largos períodos de independencia antes de la llegada del primer omeya; en las zonas montañosas de Huesca y Navarra los Banu Qasi mantienen una actitud ambigua entre la sumisión a Córdoba y revueltas, como la sofocada por el valí de Huesca Amrús en el 802. A la muerte de este personaje, los Banu Qasi y los pamploneses se alían para hacer frente a la amenaza carolingia en el norte y a la cordobesa del sur: los muladíes ayudaron a los Arista de Pamplona a ocupar la ciudad y juntos vencieron a los condes francos que pretendían recuperarla de nuevo.

Musa Ibn Musa, jefe de los Banu Qasi mantuvo una cierta sumisión a Córdoba y llegó a participar en las campañas de Abd al-Rahmán II contra Asturias, pero cansado de soportar a los jefes árabes se hizo fuerte en Tudela e inició la sublevación que le permitiría mantenerse independiente de Córdoba, aunque se sienta obligado a colaborar con los cordobeses frente a los normandos desembarcados en Sevilla.

El abandono de la alianza con los pamploneses provocó la ruina de esta familia muladí. A pesar de la disgregación de los dominios de Musa, que se llamó a sí mismo el tercer rey de España, continuaron las sublevaciones contra Córdoba siempre bajo la dirección de los Banu Qasi que se habían convertido en los portavoces del descontento de la población. Así lo prueba el hecho de que sus vencedores en nombre del emir, los tuchibíes, de origen árabe, se declaren independientes en el año 870 y se mantengan en Zaragoza hasta la época de Abd al-Rahmán III.

5. LOS MOZÁRABES: LA COLABORACIÓN DEL MARTIRIO (EXAMEN)

Los musulmanes no realizaron una labor de proselitismo en las zonas conquistadas, tampoco persiguieron a los creyentes de otras religiones. Toleraron el culto público de otras creencias por lo siguiente:

·Así lo había dispuesto Mahoma.
·Porque la conversión llevaba consigo la supresión del impuesto territorial.
·Porque inferiores en número y en preparación cultural a las poblaciones sometidas, los musulmanes necesitaban de su colaboración.

Con el paso del tiempo, la nobleza rural y una parte de los campesinos aceptaron el Islam; los habitantes de las ciudades conservaron el cristianismo. Los emires actúan del mismo modo que los reyes visigodos habían actuado: como jefes políticos de la Iglesia católica. Dan su permiso para la celebración de concilios y pueden aceptar o rechazar obispos.

En el plano personal utilizan los servicios de los cristianos como miembros de la guardia personal del emir, institucionalmente se sirven de la organización eclesiástica para influir en todo el territorio peninsular, e incluso en las zonas donde la autoridad del emir es discutida.

Planteamientos sobre la naturaleza de Cristo derivan en cuestiones políticas y en la independencia eclesiástica de las zonas donde la población cristiana no acepta el poder político del emir. Esta independencia político-religiosa del reino astur y de los dominios carolingios se vera reforzada por las aportaciones de los mozárabes huidos de Córdoba en la 2ª ½ del XI.

Los reyes asturianos y el monarca carolingio, conscientes de las limitaciones de su autoridad, intentarán romper la unidad de la iglesia visigoda y crear su propia organización en el caso asturiano, o someter a los eclesiásticos hispanos a la disciplina de la Iglesia franca, en el caso carolingio. Se trataba, en definitiva, de reforzar el sistema político con una organización eclesiástica estrechamente vinculada a él.

La oportunidad se presenta cuando la iglesia toledana acepta las teorías adopcionistas, según las cuales Jesucristo era hijo adoptivo de Dios. Esto se refería tanto a su naturaleza humana como a la divina, lo que se contraponía a la ortodoxia que afirmaba que Jesucristo era hijo de Dios. El padre de las nuevas teorías parece haber sido el monje Félix, que habría llegado al adopcionismo en un intento de explicar a musulmanes y cristianos la cuestión de la Trinidad.

Estas teorías pronto hallaron réplica en el presbítero Beato de Liébana y el obispo Eterio de Osma, residente en Asturias. Durante estos años reina en Asturias Mauregato (783-788), partidario de la sumisión a Al-Ándalus y de mantener la sumisión con la Iglesia toledana.

