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Quizás el hecho de que sea una película relativamente reciente no le ha dado ya su sitio como obra destacada en la historia del cine independiente (si es que podemos aún considerar a New Line Cinema independiente) pero estoy seguro que en unos años irá subiendo más peldaños.
El personaje creado por John Cameron Mitchell es arrebatador y deja desde un primer momento enamorado al espectador. Gran parte del encanto radica en que John Cameron Mitchell no sólo interpreta a Hedwig sino que le dió forma poco a poco desde el inicio cuando empezó a tomar contacto con ella y con un público real en un club de drag queens, interiorizándolo hasta llegar a preguntarnos si no es parte de él mismo. Además se curtió en el personaje convirtiéndolo en una obra de teatro que traspasaría fronteras, clases sociales y quedaría como un referente musical al estilo de otras grandes obras del género. Su paso al celuloide es sólo un paso más de la larga estela de Hedwig.
Dejando por un momento a un lado a Hedwig para centrarnos en Cameron Mitchell, decir que además de interpretar su propio guión, se autodirige magistralmente.
El resto del casting, es todo un plantel de grandes promesas. En especial merece destacarse a Stephen Trask que además de ayudar a Mitchell a desarrollar el guión y el personaje compuso la mayoría de las canciones del film. Un buen puñado de canciones que merecen estar entre las grandes de la historia de la música. Y a Miriam Shor, ya que su interpretación, ayudada por un excelente maquillaje y vestuario, nos impide averiguar su condición de mujer hasta el final.
Por último añadir que el lenguaje cinematográfico usado mezclando paisajes oníricos, con animaciones y la cruda realidad son exquisitos. Y la correlación de la identidad sexual por la que tiene que atravesar un transexual con la de un país dividido (Alemania concretamente, el mundo por extensión) es de lo más original que he visto últimamente en el cine queer. |