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Agustí
empezó como actor de teatro junto a gente como Nuria
Espert. Pronto se lanzó a la dirección
de cortometrajes. Así pues con Al
mayurka, Laberint
y Anta mujer cosechó
numerosos premios en diversos festivales.
Fue
con su primer largometraje, Tras el
cristal, cuando empezó realmente a llamar
la atención del público y la crítica especializada.
Tachada de obra maestra, esta narra con pulso cadencioso temas
tan espinosos como la pederastía o la prostitución
masculina.
A
pesar de los años que lleva en la dirección su
corta filmografía y su carácter huidizo han hecho
que sus trabajos se hayan convertido en objeto de culto. Así
pues 99.9, Pasajero
clandestino o El mar
son objeto de continuas revisiones y muestras en certámenes
y libros sobre cine de autor.
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