Debido a la situación planteada en Córdoba durante el motín del Arrabal, el poder político, para salvaguardar su prestigio, culpó ante los musulmanes y alfaquíes a la persona del conde cristiano. En el año 826 se conserva una carta de Luis el Piadoso en la que exhorta a los mozárabes a seguir combatiendo al emir y ofreciéndoles ayuda militar o el acogimiento en sus dominios si deseaban abandonar Al-Ándalus.

La intransigencia alfaquí contribuyó a hacer más débil la situación de los mozárabes, muchos de los cuales intentaron evitar la discriminación adoptando las costumbres musulmanas; los alfaquíes tenían además el aliciente de poseer un nivel superior a la anquilosada cultura visigótica-mozárabe. Cuando el clérigo Perfecto es condenado a muerte en 850 se producen los primeros roces. La condena exaltó los ánimos de los cristianos y algunos encontraron el martirio al blasfemar públicamente de la religión musulmana. El nº de mártires nos es desconocido. Eulogio y sus seguidores insisten en la existencia de una provocación previa por parte de los musulmanes destruyendo las basílicas cristianas e insultado a los sacerdotes.

El concilio de Toledo de 852 prohibió a los cristianos la búsqueda del martirio. El emir mandó a los jefes del movimiento en un intento de descargarse de responsabilidades. Tras el fracaso de la política regresiva, el emir Muhammad I buscó una política conciliadora y liberó a todos los detenidos. A pesar de ello, los mozárabes siguieron manteniendo su actitud de desafío al Islam. Muhammad ordenó ejecutar a los blasfemos y destruyó el monasterio de Tábanos, refugio y campo de los provocadores. Decidido a terminar con el movimiento ejecutó a Eulogio.

Con su muerte finaliza la exaltación mística, lo que produjo gran daño para la convivencia de cristianos y musulmanes, pues la actitud de los alfaquíes se endureció y a partir de ahora los funcionarios cristianos del emir deberían convertirse al Islam o abandonar sus cargos. Por último, los mozárabes que huyeron de Córdoba y buscan refugio en los reinos del norte, llevarán a éstos su cultura visigoda y su mentalidad antiislámica.

6. LAS RELACIONES EXTERIORES DE AL-ÁNDALUS

Según los datos de crónicas dudosas, en el año 750 llegarían los vikingos a la Península en busca de botín. Los « machus» o idólatras adoradores del fuego, se pusieron al servicios de Alfonso el Casto en sus luchas contra los emires, pero estas noticias carecen de veracidad. Lo cierto parece ser que en 844 naves vikingas saquearon Gijón, Galicia y Lisboa y penetraron por el Guadalquivir hasta Sevilla, que fue abandonada por los musulmanes y saqueada durante 40 días. Para hacerles frente, Abd al-Rahmán II mandó llamar a las fuerzas que defendían las fronteras con los reinos cristianos y con su colaboración obtuvo la victoria de Tablada. Los ataques y sus efectos a las tierras musulmanas:

·Instalación en las proximidades de Sevilla de algunos normandos convertidos al Islam.
·Creación de una flota para defender las costas que con el tiempo servirían para afianzar el comercio andaluz.
·Reforzamiento en el valle del Ebro del caudillo Musa Ibn Musa.
·Murallas para Sevilla.
·Unión de intereses comerciales y militares con su máximo exponente en Pechina, localidad cedida a algunos árabes que se comprometieron a residir en el lugar y a defender la costa en caso de ataque normando.

Pechina se convirtió en una ciudad floreciente al instalarse en ella marinos y mercaderes que la dotaron de una industria textil, sus mercaderes controlaban el comercio con el N de África, en competencia con los marinos y mercaderes de Baleares. La marina andalusí cuenta con el fuego griego (betún ardiendo). Su utilización permitió rechazar un nuevo ataque normando sobre Sevilla. El ataque de 844 reforzó la posición del muladí Musa Ibn Musa, pero en 856 señala el comienzo de su decadencia: la víctima más importante del 2º ataque fue el rey de Pamplona García Iñiguez, que fue hecho prisionero en el desembarco de las costas del Cantábrico y ganó su libertad tras el pago de un cuantioso rescate.

