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A pesar de haber ganado el Óscar y sendos premios en los festivales de Berlin, Sundance y San Francisco, no es un corto a destacar. Politicamente correcto pero nada más.
Vuelve a caer en los tópicos de siempre, y aunque tenga un final feliz, no deja de ser el victimismo y la compasión los ejes de la historia.
El joven actor Brett Barsky es el único que merece destacarse, ya que se ve que ha asumido perfectamente su condición de gay para este papel. |