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Iª Prueba presencial

Tema IX: Astronomía de posición, astrología, cosmología y geografía.

Apuntes enviados por J.D.P sobre el texto CROMBIE, A. C.: Historia de la ciencia: de Agustín a Galileo

1.-Introducción

Los árabes adquirieron el conocimiento de la ciencia griega a partir de dos fuentes. La mayor parte de ella la aprendieron de los griegos del imperio bizantino, pero también la adquirieron, de segunda mano, de los cristianos nestorianos de habla siríaca de Persia oriental. Los cristianos nestorianos desde su centro de Jundishapur, tradujeron durante los siglos VI y VII un importante número de obras griegas científicas (sobre todo de lógica y de medicina) al siríaco, que había reemplazado al griego como habla culta de Asia occidental desde el siglo III. Después de la conquista árabe, Jundishapur continuó siendo durante un tiempo el primer centro científico y médico del Islam, donde cristianos, judíos y otros súbditos de los califas trabajaban en la traducción de textos del siríaco al árabe. Damasco y Bagdag se convirtieron también en centros de este tipo de trabajo y ya en el siglo IX se hacían en Bagdag traducciones directas del griego al árabe. En el siglo X casi todos los textos de la ciencia griega que luego se conocieron en Occidente estaban traducidos al árabe.

No sólo la teoría aristotélica de substancia, sino también sus ideas acerca de la estructura del Universo dominaron el pensamiento europeo del siglo XIII. Los principios fundamentales de la explicación científica aristotélica se basaban en la observación ingenua y en el sentido común: 1º el comportamiento de las cosas se debe a formas determinadas cualitativamente o "naturaleza"; y 2º, la totalidad de esas "naturalezas" estaba dispuesta para formar un conjunto jerárquicamente ordenado o "cosmos".

Este cosmos o universo poseía muchos rasgos comunes con el de Platón y con el de los astrónomos Eudoxo y Callipo (Siglo IV a. C.); éstos habían enseñado que el cosmos era esférico y poseía un cierto número de esferas concéntricas, pero el cosmos de Aristóteles poseía algunas sutilezas y diferencias.

El cosmos de Aristóteles era una esfera vasta, pero finita con su centro en la Tierra y limitada por las estrellas fijas, que eran también el primer motor, el primum movens de los latinos escolásticos, la fuente original de todos los movimientos en la tierra. Cada tipo de cuerpo o substancia poseía su lugar natural y un movimiento natural en relación a ese lugar.

La esfera lunar dividía el universo en dos regiones claramente distintas, la terrestre (sublunar) y la celeste (supralunar). En la primera los cuerpos estaban sujetos a las cuatro clases de cambio. La tendencia a moverse hacia arriba o hacia abajo dependía de la naturaleza de la substancia de la que estaba compuesto el cuerpo en cuestión. En la segunda región los cuerpos estaban compuestos de un quinto elemento o "quinta-esencia" que era ingenerable e incorruptible y que padecía un solo tipo de cambio: el movimiento uniforme circular, que era un movimiento que permanecía eterno en un universo finito. Platón había dicho que ese era el movimiento más perfecto de todos y su afirmación de los movimientos de los cuerpos celestes debían ser reducidos a movimientos circulares uniformes iba a dominar la Astronomía hasta el siglo XVI.

La Astronomía del siglo XIII estaba dominada, en lo teórico, por una discusión acerca de los méritos respectivos de las teorías físicas comparadas con las teorías matemáticas a la hora de explicar los fenómenos. Las primeras estaban representadas por Aristóteles y las segundas por Ptolomeo y de hecho la discusión era ya antigua: comenzó en la última época de la antigüedad griega y pasó por varías vicisitudes entre los árabes.

Ambos sistemas (aristotélico y ptolemaico) se conocieron en el occidente latino a comienzo del siglo XIII. La discusión fue abierta por Miguel Scot con su traducción en 1217, del Liber Astronomiae del astrónomo árabe Alpertagius, en el que los árabes habían intentado revivir la decadente suerte de la astronomía aristotélica frente al sistema más exacto de Ptolomeo. Toda la crítica de Ptolomeo al universo de esferas concéntricas introduciendo el sistema de epiciclos y deferentes para salvar las refutaciones empíricas (cambios de luz en los astros) y salvar el movimiento uniforme y circular, se encuentra en su tratado, que en la Edad Media recibió el nombre latinizado de Almagesto, donde recogía, en el siglo II d. C. las teorías de Hiparco de Samos (II a. C.).

El sistema de Ptolomeo, aunque aparentemente crítico del aristotélico se sostenía sobre las consideraciones físicas y metafísicas de éste, que Ptolomeo creía empíricamente fundadas. Su sistema era, en sus concepciones físicas, básicamente aristotélico, apoyándolo con argumentos empíricos que mostraban una confianza en la observación inmediata tan grande como la del mismo Aristóteles. Un buen ejemplo es la discusión sobre la inmovilidad de la tierra. En su rechazo por la hipótesis de Aristarco de Samos, que supuso que la tierra giraba sobre su eje y alrededor del Sol, en contra de la observación y el sentido común.

Cuando los filósofos de la naturaleza y los astrónomos de la Cristiandad occidental tuvieron que elegir entre el sistema "físico" de Aristóteles y el sistema "matemático" de Ptolomeo al principio dudaron como griegos y árabes antes que ellos, ya que aunque el sistema ptolemaico fue rápidamente reconocido ya en el siglo XII como el mejor artificio geométrico para salvar las apariencias no dejaba de entrar en contradicción con el mejor sistema físico, el de Aristóteles (p.e. en la idea de un centro terrestre fijo vs. la de ecuante ptolemaica).

La actitud tomada frente a este dilema en la segunda mitad del siglo XIII parece haber estado determinada por la que tomó en el siglo VI d.C. el filósofo griego Simplicio, que hablaba del fracaso de los griegos y sus sucesores en el proyecto de unir Astronomía, Física y dinámica y declaraba como objetivo último de la ciencia del movimiento el descubrimiento del sistema físico verdadero.

Como señala Santo Tomás (en el que se puede apreciar la influencia de Simplicio):

"De una cosa se puede dar explicación de dos maneras. Una es demostrando algún principio, como en la ciencia de la naturaleza, donde se aporta prueba suficiente para demostrar que los movimientos celestes son siempre de velocidad uniforme. Otra es aducir pruebas que no demuestran suficientemente el principio, pero que pueden mostrar que los efectos que se siguen de ellas son conformes a ese principio, como en la Astronomía, donde se postula un sistema de excéntricos y epiciclos porque esa hipótesis permite explicar los fenómenos visibles de los movimientos celestes. Pero esto no es una prueba suficiente, porque tal vez otra hipótesis podría ser capaz de explicarlos"{1}

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Notas

{1}Tomás de Aquino, Summa Theologica, I,32,I,



Última actualización: Mayo 2006
 

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