El rey de Pamplona rompió su tradicional alianza con los muladíes del Ebro y se unió a los astures ante la falta de ayuda de Musa.

Con los aliados derrotaron a Musa en la batalla de Albelda (859). En ella se logró la supresión del Tributo de las Cien doncellas.

La creación de la flota omeya y su equipamiento con el fuego griego quizá pueda relacionarse con el intercambio de embajadores entre Bizancio y Córdoba, ambos tiene en común al enemigo abasí. Bizancio intenta formar una gran coalición contra él, de la que formarían parte los carolingios y los omeyas de Al-Ándalus.

Teófilo de Bizancio se ofrece para apoyar a Córdoba en la persecución de los andaluces implicados en el motín del Arrabal y que emigraron a Creta. El emir omeya rechazó la ayuda por considerar que era una empresa muy difícil.

Aceptada por los abasíes la independencia de Al-Ándalus, desaparecieron las razones que habían impulsado a los omeyas a destacar las diferencias de su reino respecto al califato de Bagdad. Se atemperó el radicalismo malequí durante los años de Abd al-Rahmán II y Muhammad I y se aceptaron los conocimientos científicos adquiridos por los musulmanes de Oriente que estaban en contacto con los mundos griego, hindú y chino.

Con el tiempo, la organización del reino copió la abasí y de oriente recibió Al-Ándalus las modas literarias, musicales y culturales en tiempos de Abd Al-Rahmán II, que trató de emular a los califas de Bagdad.

La apertura de Al-Ándalus hacia oriente no puede hacer olvidar las dificultades puestas por los alfaquíes quienes pretendían basarse no en la revelación, sino en la razón como hacen los mutazibíes. Estas doctrinas van directamente contra la tradición y contra el principio de autoridad, tanto en el terreno religioso como en el político. Sólo un estado fuerte puede permitir la divulgación de las ideas sin peligro para su supervivencia y bastará que la situación política de los emires se debilite para que desaparezca la tolerancia u se dé rienda suelta a los alfaquíes que perseguirán a los mutazilíes.

Con Abd al-Rahmán III las doctrinas mutazilíes saldrán de la clandestinidad a la que fueron condenadas por los alfaquíes. Más peligrosas pero más populares eran las doctrinas batiníes según las cuales el Corán sólo debía ser interpretado de forma alegórica. Estas ideas se difundieron rápidamente entre los beréberes peninsulares y las masas populares, por lo que Abd al-Rahmán III ordenó ejecutar al principal propagandista de estas doctrinas.

7. LAS CRISIS DE FINES DEL IX (EXAMEN)

En la historia de Al-Ándalus parece darse un cierto orden en las sublevaciones contra Córdoba que, si nunca pudo controlar todo el territorio, al menos si pudo mantener una apariencia de autoridad gracias a la falta de coordinación entre los diversos movimientos:

·A las guerras entre árabes suceden los enfrentamientos con los beréberes y cuando éstos terminal al final del VIII se inician las revueltas de los muladíes.
·La prioridad de las revueltas fronterizas se explica por su alejamiento de la capital, por el predominio de los muladíes y por el apoyo que proporcionaron astures y vascones.

Pero ninguno de los reinos o condados cristianos tenían fuerza como para inquietar a Córdoba que sofocó las sublevaciones con relativa facilidad hasta que en la 2ª ½ del IX los omeyas sufrieron las insurrecciones fronterizas que ponían en peligro la supervivencia del emirato cordobés.

La protesta muladí se origina a causa del pago de impuestos y es fácilmente reducida hasta que Umar Ibn Hafún interviene. Detenido posteriormente, fue incorporado al ejército cordobés pero desertó del mismo y atrajo a las poblaciones cercanas a su causa: la lucha contra los dirigentes árabes. Ni Muhammad ni sus sucesores Al-Mudhir, Abd Allah o Abd al-Rahmán III lograrían expulsarle de Bobastro donde sus hijos continuarían la lucha unos años después.

La rebelión de Umar está directamente relacionada con diversas sublevaciones muladíes en las montañas de Jaén y en el sur de Portugal, pero las revueltas más importantes tuvieron lugar en Granada y Sevilla.

