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Película
muy arriesgada en su planteamiento dentro del contexto en que
se fraguó que le ha llevado a ser un clásico dentro
de los estudios de cine de la transición, ya que no sólo
se toca el tema de la homosexualidad sino también la
legalización del hachís, la prostitución,
la libertad de expresión, etc.
Aunque los
temas siguen siendo tan vigentes como hace 30 años, la
película ha perdido fuelle y se ve ya desde la distancia
como una pelicula aburrida.
La interpretación
de los actores, incluido el gran José Sacristán
es mediocre, y en algunos casos como la de José Luis
Alonso nada creible. La única que llega a superar en
este film dicha mediocridad es María Luisa San José
que logra transmitir la complejidad de sentimientos de su personaje.
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