Mérida, Toledo, Zaragoza, Granada, Sevilla y las regiones montañosas de Córdoba y Jaén no fueron las únicas que escaparon al control de Córdoba durante la época de Abd Allah. Hay que añadir también Almería donde surgió una república de navegantes y mercaderes relacionados en su origen con el conflicto muladí de Granada.

Las relaciones comerciales de Al-Ándalus con el imperio árabe fueron mantenidas gracias a los marinos de la costa andaluza, que de transportistas se convirtieron en mercaderes y acabaron controlando el mercado del N de África. Grupos numerosos de mercaderes se trasladaban anualmente a África donde invernaban y traficaban con las tribus beréberes para regresar a la Península en primavera.

Uno de los grupos procedentes de Pechina llegó a establecer una colonia permanente en la ciudad norteafricana de Tebes en el año 875; su éxito fue tal que obligó a modificar la organización de la ciudad de Pechina. Su territorio se hallaba dividido entre marino y soldados árabes trasladados por Abd al-Rahmán II para hacer frente a los posibles ataques de normandos.

Desaparecido el peligro militar, la ciudad (que había sido concebida como centro marítimo-comercial y militar) amplió la zona comercial a costa del territorio cedido a los militares árabes.

Pechina se organizó de forma independiente convirtiéndose en una república de marineros-mercaderes y creó su propia industria de artículos para la exportación. Esta confederación o república de marinos se mantuvo independiente de Córdoba.

8. LOS EMIRES Y EL MUNDO CRISTIANO

Aunque desde el año 715 toda la Península está bajo el control teórico de los musulmanes, el dominio efectivo no se extendió a los Pirineos occidentales ni a las montañas cantábricas y asturianas.

Los conflictos entre árabes y beréberes, que terminarían con la derrota de los últimos, facilitarían el avance hacia el sur de las tribus de montañeses que darán lugar a los reinos de Asturias y de Pamplona.

El foco principal de resistencia a los musulmanes se localiza en las montañas cantábricas y asturianas donde la tradición quiere que se refugien los restos del ejército visigodo y en el año 718 o 722 obtengan la 1ª victoria sobre el Islam en las montañas de Covadonga.

Actualmente, se tiene a reducir el papel de la nobleza visigoda y la importancia de Covadonga, que habría sido el resultado del enfrentamiento entre los montañeses astures y una patrulla musulmana de las enviadas para cobrar los impuestos.

Es indudable que sin la protección de las montañas y sin el desinterés de las guarniciones beréberes, los astures no habrían podido mantenerse a pesar del éxito inicial de Covadonga. La importancia histórica de Covadonga no deriva de la batalla en sí, sino de la utilización que posteriormente se hizo de ella.

Para los cronistas musulmanes Pelayo es un « asno salvaje» acogido a la protección de las montañas con un grupo de 300 hombres que luego quedarán reducidos a 30. La aspereza del terreno y la insignificancia de los enemigos aconsejaron la retirada de las tropas islámicas.

Para los redactores de la crónica de Alfonso III de León, la sublevación de Pelayo había sido un movimiento patriótico-religioso destinado a restaurar la España de los visigodos y la fe cristiana, pero esta versión responde más a las mentalidades de quienes redactaron las crónicas. En la 2ª ½ del IX un número considerable de clérigos buscó refugio en el reino astur y su preparación cultural les permitió orientar el reino hacia una visigotización de la que Covadonga no es más que un aspecto.

Desde el momento en que la batalla tiene como finalidad la restauración del reino visigodo, se convierte a Pelayo y a sus sucesores, los reyes astur-leoneses-castellanos, en los herederos legítimos y únicos de la monarquía unificadora de la Península.

Reducida Covadonga a lo que parecen sus límites históricos, el nacimiento del reino astur se sitúa en los años de Alfonso I (739-757). Este rey en cuya persona se unen los grupos montañeses cántabros y astures por ser hijo del duque de Cantabria y estar casado con una hija de Pelayo, aprovecha la 1ª revuelta beréber y una grave sequía para destruir las plazas fuertes y extender sus dominios hasta Galicia y hasta el valle alto del Ebro. La actuación de Alfonso tuvo dos consecuencias importantes:

·Entre los musulmanes y el reino astur se creó una zona de nadie conocida históricamente como el DESIERTO ESTRATÉGICO DEL DUERO, zona posiblemente despoblada; por esta razón, los ejércitos musulmanes en sus ataques a Galicia, Asturias y León procuran evitar esta zona por no ser óptima en caso de necesitar avituallamiento.
·Alfonso lleva a sus dominios a los mozárabes que habitaban en las zonas atacadas.

En adelante se creará en el reino astur la conciencia de « reconquista» del destruido reino visigodo.

La necesidad de pacificar Al-Ándalus no fue obstáculo para que el primer omeya atacara al rey asturiano Fruela I. Sus sucesores siguieron una política de amistad y sumisión a los musulmanes, que atacan Asturias y las zonas pirenaicas cuando Alfonso el Casto y Carlomagno pretenden actuar al margen de Córdoba y liberar a la Iglesia astur y a la de Urgell de la tutela toledana.

A las campañas contra Astorga y Oviedo se unen los saqueos a Gerona. Las revueltas muladíes de finales del siglo IX encuentran el apoyo del rey Alfonso III que lleva sus fronteras hasta Oporto y Coimbra.

En los años siguientes, ni Asturias ni los condados carolingios tuvieron que hacer frente a los ataques de Córdoba, asediada por los rebeldes de Sevilla, Granada, Jaén, Bobastro o del valle del Ebro donde un nieto de Musa intenta reagrupar dominios familiares y frena los avances del primer conde independiente de Barcelona, Vifredo el Velloso, muerto en el 897.

9. LOS EMIRES DE LA DINASTÍA OMEYA DE AL-ÁNDALUS (EXAMEN)

La historia política de los dos primeros siglos de presencia musulmana está dominada por las luchas internas entre árabes del Norte y del Sur, que se prolongan en la Península; sus rivalidades tribales y de todos los árabes sin distinción, contra los beréberes norteafricanos y contra los muladíes, cuando unos y otros muestran su descontento ante el carácter cerrado de la aristocracia árabe.

A mediados del siglo VIII un miembro de la familia Omeya escapa de la matanza abbasi y establece en Al-Ándalus un emirato independiente del poder central musulmán que se hallaba en Bagdad. El protagonista fue Abd-Al-Rahmán I, fundador de la dinastía hispano-árabe de los Omeyas, que con la llegada a Al-Ándalus se inicia dicho emirato independiente (756-929), durante el cual el Islam peninsular reconoce la autoridad religiosa del califa pero en lo político actúa con total independencia.

El reinado del Abd-Al-Rahmán I fue un recital continuo de luchas contra todos los enemigos imaginables. Hubo de combatir al antiguo valí Al-Fihri y a su inspirador Al-Sumayl, a yemeníes, beréberes, a los agentes del califa de Bagdad, a los cristianos del norte y hasta los mismos miembros de su familia, que intentaron destronarle. Pero él hizo frente a todos ellos con gran entereza. Su primer paso consistió en procurar un ejército bien organizado que le garantizase la adhesión a su persona. Consiguió reunir 40.000 soldados repartidos en tres grupos equilibrados de sirios, berberiscos y esclavos.

El ejército fue cuidadosamente dotado de jefes capaces y experimentados y gracias a dicho ejército y a los caudillos fieles se deben sus éxitos militares.

Abd-Al-Rahmán ensayó la política del perdón y la conciliación. Al-Fihri y Al-Sumayl que continuaron la lucha y habían sido derrotados fueron instalados en Córdoba con todas las comodidades, pero finalmente encontraron la muerte por manos de Abd-Al-Rahmán porque se sublevaron contra él.

Tuvo problemas con los yemeníes pues no recibieron las ventajas que ellos creían, esto se suma a la instigación constante de los califas abasíes. Yemeníes y otros clanes de árabes españoles se alistaron bajo la bandera de los abasíes.

También tuvo problemas con los beréberes que como venía sucediendo en otras comunidades mauritanas los movimientos solían tener a la vez carácter político y religioso.

Sometidos árabes y beréberes, tuvo que hacer frente a conspiraciones urdidas por sus propios familiares o por los gobernadores de algunas regiones alejadas de Córdoba. Uno de estos rebeldes pidió ayuda al monarca franco Carlomagno y logró que interviniera en la Península, al frente de sus tropas. A la retirada carolingia sucedió la ocupación de Zaragoza por el emir cordobés. En la zona noroccidental, los problemas del emir omeya permiten a los astures consolidad la independencia lograda durante las revueltas beréberes que hicieron posible la ocupación de Galicia y del desmantelamiento de las guarniciones de la Meseta, abandonadas por los beréberes.

Del breve reinado de Hisan I (788-796) hay que destacar el intento de poner fin a la anarquía existente en la administración de justicia, debido a que el derecho islámico se basa en el Corán y en la Suna.

La pacificación de los árabes y la desaparición de los beréberes como fuerza militar no puso fin a las guerras entre musulmanes. Los muladíes lucharán a lo largo de todo el siglo IX y comienzos del X por ver reconocida su igualdad con los árabes. Estos enfrentamientos tienen lugar en la capital de Al-Ándalus y en las ciudades fronterizas. Las sublevaciones fronterizas y las guerras contra los reinos y condados del norte obligaron a Al-Hakam I (796-822) a incrementar los efectivos del ejército y los impuestos. Una conjura organizada por los notables de Córdoba y por los alfaquíes contra los impuestos ilegales fue abortada por el emir en mayo de 805. La represión sólo sirvió para acentuar el descontento y el emir se vio obligado a reforzar su guardia personal.

Para aplacar a los alfaquíes, el nuevo emir Abd-Al-Rahmán II (822-852) hizo condenar al conde Rabí y mandó destruir el mercado de vinos de Seminola. Estas medidas le valieron el apoyo de los alfaquíes.

Los muladíes fronterizos actúan en muchos casos de acuerdo con los cristianos del norte, que gracias a estas revueltas organizan sus dominios. Pero la situación empeora cuando se enfrentan en revueltas al emir los muladíes andaluces. La revuelta está directamente relacionada con diversas sublevaciones muladíes en las montañas de Jaén, pero su alcance y duración tuvieron lugar en Granada y Sevilla. En Almería surgió una república de navegantes y mercaderes cuyos orígenes hay que buscar en la acción de los que se trasladaban anualmente a África.

Con Abd-Al-Rahmán II se produjo en Al-Ándalus la primera invasión normanda, sus naves remontaron el Guadalquivir y llegaron a Sevilla, que fue saqueada.

El emir les hizo frente pero en su partida saquearon varias ciudades. Algunos se quedaron y se establecieron en Carmona y Morón y se convirtieron al islamismo, desarrollando en la comarca la cría de ganado y productos lácteos, de acuerdo con sus técnicas. Sevilla se fortificó.

Con Muhammad I (852-886) tuvieron lugar los conflictos entre los distintos grupos de árabes de Murcia, pero el descontento que ya se había originado con su padre entre los muladíes y los mozárabes fue en aumento con él y sus sucesores. Persiguió a los cristianos, arrasó iglesias y obligó a muchos cristianos a abjurar de su religión.

El movimiento de más trascendencia fue el levantamiento nacionalista de Umar Ibn Hafsinn quien unió a descontentos de diverso signo y, organizando guerrilla, hizo peligrar el emirato.

A Muhammad I le sucedió su hijo Al-Mundir (886-88), su reinado fue corto, murió envenenado y le sucedió su hermano Abd-Allah (888-912). Este reinado fue conflictivo pues se puso en peligro la autoridad real aunque él logró restaurarla. Para ello ofreció a Umar-Ibn-Hafsinn el gobierno de Málaga, aunque poco tiempo después volvió a la lucha armada.

En 912 muere Abd-Allah y heredó el emirato y las luchas con los rebeldes su nieto Abd-Al-Rahmán III, que fue bien acogido por los cortesanos. Venció a los aristócratas rebeldes de Carmona, sometió Jaén y apaciguó Valencia, Murcia y Mérida.

El emir asaltó Bobastro, defendido por un hijo de Umar Hafsinn y de este modo Al-Ándalus quedaba pacificado. Además de sostener el peligro fatimí que operaba desde Túnez. Con Abd-Al-Rahmán III se iniciará el califato de Córdoba.

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Última actualización: Agosto 2005
 

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